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jueves, 19 de enero de 2012

ORDENACION SACERDOTAL


EPISCOPADO. LAS ÓRDENES DE LOS ANGLICANOS SON INVÁLIDAS. POR QUÉ NO ORDENA LA IGLESIA A LAS MUJERES. POR QUÉ SE LLAMA "PADRE" A LOS RELIGIOSOS Y SACERDOTES

¿Qué es lo que constituye el sacramento del Orden en la Iglesia? ¿Cómo se prueba que Jesucristo instituyó este sacramento? ¿Cuándo y con qué ceremonia se estableció el sacerdocio? A mí me parece que todo áquel que esté lleno del espíritu de los apóstoles tiene derecho a predicar el Evangelio. ¿No dice la Biblia que cada cristiano es un sacerdote?
Dice así el Concilio de Trento: "Si alguno dijese que el Orden u Ordenación sagrada no es propia y verdaderamente un sacramento instituido por Jesucristo, o que es una invención humana trazada por hombres inexpertos en asuntos eclesiásticos, o que no es más que un género de rito con el que se seleccionan los ministros de la palabra de Dios y de los sacramentos, sea anatema" (sesión 23, can 3). "Si alguno dijere que cuando Jesucristo dijo a los apóstoles: "Haced esto en memoria mía" (Lucas 22, 19), no los constituyó sacerdotes, o no mandó que tanto ellos como otros sacerdotes ofreciesen su Cuerpo y su Sangre, sea anatema" (sesión 22, canon 2).
En la última Cena, Jesucristo, el Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, según el orden de Melquisedec (Salmo 109, 4; Hebr 7, 11), instituyó como acto oficial y permanente de culto el sacrificio eucarístico que entonces acababa de ofrecer; y al mandar a sus apóstoles que hiciesen lo que El acababa de hacer, les dio plenos poderes para que ofreciesen el mismo sacrificio en calidad de representantes y participantes de su sacerdocio eterno. Y para completar esta comunicación de su sacerdocio, dio también a los apóstoles, apenas resucitado, otro poder estrictamente sacerdotal, a saber: el poder de perdonar y retener los pecados (sesión 22, can 1). Aunque es muy probable que Jesucristo ordenó a sus apóstoles sin ceremonia alguna particular, sin embargo, en los Hechos de los apóstoles y en las epístolas de San Pablo se mencionan todos los elementos del sacramento del Orden: el rito simbólico de la imposición de manos, la oración, la gracia interna que da este rito y su institución por Jesucristo. "Llevaron (a los siete diáconos) a los apóstoles, y éstos, naciendo oración, les impusieron las manos" (Hech 6, 6). "Entonces, después de haber ayunado y orado, y después de haberles impuesto las manos, los despidieron" (13, 3).
Los santos Pablo y Bernabé, en sus jiras apostólicas, ordenaban sacerdotes en diferentes iglesias: "Luego, habiendo ordenado sacerdotes en cada una de las iglesias, orando y ayunando, los encomendaron al Señor, en quien
habían creído" (14, 22).
Y San Pablo, escribiendo a Timoteo, le dice: "No impongas de ligero las manos sobre alguno" (1 Tim 5, 22).
En otro lugar le dice que la imposición de las manos confiere gracia santificante: "No malogres la gracia que tienes, la cual se te dio en virtud de la revelación particular, con la imposición de las manos de los presbíteros" (4, 14).
"Por esto te exhorto que avives la gracia de Dios, que reside en ti por la imposición de mis manos" (2 Tim 1, 6).
Escribiendo a los efesios, San Pablo menciona la institución divina del Orden. Dice que Jesucristo "constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas y a otros pastores y doctores, a fin de que trabajen en la perfección de los santos en las funciones de su ministerio, en la edificación del Cuerpo (místico) de Cristo" (Efes. IV, 11-12).
Ninguno tiene derecho a predicar el Evangelio con autoridad ni a desempeñar las funciones del sagrado ministerio si no ha sido antes escogido por Dios para suceder a los apóstoles o para participar en el sacerdocio de Jesucristo: "Ni nadie se apropie esta dignidad, si no es llamado de Dios, como Aarón" (Hebr 5, 4).
El Concilio de Trento declara que "las Escrituras, la tradición apostólica y el consentimiento unánime de los Padres" prueban que las Ordenes son un sacramento (sesión 23, cap 3).
Nada tan absurdo como la opinión de algunos protestantes que creen que la distinción entre los clérigos y los legos no tiene más razón de ser que la necesidad de guardar orden y disciplina en la Iglesia, y para este fin el pueblo eligió sacerdotes, como quien dice, oficiales, que reciben su autoridad del pueblo. Ya en tiempo de los apóstoles había obispos, sacerdotes y diáconos (Hech 20, 17-28; Filip 1, 1; 1 Tim 3, 2, 8, 12; Tito 1, 5-7).

San Clemente (90-99) escribe: "Jesucristo es de Dios, y los apóstoles son de Jesucristo. Yendo de ciudad en ciudad y por todo el país, los apóstoles nombraban de entre sus convertidos los obispos y diáconos para cuidar de los futuros cristianos, después de haberlos probado en el espíritu" (Ad Cor 43, 2-4).
Luego reprende con severidad a los cristianos de Corinto, que trataban de "expulsar del ministerio eclesiástico a los que habían puesto en este oficio los apóstoles o sus sucesores con aprobación de toda la Iglesia". Los corintios tomaron muy bien esta reprensión, pues, según nos dice Eusebio en su Historia eclesiástica, guardaron la carta y la tenían en tanta estima como la Biblia misma, leyéndola en las iglesias alrededor de setenta y cinco años consecutivos. Las didascalias o doctrina de los doce apóstoles (290) mandan al lego que "honre y respete al obispo como a un padre y a un rey; como al sacerdote e intermediario entre Dios y el hombre, al cual no debe pedir cuenta de sus actos, para que no se ponga frente a Dios y ofenda al Señor" (cap IX).
San Gregorio Niseno (395) escribe: "El mismo poder de la palabra hace sublime y honorable al sacerdote, el cual, al ser ordenado, es separado de la multitud, de suerte que el que ayer no era más que uno de tantos, hoy tiene ya derecho a mandar y presidir y enseñar lo recto, y es dispensador de los misterios ocultos" (Orat In Bapt Christi).
San Juan Crisóstomo (344-407): "Si el Espíritu Santo no hubiera cumplido lo que nos prometió, a estas horas no tendríamos ni bautismo ni remisión de los pecados... Ni tendríamos tampoco sacerdotes, pues sin esa continuidad las Ordenes serían imposibles" (De ress mort 8).
Finalmente San Agustín pone a las Ordenes y al Bautismo en el mismo plano. "Los dos—dice—son un sacramento, y los dos se dan al hombre mediante cierta consagración: el del Bautismo, cuando uno es bautizado; el otro, cuando uno es ordenado; y por esta causa, en la Iglesia católica ninguno se puede repetir" (Contra Epist Parmen 2, 13).

Es cierto que, tanto San Pedro (1 Pedro 2, 9) como San Juan (Apoc 1, 6), llaman a los cristianos sacerdotes; pero esto necesita interpretación. Los llaman sacerdotes, porque en la misa ofrecen el sacrificio a una con el sacerdote que la celebra; porque aunque el sacerdote es el único que, por ordenación divina, puede consagrar el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, esto lo hace como representante del pueblo cristiano. Asimismo, el cristiano puede ser llamado sacerdote porque ofrece sacrificios espirituales: el sacrificio del propio cuerpo (Filip 4, 18), el de la oración (Hebr 13, 15), el de la limosna y el de la fe en Jesucristo (Hebr 13, 16; Filip 2, 17).

¿Cómo se prueba que el episcopado existía ya en la primitiva Iglesiat ¿No es cierto que los vocablos obispo y presbítero son sinónimos en el Nuevo Testamento?
El Concilio de Trento declara que existe en la Iglesia una jerarquía divinamente constituida, y que esa jerarquía consta de obispos, sacerdotes y diáconos; que los obispos son superiores a los sacerdotes y tienen el poder de confirmar y ordenar (sesión 13, cánones 6 y 7).
Como Jesucristo hizo del sacerdocio una institución permanente, dio a ciertos sacerdotes, es decir, a los obispos, el poder de comunicar a otros ese sacerdocio. El Nuevo Testamento nos dice claramente que los apóstoles eran obispos, pues nos dice con frecuencia que ordenaban, y ordenar es la función característica del obispo. Estamos de acuerdo en que los vocablos "obispo" y "presbítero" se usan indistintamente en el Nuevo Testamento; pero no es difícil atinar con la razón de este fenómeno.
A mediados del siglo II vemos ya en cada Iglesia un obispo con sacerdotes y diáconos. Hasta entonces parece que no había más que delegados apostólicos, que tenían a su cargo todo un distrito o territorio, como vemos por Tito y Timoteo, a quienes les fueron confiadas las Iglesias de Creta y Efeso, respectivamente. Por ciertos pasajes bíblicos vemos que las Iglesias de Efeso y Filipos (Hech 20, 17; Filip 1, 1) tenían un cuerpo o colegio de obispos sujetos, ya a un apóstol, ya a su delegado.
El episcopado monárquico del siglo II no era novedad alguna, pues la Iglesia metropolitana de Jerusalén tenía por obispo a Santiago desde los días en que los apóstoles se dispersaron. Y es que los obispos eran los sucesores de los apóstoles, bien hubiese un solo obispo en cada iglesia, bien un colegio o grupo de ellos.
Las cartas de San Ignacio de Antioquía (98-117) mencionan distintamente los tres órdenes, obispos, sacerdotes y diáconos, y hablan con toda claridad del origen divino del episcopado y su superioridad sobre el simple sacerdocio. El obispo es el centro de la unidad de la Iglesia, y tiene en sus manos todos los poderes religiosos. "Sin él no hay ni bautismo ni Eucaristía ni ágape. Los presbíteros se adhieren al obispo como las cuerdas a la lira" (Ad Efes 4, 1). "Donde esté el obispo, allí está la multitud de los creyentes; como donde está Jesucristo, allí está la Iglesia católica" (Ad Smirn 8, 2).
Eusebio nos dice en su Historia eclesiástica (4, 22) que Hegesipo escribió un tratado polémico contra los gnósticos de entonces (190), demostrando con evidencia la tradición eclesiástica y recalcando el hecho de que ésta se transmite por la sucesión ininterrumpida de obispos. Asimismo, San Ireneo (Adv Haer 3, 3) empalma al obispo de Roma con los apóstoles Pedro y Pablo, y Dionisio de Corinto empalma a los obispos de Atenas con San Dionisio.


¿Por qué declaró León XIII nulas e inválidas las órdenes de los anglicanos? Desde luego, los católicos se gozaron en esparcir el rumor falso de que Parker había sido consagrado arzobispo en la taberna de la "Cabeza del Caballo" con un rito a todas luces impropio
Las razones que motivaron la condenación de las órdenes anglicanas no son históricas, sino dogmáticas. En el nuevo rito que se implantó en Inglaterra en tiempo del rey Eduardo, con el que se consagró arzobispo a Parker en 1559, la forma es defectuosa, a lo cual hay que añadir la falta de intención en los que le ordenaron.
Escribe así el Papa León XIII: "Las palabras "recibe el Espíritu Santo" que los anglicanos creían hasta hace poco que constituían la forma de la ordenación sacerdotal, no expresan, ni mucho menos, el Orden sagrado del sacerdocio ni su gracia y poder, que es principalmente el poder de consagrar el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor en aquel sacrificio que no es una "mera conmemoración del sacrificio ofrecido en la cruz" (Trento, sesiones 23, can 1; 22, can 3).
Aunque más tarde (en 1662) se añadieron a esa forma las palabras "para el oficio y trabajo propios del sacerdote", etc.; sin embargo, no se dio ningún paso adelante, pues lo único que prueba es que los mismos anglicanos cayeron en la cuenta de lo defectuosa e inadecuada que era la primera forma (de 1552). Además, aun cuando esta adición diese a la forma el verdadero significado, vino muy tarde, pues hacía ya un siglo que se venía usando el rito establecido en tiempo del rey Eduardo, con el que se puso fin a la jerarquía y al poder de conferir válidamente nuevas órdenes. Son inútiles todas las demás oraciones que se añaden en la ordenación a fin de que ésta sea válida, pues, para no citar más que un argumento en contra, en el rito anglicano se ha suprimido deliberadamente todo aquello que en la Iglesia católica da a entender el oficio y dignidad del sacerdocio.
Por tanto,"debe ser considerada insuficiente e inadecuada para el sacramento esa forma que omite lo que debiera esencialmente significar". Dígase lo mismo de la consagración episcopal, pues las palabras "para el oficio y trabajo propios del obispo" no fueron añadidas a la fórmula "recibe el Espíritu Santo" hasta mucho más tarde (1662); y, además, estas palabras deben ser entendidas en un sentido totalmente diferente de como las entendemos los católicos. No hay duda de que el episcopado, al ser instituido por Jesucristo, debe pertenecer al sacramento del Orden, y constituye el sacerdocio en un grado superior...
Por eso, como el rito anglicano eliminó el sacramento del Orden y el verdadero sacerdocio de Jesucristo, y en la consagración episcopal no confiere verdadera y válidamente ese sacerdocio, sigúese que tampoco puede conferir verdadera y válidamente el episcopado, tanto más, que entre los deberes principales del episcopado hay que consignar la ordenación de ministros para la santa Eucaristía y para el sacrificio.
"En cuanto a la intención, la Iglesia la presupone si ve que en la administración de los sacramentos se pone la materia y la forma con toda seriedad, pues ya esto es muestra de que quiere hacer lo que la Iglesia manda. Por eso decimos que un hereje o uno que no esté bautizado puede administrar debidamente ciertos sacramentos si se vale para ello del rito católico. Pero cuando se cambia este rito por otro no aprobado por la Iglesia, y, lo que es peor, con intención de rechazar lo que la Iglesia hace y lo que pertenece a la naturaleza del sacramento por institución de Jesucristo, entonces ya no hay duda no sólo de que falta la intención debida, sino también de que esa intención se opone al sacramento y lo destruye" (Apostolicae Curae, 13-IX-1896).
Añade León XIII que sus predecesores los Papas Julio III y Paulo IV habían decidido esto mismo sobre la invalidez de las órdenes anglicanas cuando se discutió el asunto en tiempo de María Tudor, y que durante más de trescientos años la Iglesia católica ha venido ordenando absolutamente a todos los ministros anglicanos convertidos. Lo cual prueba claramente la actitud de la Iglesia respecto a las órdenes anglicanas, porque jamás permite que se repita el sacramento del Orden, y en este caso, no sólo lo permite, sino que lo exige.
Por lo que se refiere a la consagración de Parker en la taberna arriba mencionada, hay que decir que es una de tantas leyendas. Probablemente salió de la pluma de algún controversista de buen humor que no sabía explicarse el porqué del silencio misterioso que se guardaba en los círculos oficiales sobre la consagración de Parker.
Cuando están en su cénit la persecución y la tiranía, el pueblo cree a carga cerrada todo lo que se diga contra los contrarios, por absurdo que ello sea. Lo que no consta es que Barlow, el que ordenó a Parker, fuese jamás consagrado obispo; lo cual quiere decir que tenemos derecho a dudar de la validez de sus ordenaciones. En el rito que se fabricó en tiempo del rey Eduardo se evitó cuidadosamente toda mención de sacerdocio, y esto se debió a aquel movimiento general protestante que dio por resultado la destrucción de los altares en toda la nación y su sustitución por las llamadas mesas de comunión, "con el fin de apartar al pueblo de las opiniones supersticiosas de la misa papista". Aun hoy no es raro oír de labios de muchos obispos anglicanos que cuando ordenan no tienen intención de hacer sacerdotes que puedan decir misa.


¿Por qué no ordena la Iglesia católica a las mujeres lo mismo que a los hombres? ¿No había diaconisas ordenadas en la primitiva Iglesia?
Consta por los dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo, que Dios se ha opuesto siempre a tal género de ordenaciones. Jesucristo escogió doce apóstoles, y éstos, a su vez, escogieron sucesores entre los hombres. San Pablo excluyó a las mujeres de todas las funciones litúrgicas y les prohibió enseñar y aun dirigir la palabra a los fieles reunidos (1 Tim 2, 12; 1 Cor 14, 34-35).
Las diaconisas de la primitiva Iglesia recibían una bendición especial, pero nunca fueron ordenadas, como lo declaró expresamente San Epifanio a fines del siglo IV (Haer 79, 3). Su oficio se reducía a mantener el orden en la iglesia entre las mujeres y a instruirlas en la fe, como hacen hoy día muchas religiosas de la enseñanza, y, sobre todo, a asistirlas en el bautismo, que entonces era por inmersión, Dejaron de existir hacia el siglo VIII.

¿Por qué llaman los católicos "padre" a los sacerdotes? Jesucristo dijo: "No llaméis a nadie padre sobre la tierra; uno sólo es vuestro Padre, que está en los cielos" (Mat 23, 9).
En algunos países sólo llaman Padres a los religiosos que son sacerdotes; en otros llaman Padres a todos los sacerdotes indistintamente. La razón de este nombre es muy sencilla: el sacerdote es el ministro ordinario del bautismo, y por el bautismo renacemos a la vida de la gracia (Juan 3, 5). Jesucristo no se opuso absolutamente al uso de los vocablos "Rabbí" o "Padre", sino que nos quiso dar a entender que sólo Dios es nuestro Padre común y la fuente y origen de toda autoridad. Además, nótese que cuando el Señor pronunció esas palabras estaba reprendiendo severísimamente el orgullo de los escribas y fariseos que ambicionaban demasiado esos títulos honoríficos. Si hubiese que interpretar a la letra las palabras del Señor, no podríamos llamar padre al que nos engendró, ni maestro al que nos enseña. San Pablo llama hijo a Timoteo (1 Tim 1, 2), y se llama a sí mismo padre espiritual de todos los que había convertido "Pues aun cuando tengáis millares de ayos o maestros en Jesucristo, no tenéis muchos Padres. Pues yo soy el que os ha engendrado en Jesucristo por medio del Evangelio" (1 Cor 4, 15).
Y San Jerónimo nos dice que en Egipto y Palestina los monjes del siglo IV se llamaban "padre" unos a otros.

BIBLIOGRAFIA
Apostolado de la Prensa, El sacerdote y el pueblo.
Capron, Excelencias del sacerdocio.
Dubois, El sacerdote santo.
Gentilini, La mies evangélica.
Id., Llamamiento divino al apostolado sacerdotal.
Mannin, El sacerdote eterno.

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