jueves, 11 de septiembre de 2014

¡Non serviam!

¡No quiero servir!
     He pensado tal vez algunas veces que ese es el grito del hombre libre.
     Y me he equivocado.
     Ese es el grito del esclavo, del esclavo de sí mismo y de sus pasiones y de sus pecados; la peor de las esclavitudes.
     Ese es el grito del ángel rebelde de Satanás, el eterno esclavo.
     ¡Non serviam! ¡No quiero servir! Es decir, no tendré mas Dios que a mí mismo. Mis deseos, mis caprichos, mis ambiciones; esa es mi ley, ese es mi dios.
     O de otra manera: seré el esclavo de mis deseos, de mis caprichos, de mis ambiciones. Lo que ellos me aconsejan..., lo que ellos me piden..., lo que ellos me exigen..., eso será mi ley.
     ¿Mi ley? Mi yugo... ¿Mi ley? Mi carta de esclavitud...
     Porque tengo que ser sincero conmigo mismo.
     ¿Quién es el verdaderamente libre?
     ¿El que ante la atracción del placer sabe dominar sus instintos, o el que se deja subyugar por ellos?...
     ¿El que ante el ídolo de las riquezas rehúsa la adoración, o el que dobla la rodilla ante ellas?...
     ¿El que ante el miedo al miserable qué dirán pisotea su deber, o el que lo cumple valientemente sin preocuparse de la maledicencia ni de las burlas de sus compañeros?...
     La respuesta no es dudosa:
     Es libre el que sabe dominar sus instintos...
     Es libre el que rehúsa conscientemente la adoración a una vil criatura...
     Es libre el que sabe defenderse de los lazos del respeto humano...
     Y es ése precisamente el que sirve a Dios.

     Y es esclavo el que se deja llevar de sus instintos.
     Y es esclavo el que se doblega ante el ídolo vil de las riquezas.
     Y es esclavo el que busca la honra de los otros hombres, pisoteando su deber.
     Y ése es precisamente el que grita: Non serviam! ¡No quiero servir!
     ¡Quiero ser libre! Libre, con la verdadera libertad. Con la libertad de los hijos de Dios, que son reyes, porque saben servir a su Señor, a su Creador, a su Redentor.
     Servir a Dios es reinar.
     ¡Quiero ser libre! ¡Quiero servir a mi Dios !
Alberto Moreno S.J.
ENTRE EL Y YO

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