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martes, 22 de febrero de 2011

El cuidado que deben tener los padres de familia para que en los de su casa no prevalezcan los vicios, sino que vivan todos virtuosamente

El Espíritu Santo previene a los padres de familia, que no sean como leones en su casa, oprimiendo y aterrando a sus familias; sino que los corrijan como racionales, haciendo con ellos el oficio de padres, y no el de tiranos (Eccl., IV, 3o).
Lo mismo previene el Sabio diciendo á los padres de familia, que no conturben su casa con furores y atropellamientos, sino que enseñen caritativamente a todos los que comen el pan de su mesa, para que vivan como fieles siervos de Dios, con buen ejemplo, y sin escándalo del pueblo.
La primera diligencia que han de hacer los padres de familia, ha de ser pedir a Dios nuestro Señor su asistencia poderosa para el buen gobierno de su casa; porque el vivir muchos juntos y virtuosamente, y con una misma voluntad, es don especial que procede de solo Dios, como dice David (Psalm., LXVII, 7).
Regularmente los domésticos son los enemigos del hombre: Inimici hominis, domestici ejus (Mich., VII, 6). Por lo cual es necesaria mucha prudencia para el acertado gobierno de la familia, y mucha cautela y astucia, para que en ella no se introduzcan algunos vicios que la destruyan.
Por esto dice el Espíritu Santo, que cada uno atienda cuidadoso a sus domésticos: A domesticis tuis attende; porque en ellos hay continuo peligro de alguna ruina espiritual para sus almas, y también alguna perdición temporal para las casas.
El apóstol san Pablo dice, que quien no sabe gobernar su casa, no es sujeto de talento para encomendarle otras cosas mayores; porque si no tiene capacidad para gobernar bien su familia, no la tendrá tampoco para mas extenso y dilatado gobierno.
Con esto dice la sentencia de Cristo Señor nuestro en su santo evangelio, que quien es fiel en lo poco, será constituido en cosas mayores (Matth., XXIV, 47); pero si no vale para gobernar bien su casa, encaminando su familia para el cielo, menos valdrá para gobernar mayor número de personas, que no las tendrá tan a la mano.
Cautelosamente debe el hombre prevenir no entre en su casa quien la haya de conturbar; por lo cual importa no admitir en su familia a toda criatura sin distinción, como dice el Espíritu Santo: Non omnem hominem inducas in domum tuam; porque mas fácilmente se puede embarazar la entrada, que disponerse la despedida.
La paz doméstica es muy estimable, siendo paz del Señor. Y si los que componen la familia no son pacíficos, con grande dificultad se podrá conservar este don apreciable de Dios.
El apóstol san Pablo dice, que si el padre de familia descubre algún mal en su casa, procure quitarle luego; porque un poco de mala levadura corrompe toda la masa. Y es fácil que uno malo vaya contaminando y perdiendo a los que son buenos.
El Espíritu Santo dice a los padres de familia, que atiendan a su mayor utilidad y quietud, lo cual debe entenderse en todas las cosas, no con avaricia, sino con prudencia y discreción.
En el remedio de algunas cosas conviene tomarse tiempo, porque corriendo los dias, fácilmente se remedian con suavidad muchos males; pero si los daños son contagiosos, piden pronto remedio, como dice Dios, hablando del vicio de la lepra; y espiritualmente se debe entender de los vicios contagiosos, que si se notan en la familia deben remediarse prontamente, antes que toda se contamine (Levit., XIV, 3o).
Por esto dijo Cristo Señor nuestro, que no habia venido, al mundo para poner paz falsa, ni concordia viciosa, sino para inducir la separación útilísima que conducía para el bien de los hombres; porque si uno se pierde con otro, importa separarlos para su remedio (Matth., X, 34).
Lo mismo dice el apóstol san Pablo, que conviene espurgar el antiguo grano, y quitarle los granos viciosos y malos que están con él, para que separando lo precioso de lo vil, no se contamine lo bueno con lo malo.
Mas vale separar a los buenos de los malos, que contaminarse todos, y perderse toda la casa, como dice san Gregorio el Grande. Por lo cual estén avisados y desvelados los padres de familia, que si alguno de su casa no se quiere corregir en sus vicios, le echen luego fuera, antes que se dé mal ejemplo y escándalo en el pueblo.
Mas le vale a un hombre honrado una conveniencia decente con quietud y sosiego de su alma, que muchas conveniencias y riquezas con aflicción y turbación de su conciencia, dice Salomón. Por lo cual, aunque lo que descubre vicioso en su casa le sea útil en lo temporal, atienda mas a Dios nuestro Señor, y arrójelo fuera.
El nombre bueno vale mas que muchas riquezas, dice el mismo Sabio: Melius est nomen bonum quam divitiae multae; y no se puede negar, que un hombre honrado pierde mucho de su estimación por los feos vicios de los que comen el pan de su casa.
Sobre estos dignos reparos consideren los padres de familia que se ha de llegar el dia fuerte y terrible de la, estrecha cuenta que han de dar a Dios nuestro Señor de los que estuvieron a su cargo; y les dirá el justo Juez: Redde rationem villicationis tuae (Luc, XVI, 2); porque las pobres almas de los de su familia están á su cuidado, y han de dar estrecha cuenta de fcllas, si por su descuido se pierden.
La desgracia grande que tuvo el infeliz padre de familia Helí, la atribuye san Anselmo a su ignominioso descuido en no quitar de su casa los vicios escandalosos que la hacían abominable, arrojando de su familia a los que no vivían con el ejemplo debido: Quia non objecerat de domo sua delinquentes, retrorsum cecidit, et mortuus est.
Este justificado temor del castigo de Dios tuvo el gran patriarca Jacob, de quien dice la sagrada Escritura, que convocó toda su familia para limpiarla y purificarla da vicios, los cuales son causa de la destrucción y ruina de sus casas.
El mismo cuidado tuvo el santo Tobías, cuando sintiendo balar en su casa un cabritillo, al instante dijo que viesen y examinasen si acaso era hurtado: Videte, ne furtivus sit. Y aunque por la prevención virtuosa se le siguió grande molestia, esta se pasó, y quedó su glorioso ejemplo del celo santo para la posteridad.
No fue el primero, ni es el único el santo Tobías, que por el celo virtuoso de quitar vicios ha padecido desprecios y oprobios, supuesto que David en el salmo LXXXVI, 10, dice, los padeció grandes por el mismo motivo; solo con la diversidad, de que David celaba la pureza de la casa de Dios, y Tobías celaba el servicio de Dios en su propia casa.
Para este justificado fin de celar la honra de Dios, y quitar los feos vicios cada uno en su casa, sirven de provecho las que parecen impaciencias e iras sin pecado: Irascimini, et nolite peccare (Psalm., IV, 5); porque no se remedian los abusos sin afectos y conatos, que parecen ser mala condición, y no son sino justificaciones y celo santo, sin el cual se llenan de vicios y escándalos las familias y casas honradas .
Antes de plantar las virtudes en su familia han de quitar los vicios escandalosos; porque este es el orden que el Altísimo Señor pone en las operaciones humanas del santo celo, como expresamente lo dijo a su profeta Jeremías: Ut evellas, et destruas, et dissipes, et aedifices, et plantes. Antes de plantarla virtud, importa destruir los vicios, procurando siempre con discreción se quede en oculto el remedio del mal que aun no se hizo público.
Al santo patriarca Jacob le avisaron ocultamente, que en su casa se habian introducido ciertos vicios feísimos y pésimos; y el discreto patriarca procuró diestramente quitar los vicios de su casa, sin que lo supiese la tierra. El aviso fue oculto, la corrección fue en secreto, y el remedio eficaz, sin que perdiesen su estimación los culpados, ni supiesen su corrección los vecinos (Gen., XXVII, 2). Esta virtuosa discreción es importantísima en las casas y familias.
Mas cuando el vicio pasa a ser escandaloso en el pueblo, no corre esta razón de la corrección oculta; porque la satisfacción y la enmienda debe ser manifiesta, como lo fue la culpa. Por esto el rey Saúl quiso castigar públicamente a su hijo, y el mismo pueblo se lo embarazó, como se escribe en el libro primero de los Reyes.
Los que deben corregir los defectos escandalosos de sus inferiores, y no lo hacen, son dignos del mismo, y aun de mayor castigo que los mismos delincuentes. Por lo cual fueron ahorcados de Moisés, por orden del Señor, los principales del pueblo, que debían corregir y castigar a sus inferiores, y no lo hacían; como se refiere en el sagrado libro de los Números.
Los diligentes padres de familia procuren muchas veces declarar a todos los de su casa, que son malditos de Dios nuestro Señor los que se apartan de sus divinos mandamientos, como dice David: Maledicti, qui declinani a mandatis tuis. Y que están prevaricados y locos todos los pecadores de la tierra: Prevaricantes reputavi omnes percatores terrae. Y que daña a su misma alma el que peca: Qui autem in me peccaverit, laedet animam suam. Para que con estos claros desengaños cobren horror a los vicios, y sirviendo a Dios, tengan compasión a su pobre alma, como dice el Sabio: Miserere animae tuae placens Deo.
En otro sagrado texto se dice, que quien ama a la iniquidad, aborrece su alma: Qui autem diligit iniquitatem, odit animam suam. Y siendo cierto, como lo es que ninguno aborrece asu propia carne, como dice la divina Escritura: Nemo carnem suam odio habuit (Ephes., V, 29); resulta mas la sinrazón de los pecadores, que siendo tanto mas estimable el alma que el cuerpo, aman a su cuerpo, y aborrecen a su alma; debiendo ser al contrario, como dice Cristo, que quien aborrece a su cuerpo, y le castiga con virtuosas mortificaciones, ese ama y estima a su alma.
Muchas veces los padres de familia han de decir estas católicas verdades a todos los de su casa, para que se aficionen a la virtud, y aborrezcan el vicio. Expliquenles el estado infeliz de los que viven en pecado mortal, que mientras no se confiesan, y salen de él, van acompañados de los demonios, y están en estado de condenación eterna, y son enemigos de Dios nuestro Señor, como todo consta de las divinas letras: Vide, quam malum et amarum est, reliquisse te Dominum Deum tuum (Jer., II, 19).
Con grande ponderación les han de explicar la fealdad de los pecados de escándalo y mal ejemplo de sus prójimos, diciendo les que los escandalosos son la perdición y ruina del mundo: Vae mundo a scandalis! Y que a los escandalosos les convendrá que Dios les castigue gravísimamente en esta vida, para que no se pierdan eternamente sus almas: Expedít ei, etc. (Matth., XVII, 6 et 7).
Y para que los padres de familia quiten las ocasiones de muchas pesadumbresy juicios temerarios eu su casa, sigan el consejo del Espíritu Santo, que dice, que donde hay muchas manos, se cierre todo, y se dé por buena cuenta con peso y medida: Ubi manus multae sunt, claude quod habes, etc. (Eccli., XLII, 7).
En el sagrado libro de la Sabiduría se dice, que todo lo dispuso el Altísimo en número, peso y medida. Por lo cual, para evitar molestias, importará que con esta cuenta y razón se gobiernen las casas y familias, evitando los altercados molestos, con claridad y distinción de lo que se da, y de lo que se recibe.
En todo conviene que los padres de familia estén desvelados para que su casa se haga feliz, viviendo en sana paz, quitando vicios, y ejercitando virtudes; y advirtiendo, que el demonio, como rabioso león, andará siempre dando giros y vueltas para devorar su pobre, familia, como nos lo previene el príncipe de los apóstoles san Pedro.
Y porque si Dios misericordiosamente no les asiste, será en vano todo su cuidado, como dice David, procuren los padres de familia en todas sus oraciones y comuniones rogar al Señoríos comunique su divina luz, y les dé su santa bendición para sí y para toda su casa. Amen.
R.P. Fray Antonio Arbiol
LA FAMILIA REGULADA

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