miércoles, 25 de agosto de 2010

Poder Laico

Fuerzas que hoy se manifiestan en campos esencialmente contrarios, pero encaminadas a un mismo fin, parecen realizar en la presente centuria lo que Augusto Bebel vaticinó al finalizar el siglo XIX referente a que: "Cuando el socialismo llegue al poder, la Iglesia lo defenderá con el mismo vigor con que ahora favorece al feudalismo y la esclavitud, Y encontrará en el Nuevo Testamento, abundantes pruebas de que la Iglesia ha sido siempre comunista
¿Bebel, nacido en Colonia, Alemania (1840- 1913), precursor de la Social Democracia, fue un visionario que adelantó hechos inquietantes para las generaciones de hoy, en lo político y en lo religioso?
¿Fue Bebel —discípulo de Marx, Engels, Lasalle—, procesado por traidor al país en que nació, un conjurado que con su augurio reveló maquinaciones que hoy conturban tanto a creyentes como a no creyentes?
Como quiera que sea, no puede negarse que en la actualidad existen dentro del Catolicismo, clérigos que "han encontrado en el Nuevo Testamento, abundantes pruebas de que la Iglesia ha sido siempre comunista".
¿Es que en el terreno de los principios se ha producido una lamentable claudicación?
¿Es que la Iglesia ha cambiado, y ahora, como afirma Bebel, cuando "el socialismo está por llegar al poder" en más naciones mediante la penetración armada y mental, "la Iglesia defiende al comunismo”?
¿Por qué si desde el Pontificado de Pío IX hasta nuestros días todos los Papas han condenado al comunismo, existen ahora clérigos que le encuentran "virtudes evangélicas", no obstante que Pío XI lo declaró intrínsecamente perverso?
¿Por qué si Pío XII anatematizó al comunismo y se identificó con la causa libertaria de los pueblos que sufren tiranía tras la Cortina de Hierro y abogó por la Iglesia del Silencio, que padece persecución del marxismo-leninismo, ahora hay clérigos que colaboran para la expansión de esa doctrina totalitaria?
¿Es que la Iglesia vivió en el error durante más de 19 siglos y ahora enmienda yerros?
Nada de esto ocurre en el fondo. La explicación de todo ello consiste en que la Iglesia ha sido objeto de una obra de infiltración que data de muchos años a la fecha. Los frutos de esa labor de zapa los estamos presenciando y se reflejan en la desorientación y la intranquilidad tanto en el orden político como en el religioso.
Del proceso de infiltración que desde hace años sufre la Iglesia Católica habló el Papa Pío X en su encíclica "Pascendi Dominici Gregis" (Sept. 8, 1907).
"Al presente —advierte el Pontífice— no es menester ya ir a buscar a los fabricadores de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y esto es precisamente objeto de grandísima ansiedad y angustia, en el seno mismo y dentro del corazón de la Iglesia. Enemigos, a la verdad, tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados. Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos y seglares, y lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, con pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en Filosofía y Teología, e impregnados, por el contrario, hasta la médula de los huesos de venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del Catolicismo, se jactan, a despecho de todo sentimiento de modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, y sin respetar la propia persona del Divino Redentor."
Pío X estima que "la Iglesia no ha tenido peores enemigos, porque, en efecto, como ya se notó, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas, y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia. Añádase que han aplicado la segur no a las ramas, ni tampoco a débiles renuevos, sino a la raíz misma; esto es, a la fe y a sus fibras más pro fundas. Mas una vez herida esa raíz de vida inmortal, pasan a hacer circular el virus por todo el árbol y en tales proporciones que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper".
En el período de la postguerra, el Vaticano denunció también una labor de infiltración dentro de la Iglesia Católica, con elementos que habían bebido en las fuentes ideológicas del marxismo-leninismo. La situación de confusión que precedió a la Segunda Guerra Mundial, se prestó para que muchos penetraran las filas de la Jerarquía Eclesiástica.
Sacerdotes no comprometidos con la infiltración de la Iglesia que en la época del Papa Pío X se presentaban con el antifaz de "Modernismo", afirman que este movimiento no murió, que ha cambiado de nombre pero no de intenciones y ahora es el "progresismo" o la "Conjura Internacional Progresista" como aquí la denominamos. Antes, dicen los no comprometidos, era el agnosticismo, el fenomenismo, el ateísmo científico, la inmanencia vital, etcétera.
Ahora, señalan, es el historicismo que pretende diluir a Dios, la Religión, el Dogma y la Liturgia en una teología positivista, en la que la interpretación histórica de épocas y acontecimientos ya pasados y la exégesis aventurera e inescrupulosa vengan a ocupar los argumentos sólidos de la antigua teología y la filosofía escolástica, que han venido en desuso, como algo ya anticuado y absurdo, para dar lugar, sin trabas ni impedimentos, a una filosofía y teología modernas, flexibles, acomodaticias y adecuadas para un mundo presa del caos, pero sin pretensiones de salvarlo, sino al contrario, convivir en el error.
La "Conjura Internacional Progresista" o simplemente la "Internacional Progresista" como la denominan en muchos países, infiltrada en la Iglesia, desprecia los valores tradicionales, la síntesis tomista, los viejos argumentos de la escolástica "y busca una nueva cimentación a la fe religiosa. . . una transacción entre la verdad y el error, entre la Iglesia de Cristo y sus mortales enemigos: religión en la negación de la religión, teísmo y espiritualismo en el ateísmo y el materialismo, libertad en la esclavitud, paz en medio de la guerra. Esta es la coexistencia pacífica, religiosa, social, política, económica y moral que el progresismo sueña, busca y trata de realizar en su demencia" (J. Sáenz Arriaga, "¿Qué es el Progresismo?", p. 77).
En consecuencia, lo que Augusto Bebel dio a conocer no fue otra cosa que la revelación de maquinaciones que desde aquel entonces (finales del siglo XIX) ya estaba en plena marcha: es decir, la obra de infiltración dentro del Catolicismo, con miras a destruir a esa bimilenaria institución desde sus cimientos. Impedidos por nuestro carácter seglar para abordar el problema del "progresismo" en su aspecto religioso, hemos de circunscribirnos a lo meramente temporal o político, ya que en este terreno, existe plena autonomía en cuanto que son cuestiones ajenas a la Jerarquía Eclesiástica, como ajeno resulta para nosotros lo medularmente dogmático. Como país de mayoría católica, México tiene que verse afectado necesariamente por el oleaje del "progresismo religioso" que nos trae de todas latitudes, mensajes en lo religioso y en lo político que no corresponden ni a nuestra manera de pensar ni a nuestra realidad. Con el respeto que merece la Iglesia Católica a la cual pertenecemos como seglares —a cuya jerarquía fiel a los principios de su Fundador se reitera obediencia— y tomando en cuenta los elevados deberes que como ciudadano se tienen para con el suelo que nos ha visto nacer, se presenta esta obra. Su contenido no está destinado a satisfacer cuestiones de tipo individualista o intereses igualmente bastar dos de grupo, porque no militamos ni servimos a ninguna bandería política. Por lo demás, lo que aquí se expone no pasará inadvertido para quienes han hecho del ideario nacionalista, no un motivo de convencional pose de palabra y obra, sino acendrada actuación en pro de México y de confianza en que serán nuestros propios recursos —nuestras fuerzas morales y materiales— lo que habrá de llevarnos a mejores estadios de vida y no la penetración de fuerzas extrañas y adversas al país.
Manuel Magaña Contreras
Poder laico
1970

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