viernes, 8 de junio de 2012

San Vicente Ferrer en la vida del papa Calixto III


Ya advertí arriba que, puesto que este libro particularmente se ha sacado a luz para que se sepa la vida del glorioso San Vicente, y sabiéndola se mueva el lector a imitarla en lo que fuere razón, con eso no me he quitado la libertad de hacer algunas digresiones en cosas tocantes a nuestra nación, siempre que la verdad y la materia, me acompañaren. 
Digo esto porque pretendo poner sumariamente en este capítulo la vida del papa Calixto III, que tan devoto fue de nuestro padre San Vicente y le canonizó con tanta afición; presuponiendo primero que todo lo que aquí se dijere se saca de San Antonino, que fue muy privado suyo, o del papa Pío II, a quien Calixto dió el capelo, y parte de ello será de Baptista Platina y Onofrio Panvinio, fraile de San Agustín y famoso historiador, y parte también del Archivo mayor de Valencia y de otras memorias. 
Este pontífice fue valenciano y nació en la ciudad de Játiva, o por decir mejor, en Canals, que es de su jurisdicción. Llamábase su padre Juan Borja, y su madre Francisca, y él se decía Alfonso de Borja; del cual, siendo de pocos años, profetizó San Vicente que había de ser papa y le había de canonizar a él, como ya tengo dicho arriba. Vino después a ser canónigo de Lérida y de Barcelona y rector de la parroquia de San Nicolás, aquí en Valencia, y después de la muerte de Hugo Lupián de Bages, le sucedió en el obispado de Valencia, por mandato del papa Martino V, en el año de 1429. Otras muchas veces fue electo en obispo de algunas iglesias, como dice San Antonino, pero jamás quiso aceptar estas elecciones, porque todos dicen que nunca fue obispo actualmente sino de Valencia. En tiempo del papa Eugenio IV fue buen medianero de paz entre el mesmo papa y el rey don Alfonso V de Aragón y I de Nápoles; y dió tan buena cuenta de si, que el papa le quiso dar luego un capelo, el cual él no quiso tomar, por no dar que decir al rey, cuyos negocios tenia a su cargo. Mas, concluida la paz, le aceptó, y fue cardenal de los Santos Cuatro Coronados. Quisiéronle algunos pontífices levantar a otros obispados mayores, y él no lo permitió, diciendo que no quería mudar esposa. Finalmente, muerto el papa Nicolao V, sucesor de Eugenio, fue electo don Alfonso de Borja en sumo pontífice en el año de 1455, a 8 del mes de abril, y aceptando su elección, se llamó Calixto lll. Luego hizo voto público (que secretamente días había que le tenía hecho) de perseguir con todas sus fuerzas el imperio de los otomanos o turcos, que tan pujantes estaban con la presa de Constantinopla, la cual había acaecido en el año de 1453. 
Entendida que fue por el mundo la voluntad del pontífice, fue grande la alegría de todos, y así la comunidad de Florencia envió unos solemnes embajadores a darle el parabién de su elección, y entre ellos fue el más principal San Antonino, su arzobispo, varón muy docto y santo y grande amigo del recién electo. Hizo este santo una oración mostrando el gran placer que había tomado en saber su elección, y rogándole muy de veras que quisiese hacer guerra al gran turco Mahometes II.
Fue cosa de maravilla que, haciendo el arzobispo esta oración, pareció a todos como un ángel, y así el papa se confirmó en su propósito y envió por todo el mundo predicadores que exhortasen a las gentes para esta empresa tan santa. Hizo dos cardenales valencianos, sobrinos suyos, hijos de dos hermanas suyas. El uno se llamaba don Juan Luis Milán, de quien procede la casa de los muy ilustres condes de Albaida; el otro fué don Rodrigo, de quien luego diremos lo que hiciere al caso. 
En el primer año de su pontificado, canonizó Calixto a San Vicente Ferrer. En el segundo, publicó grandes indulgencias para los que quisiesen ir a la guerra o dar cinco escudos de oro para los gastos de ella. Ordenó también, para alcanzar el favor de Dios, que se hiciesen muchas oraciones y procesiones por todo el mundo. Al fin, tanto calor puso en esto que el dia de Santa Magdalena el ejército de la Iglesia alcanzó una señalada victoria del gran turco en Belgrado, donde resplandeció mucho el ánimo del valiente capitán Juan Huniades y el celo del religioso padre Juan Capistrano, fraile menor; para que no se perdiese la memoria de esta victoria y juntamente se hiciesen a Dios gracias por la merced que a su pueblo había hecho, instituyó Calixto la fiesta de la Transfiguración del Señor, a 6 de agosto, y concedió en ella a los fieles las mesmas indulgencias que Urbano IV concedió a la solemnidad del Santísimo Sacramento, cuando la instituyó a instancias de Santo Tomás de Aquino. 
Hizo otros siete cardenales, de manera que por todos fueron nueve, y dos de ellos vinieron a ser papas. El uno fué Eneas Silvio, llamado Pío II, y el otro don Rodrigo de Borja, el cual le sucedió en el obispado de Valencia, y en su tiempo se hizo esta silla arzobispado. Después de lo cual, en el año de 1492 fué electo en sumo pontífice y se llamó Alejandro VI, y es el fundador de la ilustrísima casa de los duques de Gandía. En el año de 1457 alcanzó Calixto otra victoria de los turcos en Rodas, con la buena diligencia de su legado y camarlengo el cardenal don Luis Scarampo, patriarca de Aquileya. En el mesmo año canonizó otro santo, llamado San Osimundo, obispo inglés. 
A la postre, murió en Roma en el año 1458, a los primeros días del mes de agosto, y halláronle en un escritorio, bajo de donde dormía, ciento cincuenta mil florines que tenía guardados para proseguir la guerra de los turcos. Fue un buen pontífice, y cuya memoria será siempre en bendición. San Antonino, en la oración que hizo delante de él, después de aprobadas grandemente sus letras y sabiduría y virtud, le dice lo que se sigue: "Vos, padre santo, sois el grande sacerdote y sumo pontífice, sois príncipe de los obispos y heredero de los apóstoles. Sois Abel en el primado de la Iglesia, Noé en la gobernación, Abrahán en el patriarcado, en la Orden, Melchisedeq, en dignidad Aarón, en autoridad Moisés, en la judicatura Samuel, en el celo Elias, en la mansedumbre David, en poder Pedro, y Cristo en la unción; verdaderamente, señor, que sois admirable y que vuestra cara está llena de gracias". Hasta aquí son palabras de San Antonino, aunque él, por humildad, solamente dice que un embajador de Florencia hizo la oración; pero es cierto que es él mismo.
Sin esto, el papa Pío II, en su Europa, en el capítulo de la Italia, entre otras alabanzas del Calixto, dice que tuvo espíritu de profecía y en especial que profetizó la victoria sobredicha, antes que sucediese. Otra virtud de este pontífice refiere el papa Clemente VII en la bula que dió en testimonio de la canonización de San Antonino, hecha por Adriano VI; dice que haciendo San Antonino tan grandes limosnas que a veces quedaba desgastado y no le bastaban las rentas de su arzobispado para los pobres, Calixto le dió el dinero necesario para proseguir su buena obra. Muchas otras cosas pudiera decir de este bienaventurado papa, pero al presente bastarán estas, y vengamos ya a tratar de la canonización de San Vicente.

Fray Justiniano Antist
VIDA DE SAN VICENTE FERRER

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