martes, 20 de marzo de 2012

La Sinceridad

     "La mentira, dice Zoroastro, es una sombra echada sobre la luz, una imitación del espíritu del mal, que por esencia misma es engañoso"; y Platón dice a la vez que "la mentira es aborrecible a los dioses y a los hombres".
     Nada es tan verdadero, hijo mío: mentir, en el fondo, es contradecir a Dios que es la eterna y püra verdad, y la mentira es, por lo demás, la máscara de una alma villana y baja: oculta la doblez, el engaño y el fraude, todos los vicios que la sociedad repudia en nombre de su vida misma.
     Entre los jóvenes, la mentira es el primer paso en el camino de la degradación moral. El que ha cogido el hábito de mentir, conoce o conocerá todas las debilidades o pecados.
     Es por lo que yo te digo: sé sincero, y para no llegar a ser mentiroso, no mientas jamás.
     A tu primera mentira, te sonrojarás, y tu sonrojo, por un instante al menos, vengará contra ti la verdad ultrajada.
     Pero bien pronto, si cedes al mal espíritu, tu frente se acostumbrará a serenarse, y tus labios, acostumbrados a la ficción, la dejará correr sin interrupción ni detención.
     Perderás entonces la estimación de la gente honrada, porque llegará un día en que el hombre a quien hayas engañado una vez vacile en creerte y ya no te creerá más; perderás asimismo tu propia estima, porque el alma tortuosa no puede menos que despreciarse a sí misma.
     Delante de Dios, por fin, serás culpable y condenado: el día de la confusión llegará tarde o temprano para el que miente, y ese dia ha llegado ya delante de Dios cuyo ojo queda abierto en el fondo de las conciencias.
     Acuérdate: los únicos hombres a quienes Cristo ha maldecido son los charlatanes y los fariseos. Los primeros porque engañaban y robaban a los pobres; los otros porque no eran más que "sepulcros blanqueados".
     Yo no conozco aquí abajo más bella corona que la lealtad y el honor, y no creo que haya una virtud más necesaria al discípulo del Evangelio.
     No digas, pues, una palabra que no sea la imagen fiel de tu pensamiento y de tu corazón; no escribas una línea que tu conciencia no te haya dictado y que no te apruebe; que tu conducta esté exenta de todo artificio y engaño.
     Nada de verdad disminuida, ni afectada, ni encubierta; nada de mañas, ni de rodeos, ni de subterfugios, ni de sorpresas; nada de media luz, ni de penumbra; nada de oblicuo ni de equívoco.
     Guárdate de parecerte a esos pájaros que, teniendo miedo a la claridad del día, no salen más que a la caida de la noche, y no trabajan más que en el misterio de las profundas tinieblas.
     No mientas ni para excusarte, ni para hacerte valer, ni por respetos humanos, ni por ningún otro motivo; no hay ninguna razón que valga para mentir.
     Huye de los expedientes: los más hábiles no son jamás seguros y a veces son peligrosos. Tal vez en ocasiones te salvarán de apuros, pero su falsa apariencia de verdad no tardará en disiparse y desvanecerse como la capa de plata que envuelve al cobre.
     Trabaja o actúa a las claras: nada de lo que es clandestino es del todo inocente. Hijo de la luz, que todo en tu vida sea recto y luminoso.
Ser veraz consigo mismo, he aquí la primera sabiduría; ser sincero con los hombres, he aquí la primera prudencia; ser sincero con Dios, he aquí la primera virtud.

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