jueves, 12 de marzo de 2015

Hipsistarianos, Hofmanistas, Hopkinsianos

HIPSISTARIANOS
     Herejes del siglo IV que hacían profesión de adorar al Altísimo, como los cristianos; mas parece que entendían por esta voz el Sol, puesto que reverenciaban como los paganos al fuego y a los relámpagos; guardaban los sábados y la distinción de las carnes como los judíos. Tenían mucha semejanza con los euquitas o masalianos, y los celícolas (Tillemont, t. 13, pág. 315). San Gregorio Nacianzeno, orat. 19, nos enseña que los hipsistarianos o hipsisteros eran judíos de origen, que establecidos después de largo tiempo en Persia, se habian dejado arrastrar al culto del fuego por los magos, pero que por otra parte miraban con horror los sacrificios de los griegos.

HOFMANISTAS
     Sectarios de Daniel Hofmann, luterano y profesor de teología en la universidad de Helmstadt. El año 1598, fundado en algunas opiniones particulares de Lutero, sostuvo este teólogo que la filosofía es un enemigo mortal de la religión, y que lo que es verdadero en filosofía, regularmente es falso en teología. El célebre Bayle renovó en cierta manera esta opinión, empeñándose en sostener, que muchos dogmas del cristianismo no solamente son superiores a las luces de la razón, sino también contrarios a ella, sujetos a dificultades indisolubles, y que es preciso renunciar a las luces naturales para ser verdadero creyente. La opinión de Hofmann suscitó muchas disputas, y causó muchas turbulencias en las escuelas protestantes de Alemania. Para calmarlas, el duque de Brunswich. después de haber consultado a la universidad de Rostock, obligó a Hofmann a retractarse públicamente, y a enseñar que la verdadera filosofía no se opone a la verdadera teología.
     Acusan también a este profesor o a sus discípulos de haber enseñado, como los antiguos gnósticos, que el Hijo de Dios se hizo hombre sin haber nacido del seno de una mujer, y de haber imitado a los novacianos sobre la imposibilidad del perdón para los que recaen en el pecado, o para los pecadores reincidentes. Este es uno de los ejemplos del libertinaje de entendimiento a que se entregaron los protestantes después que sacudieron el yugo de la autoridad de la Iglesia. (Mosheim, Historia eclesiástica, siglo XVI, secc. 3*., part. 2, cap. 1, § 13).

HOPKINSIANOS 
     Samuel Hopkins nació en 1721 en Watemburg, en el Connecticut; muerto en 1803, pastor de la primera Iglesia congregacionalista de Newport, llegó a ser el padre de una secta, a la que dio su nombre, y la cual tiene un colegio en Andover. He aquí su doctrina:
     Toda virtud, toda santidad consiste en el amor desinteresado. Este amor tiene por objeto a Dios y a las criaturas inteligentes; porque se debe buscar y procurar el bien de estas en cuanto es conforme al bien general, que hace parte de la gloria de Dios, de la perfección y de la felicidad de su reino.
     La ley divina es la regla de toda virtud y de toda santidad; esta consiste en amar a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Todo lo que es bueno se reduce a esto, todo lo que es malo se reduce al amor propio que tiene a sí mismo por último fin: es una enemistad dirigida contra Dios. De este amor desordenado y de lo que le halaga, nacen como de su manantial la ceguedad espiritual, la idolatría y las herejías.
     Según Hopkins, la introducción de los pecados en el mundo viene a producir un bien general, atendido a que sirve para hacer resaltar la sabiduría de Dios, su santidad y su misericordia.
     Dios había dispuesto el mundo moral sobre este plan: que si el primer hombre era fiel, su posteridad seria santa, y si pecaba, vendría a ser culpable. Pecó, y con esto fue, no la causa de nuestra caída, sino la ocasión de que nosotros imitásemos la suya: su pecado no se nos ha trasmitido. Del mismo modo la justicia de Jesucristo tampoco se nos trasfiere, de otra suerte le igualaríamos en santidad; sino que obtenemos el perdón por la aplicación de sus méritos. El arrepentimiento, que precede a la fe en Jesucristo, puede existir sin la fe; mas esta supone el arrepentimiento según las palabras de la Escritura: Haced penitencia, y creed en el Evangelio.
     La necesidad de los filósofos es casi idéntica a la predestinación de los calvinistas. La diferencia que hay entre estos y los hopkinsianos es como la que hay entre el principio y sus consecuencias. Los hopkinsianos desechan la imputación, y en este artículo difieren de los calvinistas; mas admiten como ellos la doctrina de la predestinación absoluta, la influencia del Espíritu de Dios para reengendrarnos, la justificación por la le, la concordia de la libertad y de la necesidad inevitable.

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