miércoles, 5 de agosto de 2015

Decreto del Santo Oficio condenando el milenarismo mitigado, 21 de julio de 1944

     Desde los primeros siglos de la Iglesia no han faltado partidarios del milenarismo.
     Algunos libros apócrifos del judaismo precristiano, como el libro III de los Oráculos sibilinos, el libro de Enoc etiópico, el libro de los Jubileos y el Apocalipsis de Baruc, hablan de los tiempos venideros, en los cuales las fieras salvajes se amansarán, los hombres gozarán de toda clase de bienes materiales, vivirán tantos o más años que los patriarcas antediluvianos y serán de estatura gigante. Esta concepción, que unas veces va unida a bienes espirituales y a la presencia del Mesías y otras nada tiene que ver con éste, presenta en los diversos libros duración distinta, y es la que se conoce con el nombre de milenarismo craso.
     De los judíos pasó a los primeros cristianos, que creyeron ver un fundamento para ella en la afirmación del capítulo XX del Apocalipsis de San Juan, según la cual Cristo habrá de reinar mil años con los justos antes del juicio final (El pasaje es oscuro, como todo el libro del Apocalipsis; pero no habla de cuerpos resucitados, y puede cómodamente entenderse del espacio que media entre la muerte y el juicio final, durante el cual Cristo reina en el cielo con los justos). Cerinto y los ebionitas, según Eusebio, participaron de esta creencia (Historia Eclesiástica III 28: MG 20, 275); la supone el capítulo XV de la Epístola del Pseudo-Bernabé, y la aceptan San Papías (Cf. Funck, Patrum Apostolicorum opera, vol.2, Papiae Frag. I), San Justino (Dial, cum Tryph.. MG 6,663), San Ireneo (Adversus haereses, V 31. MG 7, 11210-1218), Tertuliano (Adversus Marción, III 24: ML 2355) y otros de menor importancia. Todos éstos habían de un reinado espiritual de Cristo sobre la tierra, bien sobre los hombres que en ella viven, bien sobre los justos resucitados, pero siempre antes del juicio final. Esta forma de milenarismo suele llamarse milenarismo mitigado.
     Ya San Justino, en el lugar citado, decía que muchos buenos católicos no lo admitían. Y así lo rechazaron expresamente Eusebio, Orígenes, Dionisio Alejandrino, San Basilio, San Jerónimo y San Agustín; cuyo argumento principal es que la Iglesia sólo admite en el Símbolo una doble venida de Cristo: la primera a redimirnos y la segunda a juzgarnos.
     El presente decreto del Santo Oficio declara que el milenarismo mitigado no se puede enseñar con seguridad. Con esta declaración oficial obtiene valor para la Iglesia universal la precedente respuesta privada del mismo Santo Oficio al arzobispo de Santiago de Chile, de 11 de julio de 1941, a propósito de un brote reciente de estos errores en el territorio de su jurisdicción (Véase el texto latino con las Annotationes del P. Silvio Rosadini en Periódica, 31).

     La carta del Santo Oficio decía así:
«Palacio del Santo Oficio, 11 julio 1941.
Excmo. y Revdmo. Sr. :
     Se ha recibido en este Santo Oficio la carta número 126/40, de 22 de abril de 1940, en que V. E. daba noticia de que en esa archidiócesis había quienes defendían el sistema de los milenaristas espirituales y que cada día iba en aumento el número de los admiradores de tal doctrina y de la obra del P. Lacunza Venida del Mesías en gloria y majestad. Al mismo tiempo, V. E. pedía a la Santa Sede las normas oportunas.
     Llevado el asunto a la reunión plenaria del miércoles día 9 de este mes, los Emmos. y Revdmos. Cardenales de esta Suprema Sagrada Congregación mandaron responder:
     El sistema del milenarismo aun mitigado —o sea, del que enseña que, según la revelación católica, Cristo Nuestro Señor ha de venir corporalmente a reinar en la tierra antes del juicio final, previa la resurrección de muchos justos o sin ella— no se puede enseñar con seguridad.
     Así, pues, apoyándose en esta respuesta y en la condenación ya hecha por este Santo Oficio de la obra del P. Lacunza, V. E. procurará vigilar cuidadosamente para que dicha doctrina bajo ningún pretexto se enseñe, propague, defienda o recomiende, sea de viva voz, sea por cualquier escrito.
     Para conseguirlo podrá emplear V. E. los medios necesarios no sólo de persuasión, sino también de autoridad, dando, si fuere oportuno, las instrucciones que fueren necesarias a los que enseñan en el seminario y en los institutos.
     Y si surgiere algo de mayor gravedad, no omita V. E. comunicárselo al Santo Oficio.
     Aprovecho la ocasión para testimoniarle el sentimiento de mi estimación y quedo de V. E. afectísimo, F. Card. Marcchetti Selvaggiani. — Excmo. y Revdmo. Sr. D. José M. Caro Rodríguez, arzobispo de Santiago de Chile.»
     La precedente carta habla de un milenarismo que se enseñara como perteneciente a la revelación cristiana. El decreto del Santo Oficio para la Iglesia universal prescinde de las razones que dicho milenarismo invoque en su favor.
655
     En estos últimos tiempos se ha preguntado más de una  vez a esta Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio qué se debe pensar del sistema del milenarismo mitigado, que enseña que Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, previa la resurrección de muchos justos o sin ella, ha de venir visiblemente a reinar en esta tierra.
     Propuesto el asunto a examen en la reunión plenaria del miércoles 19 de julio de 1944, los eminentísimos y reverendísimos señores cardenales encargados de la tutela de la fe y de las costumbres, oído previamente el voto de los reverendos consultores, decretaron responder que el sistema del milenarismo mitigado no se puede enseñar con seguridad.
     Y el día siguiente, jueves 20 del mismo mes y año, nuestro Santísimo Padre Pío, por la divina Providencia Papa XII, en la acostumbrada audiencia concedida al excelentísimo y reverendísimo asesor del Santo Oñcio, aprobó, confirmó y mandó publicar esta respuesta de los eminentísimos Padres.
     Dado en Roma, desde el Palacio del Santo Oficio, a 21 de julio de 1944.—J. Pepe, notario de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio.
DOCTRINA PONTIFICIA
Documentos Biblicos
B.A.C.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Quisiera tratar brevemente del “Milenio” en el Profeta Daniel, no en San Juan que lo corrobora y confirma. He aquí el texto: “…y he aquí que vino sobre las nubes del cielo Uno parecido a un hijo de hombre (expresión que Jesucristo gustaba aplicarse a Sí Mismo, lo hace 80 veces), el cual llegó al Anciano de días, y le presentaron delante de El. Y le fue dado (¿ a quién? Al hijo de hombre!) el señorío, la gloria (el Verbo ya poseía estos atributos en cuanto Dios, pero aquí se agregan “títulos al Verbo Encarnado) y el reino, y todos los pueblos y naciones y lenguas le sirvieron. (la visión es para futuro, para cuando se le de el “reino”). Su Señorío es un señorío eterno (que no perdió en la Encarnación), y su reino NUNCA será destruido.” (7. 13-14)
Ahora bien, ¿en el cielo qué “pueblos y naciones y lenguas” existen? Evidentemente se trata de un “reino” que no podrá “ser destruido”. ¿Quién podría “destruir” en el cielo el señorío y la gloria del Verbo Encarnado? Por tanto se trata de un “reino” en la TIERRA que ningún enemigo podrá vencer, ni Gog ni Magog, ni ningún adversario. El Dragón , la antigua serpiente, lo sabe, porque conoce las Escrituras, por eso, con los dos que completan la Tríada Satánica: el Anticristo, su hijo, y el sirviente del Inicuo: el Falso Profeta, le hacen la “guerra a los santos y prevalecen sobre ellos” por “un tiempo, otro tiempo y la mitad de otro tiempo” sabiendo no obstante que aunque pretendan “guerrear contra el Cordero”, el Cordero los vencerá en Su Venida. Entonces “los santos tomarán posesión del reino” (Daniel 7.22) “y el imperio y la magnificencia de los reinos que hay DEBAJO DE TODO EL CIELO, será dado al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno…” (Daniel 7.27) hasta que acabados los “mil años” las “bestias” que les fue quitado su dominio pero prolongada la vida hasta un tiempo y un momento” (Daniel 7.12) formen el ejercito de Gog y Magog (bajo la influencia del Dragón que fue soltado) para atacar el “campamento de los santos y la ciudad amada” (San Juan Apoc.20.7-10) donde son consumidos por el fuego del cielo, y el Diablo que los seducía, fue precipitado al lago de fuego y azufre, donde están también la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Evidentemente ese Reino tiene un Rey, Jesucristo Rey de reyes y señor de los señores. “Y su reino no tendrá fin” le dijo el Angel Gabriel a Nuestra Señora.
Nosotros pedimos la llegada de ese reino en el Padrenuestro, y esperamos entrar en él a través de la perseverancia y la paciencia en confesar el Nombre del Verbo, “amando la justicia y aborreciendo la iniquidad”, aún sabiendo y ¡queriendo! que el Anticristo podrá quitarnos el cuerpo con la muerte, pero no el alma adorándolo.
Sea siempre Dios el primer servido!!!
Por tanto este intento de batalla se desarrolla en la TIERRA, no en el cielo. Quisieron acabar el Reino de los Santos.
Pregunto: ¿Cuándo la Iglesia dijo que esto no se puede enseñar?
Simón Del Temple (estoy dispuesto a un debate serio sobre el tema y sobre los decretales disciplinares del 41 y del 44)

Anónimo dijo...


Simón Del Temple




El Apocalipsis es PROFECÍA NO LINEAL, San Juan escribe RECAPITULANDO. Una Visión aclara a la que dejó y se van aclarando todas acercándose al final. Por ejemplo en el cap.XX vers 6, se habla sobre la “segunda muerte” que no tiene poder sobre los resucitados primero: y después “retoma” y dice en vers.15: “Esta es la segunda muerte: el lago de fuego”, de la cual son librados los que resucitan a la llegada de Cristo. Otro ejemplo: Al final del Apoc XXII,20, dice: “Sí, vengo pronto”, que es lo que ya había anunciado en el sexto período de la Iglesia, Filadelfia: “Pronto vengo. Guarda firmemente lo que tienes para que nadie te arrebate la corona” (III,11) Es decir no debe entenderse que “viene pronto” en dos oportunidades. Es en el mismo período que hay que ubicar las dos Visiones, pues efectivamente, pasado Filadelfia, ya vino, es Laodicea, el período de la Parusía y de la primera resurrección.
Si se tomara el “vengo pronto” en una lectura LINEAL, entonces no puede entenderse sino alegóricamente, es decir que venir pronto podría equivaler a miles de años y sería tan válida “interpretación” tanto como para los primeros cristianos, como para San Agustín o para Santo Tomás o bien los últimos cristianos. Pero no es así, la última Visión RECAPITULA la Visión de Filadelfia, donde avisa que está por llegar: “Vengo pronto”. Y de esta manera RECAPITULANDO las Visiones se nota al Apocalipsis como una gran Obra de Arte, poética, mística, pero sobre todo profética, y exige ser leída respetando la “forma” que le dio el que la escribió, San Juan.

Anónimo dijo...

El ALEGORISMO, hijo bobo del RACIONALISMO lo que hace es DESTROZAR la Profecía, porque NO ENTIENDE que el sentido profético es absolutamente diferente al histórico, que incluso hasta puede ser simbólico o anagógico. Por eso son inútiles las “refutaciones” teológicas, porque la PROFECÍA trasciende los límites del tiempo y se ubica en la metahistoria. Una “refutación” carece de sentido poético, que se requiere para interpretar la Profecía. Entiéndase, nada estamos diciendo en contra de la Teología ni del Magisterio, que de suyo son incapaces para DEFINIR lo PROFETICO porque trasciende sus límites.

Simón Del Temple