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domingo, 8 de enero de 2012

REFLEXIONES SOBRE LOS TIEMPOS DEL ANTICRISTICOS (1)

Por Mons. José F. Urbina A.
Innumerables son los textos en las Sagradas Escrituras que pueden orientarnos con intensa luz meridiana sobre los tiempos que actualmente está viviendo el mundo. Basta entender el sentido en el que han sido escritos y aplicar con propiedad a otras situaciones o hechos históricos para comprobar que la Palabra escrita de Dios es de una riqueza insospechada, orientadora y esclarecedora para todos aquéllos que iluminados por la Fe y el Magisterio eterno de la Iglesia, la escudriñan.
Así por ejemplo, son interesantes algunos textos de los Evangelios de San Lucas y de San Juan que ahora transcribimos. En el Cap. XVII, 20 y 21 de San Lucas, leemos; "Habiendo preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: "El reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: 'Vedlo aquí o allá', porque el Reino de Dios ya está entre vosotros". En el Cap. XIX, 11: "Estando la gente escuchando estas cosas, añadió una parábola, pues estaba él cerca de Jerusalén, y creían ellos que el Reino de Dios aparecería, de un momento a otro". En el Evangelio de San Juan, Cap. VII, 26 a 29, leemos: "¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo?. Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es. Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: "Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de él y él es el que me ha enviado". Más adelante en el v. 31, dice: "Cuando venga el Cristo, ¿hará más señales de las que ha hecho éste?".
Todos estos textos pueden ser aplicados con propiedad al advenimiento del reino anticrístico, de tal forma que sea conocido indiscutiblemente, porque el reino del Anticristo, vendrá "sin dejarse sentir", y no se podrá decir: "Vedlo aquí o allá" porque inesperadamente ya estará "entre vosotros". En el v. 11 del Cap. XIX descubrimos claramente que el pueblo creía "que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro", y sin embargo una vez entre ellos, no lo habían podido reconocer. Lo mismo que sucederá, cuando el Anticristo se siente sobre su trono de corrupción, pues muchas señales podrán percibir las gentes, y asegurar que éste pudiera estar cerca, sin llegarlo a reconocer, pues este conocimiento estará reservado para la Iglesia fiel o "resto fiel" de esos días, que estará formada por muy pocos.
Llama la atención el texto: "¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo?", pues así como casi todos en esa época esperaron en vano un reconocimiento a favor de Cristo, de los que eran anticristos, muchos también en el tiempo del Anticristo esperarán en vano un reconocimiento "de las autoridades" eclesiásticas, siendo ellos mismos el Anticristo, pues éste se sentará enmedio de ellos como el primero.
Los judíos del tiempo de nuestro Señor Jesucristo, negaban ser El el Mesías, pues, decían, sabían de dónde era, ya que viniendo el Cristo, "nadie sabrá de dónde es". Conocían a Jesús, conocían a Su familia, y no podían aceptar que fuera el Esperado. Lo mismo sucederá cuando el Anticristo llegue con su reinado de terror anticristiano y destrucción, pues no podrá ser reconocido, porque se conocerá su nacionalidad, su trayectoria y todo aquello que lo hace aparentemente un hombre común y corriente, aunque con fama y figura de santo, pero será indiscutiblemente el esperado tantas veces anunciado, así como Cristo fue también el Esperado Salvador del mundo, tantas veces anunciado por los profetas.
Todo el pueblo desconoció al Mesías cuando vino a este mundo, menos el pequeño "resto fiel" del pueblo Judío. Todo el pueblo desconocerá al Anticristo cuando venga a este mundo, menos el pequeño "resto fiel" del Nuevo Israel, la Iglesia Católica que estará reducida a muy pocos y escondidos en las nuevas catacumbas.
Es interesante la nota de la Biblia de Jerusalén al v. 21 del Cap. XVII del Evangelio de San Lucas: "El Reino (de Dios) no se nota, pero es accesible a todos, y ya actúa". Lo mismo que será el reino del Anticristo que no se ha de notar pero que será accesible a todos, y así será que a todos infectará.
Pues así ccmo anuncia San Pablo en su segunda Epístola a los de Tesalónica, todos caerán víctimas de su engaños Iglesia docente e Iglesia dicente, para que se cumpla la profecía de la Apostasía, que es un acontecimiento reservado para el final de los tiempos, contemporáneo del Anticristo, que entraña esencialmente un carácter cualitativo pero también uno cuantitativo.
Así como Cristo nuestro Señor dijo: "Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta, sino que verdaderamente me envía el que me envía; pero vosotros no lo conocéis", queriendo con ésto decirnos que no nos dejáramos engañar por las apariencias, nos alerta también para no dejarnos engañar cuando el Anticristo se siente en el Templo de Díos como está anunciado y escrito. Ciertamente Jesús había nacido en la pobreza, en un establo, de la Virgen María, de la familia de David. Él pueblo conocía a Su santo padre adoptivo, San José, sabía que los dos habían habian carpinteros por muchos años. Conocía a sus primos uno de los cuales era San Juan el Bautista, pero sin embargo, El era el Dios encarnado, el Verbo de Dios que se introduce en el proceso histórico humano "sin dejarse sentir", como dice el evangelista San Lucas.
En la misma forma, el Anticristo, pudiera decir también: me conocéis a mí, y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta, sino que verdaderamente me envía el que me envía, pero vosotros no le conocéis. Es decir, Satanás. Pues el Anticristo aún siendo un hombre, así mismo como Dios Padre todopoderoso envió a Su Hijo, "sin dejarse sentir", en el momento en que la santa Madre María pronuncio el "hágase en mí según tu palabra", así, se introducirá también, en el momento en que la humanidad toda, atenta a los llamados y requerimientos del Demonio y del mundo, pronuncie el "hágase en mí, según tu palabra".
Es necesario considerar muy detenidamente el v. 31 del Cap. 7 de San Juan que copiamos nuevamente: "Cuando venga el Cristo, ¿hará más señales de las que ha hecho éste?".
Cristo nuestro Señor les pedía a los Judíos no fijarse en las apariencias, sino creer en El por los milagros innumerables que hacia todos los días enmedio del pueblo y de los cuales había tantos testimonios.
Esta será también la forma de conocer el tiempo anticrístico y al mismo Anticristo.

LOS MILAGROS SE JESUS.
Jesucristo nuestro Señor, como enseña la Doctrina, es verdadero Dios, pero también Es verdadero Hombre. Quien lo hubiese conocido personalmente, y así Lo vieron Sus contemporáneos, no hubiese podido descubrir en El, ninguna manifestación física de Su divinidad. Es lógico que si algo se hubiese podido observar en El, Su pueblo no lo hubiese sacrificado en la Cruz, pero tampoco habría el mérito que Dios pide a Sus fieles. ¿Cuál era entonces la forma de descubrir lo que en El había?: el cumplimiento de las profecías, y para todo el pueblo y también para los doctos conocedores de las profecías, las señales o milagros que El realizaba por todas partes, que no hacían más que confirmar el cumplimiento de esas profecías.
Por ese motivo Jesús les dice a los Judíos: "a aquél a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, ¿como le decís que blasfema por haber dicho: 'Yo soy el Hijo de Dios'?. Si hago las obras de mi Padre, no me creéis; pero si las hago, aunque a mí no me creéis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mi y yo en el Padre" (Evangelio de San Juan, Cap. 1C, v. 36 a 33).
También en el Evangelio de San Mateo, Cap. XVI, v. 2 a 4, leemos: "Mas el les respondió: 'Al atardecer decís: Va a haber buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego', y a la mañana: 'Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío'. iCónque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir las señales de los tiempos!. ¡Generación malvada y adúltera!. Una señal pide y no se dará otra señal que la señal de Jonás". La Biblia de Torres Amat dice en el v. 4: "¿Conque sabéis adivinar por el aspecto del cielo, y no podéis conocer las señales claras de estos tiempos de la venida del Mesías?". Y el comentario al v. 3 de la Biblia de Jerusalén, apunta: "Las señales de la venida del Mesías son los milagros de Jesús".
En San Marcos, Cap. VIII, v. 11 a 13, leemos: "Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: '¿Por qué esta generación pide una señal?. Yo os aseguro: no se dará a esta generación ninguna señal'. Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta". Es decir, insinúa el evangelista, lo más lejos de ellos. Realmente, demasiadas pruebas tenían. Curaciones innumerables, resurrección de muertos, multiplicación de panes, curación de endemoniados que a gritos confesaban Su divinidad, etc. Pero era una generación sorda, ciega y perversa que no se hubiese convencido con nada. Habían ignorado el cumplimiento de las profecías porque habían apostatado de la Fe. Por eso las señales que debían confirmar el cumplimiento de lo que se había anunciado sobre el Mesías, no significaban nada para ellos. Aceptarlas sería regresar a las doctrinas que habían rechazado y condenado. Todo se basaba en la Fe, en la luz de la Fe. Igualmente sucederá en tiempos del Anticristo, pues todas las señales de su presencia serán para confirmar el reinado de quien ha rechazado y condenado la doctrina ortodoxa, pero estando todos de acuerdo con el rechazo de esa doctrina, esas señales no dirán absolutamente nada, pues aceptarlas como confirmación, significaría el regreso a la ortodoxia que ya no se desea. Por eso la generación del Anticristo será culpablemente sorda y ciega y con nada se convencerá.
En el Evangelio de San Lucas, Cap. XII, v. 54 a 56, Jesús recrimina a los Judíos, Su pueblo, no conocer las señales de los tiempos, es decir, Sus milagros, por los cuales hubiesen descubierto al Mesías si no hubiesen podido reconocerlo por Su humanidad.
Podemos establecer un paralelismo impresionante entre la generación de Cristo que lo rechaza, y la generación del Anticristo que lo acepta, a la luz del texto del Evangelio de San Juan, Cap. IX, v. 39 a 41. Les dice Jesús: "Para un Juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven se vuelvan ciegos. Algunos fariseos que estaban con él oyeron ésto y le dijeron: '¿Es que también nosotros somos ciegos?'. Jesús les respondió: 'Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: 'Vemos', vuestro pecado permanece".
La generación del Anticristo dirá también: "vemos, y vemos claramente". Todos se sentirán doctores, todos interpretadores de las Sagradas Escrituras, todos obradores de grandes prodigios y milagros y curaciones, todos pretenderán tener al Espíritu Santo, y todos conocedores profundos de los cambios aberrantes que opere el Anticristo, y emitirán su unánime aprobación. Por eso será una generación culpable y su pecado "permanece".
Pero también como los fariseos, esta generación pedirá una señal del Cielo para conocer al Anticristo, pero no se le dará ninguna otra señal, sobre las innúmeras que se estarán cumpliendo, las cuales para ser conocidas requerirán suma fidelidad a la Doctrina revelada desde el principio, la cual habrán abandonado y traicionado todos por igual en el pueblo, entregándose así a la Apostasía predicha por San Pablo. Todo será también basado en la Fe, en la luz de la Fe.
En tiempos de Cristo, "aún entre los magistrados, muchos creyeron en él; pero, por los fariseos, no lo confesaban, para no ser excluidos de la sinagoga, porque prefirieron la gloría de los hombres a la gloria de Dios" (Evangelio de San Juan, Cap. 12, v. 42).
También a muchos al final de los tiempos, les será predicada la doctrina, pero no la aceptarán por tener muchos compromisos con el mundo, sabiendo que si la siguen perderán respeto, fama, etiqueta, modo de vivir y otras cosas que ofrece el siglo. No quedarán de ésto excluidos los mismos eclesiásticos. Pero a veces no querrán ni oír para no comprometer su conciencia, y así se convertirán en mayores culpables que los que han sido engañados por las artes del Anticristo.
Nos puede parecer increíble que los hombres del tiempo de nuestro Señor Jesucristo, no creyeron viendo tantos milagros como El hacia, pero no nos parece increíble nuestro tiempo, en el que habiendo tantas y espectaculares señales y profecías cumplidas, no veamos con tanta claridad el tiempo en el que estamos viviendo!. Le sucede a esta generación del final de los tiempos, como Cristo mismo decía que sucedía a los fariseos de Su tiempo y a todos los que los seguían: "Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los Justos, y decís: '¡Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!'. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!" (Evangelio de San Mateo, Cap. 23, v. 29 a 32).
Declaraban que ellos no hubiesen condenado, perseguido y matado a los profetas que Dios enviaba, pero estaban condenando ahora y querían matarlo, al Señor de todos los profetas. Igualmente aquellos fieles del tiempo del Anticristo, que formarán la Iglesia apóstata, hubiesen participado con gusto colaborando con los fariseos en la Pasión de Cristo, para obedecer a la Jerarquía de ese tiempo.
La generación que conviva en el mundo con el Enemigo de Jesucristo, dejará a las "autoridades" eclesiásticas el anuncio de la llegada del Anticristo, y esconderán en sus corruptas almas "obedientes" la abyecta traición a la Doctrina y a la Fe inmaculada. Así está anunciado en las Sagradas Escrituras, y así se cumplirán las profecías.

EL MENSAJE A SAN JUAN BAUTISTA.
Er el Evangelio de San Lucas, Cap. VII, v. 18 y siguientes, leemos que fueron enviados por San Juan Bautista, dos de sus discípulos para preguntarle a nuestro Señor Jesucristo, si El era el Esperado, el Mesías que se había prometido desde antiguo. Dice el texto: "De todas estas cosas (es decir, de la doctrina, pero sobre todo, de los milagros de Jesús) informaren a Juan sus discípulos. Y Juan llamando a dos de ellos, enviólos a Jesús para que le hicieran esta pregunta: ¿Eres Tú Acuél que ha de venir, o debemos esperar a otro?. Llegados a El los tales, le dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a Ti para preguntarte: ¿Eres Tú Aquél que ha de venir, o debemos esperar a otro?. En la misma hora curó Jesús a muchos de sus enfermedades y llagas (lo cual significa que constantemente tenía gente Junto a El a quien sanaba de sus males), y de espíritus malignos, y dió vista a muchos ciegos. Respondióles, pues, diciendo: Id y contad a Juan las cosas que habéis visto: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la Buena Nueva y bienaventurado aquél que no se escandalizare de Mi".
El les muestra las señales, los milagros por los cuales debía ser conocido el Mesías. Para los maestros de las Escrituras de aquellos tiempos, debió de bastar la divina sabiduría que demostraba en Sus enseñanzas. Pero si esto no era suficiente, tenían los milagros que sólo Dios puede hacer. Por eso les responde enseñándoles Sus milagros, pues sabía que para el "resto fiel" de Israel con eso bastaba y no necesitaban más. Y así fue como, para Juan el Bautista el mensaje que le llevaron fue elocuente y definitivo.
Este pasaje bíblico, tiene una profunda e innegable proyección y aplicación escatológica, pues así como las obras sin claras declaraciones debieron de haber revelado la presencia del Mesías, así, en la misma forma, la presencia del Anticristo, no será significada por claras declaraciones que nunca se darán en razón de la seducción y del engaño que éste necesita para pervertir al pueblo, sino que deberá ser descubierta sin ver las apariencias, por las doctrinas que enseñará y si esto no basta, por las señales y prodigios que en su tiempo se han de obrar, todas las cuales señales, están claramente anunciadas en las Sagradas Escrituras.
Pero, así como en el tiempo de nuestro Señor Jesucristo, muy pocos conocieron las señales, es decir, el resto fiel, igualmente también, en el tiempo del Anticristo, toda la Iglesia será arrastrada a la Apostasía y muy pocos, es decir, el resto fiel, podrán conocer la presencia del Anticristo. A ellos no podrá engañarlos.

LA JERARQUIA ECLESIASTICA Y EL DEPOSITO DE LA FE.
Innumerables son las veces que en las Sagradas Escrituras se hace una diferenciación muy clara entre lo que es la Jerarquía eclesiástica y el Magisterio o Depósito de la Revelación.
San Pablo por ejemplo, insta repetidas veces a guardar la Doctrina, a conservar las Tradiciones recibidas desde el principio, a defenderse de los falsos doctores, de las novedades. Le mismo dice San Pedro en sus Epístolas, Santiago, San Juan en sus Epístolas y en el Apocalipsis. Lo dice nuestro Señor Jesucristo repetidas veces, per lo que vemos con claridad que los pastores, que son una cosa, deben ser fieles al Depósito, que es otra cosa completamente distinta.
Normalmente hay una acordidad entre el uno y el otro y a esto está el pueblo acostumbrado. Pero cuando hay infidelidad de los hombres a la Doctrina de Dios, se debe ser fiel entonces a la Doctrina y no a los hombres, porque primero hay que obedecer a Dios que a los hombres.
Surgieron en la Iglesia tiempos de apostasía y se levantaron hombres santos inspirados por Dios, que lucharon contra la impiedad incluso de los mismos papas. Condenaron el error y fueron perseguidos, condenados, amenazados, reprimidos, aislados, matados, excomulgados per los herejes y por sus corifeos. En tiempo de nuestro Señor Jesucristo la Jerarquía estaba completamente corrupta desde el sumo sacerdote Caifas, y El los condenó abiertamente. Le costó la vida. Muchos soberbios ignorantes o hipócritas, Lo deben haber condenado "por estar contra el papa" de Su tiempo que era Caifás.
Estas crisis de Fe que Dios permite en Su Iglesia, fortalecen la doctrina, la clarifican, la definen, la purifican. Los errores son condenados. Son tiempos de purificación para el pueblo fiel, porque aunque muchos se pierden, otros obtienen frutos y méritos abundantes de la lucha que inician, levantándose contra los hombres impíos y sus muy personales opiniones, a pesar de todos los peligros, a pesar del ridículo, del descrédito, de la aparente desigualdad en la lid. Estos son los elegidos de Dios que El mismo ha considerado, no ciudadanos de este mundo, sino de la Patria celestial.
Pasadas esas crisis, la santa Iglesia consolada, canoniza a estos hombres y los pone en los altares como ejemplo para el pueblo. Dios salva a Su Iglesia por medio de la industria sacrificada de estos varones iluminados que no tuvieron miedo a los poderes mundanos o satánicos cuando defendieron los derechos del Todopoderoso.
En los tiempos del Anticristo surgirá la herejía total, así la definió San Pío X, que las reúne a todas, que desterrará el Sacrificio, lo cual nunca sucedió antes, y así también verá roto el Pacto o Nueva Alianza que se Inaugura en el Cenáculo. Jamás habrá habido en la Iglesia una crisis tan grande. San Pablo en su segunda Epístola a los tesalonicenses habla de la Apostasía en forma que se Interpreta que no hay nada mayor y más grave, la cual distingue muy especialmente. Y ésta tiene que ser una herejía conjunto de todas y que no solamente destruye la Doctrina de Cristo y toda otra religión en el hombre, sino que el pueblo todo la acepte y adopte por el engaño y la seducción. Solamente se conservará un resto fiel extremadamente pequeño, que por pequeño será ridiculizado, menospreciado, calumniado y perseguido. Y este engaño consistirá en conservar ritos y ceremonias aparentemente iguales vaciadas de todo contenido tradicional. Esta religión extraña infiltrada e instalada en todas las células del Cuerpo místico de Cristo, hablará muchas veces las mismas palabras pero ccn distinto significado. Será la guerra semántica más profunda como se haya conocido jamás. El culto, como dice San Gregorio Magno, se hará más alegre que solemne.
Pero los hombres corrompidos por el mundo del tiempo anticrístico, al condenar a quienes se rebelen contra esta situación apostática general, condenarán también a todos los santos que hicieron lo mismo en los pasados tiempos y condenarán al mismo Cristo, pues fue El quien reprobó a los Jerarcas religiosos de Su tiempo y al sumo sacerdote que era el "papa" de Su tiempo. Cristo fué el primero en no obedecer a los hombres sino a Dios. Dije claramente haber venido a cumplir la ley y sin embargo fue condenado a muerte por las Jerarquías que El condenó.

MIENTRAS LA LUZ ESTE EN EL MUNDO.
En los v. 9 y 10 del Cap. XI del Evangelio de San Juan, nuestro Señor dice: "Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; (¿cuál es la "luz de este mundo", el sol?, ¡ciertamente que no!) pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él". Es claro que Cristo al decir "en él", habla de una luz Interior. En el Cap. XII, v. 35 y 36, dice: "Todavía por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas no sabe a dónde va. Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz".
Es propia la interpretación de estas palabras de Jesús a los Judíos instándolos a creer en El mientras estuviera entre ellos enseñándolos, y en esta forma se predicó e interpretó este texto principalmente, pero son más propias estas palabras si les aplicamos un sentido escatológico que tienen evidentemente. ¿Por qué?, porque ese "poco de tiempo" que está la luz en el mundo, es el lapso que transcurre entre la Encarnación hasta que el Sacrificio perpetuo sea eliminado como predice el profeta Daniel, el profeta Isaías e insinúa San Pablo para los últimos tiempos, cuando la presencia real de Jesucristo en el Sacramento eucarístico desaparezca por los engaños del Anticristo, y es propio decir "un poco de tiempo", pues, ¿no San Juan en el Apocalipsis dice que el Señor viene "pronto"?.
Luego hay un texto extraño si no se interpreta correctamente. Dice: "Caminad mientras tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas". ¿Por qué me han de sorprender las tinieblas si no camino?. ¿qué quiere dar a entender nuestro Señor con el vocablo "caminar"?, ¿a qué tinieblas se refiere?. Es claro que no dice que hay que trabajar antes de que vengan las tinieblas, pues en otra parte del Evangelio asegura que algunos nunca estarán en tinieblas. Aquí claramente dice que hay que trabajar "para" no ser sorprendido. Utiliza la parábola del día y de la noche aparentemente, pero no se refiere al día y a la noche. Se está refiriendo a la Fe. Y más propiamente al tiempo de la Apostasía final. Quien no se prepara, quien no aprende, quien no se fortifica y "camina" por el camino de la perfección cristiana, quien no se interesa por las cosas de Dios o por las cosas de la Iglesia y su Doctrina invariable, quien no está dispuesto a seguir esta Doctrina aún en el caso de la claudicación de las Jerarquías, aunque ésto represente sufrimiento de todas clases, es sorprendido por la tiniebla herética y apostática que viene como consecuencia en el fin ce los tiempos, del destierro de la Eucaristía. Por eso dice que el que camina en tinieblas, ya no sabe a dónde va. Estas doctrinas pueden aplicarse con propiedad a cualquier crisis herética en la Iglesia, pero antonomásticamente, solamente al final. Ratifica esta doctrina cuando dice que mientras El está en el mundo, Es la Luz del mundo.
Porque no era posible que después de la Ascensión, Cristo haya dejado al mundo, según Sus propias palabras, en la más completa oscuridad, siendo El la Luz del mundo. Su Iglesia es la prueba de que ésto no fue así, pero sobre todo, Su presencia eucarística por el Sacrificio de la Misa. Por la sagrada Eucaristía, que es el Sacramente santísimo, Jesús continuaba en el mundo, física y realmente ccmo cuando estuvo en Jerusalén. Añadimos aquí a modo de paréntesis que las sectas, siempre han negado esta presencia real, inspiradas por Satanás, por razones que son obvias. Todas estas sectas, son hijas de las tinieblas.
Cristo se está refiriendo a las tinieblas que vienen como consecuencia de la instalación de la abominación desoladora en el lugar santo, que no es otra cosa que el acabamiento del Sacrificio o Pacto o Nueva Alianza. Por eso esas tinieblas pueden sorprendernos, porque el reinado del Anticristo viene "sin dejarse sentir", así coso también vino el Reino de Dios, sin dejarse sentir. Por eso sorprenden, y por eso quienes sin imaginarlo comienzan a caminar en las tinieblas, no saben ya a donde van.
Aparentemente, el texto de San Juan en eu Cap. IX, v. 4 y 5 es similar a los dos anteriores, pero no es así. Dice: "Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo".
En otras palabras, nuestro Señor nos remite a los tiempos anticrísticos indiscutiblemente en este texto. Ya no se refiere a la luz interior que es la Fe, ya no nos alerta contra la tiniebla que nos puede sorprender, ahora nos anuncia claramente que la oscuridad vendrá; que es necesario aprovechar los tiempos de la luz para hacer las obras de Dios, y que cuando venga la noche, "nadie puede trabajar". Aquí sí, vuelve a repetir que es El la Luz del mundo, mientras esté en el mundo. Pero un día no estará presente, y los pocos iluminados por la Fe, o "resto fiel" o Iglesia remanente, no podrán hacer nada, porque el Anticristo les hará la guerra y los vencerá. Será una lucha completamente estéril, porque ya nadie entrará en la Iglesia, como dice San Juan en el Apocalipsis, aunque habrá poquísimas excepciones. Los hombres habrán sido pervertidos gradualmente y no aceptarán ya ver la luz y conocer la verdadera Doctrina ni la soportarán, como dice San Pablo. Nadie entrará en la Iglesia, hasta que se completen las plagas de los siete ángeles. Ver Cap. XVII, 14 del Apocalipsis.
Dios quiere que todos los hombres se salven. El no puede cerrar las puertas de entrada en la Iglesia. Pero está anunciando que así sera por la voluntad del hombre. Debemos aclarar que Su expresión: "tenemos que trabajar", no excluye a nadie. Todos están llamados a ccntruír el Reino de Dios.
Pero en el fin, aunque a muchos se predicará la verdadera doctrina, nc la aceptarán. El Señor habrá pasado muy cerca de ellos, pero no lo verán. A muchos se habrán abierto las puertas de la Iglesia, pero la rechazarán, porque será muy poca cosa, así como sucedió a todos aquellos que vieron al divino Crucificado y les pareció lo que sus ojos veían: un ajusticiado despedazado, y no el Verbo encarnado de Dios.
¿Por qué el evangelista San Marcos nos querrá señalar tan claramente que la hora de mayor luminosidad para el mundo, puede ser la hora de las tinieblas?. En su Cap. XV, v. 33, dice: "Llegada la hora sexta (el medio día), hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona". Así también señala San Mateo, Cap. XXVII, 45, y San Lucas, Cap. XXIII, 44. Porque la oscuridad comienza a cubrir al mundo, no en el momento de la muerte de Cristo, sino cuando camina con la Cruz y luego es clavado en ella. Así, la oscuridad irá cubriendo al mundo y a las almas, cuando la Pasión mística de la Iglesia comience, y camine por la calle de la amargura, y sea clavada en la Cruz, y todo el pueblo se alegre pensando que hace algo que a Dios agrada.
Es decir, cuando comience el tiempo de la Apostasía que lleva a la pérdida de la Fe gradualmente y termina con la instalación de la abominación desoladora en el lugar santo, ésto es, el destierro del Sacrificio, el cambio de rito, lo cual es la muerte mística de la Iglesia y el advenimiento del Anticristo.
El mundo proclamará una nueva primavera y la Iglesia un nuevo pentecostés, porque pensarán estar en el momento en el que el sol es más luminoso para la humanidad, pero las tinieblas invadirán todo, porqué la desviación más horrible cubrirá el sol de la Fe.
Entonces la humanidad sin luz, tropezará, y el hombre no sabrá a dónde se dirige, y el que quiera trabajar se verá impedido, aun consciente de que han invadido al mundo las tinieblas más impenetrables, porque encontrará igualmente una impermeable costra en todos los hombres que los hará sordos y ciegos para regresar al camino que se ha perdido irremediablemente. Se desconocerá el tiempo anticrístico, se desconocerá su presencia y la cercanía de la Parusía. Pero será por la sola voluntad humana. Y así, se cumplirá la profecía.

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