jueves, 15 de julio de 2010

UNOS MODALES SIN RUIDO

Procura agradar
Los buenos modales son la expresión de la bondad de un alma, como el desorden en las maneras siempre es contrario a la virtud. Porque la virtud consiste en el dominio.
Tiene buenos modales el que dominando sus afectos sabe agradar a los demás.
La bondad de corazón, dice Don Bosco, es la base de toda la educación. Es el deseo sincero de evitar toda clase de molestias, y ser útil.
Chersterfiel llama a San Pablo el más perfecto gentleman, por aquello de "hacerse todo a todos".
Con el deseo de agradar se ha logrado ya la mitad del objetivo.
Dice un refrán turco: "El verdadero huérfano es el que no ha recibido la educación del corazón".
De esa educación salen las formas.
Podrás poseer todas las cualidades deseables, si no hay bondad en el corazón, de poco o de nada te servirán.
Es mejor ser amado, que respetado y temido.
Tú sabes muy bien que resistes a todo argumento y razón en tus estados de excitación, pero aun entonces un corazón bondadoso pronto abre brecha en el tuyo.
La atmósfera que crían estos corazones generosos, es la que mejor se respira.
Si tienes un corazón bondadoso, verás las cosas con bondad. Nunca te vencerá la ingratitud.
Un corazón bondadoso sobrenada como el madero en el agua alborotada, porque el buen corazón siempre tiende a subir sobre las miserias.
El corazón duro no participa de la vida social, como el leño seco no absorbe la humedad de la tierra.
Si por el carácter se conoce al que tiene madre, también se echa de ver si estuvo ausente de su educación.
El corazón bondadoso sabe dominarse por respeto a los demás.
Las actividades de la vida acusan la belleza del corazón, como al conductor seguro lo descubre el dominio de su coche a toda velocidad. Con el volante en la mano y los frenos a su alcance, no teme ningún contratiempo.
Los buenos modales no consisten en saber distinguir una tarjeta de pésame de la de un guateque. Se puede saber esto hasta el más refinado detalle, y a ciencia y conciencia pisar los callos del alma al prójimo, y despellejarlo por la espalda.
La cortesía es algo más íntimo y natural. Se puede ser incivil, a fuerza de civilidad, e importuno, a fuerza de cortesía.
Se prodigan cortesías para buscar servicios, no por amor o deferencia a las personas. La cortesía no es la adulación.
Cortesía es no ser indiferente ante las personas, a sus pensamientos, deseos e intereses. Esta deferencia te dará la forma recta y concreta de tus modales. No existen ademanes educados, si estos no van inspirados en el amor y la solidaridad.
En las películas del Oeste los indios se tratan en sus discursos con más cortesía por el silencio respetuoso con que se oyen, que con frases. Los blancos que se llaman educados se quitan la palabra de la boca.

Agrada por caridad.
Para nosotros los cristianos un corolario de la caridad, es hacer fácil la vida a los demás por medio de nuestro trato, poniendo dique a nuestros egoísmos animales que nos impulsan a la eliminación de los otros, y a privarles de su derecho de vivir.
Los buenos modales son la caridad en acción. Están hechos de pequeños sacrificios, de ese saber lo que agrada y desagrada al prójimo.
La bondad se adelanta a la necesidad. No vende favores, los prodiga.
Las groserías son reflejo de las ideas paganas y del orgullo. El orgullo desprecia y estrella a los demás, contra una esquina, y solo se avienen a los demás, cuando esperan conseguir alguna ventaja en provecho propio.
El mismo pecado es una manifestación de mala educación, de egoísmo para con el prójimo, y de rebeldía y descortesía para con Dios.
Los santos fueron las personas mejor educadas aunque no enviasen tarjetas a finales del año; pero consideraban a prójimo sobre sus propios intereses.
La bondad y los buenos modales, son hermanos gemelos, ambos tienen su origen en el amor al prójimo que nos predicó el Señor.
Habrá cortesía mientras haya caridad.
Los modales no son etiqueta, sino algo más intimo; es una erupción afectuosa y cálida del corazón. Como la caridad no son las monedas que se deslizan sobre las manos del necesitado, sino algo más intimo y caliente.
La amabilidad en el trato no es un "modo" es un "ser". No es una forma externa adquirida por acciones repetidas como un movimiento gimnástico, sino una vida interna que produce acciones espontáneas, y que a pesar de ciertas maneras quizá algo ásperas y sencillas, son indicadoras de un afecto sincero. Esto es más cristiano, lo otro es más versallesco.
No esperes que los demás se acomoden a tu manera de ser, cuando tú no te esfuerzas por acomodarse a las suyas.
El desprecio al prójimo se expresa de palabras, pero también con gestos y pretericiones. Vives y te comportas en su presencia, como si no existieran. No vives con ellos.
No te diviertas nunca a costa de los defectos del prójimo. Hay cosas que no se olvidan. Para hacerte agradable a unos, no provoques la carcajada ridiculizando a los otros. Es una habilidad muy triste. El escozor de un alfilerazo permanece largo tiempo.
La verdadera amabilidad, da sin que se le exija. El prócer espiritual lleva siempre un gesto de largueza, no como quien protege, sino como quien cumple con un estricto deber, como un deudor que paga caballerosamente su deuda. Sabiendo que no se le debe nada, es llevado del impulso de hacer bien a los demás.

Sencillo en tu exterior.
Los verdaderos modales no significan preocupación por un vestido acicalado: color del traje, raya en el pantalón, cabello en orden (para algunos el peine es un compañero tan inseparable como la pluma estilográfica). Estos hombres no aparentan, lo son. Cambiando una letra de la fábula diríamos de ellos: "cabeza hermosa, pero sin sexo".
El hombre mundano adquiere o trata de adquirir todas estas cualidades sociales, por respeto así mismo. La carencia de ellas le deshonran, pero no se esfuerzan por motivos más altruístas. No por conciencia moral, sino por gusto estético o por egoísmo. Es una belleza moral postiza, como es la corporal producida por los cosméticos. La verdadera belleza es la física la que Dios ha creado, como la moral, es la que guarda las líneas de conducta trazada por él. Es caballeroso o vicioso lo que agrada o desagrada a Dios y honra o deshonra al prójimo.
Los modales no puede ser herencia o distintivo de una clase social. Son primero que toda carencia de egoísmo.
No seas de esos jóvenes que todo lo saben, y por instinto todo lo contradicen. No buscan la verdad, humillando tercamente a su interlocutor.
No caes en la cuenta del mal que te infliges a ti mismo y terminas siendo, sino abominable, sí despreciable.
No seas como las nueces verdes: no nos ofrecen su fruto, sino después de amargarnos la boca.
Sed como la granada: que se abre espontáneamente para ofrecer sus dulces y rojos granos.
El modal de sincero y limpio afecto es el que ata y llega al corazón. Las maneras afectadas cohiben los verdaderos y hondos sentimientos. Lo ceremonioso es ridículo, infantil y trasnochado, resabios de tiempos de pelucas empolvadas con talco.
La fórmula es sencilla y fecunda: no molestar, y sí agradar. Con este dominio de tu carácter, el trato social no será un código complejo de reglas ficticias.
La amabilidad se conquista sin preceptores de lujo. Basta el consejo de San Pablo a los romanos: "Aplicaos al bien, procurando anticiparos unos a otros con señales de amor y deferencia". Y escribiendo a los de Efeso les dice: "Os conjuro que os portéis de una manera que sea digna del estado al que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia soportándoos los unos a los otros con caridad".
La práctica de Jesucristo, y las normas que da a sus apóstoles para saludar, son portadoras de buenos deseos y bendiciones.
San Pablo comienza siempre en sus cartas, henchidas de misterios sobrenaturales, y las termina con sencillos y sentidos saludos de amistad y consideración. Y si la doctrina la dictaba a mano ajena, el saludo "va de propio puño", no desdeñándose de transmitir las salutaciones de los demás hermanos a los destinatarios de sus cartas.
El deseo de un buen corazón, y el sentido cristiano de la vida, nos dará las mejores formas sociales: "ca el amor fac sutil al ome que rudo", dice el Arcipreste de Hita.
El ser humano es social por creación, y nos hemos de ayudar y apoyar unos a otros. Los conductores de esta ayuda y los puntos de apoyo, son las formas sociales que nos amalgaman.
Todo ser humano es un representante de Dios, por lo que merece toda atención y respeto.
Los cristianos debemos de llevar al mundo un mensaje de amor. El vehículo, no puede ser otro que las formas sociales.
Es por lo tanto una virtud de primera necesidad. Tan necesaria como la veracidad; porque nadie puede conectar ni permanecer con una persona mentirosa o de malos modales.

No es servilismo.
Las buenas formas no están reñidas con la firmeza. Son dos cualidades de los santos y de los hombres que tienen sus pasiones subyugadas.
Ni lo comedido es afeminado, ni lo brusco viril.
La hombría es una expresión de una fuerza reprimida; y hay seres poco viriles, de alma cobarde y broncos ademanes.
No se trata tampoco de una adaptación servil a los demás, según aquella fórmula comercial: "el cliente siempre tiene razón"; ni quiere decir identificación con los errores en cualquier plano. Lo inexacto e injusto no dice con la perfección a la que siempre debemos tender.
El arte de acomodarse a los demás sin servilismos, es el arte de ganarse verdaderos amigos.
El que agrada sin rebajarse ha encontrado el arte de vivir en el mundo.
El que cada momento sabe como tiene que tratar a una persona, es la que tiene abiertas las puertas al éxito.
Respetar al inferior como al superior, es una cualidad de Jesús. Un día le dijeron: "Sabemos que a todos tratas bien, y que no hay en ti acepción de personas".
Si respetas al superior, y con tus formas desprecias al inferior, tu respeto no es consideración, sino temor y adulación servil. Porque si el respeto al superior se funda en la frase del Señor: "el que a vosotros oye a mi me oye", también es Él quien dice: "lo que hiciereis con uno de estos pequeños, conmigo lo habéis hecho". Si el Señor con estos dos preceptos buscan los mismos resultados, y en ti sólo se da el respeto al superior, a eso se le llama adulación o miedo; y eso no es virtud.

Medio de conquista
Con una competencia profesional, y unos buenos modales, la vida será tuya. Esto hace arrolladora la influencia de una persona, y desarma a la misma envidia.
"Don Bosco, es usted un ángel, seremos buenos amigos", le dijo un día un ministro que le perseguía.
En la lucha por la vida el talento es algo, el tacto lo es todo.
Por cada punto que saca el talento, el tacto saca diez. El tacto es como los cinco sentidos de un alma alerta para quitar obstáculos.
El talento asombra, el tacto cautiva.
El talento ignotiza, el tacto arrastra.
Las complicaciones de la vida se sortean con el tacto, y una de las ocasiones más aptas para aprender a navegar entre escollos, es hacerlo entre los intereses encontrados de los demás.
La primera impresión que uno causa, si no es decisiva, siempre es eficaz. Y lo primero que dispone a tu favor, no es tu talento, sino tus modales.
Las formas separan más a los hombres que las ideas.
Debemos acomodarnos al ambiente social, como a las influencias atmosféricas.
Homero siempre presenta a la Aurora sonriente. La sonrisa denota que el interlocutor nos causa simpatía y satisfacción.
Nada se resiste a la amabilidad. Cuando Dios, que es amor, se revistió de carne, apareció con "benignidad y comprensión".
Si nosotros debemos asemejarnos a Él, esta será la más importante faceta de imitación.
La igualdad de carácter ante la adversidad, llena de admiración, y se acaba por darles la razón. Son los que poseen la tierra.
Las mejores cualidades se echan a perder por falta de amabilidad. "Cuales palabras te dicen, tal el corazón te ponen", dice el Arcipreste de Hita.
Aprender estas formas, es el tiempo más útilmente empleado.
Isócrates dice: "El hombre bien educado obliga tanto con sus modales, como con los servicios que nos presta".
Y Enrique IV: "La palabra dulce y el saludo nada cuestan, y son de gran utilidad".
El Conde de Nasau se ganaba un súbdito del Rey en España, cada vez que se quitaba el sombrero. Tal era la gracia con que lo hacía.

Sin bondad estarás solo.
En una comedia yanqui que se titulaba El hombre que vino a comer, los espectadores se reían a todo pulmón, ante lo ridículo de ciertos modales. Al salir se decían: Dios nos libre de tales hombres.
Un niño preguntaba a su padre por la malicia de cierto comportamiento: "No es malo, le dice, es peor que malo: vulgar".
La ordinariez es uno de los peores vicios sociales. Es una combinación de pequeños defectos: orgullo, vanidad, egoísmo, presunción.
Los malos modales te impiden rodar bien en el engranaje de la vida. No llegarás donde pretendes.
Cuenta Tolstoi: Un muchacho llegó a un trigal casi ya para segar, donde una ternera se había metido. Los aldeanos le perseguían para que saliera, y cuando acosada estaba a punto de salir, asustada de los hombres se volvía al sembrado, y comenzaba la nueva persecución.
Junto a la vereda una mujer lloraba y decía: Van a agotar a mi ternera.
Entonces dijo el muchacho a los campesinos: Salid todos fuera del trigo, y que la mujer llame a su ternera. Lo hicieron así los aldeanos, y la mujer llamó a su ternera. El animal irguió las orejas, permaneció un rato a la escucha y salió corriendo hacia su ama. Y todos se alegraron mucho.
¿No es esta la imagen de tu proceder? Con ademanes violentos y atolondrados, no conseguirás lo que pretendes. Con un poco de serenidad, y buenas formas, la empresa te saldría mejor.

Comienza por ti.
Sé también cortés contigo mismo. Ello te ayudará a tomar posiciones con los demás.
Por la cohesión que existe entre tu alma y tu cuerpo, el orden exterior es la manifestación de un alma ordenada. Guarda el orden para que el orden te guarde a ti.
El desorden desayuna con la abundancia, come con la pobreza y cena con la miseria, esto se afirma no sólo en el aspecto económico, sino social: porque aquél derrocha su fama, que no guarda el orden con los demás.
Dijo Pío XI de sí mismo: Si he conseguido hacer algo bueno, ha sido por el hábito adquirido de pequeño de hacer las cosas con orden.
"En cada hora su ocupación, y cada ocupación a su tiempo", dice la Sagrada Escritura.
Si no eres ordenado por nacimiento, sedlo por el hábito.

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