miércoles, 14 de enero de 2015

HERODIANOS

     Secta de judíos de la cual se habla en el Evangelio de San Mateo, XXII, 10; de San Marcos, III, 6; XII, 13. Antes de Indagar lo que era esta secta, bueno será notar que en el nuevo Testamento se hace mención de tres diferentes príncipes, que llevaron todos el nombre de Heródes.
     El primero fue Heródes Ascalonita, llamado el Grande, natural de la Idumea, y célebre por su crueldad. Él es quien hizo reedificar el templo de Jerusalen; y noticioso del nacimiento del Salvador en Belén, mandó degollar a todos los inocentes. Murió roído de gusanos un año después del nacimiento de Jesucristo, según algunos historiadores, y dos o tres, según otros.
     El segundo fue Heródes Antipas, hijo del anterior: este es el que hizo cortar la cabeza a San Juan Bautista, y a quien fue presentado Jesucristo en su pasión por orden de Pilátos.
     El emperador Caligula le desterró a Lyon con Herodiades, donde murió, reducido a la mayor miseria hacia el año 37 de Jesucristo.
     El tercero fue Heródes Agripa, hijo de Aristóbulo, y nieto de Heródes el Grande. Por complacer a los judíos hizo matar a Santiago el Mayor, hermano de San Juan, y prender a San Pedro, que se libró de la cárcel por un milagro (Act. XII). Fue herido por Dios en Cesarea, por haber admitido las adulaciones impías de los judíos, y murió de enfermedad pedicular o comido de piojos el año 42 de Jesucristo. Tuvo por sucesor a su hijo Agripa II, ante este defendió su causa San Pablo en Cesarea (Act. XXV, 13). Fue el último rey de los judíos y testigo de la toma de Jerusalen por Tito.
     Los comentadores de la Escritura no están de acuerdo respecto a los heródianos; Tertuliano, San Jerónimo y otros santos Padres la tienen por una secta de judíos, que tuvo por el Mesías a Heródes el Grande. Casaubon, Escalígero y otros piensan que era una cofradía que se instituyó en honor de Augusto, de Adriano y de Antonino: estas dos opiniones no son sólidas a los ojos de otros críticos. Jesucristo, dicen, llamó fermento de Heródes al sistema de estos sectarios: es preciso, pues, que este príncipe haya sido el autor de alguna opinión peligrosa que caracterizase a sus partidarios: ¿cuál podía ser esta opinión?
     Por dos motivos desagradaba Heródes extraordinariamente a los judíos: el primero porque sujetó su nación al imperio de los romanos; el segundo, porque introdujo en la Judea muchas prácticas paganas por complacer a estos señores imperiosos. Jesucristo, lejos de reprender la obediencia a los romanos, dio de ella ejemplo y lecciones: es preciso, pues, que el fermento de Heródes sea el segundo artículo, esto es, la opinión en que estaban Heródes y sus partidarios, de que se pueden hacer actos de idolatría, cuando los manda una fuerza mayor. Heródes seguía efectivamente esta máxima, y Josefo nos enseña que, por adular a Augusto, hizo que se edificase un templo en honor de este príncipe, y que edificó otros varios para el uso de los paganos; que después se excusó con su nación, diciendo que estaba precisado a ceder a la necesidad de los tiempos. (Antigüedades judaicas, l. II, c. 13). Siempre están seguros de encontrar partidarios los príncipes menos religiosos.
     Los saduceos, que no creían en la vida futura, probablemente adoptaron el herodianismo, porque los mismos hombres a quienes se da el nombre de herodianos en el c. XVI de Mateo, son llamados saduceos en el de San Marcos, VIII, 15. Esta secta desapareció después de la muerte del Salvador, y perdió su nombre cuando se dividieron los estados de Heródes (Disert. sobre las sectas judaicas en la Biblia de Avignon, t. 13, p. 218).

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