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martes, 29 de noviembre de 2011

Perseverar

     La perseverancia en la práctica del bien es el sello del carácter, uno de los elementos esenciales de la grandeza moral y la principal causa del éxito en todo.
     Oh, hijo mío, si llegas a encontrar a alguno que durante mucho tiempo dé pruebas de un espíritu de constancia y energía en la realización de su idea, descúbrete delante de él porgue ése es un hombre; y si llegas a encontrar a otro cuya vida es, durante mucho tiempo, fiel a la virtud, descúbrete también e inclínate más para saludarlo, porque es un Cristiano legítimo.
     Fuera de la perseverancia no hay ni virilidad ni nobleza: el hombre incapaz de perseverar es el juguete de todos, del demonio y de sí mismo, es una ligera hoja que un soplo arranca del árbol y se la lleva.
     De todos modos, no lo olvides: el fin que perseguimos no viene a nosotros, nosotros somos los que debemos ir hacia él, y nadie lo alcanza si no persevera.
     Jamás serás rico si no persigues la riqueza con perseverancia; jamás serás célebre si no persigues la gloria con perseverancia; del mismo modo, jamás serás un hombre ni un cristiano si no procuras con perseverancia adquirir las cualidades del hombre y las virtudes del cristiano.
     ¡Oh fuerza victoriosa de la perseverancia!
     Nunca he visto un hombre, por poco dotado que haya sido, que no haya alcanzado el éxito aplicándose en alguna cosa con perseverancia.
     Para salir bien en tu enorme empresa, no abandones nunca un proyecto cuya ejecución has comenzado y que no te haya parecido absolutamente impracticable. Abandonar un proyecto es faltar a la perseverancia.
     Jamás retrocedas ante una dificultad; cuanto más grande sea la dificultad, más noble será la tarea, y retroceder es faltar a la perseverancia.
     Si has fracasado en la primera, vuelve a comenzar, asi como el pájaro que cuando la tempestad ha destruido la rama donde estaba su nido, lo rehace con valor en otra rama.
     No te asemejes al general que derrotado en una escaramuza, se bate en retirada porque al primer choque de armas la fortuna le fue adversa.
     Vivimos en un mundo en que es una locura desanimarse por cualquier bagatela; es preciso que nos hagamos a la idea de encontrar obstáculos, que nos acostumbremos a ellos y el mérito del hombre consiste justamente en vencerlos. Y por lo que se refiere a la salvbación eterna, el Maestro ha dicho: ¡El que persevere hasta el fin, se salvará!

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