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martes, 15 de febrero de 2011

El Objeto de la Vida

     Hijo mío, no hemos sido colocados sobre esta tierra sin razón: cada uno debe cumplir aquí su obra, y esta obra cada uno la debe cumplir so pena de frustrar su vida.
     No lo olvides: Dios nos pedirá cuenta de nuestras aptitudes y de nuestro talento que El nos dio para que fuéramos útiles a nosotros mismos y a los demás. El quiere que su bendito nombre sea glorificado en nosotros.
     ¿Cómo, pues, glorificarás tú a este Nombre divino, y qué harás de los días del porvenir que su liberalidad te ha concedido?
     Ahora que te has hecho un joven instruido y libre, es tiempo de pensar en esto, en la sinceridad de tu corazón, en examinar tu destino con una mirada firme.
     El marinero no se mete al mar sin saber a dónde va; del mismo modo, los hombres no deben lanzarse en este otro mar que se llama la existencia, sin saber a dónde van, y lo que tendrán que hacer.
     Joven, ¿tú qué harás de tu vida? ¿Dirás como el perezoso: es demasiado duro trabajar y actuar, yo me dejaré llevar de la vida como uno se deja arrastrar sin esfuerzo por la corriente del río?
Joven, ¿qué harás de tu vida? ¿Dirás como el antiguo discípulo de Epicuro y como los hijos insensatos del mundo: la vida es corta, hartémonos de gozos; comamos, bebamos, gocemos, corramos a todos los placeres, porque mañana moriremos?
     Joven, ¿qué harás de tu vida? ¿Dirás como la mayoría de tus contemporáneos: buscaré la fortuna, la obtendré a todo precio, haré esto aun a costa del deshonor y allí encontraré mi felicidad?
No, no dirás eso, pues tú sabes que ni la ociosidad, ni el placer, ni la fortuna, son la finalidad señalada a la existencia humana por Aquél que es su origen.
     Tú sabes que la existencia tiene un valor que no es lícito disipar a capricho; tú sabes que la existencia es más estimable que el oro y que todos los bienes de la tierra, y que es, en fin la preciosa moneda con la cual compramos el Cielo.
     He aquí el verdadero, el único, el sublime fin de la vida: usar el tiempo mirando hacia la eternidad, ¡hacer el bien aquí abajo para gozar de Dios allá arriba!
     El fin de la vida no consiste solamente, como muchos lo creen, en llegar a ser un hombre instruido, amable, distinguido por su espíritu, su conducta y sus modales; consiste en llegar a ser un hombre útil a sus hermanos, un ciudadano útil a su patria y un verdadero cristiano, es decir, un futuro elegido.
     Fuera de esto, todo es error, espejismo, quimera, mentira; todo es vano, todo es vacio, todo es falaz y engañoso, todo inútil y todo perdido!
     Ante todo, fija, pues, hijo mío, tus miradas hacia el fin que te es preciso alcanzar so pena de comprometerlo todo. ¿De qué te sirve ganar todo el mundo, si llegas a perder tu alma?

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