miércoles, 6 de junio de 2012

LA APOSTASIA. (1)


EL DESPRECIO Y LA INDIFERENCIA GENERAL
DEL PUEBLO ANTE LA INSTALACION DE LA ABOMINACION DESOLADORA.


En la foto de arriba, Benedicto XVI juguetea con capa pluvial, mitra y báculo con jóvenes que asistieron a la Jornada Mundial e la Juventud, que a mediados del mes de agosto de este año (2011), tuvo lugar en la ciudad de Madrid, España. Dicen las agencias noticiosas que el "papa" fue recibido "como una estrella del pop", y no es falta razón, pues aquel acontecimiento no fue otra cosa distinta que un festival de Rock. Y ese es realmente el espíritu de esas concentraciones monstruosas en las que los jovencitos alegremente dan testimonio de su fe mientras agarrotean a la pareja y fuman marihuana. Los asistentes, muchos medio desnudos -como se ve en la foto-, descalzos o en sandalias, como van normalmente a las iglesias -pues e1 respeto al templo y a Dios se ha perdido-, soportaron gigantesca tormenta y furiosas ráfagas de viento que tumbaron numerosas carpas instaladas en lugares estratégicos con mesas y copones llenos de hotias a fin de que los "curas" y los ministros y ministras de la comunión las distribuyeran al millón de asistentes en el momento conveniente. Pues los tubos con que esas carpas eran sostenidas, al caer con violencia por la fuerza de la lluvia y el viento, rompieron tabiques nasales, clavículas y otros huesos y el furioso aire y la lluvia arrojaron al suelo las mesas instaladas en las carpas, con los copones -¿o sólo canastillas de mimbre?- y las hostias contenidas que fueron arrastradas por el suelo y el lodo y las corrientes de agua para ser pisoteadas.
Ante estos hechos tan terribles y significativos, surgen algunas preguntas obligadas: Ante la asistencia de un millón de jornadistas, ¿no habría allá un número muy aproximado al millón de hostias? ¿y serían esas hostias "consagradas" previamente en las iglesias duran te las "asambleas" o misas?. El solo imaginar esto causa ilaridad y temor. ¿Habrán sido "consagradas" en paquetes de fábrica?. ¿Dónde se efectuaron las confesiones de los comulgantes?. Para responder con toda claridad estas cuestiones, es necesario exponer las doctrinas y las prácticas que los herejes modernistas han implantado en la Iglesia: 
1. Cuando ellos reparten "la comunión de pie en las iglesias -ya sean los "curas" o los ministros o ministras de la comunión-, le dicen a cada recipiendario: "El Cuerpo de Cristo". No le dicen "ESTE es el Cuerpo de Cristo" omitiendo decir el vocablo "este" -ellos lo han reconocido cínicamente-, porque para ellos la Comunión no es la participación de la Carne y de la Sangre del Redentor, sino un testimonio de que se pertenece al cuerpo de la Iglesia. Por eso omiten señalar con el vocablo "este" a la hostia que entregan. Y el bruto o ignorante pueblo se lo traga y se lo sigue tragando. Algunos menos avanzados te dicen que la presencia de Cristo es real pero espiritual y esto se efectúa en el momento de la Misa en la que el sacerdote pronuncia las palabras consecratorias y el pueblo cree en esa presencia. Por eso, a fin de excitar la fe del pueblo, le dan a la hostia un paseíllo aereo de un lado y del otro. Y esa presencia permanece sólo durante la "misa" o "asamblea", o "cena" o "eucaristía"
2. Como ese es un simple testimonio de que se pertenece a la Iglesia, no es necesaria la Confesión sacramental, pero ni tampoco bien visto estrictamente, ninguna "consagración". Allá es solamente necesario "el pan de la unidad" -le llaman así ellos-, así es que lo mismo da que ese millón de hostias haya pasado por los altares de algunas iglesias, o vengan directamente en cajas de cartón y bolsas de plástico de las tiendas en las que se venden hostias. Porque lo importante es que todos coman sus hostias y sean compañeros y den un abierto testimonio de pertenecer a la Iglesia. ¿Qué cosa más bonita puede haber?. Estos herejes modernos son tan diabólicamente inteligentes, que tendrán mucho cuidado de nunca decir una sola palabra contra la práctica de la Confesión sacramental. Si les preguntas, te dirán que es necesaria, pero la realidad es que esta práctica cae en el olvido más dramático que es violentamente contrastante con las enormes colas que se hacen en todas las iglesias al momento de la comunión. Fieles que no se han confesado ni piensan hacerlo. 
3. Indudablemente, a pesar de todo el profundo y efectivo trabajo de zapa que los modernistas han hecho, muchos fieles siguen creyendo en la presencia real de Cristo en esos pancitos que se reparten durante las asambleas o misas o cenas o eucaristías. Creen que las misas fueron "modernizadas" pero no invalidadas. Para todos estos que participaron en este congreso ¿habrá tenido alguna significación ver los cientos de hostias por el suelo, enlodadas y arrastradas por el agua?, hay que dudarlo, pero yo creo que muy pocos. Toda la juventud que permanece fiel al satánico Vaticano ha sido catequisada con el nuevo espíritu modernista puesto en circulación desde el Concilio Vaticano II, principalmente. 
Ellos siguen una religión de diversión bulliciosa, de jarana, de juerga. Predican al Cristo resucitado, pero no al crucificado. Y esto se trasluce sin necesidad de palabras que pueden ser muy falsas en las obras. Así como no les importó ver a la supuesta presencia real de Cristo arrinconada en carpas, sin el riguroso esplendor con que la Iglesia rodeó siempre a la santísima Eucaristía, y verla luego arrastrada por el agua y el fango, también ellos -cuando asisten- en las iglesias, comulgan de pie, sin confesarse, y con la ropa con la que van a la playa. Pies descubiertos, playeras y pantalones cortos. Las muchachas con escotes escandalosos y pantalones que más bien parecen pintados sobre la piel. ¿Y qué hacen los "curas"?, absolutamente nada. Es que el nervio de la disciplina se ha aflojado hasta el extremo en la Doctrina, en la moral y en la práctica. ¡Qué pasadas de moda e inaceptables deben parecer las palabras del Deuteronomio (21, 5) que dicen: "La mujer no llevará vestido de hombre ni el hombre se pondrá un vestido de mujer, porque el que hace esto es una abominación para Yahvéh tu Dios". Estas son las imposiciones de un Dios viejo, desfasado, perimido, que no previo el mundo moderno, ni la moda, ni la comodidad ni los requerimientos del progreso.
He de repetirlo nuevamente. El acto o la expresión corporal en una persona consciente, expresa un sentimiento interior que le da significación intelectual o espiritual a ese acto. Por sus actos, podemos descubrir incuestionablemente la riqueza o la miseria moral de la persona. El acto no es un ser separable de la persona, puesto que es la persona misma puesta en actividad. El valor moral afirmado o negado por el acto, contribuye a fomentar o disminuir el valor de la persona misma pues la acción exterior ejerce un influjo inmediato sobre la profundidad del acto interior. El acto humano, es un vehículo del valor moral. 
San Agustín dice que para conocer a una persona, no oigamos su lengua, sino que veamos sus actos. Sabiendo muy bien la Iglesia que los actos exteriores ejercen un influjo inmediato sobre la profundidad del acto interior, instituyó recursos para llenar el vacío en el espíritu del hombre que es la imposibilidad de "sentir" los efectos sobrenaturales de la gracia, de los Sacramentos, de la Misa, de las virtudes -reservado sólo a los santos- y esos variados recursos, como las actitudes, o los decorados, o la música sacra, etc., evangelizando así también a los hombres, formaban el espíritu del hombre interior que recibe un influjo inmediato y profundo del acto exterior. ¿Como no sentir un influjo interior con las genuflexiones ante el Santísimo Sacramento y el toque de las campanillas, mientras el sacerdote con la custodia dorada enmedio de una nube de incienso traza en el aire la Cruz para bendecir al pueblo?.
Los "curas" modernistas despojan a las iglesias de esos signos sensibles que enseñaban al pueblo, que formaban su espiritualidad. Ellos mismos se despojan de ornamentos -hasta donde pueden- de tan profunda y mística significación. Con el pretexto del calor o del número de fieles, buscan oportunidades para oficiar a las puertas de las iglesias, sacando del contexto sus nuevas ceremonias ya de por sí horribles y aburridas.
Los fieles están siendo arrastrados a una furiosa desacralización, la misma de la que se duelen con hipócrita lengua. El congreso juvenil de Madrid, no fue otra cosa que un festival rockero. En el que dirigió Juan Pablo en Bolonia, el momento culminante fue un concierto de Rock que ofreció el marrano rockero Bob Dylan. En uno se habla de Dios, y en otro del Diablo. ¿Qué diferencia hay si se tiene el rito que Cristo mismo llamó desolado y abominable?. Por eso las agencias noticiosas sintieron, como lo difundieron, el espíritu de un festival de Rock y a Benedicto como una estrella del Rock. ¿Qué otra cosa se puede esperar de este individuo que desciende del Maharal satánico de Praga y cuya cepa rabínica es bien conocida?.
En el libro que Peirs Compton escribió en 1981, dice acertadamente: "El hombre se guía y recibe órdenes de los símbolos". Lo vulgar, vulgariza. Lo que es vulgar, lleva irremediablemente a otra vulgaridad peor, y quien se fija en lo que es peor, nunca conocerá el fondo de una caída que es inevitable. Y así se llega a lo satánico. Quitar la vista de lo perfecto y espiritual, degenera siempre en lo horrible. Apartar de los ojos del pueblo los recursos usados por la Iglesia para elevar el espíritu, es prostituirlo. Pero se prostituyen a sí mismos y patentizan su miseria moral, los que voluntariamente abandonan las expresiones corporales y el nervio de la disciplina en el lugar sagrado. Porque independientemente de que eso manifiesta el amor a Dios degradado, esos actos humanos exteriores ejercen un influjo inmediato sobre el acto interior y el espíritu.
En el marco de esta planeada degradación, gigantesca, universal y monstruosa, tenemos por ejemplo, la "misa" que con motivo del inicio del ciclo escolar en la Universidad de los Legionarios de Cristo, se ofició en el auditorio de dicha institución.
La LITURGIA, es el orden y la forma determinados por la Iglesia para la celebración de los oficios. En la "misa" de inicio escolar, no hay ni orden ni forma determinados por la Iglesia vaticana. Allá vemos claramente el caos absoluto, la anarquía en su máxima expresión. A la profunda prostitución litúrgica institucionalizada intencionalmente en los ritos modernistas, se suma ahora una "liturgia" vanguardista que es escandalosa, vulgar en extremo y ofensiva que de propia iniciativa se enjuagó para esta ocasión. Lo primero que llama la atención, es que la "mesa" para la "asamblea" no aparece. Debe estar ubicada en el otro extremo del auditorio de esta casa de estudios. El conjunto de "oficiantes" es ridículo. El "arzobispo" sentado, casi agachado en sillitas de plástico -como las que se usan en las salas de espera-, está junto al rector de la institución, apretados todos en seis sillitas tan pegadas, que los tres ocupantes de las sillas posteriores se tienen que apollar para salir de la mitra del "arzobispo" o de la cabeza del rector para no caerse. Del otro lado del "arzobispo" otra sillita que ocupa el que en este momento lee, no frente ni a un lado del oficiante, sino detrás. Lee algún versículo de la Biblia o los aburridos y cuadrados salmos responsoriales que por el aspecto de los concurrentes, si los contestan, se oirá como un barullo. Detrás del oficiante, están las otras sillitas de plástico ocupadas por tres individuos de guayabera, uno de los cuales en el rincón, sostiene el báculo junto al lector con sotana brincacharcos que le llega casi a la rodilla. 
La concurrencia, formada por jóvenes de ambos sexos, sentados en las sillas del auditorio, que no permiten obviamente arrodillarse en el momento de la "consagración", pero permiten ampliamente el cuchicheo y las agarradas de mano y otras cosas a los que dicen que son novios, es una masa amorfa que podemos apostar han asistido como acostumbran asistir a sus clases, es decir, en chancletas y con pantalones cortos propicios para las miradas lascivas.
Esta es la prostitución y la miseria moral que se extiende sin palabras. Que arroja a los fieles a una degradación feroz y la pérdida de la fe. Porque como ya he dicho, el Modernismo arrancó al pueblo las realidades sobrenaturales, pero las actitudes y las formas debían ser un vehículo para que influyendo en el espíritu, también arrancaran la fe que acaso se conservara en el pueblo, aun habiendo las cosas invisibles.
Por lo tanto, esta "misa", está evidentemente en la línea marcada por el congreso de Benedicto XVI y de Juan Pablo II.
Quien destruye su casa y la despoja de sus adornos, de sus bellos muebles, de sus detalles artísticos, o el funcionario público que se arranca sus distintivos y las ropas que son símbolos de su distinción y autoridad, evidentemente este es un individuo desequilibrado, loco, o se trata de una persona llena de odio. Y sabemos muy bien que estos jerarcas católicos no están desequilibrados, sino que respiran un odio satánico a la Iglesia. Es el influjo de Satanás que como un vaho maligno, ruin y pernicioso han respirado y se les ha metido a las células del cerebro y por todas las venas.
Mos. José F. Urbina A.
LA APOSTASIA El desprecio y la indiferencia...

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