sábado, 3 de julio de 2010

La lección del Cardenal Mindszenty

El comunismo, afirma el Cardenal Mindszenty, "viene a ser una especie de religión, obviamente en sentido negativo, con sus dogmas y su organización jerárquica".
El Primado de Hungría, destituido por Paulo VI, concecuente con su política de acercamiento a los regímenes comunistas, ha legado a la Humanidad su propio e invaluable testimonio sobre la perversidad práctica e intrínseca del comunismo, incluyendo el "socialismo inédito", como lo llamo elogiosamente el modernista arzobispo de Chihuahua.
"La concepción que del mundo tienen los comunistas, dice Mindszenty en sus Memorias, no reconocen la existencia de Dios ni la del alma inmortal", por más que, sagazmente, en el proceso de dominación de un pueblo como Hungría, aparenten respeto a los derechos humanos, incluso al Credo religioso; este proceso es lento si las reservas espirituales soportan, como el yunque, los martillazos del materialismo dialéctico. "Precisamente por tal causa, añade el mártir de Hungría, la ideología comunista sólo puede obtener sus resultados allá donde se han resquebrajado los fundamentos religiosos de un pueblo y donde la razón, la fe en Dios y la moral oponen una insuficiente resistencia a semejantes ideas".
De ahí que, recién dominada Hungría por los ejércitos rusos, la paulatina, pero firme imposición de funcionarios húngaros aleccionados en Moscú, se hiciese pasar como un régimen democrático y respetuoso de las libertades conquistadas por el pueblo a lo largo de diez siglos de historia.
Los primeros bastiones atacados por los nuevos "conquistadores" fueron las escuelas particulares, contra las que usaron ruines artimañas haciéndolas aparecer como "semilleros de la reacción".
"A partir de entonces se proclamó la necesidad de una instrucción unitaria, añadiendo que semejantes reformas en los libros escolares exigían la supresión de la asignatura obligatoria de religión y la nacionalización de las escuelas religiosas".
El Cardenal se pronunció contra este flagrante ataque a la libertad de enseñanza. Veía en él el germen del debilitamiento cívico, moral y religioso de las nuevas generaciones:
"La familia ha recibido, dijo el 21 de mayo de 1946 en la Academia de San Esteban, por parte del Creador, deberes y derechos respecto a la educación de los hijos. Este derecho de los padres tiene preferencia sobre el derecho de otras instituciones sociales... El derecho de la familia a la educación es un derecho primario que emana del propio hecho de la paternidad... La Iglesia asume el puesto de madre en el orden sobrenatural porque los padres lo tienen según el orden natural. Por ello es su deber y su derecho impartir un magisterio y rechazar con energía todo ataque, toda cortapisa y toda limitación en el ejercicio de este derecho".
El comunismo, que es el dogma de la esclavitud ejercida por un reducido grupo de hombres que dominan y representan al Estado, no podía, no puede transigir con la libertad de enseñanza que produce seres libres y responsables, seres a quienes la moral y la fe grava su propia conciencia, y se propuso destruir a su egregio abanderado, el cardenal Mindszenty. La historia contemporanea de Hungría está ligada a la figura de este gran prelado de la Iglesia Católica, defensor de su fe y de su patria hasta el martirio incruento.
Al repasar las páginas de los hechos recientes, en los que el enfrentamiento heroico del pueblo húngaro señaló con índice de fuego la esencia esclavizante del comunismo y lo aparentemente inútil que resulta enfrentársele, podrá parecer a los pusilánimes que la civilización occidental está fatalmente condenada a ser destruida y sustituida por la barbarie marxista.
Es posible que, durante largo tiempo, habrán de subsistir los rebaños humanos en los países de signo socialista; aunque también es evidente que las reservas religiosas de pequeños o grandes grupos servirán de fermento para transformar el concepto materialista de la existencia en el tradicional y justo equilibrio del espíritu y la materia. Ejemplos como el del Cardenal Mindszenty serán guía y estímulo para restaurar los deteriorados derechos naturales del individuo, de la célula familiar y de la entidad nacional.
Antonio Rius Facius
El UNiversal
9 de mayo de 1975

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