viernes, 10 de agosto de 2012

APOSTASIA (5)

Por Mons. José F. Urbina A.
LA DEGRADACION DEL HOMBRE ES PEOR QUE EL ESTADO DE LAS BESTIAS. 
El Demonio no se ocupa de tentar y prostituir garrapatas, o conejos, o cocodrilos, o tigres, o gusanos. No tienen razón e inteligencia. En su odio a Dios, quiere que los seres capaces de rendirle culto a Su enemigo, Dios, se aparten de Su servicio, estén conscientes o no lo estén. Esto le dará oportunidad de extender su reino esclavizante enemigo contra su Enemigo. Lo que pretende a toda costa es separar a los seres con razón e inteligencia del servicio de Dios para que a él lo sirvan solamente, porque siempre ha querido ponerse en lugar de su Señor. Esta es la soberbia diabólica. El hombre soberbio siempre pretende el lugar de su superior. Es siempre destructivo revolucionario. Hay muchos hombres, y ahora mucho más, que cooperan a favor del reino diabólico sin saberlo, aparentemente en cosas que no tienen nada de malo, dicen, pero para el Demonio siempre será preferible que esa cooperación sea con pleno conocimiento. El Demonio pugnará por el aflojamiento, por ejemplo, de la disciplina en la moral, aunque no la desaparezca plenamente. Es ganancia. Por la pereza en el cumplimiento de los preceptos y las leyes, o la tibieza o el desinterés. Es una ganancia, pues todo se va sumando. Mucho mejor si las violaciones son conscientes que impliquen altanería, rebelión o desprecio. Estos habrán llegado a tener los mismos sentimientos que e1 tiene contra Dios. Habrán adoptado su mismo espíritu y lo servirán a él. Así, su reino diabólico va creciendo y crece el embrión del Anticristo, y se debilita el Cuerpo místico del Cordero. Pero al mismo tiempo se manifiestan con claridad meridiana quiénes son los que militan en el reino de la luz, y quiénes en el de las tinieblas. Es muy interesante la Carta de San Pablo a los romanos sobre este particular, los respeta la voluntad humana. Quiere a Sus hijos libres. Absolutamente libres. Pero sobre los unos y sobre los otros, dictará sentencia. Y así cada cual, con el peso de sus obras terminará en el lugar que libremente eligió.
  Hay hombres que creen que el pecado -grave o leve- es un asunto privado entre el y Dios. Es un secretito entre los dos solamente. Para acercarse a la Comunión, ¿qué necesitan?, pues algo así como pasar por una ventanilla de gobierno a buscar una forma fiscal para pagar algún impuesto. Es algo asi como ir a la tienda a buscar un paquete de tortillas. ¡Y eso es todo!. No te aceptan que independientemente a la carga del pecado, han podrido con su corazón sucio el entorno contagiando al prójimo y debilitando las defensas de la fortaleza en la que se guardan los hijos de Dios. Confesado el pecado, creen que la deuda está olvidada, y han adquirido un alma santa como la de los bienaventurados del Cielo. 
Son legiones los que hacen cosas "que no tienen nada de malo" que ablandan la defensa; que sus horribles omisiones preparan el exterminio de la raza humana; que su habitual estado de pecado -pues resisten con toda la potencia de su estúpida voluntad-, no los va a dañar, en todo caso sino a ellos. Sus pecados ya confesados, no los hace culpables del parto de la Bestia y de la situación que hoy vive un mundo agonizante. Estos pobres y desgraciados hombres se han fabricado una religión a su gusto, y siguen sus opiniones -no doctrinas-, y desde luego sus gustos y pasiones.
  Si actualmente la humanidad es arrastrada al servicio de Satanas por caminos impensados, inimaginados, es porque se han abierto las puertas por algún lado. Si viene una inundación y se abre la puerta de la cocina, ¿cómo se quiere que no llegue el agua al recibidor?. Los guardias de la fortaleza abrieron las puertas por algún lado. Ellos son culpables de los ahogados, aunque digan que no les clavaron un cuchillo. La muerte del alma de muchos hombres, es producto de los pecadores tibros, de los cumplidores relapsos, de los hedonistas y de los que se dan gusto "sin hacerle mal a nadie". Ante un aflojamiento tan grande, ante una humanidad que nada suavemente en gelatina, la invasión y la inundación llega a ser incontrolable e irremediable.
  Los recursos que hoy se están usando para descristianizar y paganizar a las masas, como nunca se han empleado en la historia contra alguna fuerza o Estado, son dirigidos y alimentados por mentes diabólicas eminentemente preparadas y especializadas, pero infinidad, -en ya incontable cantidad- de soberbios y de imbéciles se creen más sabios que ellos, capaces de dominar las pasiones que van a llegar subrepticiamente incluso alejados de las barreras cristianas. Sabe el Demonio que le queda poco tiempo y ha encendido aterradoramente su ira contra los hombres, objeto de salvación. ¿Quién le ha dado ese poder?, no Dios sino el hombre usando su libertad. Libertad que Dios respeta y que al fin aplastará para siempre. El mal no prevalecerá.
  Dios puso al hombre en el Paraíso. Lo creó a imágen y semejanza Suya. Por eso lo creó libre y con el poder de razonar. Sólo la libertad y la razón podrían manifestar a sus verdaderos servidores. Aquellos que creyendo en Su palabra, caminan hacia la verdadera libertad eterna. En el Paraíso después del Pecado Original promete un Redentor y a una mujer que aplastaría la cabeza del maligno. Cumpliéndose la profecía "en la plenitud de los tiempos", el mismo Dios se encarnaría para quitar de los hombres la mancha del pecado de Adán y Eva. No restituye a su prístino estado la memoria, el entendimiento y la voluntad perdidos por el pecado porque de estas deficiencias deja un motivo de mérito y esfuerzo que por Su amor, los elegidos han de vencer. Las religiones paganas habían sido engañadas por el Demonio -así dice con verdad San Agustín-, sin culpa porque no sabían. El sentido de la divinidad; de la existencia de un ser superior que indiscutiblemente tenían, -excepto los ateos que son de nuevo cuño-, a la vista de la Creación los hacía buscar a ese ser superior y representarlo en el sol, en los animales o en las piedras. Pero en realidad el Demonio se había aprovechado de eso, para ocultarse detrás de religiones. Dios baja, entonces, DESDE ALLA, para enseñar a los hombres ACA, una ruta segura para alcanzarlo. Esto sucede en "la plenitud de los tiempos", dice la sagrada Escritura. También dice "al final de los tiempos" que es lo mismo pues PLENITUD es totalidad excesiva, es completidad, es abundancia excesiva. Es por esto, lo último. La negación del Mensaje divino, es, pues, lo último. El rechazo del Evangelio y del Pacto es el último capítulo de la historia del hombre.
La muerte de la Iglesia es el exterminio de la vida del hombre en la tierra. Es un suicidio estúpido. Es que el número de los elegidos se ha completado y el Reino de los Cielos está ya a punto de cerrar sus puertas. A Satanás le queda poco tiempo y bien que lo sabe. Por eso a la extrema defección del hombre, añade una situación de odio, de inseguridad y peligros inauditos nunca antes acontecidos en la historia. 
La máxima tribulación. Es su última oportunidad para ganarse servidores antes de ser amarrado para siempre. Por eso Cristo N. S. advierte el peligro de este tiempo: "Ni los justos se salvarían si posible fuera". Satanás va a llevar a los hombres a las violaciones más terribles con extrema indiferencia, y a un culto abierto y descaradamente a él, en el seno de la Iglesia y en la sociedad humana. LA HORA DE LAS TINIEBLAS. Esta es la máxima apostasía anunciada, que si es conocido su advenimiento, nunca su gravedad. Suprema apostasía y suprema traición que podemos decir que ha llegado, PORQUE YA LA HEMOS VISTO.

LA TRAICION DE LOS SACERDOTES.
TRABAJOS EXEGETICOS DEL PADRE LACUNZA 
SOBRE LA SEGUNDA BESTIA DEL APOCALIPSIS.
  "Y vi otra Bestia que subía de la tierra, que tenía dos cuernos semejantes a los del cordero mas hablaba como el Dragón". Así comienza la parte del texto del Padre Lacunza que estoy copiando. Algunos exégetas del Apocalipsis dijeron que esos cuernos de esta Bestia eran así descritos por los dos "cuernos" de la mitra de los obispos, y que por lo tanto se trataba de un obispo. Yo rechacé esta interpretación porque me pareció demasiado simplista. Tal vez lo era, pero no estaba tan equivocada. No pude penetrar más el misterio contenido, fuera de tiempo, como es natural. Pero la lectura de este trabajo del Padre Lacunza anterior al año 1800, me han revelado una verdad dramática y terrible contenida en sólo nueve palabras apocalípticas y que a continuación expongo. No se trata, pues, de una mitra episcopal sino que se refiere AL SACERDOCIO. No hay que dirigirla la vista partiendo de la visión de la Bestia hacia la mitra de un obispo, sino que hay que hacerla a la inversa: de los cuernos de la Bestia encontrar aquello que tiene "semejanza" con "el cordero". Y este es el sacerdocio. El Apocalipsis no toma la figura del cordero para representar la inocencia que contrasta con la ferocidad de la Bestia, sino que se dirige directamente al CORDERO DE DIOS. No es la hiprocrecía -que no excluye- del que parece cordero y habla como el Dragón. Es algo más directo y específico. Es la maravillosa Palabra de Dios que se cumple de muchas maneras incluso en forma acomodaticia. Esta es una prueba más de que el Anticristo no será el lider de un gobierno mundial, el cual puede venir, o no según Dios lo permita. Aquí se refiere a un sacerdote usurpador de la gloria, de una cabeza terrible, hipócrita, con cara de santo, hacedor de milagros y de su cuerpo, que es su pandilla corruptora del pueblo. No hay nada más "semejante" al Cordero -de Dios- que un sacerdote que tiene una participación del sacerdocio de Cristo. Cuando pronuncia las palabras consecratorias en el Canon de la Misa obra en persona de Cristo. Cuando absuelve, lo hace con la autoridad de Cristo. Este sacerdote absuelve verdaderamente, si férreamente está en la UNIDAD de la Iglesia, no en el cisma y también unido a la cabeza. Se presenta, pues, aterradoramente a nuestros ojos, la presente situación. Si reflexionamos bien este texto apocalíptico ¡que mal quedan parados los protestantes, supinos ignorantes de las sagradas Escrituras!.
  Es tan monstruosa la prostitución de las sagradas Escrituras que en los Estados Unidos, las sectas más antiguas pusieron una demanda legal para que ciertas sectas de nuevo cuño le quitaran el nombre de "BIBLIA" al libro que tenían y así llamaban, pues demostraron que aquella versión estaba totalmente deformada y retorcida. Ganaron la demanda y esas sectas -como la de los Testigos de Jehová-, tuvieron que retirar de sus libros el nombre de "Biblia". Son estas las cochinadas que nos embuten de ese país tan protestante y tan "cristiano" hijo espiritual de Lutero, de Calvino, de Enrique VIII, de Ecolampadio y de Carlostadio.
Mons. José F. Urbina Aznar 
EL DESPRECIO Y LA INDEFERENCIA...

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