Por el Dr. Homero Johas
EL
PECADO DE CISMA
S.T. 2-2, 39-1
San Agustín distinguió entre cisma y herejía: “Cisma es creer las mismas cosas y tener el mismo rito que los demás, pero
que se separan de la congregación. La herejía, sin embargo, cree cosas diversas
de lo que cree la Iglesia”.
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Dice Isidro: “El
cisma viene de división de los espíritus”.
Por lo tanto el pecado de cisma es aquel que, de modo directo
y por si, se opone a la unidad.
Así como en las cosas naturales lo que existe de modo accidental
no constituye la especie; así también en las cosas morales.
En estos lo que es entendido es lo que existe por sí.
Lo que se sigue más allá de la intención es casi accidental.
Por lo tanto el pecado de cisma, de modo propio, es un
pecado especial porque por él la persona tiene la intención de separarse de la unidad
que la Caridad realiza.
La Caridad no solo une una persona a otra por el
vínculo del amor espiritual; une también toda la Iglesia en una unidad de espíritu.
Así pues, los cismáticos son los que de modo
espontáneo e intencional se separan de la unidad de la Iglesia, que es la unidad
principal.
La unidad particular de los fieles entre si se ordena a
la unidad de la Iglesia, así como en un cuerpo la composición de cada uno de los
miembros se ordena a la unidad de todo el cuerpo.
La unidad de la Iglesia es vista bajo dos aspectos: el
de la conexión de los miembros entre sí, o comunión; y el orden de todos los miembros
de la Iglesia a la Cabeza como escribió San Pablo:
“Hinchado vanamente en el sentido de su carne, y sin estar unido con la
Cabeza, de la cual todo el Cuerpo —constituido por sus ligaduras y coyunturas-
crece en aumento de Dios” (Col. II, 18-19).
Esta Cabeza es Cristo de quien, en la Tierra, el
Pontífice Supremo hace las veces.
Por lo tanto son cismáticos los que resisten someterse
al Pontífice Supremo y los que rechazan tener comunión con los miembros de la
Iglesia a ella subordinados.
OBJECIONES
1 – LA SEPARACIÓN
INTENCIONAL
Parece que el cisma no es un pecado especial porque, como dice el Papa
Pelagio, el cisma tiene el sentido de división. Pero todo pecado causa división,
pues dice Isaias: “Vuestros pecados os dividen,
vosotros y vuestro Dios” (Is. 59, 2). Luego, cisma no es pecado especial.
R - La división entre el hombre
que peca y Dios, no está en la intención del hombre que peca; esto ocurre más allá
de su intención, por su conversión a un bien aparente. Por lo tanto, por si,
todo pecado no es cisma.
2 – LA SEPARACIÓN
CON PERTINAZ REBELIÓN
Quien no obedece a la Iglesia parece que es cismático. Pero en todo
pecado el hombre no obedece los preceptos de la Iglesia, pues, dice San
Ambrosio, es desobediencia a preceptos celestiales. Luego todo pecado es cisma.
R - Es esencial del pecado de
cisma no obedecer a los preceptos con cierta rebelión. Hay rebelión también cuando
el hombre desprecia los preceptos de la Iglesia y rechaza someterse a su juicio.
Este no es el caso de cualquier pecado. Luego, no todo pecado es cisma.
3 – EL CISMA
ES EL CAMINO A LA HEREJIA
La herejía divide al hombre
de la unidad de fe. Por lo tanto si el cisma significa división parece que no
difiere del pecado de infidelidad como un pecado especial.
R - La herejía y el cisma difieren entre si conforme a
lo que a que cada uno de modo directo se oponen. La herejía se opone a la Fe y el
cisma se opone a la unidad de la Caridad eclesiástica. Por lo tanto, así como Fe
y Caridad son virtudes diversas –aunque quien carece de Fe carece de Caridad, así
también cisma y herejía son vicios diversos, aunque quien sea hereje sea también
cismático. Más no a la inversa.
Así dice San Jerónimo: “Pienso que cisma y herejía difieren en esto: el cisma separa de la
Iglesia; la herejía es perversión del dogma”.
Como perder la Caridad
es el camino para perder la Fe, conforme San Pablo: “De las cual apartándose alguien» de la Caridad y de otras virtudes
semejantes. “Se convertirán en palabras vanas”
(1 Tim. I, 6); así también el cisma es el camino a la herejía.
Por esto dice San Jerónimo: “De
inicio el cisma puede ser considerado como diverso de la herejía en alguna
parte; pero no existe cisma que no forme alguna herejía, para que parezca que rectamente
se apartó de la Iglesia”.
COMENTARIOS
Véase como Santo Tomás cita el texto de San Pablo (Col. II, 18-19) para
caracterizar el pecado de cisma de los que, por “sentido de su carne”, no quiere tener la Cabeza visible de la Iglesia
Católica.
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