lunes, 2 de julio de 2012

El respeto, veneración y obediencia con que todos los inferiores da una casa han de tratar a los padres de familia que la gobiernan.

A los padres de familia se les debe atención, veneración, respeto y obediencia en todo lo justo que mandan para el mayor bien de su casa. Este es un punto cierto del verdadero catecismo. Y un sabio de Aténas dijo discretamente, que aquella es casa feliz y dichosa, en la cual los que mandan solo disponen lo justo, y todos los inferiores son atentos y puntuales en obedecer a los que la gobiernan.
Asi se describe felicísima la insigne casa y familia de los célebres Macabeos, obedeciendo todos a uno, sin contradicción ni envidia, conviniéndose todos para lo mas importante: Omnes obediunt uní, et non est invidia, neque zelus inter eos. Este es el origen principal de la prosperidad verdadera de las casas y familias; y sin este fundamental principio, no puede hallarse el deseado feliz progreso.
Miéntras los hijos de Adán se conservaron unidos en un mismo dictámen, obedeciendo los inferiores a los superiores sin repugnancia, emprendían asuntos dificultosos, y aun imposibles ; y el mismo Dios dijo, que no desistirán de sus empeños, hasta que los dividiese a unos de otros, confundiéndoles las lenguas: Erat terra labii unius: et non desistent a cogitationibus suis, donec eas opere compleant. Esta es la gran fuerza que tiene la unión de los que componen una familia.
Esta era la grande felicidad de la casa dichosa del insigne Centurión, en la cual todo cuanto disponía el padre de familia que la gobernaba, al instante, sin repugnancia, se ponía en ejecución: Dico huic: vade, et vadit; et alii, veni, et venit; et servo meo, fac hoc, et facit (Luc., VII, 8). Donde los hijos, y todos los de una casa están subordinados al principal dueño, y este al altísimo Señor de todo, no hay mas que desear para su cumplido feliz gobierno.
La casa de muchas cabezas es un monstruo, y cuanto en ella se vea ha de ser de preciso un horror, porque encontrándose las órdenes y mandatos, no sabrán los inferiores lo que ciertamente deben hacer; y se hará división en los subordinados, como la hay en los que gobiernan; de que se seguirá la ruina y asolacion de la casa, como Cristo Señor nuestro lo tiene profetizado en su santo Evangelio (Matth., XII, 25).
El gran padre de la Iglesia san Gregorio atribuye la prosperidad y aumento del pueblo romano, a que en todo aquel dilatado imperio solo uno mandaba, y por el contrário dice, que al reino de los judíos se le habia llegado el tiempo de su perdición y ruina, porque a un mismo tiempo mandaban muchos en Judea; y ya en otra parte dejamos dicho con Plutarco, que cada casa es como un reino. La casa donde muchos mandan, y no se convienen, presto se verá perdida.
Lo que importa en las casas y familias, para ser felices, es, que uno solo mande, y aquel atienda á Dios nuestro Señor para mandar y ordenar lo que mas importa ; y todos los inferiores sean puntuales en cumplir lo que respectivamente á cada uno le pertenece. Así se gobierna con prosperidad una grande nave, que eu medio del mar tempestuoso lleva seguro su rumbo, atendiendo el piloto al norte del cielo, y cuidando los demás de sus jarcias encomendadas, y así llegan todos con prosperidad al puerto deseado, como lo insinúa el apóstol Santiago en su Carta católica (Jac., III, 4).
Todos los cuerpos naturales, misticos y morales piden para, su acertado gobierno esta misteriosa consonancia, que uno mande y disponga, y los inferiores ejecuten y obedezcan puntuales, haciendo cada uno lo que le toca. Uno y otro es tan necesario para el buen gobierno, que ni basta el discreto mandar si falta en los inferiores el obedecer; ni tampoco es bastante el ánimo pronto en los inferiores para obedecer, si no hay quien sepa mandar conforme a la suprema voluntad del altísimo Dios, como hacia Moisés (Exod., XXIV, 6).Lo regular es, si la cabeza es buena, seguir puntuales los inferiores y subordinados al espíritu de quien los gobierna; por lo cual dice el Espíritu Santo, que conforme es el gobernador, así son los que están a su cargo (Eccli., XX, 2). Y un discreto dijo, que con un general animoso se hacen leones los soldados; y al contrário, con un general cobarde se hacen gallinas todas sus milicias.
Mas también puede suceder, que por falta de obediencia en los inferiores se inutilice la buena dirección del gobierno; porque poco aprovecha se mande lo justo, si no hay quien lo ejecute, listo es como una buena cabeza, en quien no tiene brazos, ni manos, que la sirve de tormento conocer el bien que no puede ejecutar; como también atormenta cuanto se desea, y no se ejecuta por ajeno descuido, según el proverbio práctico del Sabio (X, 26).
La casa dichosa de los justos, dice el Espíritu Santo, se compone de obediencia y amor: Ecclesia justorum, et natio illorum, obedientia, et dilectio. Esta es la casa feliz, donde los superiores aman y estiman a sus inferiores, y los inferiores aman, veneran, obedecen y respetan a los padres de familia donde viven, y todos viven como ángeles, cumpliendo cada uno con la obligación que tiene.
Lo que deben atender mucho los padres de familia es, que sea justificado y conveniente todo lo que mandan; porque si mandasen cosa claramente contrária a la voluntad de Dios, y de su santísima ley, seria virtud el no obedecerlos, y ellos tendrían la culpa de la turbación enfadosa y perniciosa que se siguiese en su casa. No duden obedecer los inferiores al que los gobierna, cuando este no dispone contra lo que Dios manda, como ya en otra parte lo dejámos advertido con el principe de los apóstoles san Pedro.
Pero si lo que manda el que gobierna la casa no es claramente contrario a la ley de Dios, deben los inferiores obedecerlo, aunque a ellos les ocurra alguna dificultad, como diremos en las advertencias a los criados; porque no le toca al inferior el examinar los motivos que tiene quien le puede mandar. Basta que lo que se manda sea probablemente bueno y lícito, para que deba ejecutarlo quien le está sujeto, y le debe obedecer en conciencia, según le opinion corriente de los moralistas.
No conviene que el padre de familia mande muchas cosas con todo el rigor que puede, para que no se le ponga en disputa su potestad. Si basta la insinuación y el ruego, será mas suave y afectuoso su buen gobierno; y está de mas el precepto y el rigor, cuando no es necesario para el obsequioso vencimiento del inferior. Regularmente obliga mas el ruego que el mandato.
En lo que han de tener mucho cuidado los inferiores, que componen la familia, es en no poner dolo ni mala fe a nadie sobre lo que se le manda; porque esta fue la astucia infernal de la serpiente cavilosa, para comenzar a perder a nuestra madre Eva, haciéndose como de su parte, y preguntándola: ¿por qué la habia mandado el Señor, que no comiese de la manzana? (Gen., III, 1). Este modo de tentaciones y tendadores endiablados suele haber muchas veces en las casas.
Lo que a cada uno le importa es, hacer con puntualidad y buena ley lo que le mandan, y así vivirá con mucha paz, y tendrá mucha estimación en la casa donde está. El camino de la humildad de corazon es el único que Cristo Señor nuestro nos enseñó para hallar la paz, descanso y quietud verdadera de nuestras almas: Discite a me, quia mitis sum, et humilis corde, et invenietis requiera animabus vestris (Matth., XI, 29).
El que vive con desafecto de los que le han de gobernar y mandar, tiene muchísimo trabajo, porque sin amor, todo se hace pesado, y si hay temor, todo se hace fácil. Todo enfada, si la voluntad está dañada. La perdición de cada uno está dentro de si mismo, dice un profeta santo. Por eso encomendaba tanto Cristo Señor nuestro la guarda del corazon, porque de él procede todo el bien ó el mal de la criatura terrena (Matth., XV, 18).
Si a los que gobiernan la familia no se les tiene pia afición, amor y respeto, cuanto dispongan será desabrido, y aunque se haga, será reventando, no por la dificultad de las haciendas, sino por la mala disposición de las voluntades. Si el interior está viciado de malos humores, aun lo mas dulce sabe amargo. Toda se hace duro con la violencia del afecto propio; y lo peor es, que no acaba la triste criatura de conocer el origen de su mal, ni quiere saber su remedio, ni oir con atención su mas conveniente desengaño.
A la discreción y prudencia de los padres de familia pertenece mandar a cada uno conforme a su genio, para que se le haga ménos pesado su trabajo, y estén mas bien servidos los empleos de su casa; pero si conocieren que no está el mal en el empleo, sino en el mal afecto del inferior, que todo lo hace con desazón y repugnancia, quítenle de su casa, para que no pierda y prevarique a los demás; porque la mala compañía pierde a los buenos, como lo dice Dios (Deut., X, 8).
A ninguno de la casa se le ha de permitir que salga con la suya en no hacer lo justo que le mandan, porque de esto se siguen graves inconvenientes, como ya en otra parte dejámos advertido. Verdad es que con el debido respeto se puede, y aun muchas veces conviene representar a los señores el daño que se puede seguir de lo que disponen, como lo hizo Joab con David cuando le mandaba numerar el pueblo de Israel (II Reg., XXIV, 3).
Tampoco es conveniente mandar el padre de familia lo que se ha de obedecer con mucha repugnancia, y por otra parte no importa mucho, porque no se hará cumplidamente lo que manda. Así le sucedió a David con el mismo Joab, que aunque hizo lo que se le mandaba, pero fue diminutamente, como lo advierte el mismo sagrado texto; porque Joab obraba contra propio dictamen, y solo por no desobedecer en todo a lo que David su señor había dispuesto. Fue la obediencia como por cumplimiento, y lo que decimos: A mas no poder; y por eso se hizo mal lo que no se mandaba bien.
Todos los de la familia han de estimar mucho la obediencia a quien la gobierna, porque en su modo representa a Dios nuestro Señor el dueño de la casa, como lo dice el apóstol san Pablo (Ephes., VIII, 6), y se puede sacar mucho merecimiento con lo mismo que se ha de trabajar en la casa del Señor temporal; y no tiene implicancia alguna servir por ínteres, y juntamente merecer con lo que se trabaja; porque la consideración con la divina gracia eleva las obras y los vencimientos propios para el premio eterno.
Aun el trabajo que es necesario y forzoso, se puede hacer voluntario y meritorio, si el que obedece considera que en esa trabajosa fortuna le puso su Dios y Señor, y se conforma con la divina voluntad que así lo ha querido disponer, y por su amor santísimo se sujeta a servir para ganar su vida, y comer su pan con el sudor de su rostro.
Así las personas obedientes alcanzan muchas victorias, conforme al proverbio de Salomon (XXI, 28); porque muchas veces se les ofrece la ocasion oportuna del vencimiento propio, habiendo de vivir a voluntad ajena; y tal vez de unos padres de familia mal condicionados, que tienen mucho que sufrir, y no saben hacer otra cosa que mandar, se saca mayor mérito en obedecer.
Al dinero obedecen todas las cosas en este mundo, dice el Sabio en sus prácticos desengaños; pero mas alta deben poner su consideración las personas cristianas que viven obedientes y a voluntad ajena en una familia; porque no será justo se quede su servidumbre en la baja esfera, pudiéndola elevar para su mayor bien espiritual hasta los cielos, considerando cumplen la voluntad divina.
La doctrina de este capítulo es general a todos los que han de vivir sujetos a los padres de familia que gobiernan la casa; y no solo habla de los hijos y de los criados y criadas de salario, y esclavos y esclavas, que de todos estos hablaremos después en capítulos distintos, sino que también, pertenecen a los suegros que viven sujetos a los yernos, y a los yernos, que por convenio y por pacto convencional viven sujetos a los suegros, como le sucedió al patriarca Jacob con su suegro Laban.
A todos los referidos les obliga venerar y obedecer respectivamente a los principales padres de la familia que gobiernan la casa, y en ellos se ha de venerará Dios omnipotente, que gobierna todo el universo, y no hay potestad en la tierra que no se origine de aquella potestad suprema, como lo dice el apóstol san Pablo (Rom., XIII, 1; Ephes., III, 15). ¡Oh válgame Dios,cuántos bienes espirituales perdemos por falta de consideración! El Señor tenga misericordia de nosotros. Amen.
R.P. Fray Antonio Arbiol
LA FAMILIA REGULADA

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