jueves, 29 de marzo de 2012

ADMIRABLES DESIGNIOS DE LA PROVIDENCIA PREMISAS

PREMISAS
No raras veces he oído a jovencitas afirmar que habían caído en la culpa y en la deshonra por ignorar muchas cosas, o porque el misterio de la vida, en vez de serles aclarado por personas sensatas y prudentes, se lo explicaron erróneamente compañeras licenciosas.
Dos son, por tanto, en mi sentir, las causas de la caída de muchas jovencitas: la falta de un guía —y éste debería ser, principalmente, la madre vigilante y avisada— y la perniciosa influencia de compañeras, de espectáculos y de lecturas que exaltan solamente la parte sensual de este problema con grave daño de quien carece de sólida conciencia cristiana.
No es malo conocer lo que concierne a la procreación, cuando lo consienta la edad; al contrario. Malo es, en cambio, aprender este misterio a una luz que haga parecer torpe o deshonroso lo que es, por el contrario, puro y santo —en cuanto es querido por Dios— y por esta razón siempre digno de veneración y de respeto.
No es mi intento entrar en el espinoso y harto discutido asunto de la llamada educación sexual. Si es necesario revelar ciertos misterios a la juventud, y cuándo y cómo: lo haré, si acaso, en el libro destinado a las madres. Aquí tan sólo quiero enunciar el principio de que a las jóvenes, en tiempo oportuno, se debe proponer a su verdadera luz este problema, a fin de que estén en condiciones de valorar los peligros con que pueden enfrentarse.
Supongo que mis lectoras conocen el modo con que se transmite la vida, ya que este libro va destinado a jóvenes de los dieciséis a los veinte años, y, hoy en día, ya no podemos admitir que a semejante edad estén a oscuras acerca de esto. Mi intento es darles una noción exacta y elevada de este problema. 

PLAN PROVIDENCIAL DEL CREADOR
 Que a los hombres les esté confiada la generación de otros seres semejantes a ellos es un hecho admirable y una prueba de especial confianza divina. Ni se diga que también se concede a los animales, porque enorme diferencia va entre ellos y los hombres, los cuales tienen exclusivamente el don de la libertad, siendo así que los animales han de seguir ciegamente al instinto. 
Dios no quería obligar al hombre y a la mujer a la paternidad y a la maternidad, que, si son fuente de alegría, lo son así mismo de innumerables fatigas, dolores y preocupaciones; pero queriendo, con todo, disponer las cosas de manera que la mayor parte del humano linaje, para no llegar a la extinción, se decidiese a ello, proveyó a todo esto de un modo sapientísimo y admirable, como a continuación voy a exponer.

NATURALEZA DEL HOMBRE Y DE LA MUJER
El alma del hombre y la de la mujer ¿son diferentes? Y ésta última ¿es inferior a la otra?
El paganismo atribuía a la mujer una alma que era una cosa intermedia entre la del hombre y la del bruto. El actual neopaganismo establece una doble moral, en beneficio del hombre, rebajando así a la mujer.
Solamente el Cristianismo afirma la igualdad del hombre y la mujer, en derechos y en deberes.
El primero en afirmar es San Pablo. "En Dios -dice— no hay distinción de raza ni de condición ni de sexo, porque todos sois una cosa en Jesucristo" (Galat., III, 28).
Así en la literatura como en el arte cristiano es exaltada y colocada en lo más alto de los Cielos junto a Dios, la figura de una mujer, María, a quien se presenta como el sublime modelo de la mujer cristiana.
Mas preguntaban: ¿Son iguales el alma del hombre y la de la mujer? Al ver sus diversas características (de una parte, audacia, imperio, valentía, razón, tesón de la voluntad, y de la otra, mansedumbre, paciencia, gracia, dulzura, predominio del sentimiento y del corazón) estaríamos tentados a responder negativamente. Pero no; no hay almas masculinas y almas femeninas, sino almas de la misma naturaleza, las cuales, infundidas en el germen por Dios, se desenvuelven de diversa manera según el cuerpo que les está unido.
Al crear a la mujer no ha querido el Señor formar otro ser enteramente igual al hombre, sino semejante, porque le señalaba oficios fisiológicos y morales diversos, a fin de que fuese un ser inteligente que viniese a completar las deficiencias del hombre y, con su gracia y diligente asistencia, le procurase aquel afable consuelo cuya necesidad sentía su corazón.
De consiguiente, como se lee en el Génesis, hombre y mujer fueron criados para completarse y auxiliarse mutuamente: dos seres, por tanto, no perfectamente iguales, sino semejantes, esto es, de la misma naturaleza. 

DOTES Y CARACTERÍSTICAS DE LA MUJER
La mujer —como podemos comprobarlo a menudo— tiene más sensibilidad, más excitabilidad nerviosa, fantasía más viva (Por esta razón te recomiendo: ten frenada con el entendimiento y la voluntad la fantasía, a fin de que no te juegue malas tretas...), capacidad y rapidez de intuición más agudas, una atención para las cosas más amplia, pero quizá menos profunda. El hombre, más tardo en la percepción y en la intuición, tiene más desenvueltas las facultades razonadoras y la capacidad para el análisis profundo.
Por esto es más fácil la constancia y la solidez de opiniones en el hombre que en la mujer, y, por aquellas características, es así mismo natural que la mujer llegue a la generosidad y al sacrificio, aun el más costoso, por aquel a quien ama. Mas, por otra parte es deplorable notar cómo la mujer, que puede alcanzar las más sublimes cumbres del sacrificio, puede caer en el odio más ardiente y en el más terrible deseo de venganza (sin que escaseen los ejemplos, desde Herodías hasta la sanguinaria reina de Inglaterra Isabel Tudor), extremos a que difícilmente llega el hombre.
Un campo donde la mujer aventaja al hombre es el amor. En el hombre es el amor flor de un día: en la mujer, la pasión de toda la vida. Es el amor el dulce veneno que la mujer, a sabiendas o sin saberlo, propina al hombre, consiguiendo hábilmente matar o, respectivamente, suscitar en él el ángel o la bestia. 
Cuando mata a la bestia, el ángel, desembarazado de sus cadenas, sublima su vuelo al cielo y envuelve a entrambos en un púdico velo, de tal modo que el fuego de la pasión no los toca. Pero si se suelta a la bestia, el hombre es, al principio, su juguete, mas, alcanzada la conquista deseada, inviértense los papeles y la primera víctima inmolada a su loca bestialidad será ella, el ídolo adorado.
Es, pues, grave error, que no siempre la mujer valora, al abusar, por capricho suyo, de esta tormentosa pasión. 
Una virtud principal de la mujer es la paciencia; otra característica preciosa es el pudor, que en el hombre se presenta en otra forma: el sentimiento de la propia dignidad humana.
Otro don ha dado también el Criador a la mujer: la llamada intuición, conviene a saber, una especie de mirada mediante la cual ve ella y siente lo justo, sin conocer la razón de ello, y entiende y penetra la verdad mucho más fácilmente que el hombre.

EL HOMBRE Y LA MUJER SE COMPLETAN MUTUAMENTE
Hemos visto cuan marcadas son las características del hombre y de la mujer, y señalado cómo se completan mutuamente. Si fuesen iguales, si tuviesen idénticas inclinaciones, habría entre ellos rivalidad y lucha. Ahora hay amor. Y ésta es una de las más hermosas y consoladoras características del matrimonio: el recíproco completarse de dos seres a quienes, por separado, les faltaría algo, y el ayudarse mutuamente en el campo de la perfección, buscando alcanzar juntos lo que es el ideal humano impreso en nosotros por Dios.
He aquí la felicidad de un matrimonio bueno, en el cual dos personas se aman y compadecen mutuamente en las inevitables imperfecciones. El hombre siente la necesidad de confiar sus penas cotidianas, sus desfallecimientos y sus esperanzas a una persona que le infunda plena confianza, que le entienda, le consuele y le anime. Y así como en el amigo, aun el mejor, temería quizá al rival, al envidioso, en la esposa tiene a la única persona que, después de la madre, pueda, siquiera sea a escondidas, guiarlo y refrenar acciones inconsideradas. Pensamientos inquietos y turbios, una vez confiados a ella, vuelven a él como serenados y ennoblecidos.

A QUIEN CORRESPONDE LA SUPERIORIDAD
De todo cuanto hemos dicho nos ha parecido evidente que la mujer no es inferior al hombre.
Por otra parte, no podemos olvidar que el hombre es la cabeza de la familia. Dios lo anunció a Eva: "Estarás debajo de tu marido y él tendrá dominio sobre ti". (Gen., III, 16), y San Pablo lo repite en sus cartas. No impide esto que el hombre no tenga que ser amoroso para con aquella que le está sujeta, porque también el mismo San Pablo recomienda a los maridos amar a sus esposas como a sí mismos, como Cristo amó a su Iglesia. 
¿Qué vínculo, pues, hay más sublime que éste?
La mujer, si de veras ama, estará muy contenta de someterse y confiarse en todo a su marido, pero en realidad ella lo domina con su afecto. 
Por esta razón, ni el hombre debiera despreciar jamás a su compañera, ni la mujer creerse superior al hombre, queriendo competir con él en lo que no es su esfera específica, masculinizándose y, por ahí, perdiendo el suave aroma de femenidad.

DONDE Y COMO DESPLIEGA LA MUJER SU ACTIVIDAD
Si la actividad particular de la mujer es diversa de la del hombre, no por eso es menos importante. La influencia benéfica que puede ejercer sobre sus familiares y sobre cuantos con ella viven, los consejos que puede dar al marido, la educación de los hijos, son todos ellos elementos de grandísima importancia en la vida del hombre.

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Tú debes reconocer y apreciar los tesoros que Dios y la naturaleza te han dado para poderlos hacer fructificar adecuadamente. Acrecienta, pues, tus dotes marcadamente femeninos: la dulzura, la sumisión, la paciencia, y empléalo en beneficio de los demás, y así —ora hayas escogido un camino o hayas seguido otro quizás más dificultoso y áspero— estarás contenta y harás felices también a los que te rodean infundiendo amor y respeto.
Massimiliano Mazzel
AMOR Y ALEGRIA

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