jueves, 2 de julio de 2015

LA EXCOMUNIÓN DE UN SACERDOTE (Parte II)

Por el Dr. Homero Johas

PARTE II.- SENTENCIAS DE LA CARTA CONTRA LA FE DIVINA
1.- La negación de la única verdad.
     "La Iglesia enseña el severisisimo precepto de Nuestro Señor Jesucristo.
     Impone a sus apóstoles que enseñasen a todos los pueblos, a observar cuanto había mandado.
     Entre sus Mandamientos ocupa lugar no menor aquel que nos manda incorporarnos a la Iglesia, a adherirnos al Vicario de Cristo, por quien el gobierna a la Iglesia en la tierra de modo visible.
     Por lo tanto, conociendo que la Iglesia fue instituida divinamente por Nuestro Señor Jesucristo, nadie se salvará sin obedecerlo o negando la obediencia a su Vicario en la tierra". (D.S. 3867).
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     La Carta se aparta de los dogmas de la fe de la Iglesia Católica y los convierte en sólo preceptos de acción del orden práctico, y de una práctica regida por el libre ejercicio de la libertad psicológica y no por los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia.
     Se aparta de la Lógica racional de las verdades absolutas por la cual conocemos la existencia y la Unicidad del Dios verdadero y coloca solamente un conocimiento individual de la verdad y una "ignorancia invencible" y un acto del "inconsciente" como adelante se dirá.
     Por lo tanto, esta ética se aparta primero el deber de todo cristiano, el deber de creer la fe verdadera, "obsequio racional" por el cual el fiel somete su "juicio propio" (Tit. III, 10-11), al juicio de Dios, y su voluntad a los mandamientos divinos.
     Esto viene de la "Razón Práctica" del agnostico Kant, que se aparta de la Razón Teórica que conoce y no ignora la verdad absoluta, universal, de la existencia de Dios y de los mandamientos divinos en el orden natural.
     San Pio X condenó tal cosa en el Decreto "Lamentabili":
     "Los dogmas de fe deben ser conservados solamente según un sentido práctico, como normas preceptivas del obrar y no como normas del creer". (D.S. 3426).
     Desaparecen la verdad absoluta de la razón humana y las verdades absolutas de la Revelación divina enseñadas por el Magisterio universal de la Iglesia.
     Cada uno tiene su "juicio propio", individual; mera opinión incierta e insegura, sin la certeza y la seguridad de la unidad objetiva que da la Revelación divina. Y este conocimiento propio es afectado por la "Ignorancia invencible" de la verdad; mentira venida del arbitrio de los agnósticos.  Por esto se separan de la Ciencia racional de la salvación, sobre Dios y sobre Jesucristo y todos están en las tinieblas de la ignorancia y de la incertidumbre universal.
     De ahí todas las consecuencias nefastas de la falsedad del Agnosticismo; el imperio de la voluntad libre individual, en lugar de la verdad universal; igualdad entre la verdad y el error; en lugar lugar de la unicidad de la fe, la pluralidad de fe; en lugar de la monarquía de la autoridad divina, la democracia de las voluntades humanas; en lugar de la obediencia de cada uno a la autoridad divina, cada uno hace lo que quiere, adhiriéndose a lo que, en su ignorancia, quiere su propia voluntad.
     Por lo tanto, lo que es necesario, de modo absoluto para la salvación, por dogma de fe y por precepto divino, esta subordinado al ejercicio del libre arbitrio psicológico individual, para seguir o no la verdad universal.
     Por esto, en lugar del asentimiento racional del hombre necesario, al objeto del juicio mental, cada uno se "adherirá" o no, por "deber" moral a aquello que su libre arbitrio quiere. Lo necesario en los nexos de los juicios, por la adecuación del objeto a la ente, se vuelve libre por el acto de voluntad, por "deber" moral que puede ser seguido o no.
     El Concilio Vaticano II pone este "deber" moral de obrar, para que cada uno se forme: "juicios de consciencia verdaderos para sí mismo". El libre arbitrio es colocado sobre la razón, la Ética sobre la Lógica.
     Desaparece la verdad absoluta independiente de cada sujeto en la existencia y en el ser conocido o no, cada objeto de la multitud de sujetos. Cada uno tiene "su verdad", conforme a su libre arbitrio. El Vaticano II usa el verbo "adherir", para predicar el "derecho individual", de "no cumplir con la obligación de seguir la verdad y adherirse a ella".
     Es superfluo decir que nadie se "adhiere" o no a la verdad de la existencia del mar, de las montañas, de la luna, de los carros, de las otras personas, plantas y animales por "obligación" moral, sino, por asentimiento racional de la mente humana al objeto que conoce por los sentidos, o por raciocinios existen en el mundo real exterior.
     Este es el fraude del agnosticismo y de los ateos que rigieron el Vaticano II.
     El Concilio Vaticano I condena a quien afirme que "Dios uno y verdadero no puede ser conocido de modo cierto por la luz de la razón natural". (D.S. 3026).
     Condena a quien dice que: "Que la razón humana es de tal modo independiente, que Dios no puede imponerle la fe". (D.S. 3031).
     Por lo tanto, los ateos, los agnósticos, y los "papas" y los "obispos" de la "iglesia nueva" del Vaticano II están condenados por la Iglesia Católica. Ningún católico puede ser ateo, o agnóstico, o negar la verdad absoluta en la razón natural y las verdades de la fe.
     Con una ceguera universal, volitiva, falsa fraudulenta tales personas fingen ser "católicas" o de "científicos". El Derecho de los hombres que pregonan no pasa de ser fraude individual de los miembros de una secta que niega que el hombre pueda conocer la verdad racional. Son anti-intelectualistas, predican el Liberalismo de los errores, el mal y las leyes morales falsas. Lo "necesario" de ellos viene del libre arbitrio, de la ignorancia, de la inmoralidad y de la "voluntad del hombre"; predicada hipócritamente por el Vaticano II.
     Si Dios gobierna su Iglesia "de modo visible" por el Sucesor de Pedro, la ignorancia vuelve "invisible" ese gobierno de Dios sobre los hombres. De ahí la separación de la Fe y de la autoridad divina dada por Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro. La Iglesia se trasforma en "obra humana", regida por la voluntad de los hombres.
     De estas premisas se sigue que no se salva quien "sabe" que Dios instituyó la Iglesia y "resiste someterse o niega obediencia al Vicario de Cristo en la tierra".
     Pero los ateos y agnósticos dicen que no saben sobre esto. Los judíos y los herejes que no saben de eso. Los cismáticos niegan el deber de obediencia. Por lo tanto, esto es un fraude, sólo se condenan los que conocen la verdad por "deber" moral de adherirse a algo como si fuera verdad, de modo libre.
     De lo cual se infiere que el hombre se condena o salva sólo por su libre albedrío. No por no creer en Dios; no por no obedecer los mandamientos de la ley de Dios; sino por no adherirse a su propia voluntad.

2.- La verdad individual y libre
     "En este precepto ordenó el Señor no sólo que todos entren en la Iglesia; sino también que la Iglesia es el único medio de salvación, sin la cual nadie se salva".
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     Sin la verdad absoluta, este "deber de creer" será un deber de cada uno; el precepto será una "verdad propia" de cada uno; el Señor será el "dios propio" de cada uno; el medio de salvación no será de necesidad absoluta la doctrina de Cristo, sino la opinión de algunos.
     Lo que es dicho a "todos" es dicho entonces por el "juicio propio" de alguien que no es el "único Dios verdadero", y que no predica "la única religión verdadera".
     Para el Concilio Vaticano II, la religión que viene de los "deseos de los hombres" es "la única religión verdadera". Es el Ecumenismo sin verdad absoluta universal, sin la fe universal común a todos. Tal "iglesia", dice San Pio X, no es la "Iglesia Católica", es la "religión de la humanidad" (Notre charge apostolique). Es "una religión cristiana falsa", dice Pio XI (Mortalium animos).
     Así el "medio de salvación" variará con las opiniones y el libre arbitrio de cada uno en el obrar.
     Por lo tanto cada uno se salva en la religión que juzgue verdadera.
     Estamos en lo que Pio IX condenó:
     "El hombre es libre de abrazar y profesar aquella religión que por la luz de la razón juzgue sea la verdadera". (D.S. 2915)
     Es el "juicio propio" condenado por San Pablo en el hereje, en el subversivo (Tito III, 10-11).
     Y está es la doctrina del Vaticano II.
     Por tal agnosticismo, cada uno puede encontrar el camino de la salvación eterna en el culto de cualquier religión. (D.S. 2916)
     Pio IX lo condenó.
     Esto es el indiferentismo religioso predicado por Lamennais y condenado por Gregorio XVI: "La salvación eterna por la profesión de cualquier fe" (D.S. 2730). No importa realmente si es verdadera o  falsa esa fe. Esto es efecto de la negación de la verdad absoluta, universal.
      De ahí se sigue que cualquier religión es igual a otra. Pues no existe una sola y única religión verdadera; todas son igualmente fruto de la ignorancia de la verdad absoluta. Por esto, se puede ser Católico, luterano, budista, mahometano, o ateo. Pues, ninguna religión es absolutamente verdadera.
     Entonces en vano la Iglesia Católica dice que Jesucristo es "Dios verdadero"; que la Religión Católica es la "única verdadera"; que el Credo de la fe Católica es el "fundamento firme y único" de la Iglesia verdadera (Trento, D.S. 1500). En vano predica la "unidad de fe"; que el Sucesor de Pedro "es el fundamento, principio visible y perpetuo de la unidad de fe y de gobierno" (D.S. 3051). El relativismo del agnosticismo niega la verdad absoluta de esta sentencia y dice: "Eso es para usted, para mi la verdad es otra". Cada quién con "su verdad".

     Es el mundo de las opiniones individuales, dudosas, inciertas, y de la negación de la verdad objetiva, natural, universal, común a todos, independiente del arbitrio y opinión de las personas.
     De ahí que hasta el principio ontológico y lógico de no contradicción y el de identidad pierde su universalidad, necesidad y objetividad; ahora una cosa pude ser o no ser al mismo tiempo, bajo el mismo aspecto, porque los juicios de todos son meramente subjetivos, arbitrarios y no verdades ciertas, objetivas venidas de la necesidad del objeto conocido por la mente de todos. La unicidad del objeto es multiplicada por el numero de voluntades y de las opiniones de los sujetos.
     Y el juicio divino de Cristo y sus mandamientos también así se multiplican. Para unos "Dios quiere" para otro "Dios no quiere", Para uno "existe" un ser, para otro "no existe". Y la multitud de voluntades individuales, "sin la razón", como lo quería Einstein, multiplica las "verdades" falsas.
     Por eso el Vaticano II es agnóstico.
     Por lo tanto lo que "Dios quiere" en la Religión Católica, no es lo que "Dios quiere" en la "iglesia nueva" agnóstica, subjetivista, sin verdad universal. Cada uno con su "fe propia", "norma propia", "dios propio", "iglesia propia". Esta fe rechaza la "forma única" de verdad, rechaza la "fe divina universal, común a todos" (D.S. 639). Su verdad viene "de lo que quieren los hombres de nuestro tiempo". Por eso es libre, conforme al libre arbitrio individual. Einstein rechaza la "experiencia real", o el "movimiento absoluto", esto es: real, existente en el mundo exterior. Todo será "relativo" al arbitrio de cada quien.
     Según tales personas en lugar de que el juicio verdadero dependa del objeto conocido, dependerá del arbitrio individual, o del "consenso" de las voluntades de un grupo. No sólo las esencias de los seres, las especies, serían variables sino también la existencia de los seres. De ahí la "evolución de las especies" predicada por los ateos, o por ignorantes alejados de la experiencia real.
     La verdad vendría por "deber moral de adhesión", deber procedente de las tinieblas de la ignorancia universal, de la in-certeza tenida como norma absoluta, universal.
     Por esto, estarían todos "en busca de la verdad" sin poseerla. Y cuando la encuentran, no es la verdad objetiva, universal, sino una individual y libre.
     Ya Tertuliano rechazaba el fraude de estas personas anti-católicas. Después, estas premisas fraudulentas comenzaron a imperar sus errores individuales, como lo hacen los masones con los "derechos de los hombres" y como la "evolución de las especies" y el relativismo individual, "generalizado" por el arbitrio de un imbécil, que quiere imponer a todos sus errores.
     Se apartan de la operación natural uniforme de los sentidos y de la razón humana. Los sentidos y el intelecto no poseen operaciones libres. La cámara fotográfica fotografía los objetos del mundo exterior, sin libertad, como los ojos de los animales.
     Así los agnósticos quieren subordinar la distinción entre verdadero y falso al juicio humano, a la "razón humana" como si no tuvieran conocimiento del mundo real exterior, volviéndolo "ley para si" (D.S. 2093). La hipocresía y la malicia gobiernan bajo la regencia del Padre de la Mentira.
     ¿Quién no conoce que los perros son animales de la misma especie, y que un perro no es una vaca? ¿Quién no sabe que dos carros son dos vehículos y que un carro no es un avión? ¿Quién no sabe que estas afirmaciones no hay un deber moral de obrar, sino para no mentir en cuanto a la realidad de lo que conoce y es? La verdad absoluta en el conocimiento se distingue de la veracidad del sujeto que dice la verdad y no la mentira.
     No existe ningún "deber de adherir" a una verdad falsa, a una opinión incierta.
     Por sus obras reales, objetivas, vistas por todos en el mundo exterior, Nuestro Señor Jesucristo probó su Divinidad y ordenó que se creyese por sus obras. Las razones objetivas de credibilidad existían. Un simple hombre no resucita muertos, no anda sobre el mar, no ordena a los vientos, no multiplica los panes, no cura ciegos y paralíticos por sus simples órdenes.
     Por lo tanto, si el mandó para entrar en la Iglesia, creer en Él y bautizarse para ser salvo, quien no cree en Él y no cumple sus mandamientos no tiene las condiciones mandadas por Nuestro Señor Jesucristo para salvarse. Quien contradice a Cristo y lo somete a su juicio propio, ciertamente niega la Divinidad de Cristo.
     No existe "igualdad" entre las obras de Cristo y las de Lucifer.
     No existe "igual derecho" entre el Creador y la criatura, no merece "igual respeto" el seguidor de Lucifer y el de Cristo.
     El anti-intelectualismo es una aberración inmensa en la base del "anti-cristianismo", del "Anti-sacramentalismo", del "Anti-conclavismo", del "anti-monarquismo" divino, del "anti-imperialismo", relativo al poder de Dios. No quieren que "todo provenga de Dios" (Rom XIII 1-2); sino que todo el poder venga de los hijos de Lucifer, de los hombres malos. No quieren "un sólo y único Pastor" divino (D.S. 872), ni "una sola fe" (Ef. IV, 5) ni un sólo Dios verdadero. Tales personas desertaron del rebaño de Cristo, son acéfalos errantes, sin un Dios verdadero, sin el "espíritu de la verdad", sin verdad venida de la autoridad divina, sin leyes venidas del Legislador de todas las criaturas del universo. Son maniqueistas, juzgan que Lucifer es otro dios, igual a Cristo. Solo obedecen a su propio juicio.
COETUS FIDELIUM
N° 10 marzo del 2014
Traducción:
R.P. Manuel Martinez Hernandez F.S.V.F.

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