jueves, 1 de julio de 2010

SEDES SAPIENTIAE


Reina del cielo y tierra, Madre adorada,
dirígenos piadosa mirada:
Tú eres muy compasiva. Tú eres muy buena,
Tú de veras nos amas, Virgen Morena.

En la feliz montaña donde posaste,
cuando acá desde el Cielo bajaste,
no había más que zarzales en peña dura,
envueltos de las sombras en la negrura.

Viniste, y al mirarlos tus dulces ojos,
fueron piedras preciosas esos abrojos;
y las sombras huyeron avergonzadas,
vencidas por el fuego de tus miradas.

Y el Tepeyac humilde aparecía
bañado en luz más clara que la del día:
Era que le alumbraba entre arreboles,
tus claros ojos como dos soles.

También aquí hay tinieblas en nuestra mente
ya lo sabes, Señora, perfectamente:
Son la herencia comprada con el pecado
de la que Tú sola libre te has conservado.

Hoy luz necesitamos, que nuestros labios
van a decir palabras que hasta los sabios
ignoran muchas veces: Santa Doctrina,
que el hombre por sí solo ni aún adivina.

Dános una mirada, Virgen Morena,
mirada de ternura, de amores llena.
Trono de la Divina sabiduría,
disipa Tú esa sombras, ¡Que se haga de día!.

1 de septiembre de 1906

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