martes, 10 de junio de 2014

Defuncti sunt enim

Porque ya han muerto
     Habían pasado años trabajosos en el destierro.
     Huyendo de Herodes, habían llegado a aquellas remotas tierras de Egipto.
     El rey tirano había pretendido hacer desaparecer al NIÑO.
     Mas José recibió, por medio de un ángel, la orden de partir.
     Y tomó al niño, que era el Hijo de Dios, y a la Madre, que era María, la Virgen de las vírgenes, y con ellos partió para el duro destierro.
     No sabía cuánto tiempo había de permanecer allí.
     Pero estaba tranquilo.
     Y el ángel volvía ahora.
     Traía una buena nueva:
     los desterrados podían volver a la patria.
     Y añadió la razón: Defuncti sunt enim qui quarebant animam pueri. Porque ya han muerto los que perseguían al NIÑO.
     ¡Han muerto!
     Palabras llenas de enseñanzas.
     ¡Han muerto!
     Ya pasaron los tiranos; los asesinos, los perseguidores, ya desaparecieron del mundo de los vivos; han muerto.
     Ya no podrán hacer daño.
     Se levantan persecuciones violentas contra Cristo, contra su Iglesia.
     Se les destierra de muchas partes.
     Se pretende destruirlos. Enterrarlos para siempre en el olvido.
     Los enemigos parecen a veces triunfantes, como triunfante se creía Herodes después de la muerte de los inocentes.
     Pero llegará un día muy pronto —mucho más pronto de lo que ellos piensan, y de lo que nosotros pensamos— la palabra fatal: ¡Han muerto!
     Esos perseguidores morirán.
     Esos enemigos perecerán.
     Esos tiranos pasarán.
     Y morirán, y perecerán, y pasarán... para siempre.
     Y, en cambio:
     Tú, ¡oh Señor!, Tú eres siempre el mismo, inmutable, eterno, y tus años no pasan. Tú no mueres.
     Tú no tienes prisa de castigar a esos tiranos, a esos perseguidores, a esos asesinos, porque Tú eres eterno.
     Pero cuando llegue su hora, cuando de ellos se diga han muerto, entonces se habrán presentado ante tu Tribunal.
     Y tu Iglesia volverá a entonar el himno de la victoria y de la libertad. Ella espera tranquila..., porque Tú no mueres.
Alberto Moreno S.I.
ENTRE EL Y YO

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