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martes, 14 de febrero de 2012

¿MUERTO...?

Son mis noches tan tristes, tan largas, tan frías,
y tan solos, tan largos, tan tristes mis días,

que a veces no acierto
a saber si aún camino en la senda escabrosa

de largo desierto,
o si duermo en el sueño glacial de la fosa
ya muerto...


En mi alma se agitan memorias obscuras
de orfandad, desengaños, dolor y amarguras

de tiempos lejanos...
y tan sordos se agitan, que creo de repente,

que son los gusanos,
que en la tumba sombría carcomen mi frente,

mi pecho... mis manos...!

En mis noches y días tan solos y largos:
entre tantos recuerdos tan tristes y amargos,

la voz de una hermana
—compasiva y amante~~ me habla, y semeja

la nota lejana,
con que, en día de difuntos, por ellos se queja
doliente campana...


Y recuerdo que aún vive mi madre y le grito:
"Madrecita, te pide, te ruega tu 1NDITO
que enjugues su llanto!!

Y no viene!... Sin duda, mis voces ya muertas
no alcanzan a tanto;
o también a mi madre, le cierran las puertas
en el Campo-Santo!


Suele, a veces, muy quedo, llegar a mi oído
la voz cariñosa de algún ser querido;

y yo en mi tristeza,
me imagino que él llega... y se hinca doliente

entre la maleza
que creció en mi tumba... y devotamente
por su muerto reza...
Si es verdad que estoy muerto, ¿Porqué no descanso?

Y si no, ¿Porqué pasan los días y no alcanzo
a ver en mi cielo
ni un rayito de sol, ni una estrella, ni un ave

que tienda su vuelo,
y hace mucho mi agónico pecho no sabe
lo que es un consuelo...?


Son mis noches tan tristes, tan largas, tan frías!
Son tan largos, tan tristes, tan solos mis días!


Mons. Vicente M. Camacho

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