martes, 4 de mayo de 2010

La arcilla que modelas

A LA JUVENTUD QUE QUIERE PELEAR
LO QUE HAY QUE FORTALECER
La arcilla que modelas

1.-El vigor es necesario
Un siglo antes de Jesucristo en el norte de Italia. Dos ejércitos se enfrentan para lucha: los Cimbrios y los Romanos. Los primeros bajan de las selvas frías del norte de Europa. Era una multitud abigarrada sin disciplina ni jefes.
Los Romanos obedecen a un mando, y luchan en un territorio y clima conocidos.
Las espadas de los Cimbrios se doblan y se mellan al chocar con las armaduras de los Romanos, y en plena batalla se han de inclinar para enderezarlas golpeándolas con talón sobre el suelo. Era el momento en que la espada incisiva del Romano, penetraba en la carne del enemigo.
Murieron más de cien mil Cimbrios, y fueron muchos más los que huyeron.
Con una voluntad del temple como la espada de los Cimbrios. No se puede luchar. Al primer golpe con la dureza de la realidad, se doblará tu voluntad y serás vencido. El enemigo busca esta ocasión al acecho.
Es necesario un temple vigoroso que dé seguridad a la lucha, con la esperanza de una victoria.
Un arma sin temple es inútil. Será rota y vencida.
La voluntad débil, , forma ya en ti, aun antes de luchar, el complejo de la derrota.
Tu voluntad ha de ser como el "gladium spiritus" del que habla San Pablo útil para defenderse y atacar.
El héroe, y todo cristiano ha de llegar a serlo, no se contenta con sostener la lucha en sí mismo, sino que ha de tomar la iniciativa y llevarla al campo del enemigo.
El temple es el distintivo del hombre, la marca impresa, el sello que le distingue le da valor y autenticidad como la moneda.
Dios, al comienzo del mundo, de un poco de arcilla plasmó al hombre. El barro lo convirtió en carne organizada, y en ella metió un espíritu, que con la carne formó un ser único.
Y como dejo el mundo sin terminar, para que el hombre en cierta forma lo completase, así dejó al propio ser del hombre en manos de su libre voluntad, para que lo perfeccionase, o lo echase a perder con el desequilibrio de sus pasiones.
El carácter perfecto, es una voluntad cultivada, es la razón hecha fuerza, lo razonable llevado a la práctica, a pesar del viento.
El carácter es el origen de una acusada personalidad: buena o mala, y aunque todo ello tenga su raíz en una estructura interior, en tu mano esta el encauzarla.
El carácter es un conjunto armónico con detalles escultóricos, hechos con paciencia, a base de martillo y buril, para producir un placer estético y espiritual en quien lo contempla.
El carácter se manifiesta en ciertas modalidades en la lucha por la vida, y en el trato con los demás. Las formas externas del hombre revelan un carácter.
Hay que saber reaccionar ante los agentes que nos rodean. Es a veces tan débil el control de nuestros nervios, que una nota estridente, o un insignificante ruido discordante, es causa para poner cara de atormentado. Y ni un día lluvioso ni una mala digestión, es razón para salir de nuestros carriles.
Si estas formas han de ser lo inconfundible de tu persona, y por lo que te has de distinguir de los demás, es necesario que ese distintivo sea digno de alabanza, de imitación y aun de noble envidia.
Esta forma de tu ser, es la arcilla que has de modelar. La forma de la escultura perfecta, da valor a la arcilla. Tenemos una masa que moldear y una potencia a punto de lucha, que Dios ha puesto en nuestras manos.
Las críticas que se han de hacer sobre nuestra personalidad, tendrán como objetivo la crítica de nuestro carácter. Y con razón: porque las obras llevan las huellas marcadas de nuestro modo de ser; y aun las muecas y posturas del cuerpo, son indicio de lo que somos. Una acción incontrolada, puede descubrir de una manera fulminante, todo lo que se puede esperar de ti. Incontrolada, porque en el control puede haber hipocresía, y ocultarse el lobo feroz tras la voz de un ingenuo lechoncito.
"Por los frutos los conoceréis", porque la forma de ser queda encarnada en el fruto de las acciones.
En el momento en el que te encuentras dominado por tu carácter, te presentas ante los demás, tal cual eres. El carácter está enraizado en lo más profundo de nuestro ser.

La arcilla que modelas (2)

[Image]LO QUE HAY QUE FORTALECER.

2.- Coopera con la gracia
Por eso cada uno hace su historia de una manera distinta, gobernado por la fuerza interior del alma, e influido por las distintas disposiciones del cuerpo, a pesar de las diversas circunstancias que lo pueden rodear. Un aldeano sin instrucción de ninguna clase, de aspecto ordinario, con su lenguaje propio de su terruño, puede ser un caballero y un ejemplar cristiano. Su alma le pide ser cortés con los demás.
La voluntad es capaz de controlar la diversidad de las aptitudes, y suplir la diferencia de cualidades. Esto es valer y merecer.
Todos nos hemos de conformar con las disposiciones que nos ha cabido en suerte, porque cualquiera que estas sean, , son susceptibles de una perfección consumada.
En la variedad está la hermosura. Si todos tuviéramos las mismas inclinaciones, todos seríamos enemigos de todos.
Como la diversidad de plantas exige diversos cultivos, así para las diversas cualidades del carácter se han de emplear diversos procedimientos.
Cualquiera que sea tu carácter, sobre él ha de trabajar la gracia. Es el elemento humano sobre el que tiene que operar el influjo divino. La gracia de Dios, no destruye la gama variada de su obra, sino que perfecciona sus características. Dios no deshace con una mano lo que edificó con la otra.
Si el carácter del hombre es una caña agitada por el viento, estará muy lejos de ser un Bautista, pero no todos los santos lo fueron como él. También Cristo tuvo sinceros seguidores entre los cortesanos lujosamente vestidos. Dentro de los cuerpos, duros o delicados, hubo siempre un alma de temple.
Lo bueno y lo que nos conviene, lo ha puesto Dios a nuestro alcance, pero exige que nos esforcemos para atraparlo.
La gracia desciende de lo alto cuando se pide, como el agua de la lluvia. Pero hay que aprovecharla, y esto lo ha dejado Dios en nuestras manos. La gracia seca las malas hierbas y hace germinar las cualidades. Como el agua riega toda clase de tierras y plantas.
En la dirección que abras surcos a la gracia, por allí correrá a raudales. Los instrumentos de la labranza están en nuestras manos. Falta doblar el espinazo y golpear la tierra de nuestra alma. La semilla romperá fertilizada por el agua, pero el agua no llena la tierra de verdor, si esta no encierra semillas en su seno.
Tu alma trabajada con la reja de la voluntad, es el campo de siembra del Espíritu Santo.
No somos dueños de esta gracia, como tampoco el labriego lo es del agua que llueve del cielo, pero sí podemos preparar el terreno, para que cuando venga, y no se hará sentir su tardanza, haga germinar nuestra tierra.
Trabajar el propio carácter, entrañado en nuestra carne y en nuestra alma, es ayudar la obra de Dios.
Lo sobrenatural, exige de nosotros el pedestal de lo natural. Es el orden ordinario que impone la Creación.
3.- Perfecto en todo.
El objetivo de toda esta actividad es formar al hombre completo.
Intentamos un conjunto acabado, no ser exteriormente un caballero, interiormente un cínico descarado. Buscamos algo radicalmente perfecto en la naturaleza.
Se puede ser hércules y un perfecto mastuerzo, inteligente como un demonio, y de intenciones tan ruines como las suyas; ser un hombre buenin, y al mismo tiempo inepto para la vida. Nuestro ideal es el tipo de hombre que Dios hizo en el Paraíso. Para ello estemos siempre sobre la marcha.
Las mejores cualidades pueden ser anuladas, o disminuidas por defectos por escardar.
Nabucodonosor soñó una estatua que tenía la cabeza de oro, pecho de plata, piernas de bronce, y pies de barro. Una piedrecita cayó del monte, golpeó los pies derrumbándola y haciéndola pedazos.
¿De qué te vale tener una inteligencia de oro, un buen corazón, unos músculos acerados, si lo que da consistencia y estabilidad a todo, es la base de tu carácter?
No te contentes con remediar las deficiencias de tu ser con pelladas de barro. Un edificio armónico de piedra se ha de reconstruir también con piedra. Tus formas han de ser perfectas y sólidas.
Busquemos al menos una áurea mediocridad en todos los órdenes de nuestro ser.
Un buen carácter es el negocio más importante para el hombre. Nuestras acciones manan de la vitalidad del organismo vivo, pero la dirección que estas tomen depende de tu carácter caprichoso o firme, y de este carácter la grandeza o pequeñez de tu vida: ser malo o bueno, estar o no estar escrito en el libro de la vida.
Aquel hombre no tiene carácter si sus acciones son una ventolera de caprichos.
El hombre de carácter es una unidad organizada; sin rigidez domina la influencia del exterior, y lo subordina todo a sus propios y determinados designios: nunca procede por respeto humanos, miedos o pequeñas aflicciones.
Algún éxito pasajero en la vida ha levantado tu espíritu, y acaso piensas que te esperan días felices. No te forjes ilusiones: sólo conseguirás éxitos durables a base de continuos sacrificios. Los esfuerzos continuados son fruto de una manera de ser, no de una tarde de accidentales aciertos. Una tarde de éxito no te hará la pieza clave del equipo.

La arcilla que modelas (3)

[Image]LO QUE HAY QUE FORTALECER
4.- Mirate a ti mismo

La misión que Dios te ha confiado, no consiste en llevar a cuestas un pellejo cubriendo una osamenta, sino en algo más activo: encender una llama.
Para ello estúdiate, y deja estudiarte abriendo espontáneamente tu corazón.
Dice M. Aurelio: "Mira dentro de ti mismo, hay un manantial que surte siempre con tal que sepas administrarlo". Sócrates añade: "Estúdiate a ti mismo y a tu identidad".
Tu naturaleza es la de un hijo de Dios, y Dios no puede dejarte desprovisto de cualidades, con la que puedas labrarte un porvenir. El pecado original no aniquiló por completo la obra de Dios.
Fórmate tu estilo como escultor, y modela esa arcilla de tu ser, que Dios ha puesto en tus manos. En la juventud aún está a punto de tomar formas artísticas y definitivas.
"Haz luminoso todo su ser", dice el Señor. Nadie es tan perfecto que no tenga alguna deformidad que corregir, ni tan malo que no posea algunas buenas cualidades que cultivar.
Los que cultivan las cualidades y corrigen sus defectos, serán mañana sin pretenderlo, el centro de un círculo o el núcleo de una célula. Nuestra perfección se ha de encuadrar en la perfección de los demás.
Hay medios prácticos para disminuir los defectos, y acrecentar las virtudes: esa media docena de virtudes que todos llevamos insuficientemente desarrolladas. Así se conseguirá al hombre de éxito.
Un hombre sin carácter, es algo así como un paraguas sin armazón, aunque tenga un tejido impermeable, es inútil, no se puede distender.

5.- Cada uno será lo que quiera
Si hay algún defecto en la estatua, no es culpa de la materia que Dios te dio aunque ésta sea de oro, sino del modelador.
Todos los defectos, a fin de cuentas, radican casi totalmente en la voluntad. Porque la voluntad sigue no lo recto, sino la línea de menor resistencia, lo fácil.
El cultivar y arrancar revestirá de hermosura el jardín de tu alma; y quitando y poniendo arcilla según las reglas del arte, se perfeccionará la estatua.
Por su voluntad, el hombre es capaz de ser bueno entre los malos, y malo entre los buenos: porque tanto los baches, como las protuberancias del carácter se pueden modificar, como se allanan los terrenos con el rastrillo.
El temperamento no es una determinación hacia el bien o hacia el mal, sino un poder accionado bajo el mando del libre albedrío. Tu sicología te la bordas tú, dibujando sobre el cañamazo de tu naturaleza, flores o monstruos, vicios o virtudes. Que la arcilla tenga esta o aquella forma, depende del artista. Que la arcilla que modelas, tenga vida y movimiento propio, sólo quiere decir que necesitas mas constancia para el modelado.
El temperamento que radica en lo más intimo de nuestra constitución celular, no se puede cambiar, pero si encauzar. La materia de la estatua no se puede alterar, pero sí darle forma a voluntad. Hay que conocer los ímpetus para encauzarlos, y evitar sus desbordamientos.
Es verdad que no todos estamos llamados a brillar con las mismas virtudes, ni somos combatidos con los mismos vicios, pero no es menos verdad, que a pesar de esta diferencia de naturaleza, todos podemos aspirar a la posesión de grandes virtudes, y a la extirpación de todos los vicios.
El carácter flojo es como un flan sin fraguar: apenas le quitan el molde se revienta y derrumba. Con un carácter sin hacer, cuando desaparezca la vigilancia caerá por tierra todo aquello que aparentabas y saldrá a flote lo selvático y anodino de tu persona.
El carácter como los talentos de la parábola evangélica, son los medios que Dios nos dio para abrirnos camino. Y el camino no se abre con herramientas sin templar.
En un cuento armenio se refiere cómo la Suerte y la Inteligencia se atribuían el honor de ser los autores de la felicidad del hombre.
La experiencia demuestra, que ni la Suerte ni la Inteligencia se bastan, si no son sostenidas por la Constancia.
Es posible que la naturaleza te haya dotado de grandes cualidades, que tu inteligencia conozca el camino, pero si una voluntad constante no explota esas posibilidades, se perderán en el vacío.
El hombre real es pequeño en comparación del posible que debe emerger de ti.
Sólo el uno por mil sabe de los recuerdos que tiene dentro. ¡Cuánto lucirían si nos esforzásemos por explotarlos! Dice Stepheson: "Cuando un muchacho quiere hallarlo todo difícil, no esperéis mucho de él".
Tu carácter no es una estatua de esas que ya vienen hechas en serie. La tienes que modelar tú con la materia natural y las fuerzas que Dios puso a tu disposición. Tampoco un capital produce ganancias si no se trabaja con él. El capital sólo tiene posibilidades, que hay que reducirlas a la realidad mediante el propio trabajo.
Todos hemos recibido un corcel fuerte y salvaje. Con él ganaremos la carrera, nos estrellaremos, o nos quedaremos a la mitad del camino, según el dominio que de él hayamos adquirido.
Cualquier cosa que hagamos, emprendámosla con entereza. Bajemos la cabeza y sigamos el camino.

2 comentarios:

Tania Hernandez Bedoy dijo...

Todos muy buenos RP. Manuel, pero éste en particular, excelente.

Padre Manuel dijo...

Gracias Tania, que Dios te bendiga