sábado, 2 de febrero de 2013

ULTIMA OFRENDA.

Cuando mi alma fue Cándida y pura 
Como son de tu altar los blancos cirios, 
Simbolicé mi amor en frescos lirios,
Y te ofrecí con ellos, mi ternura...

Después, enferma el alma de locura, 
Corrí en pos de quiméricos delirios... 
Y en vez de goces encontré martirios, 
Y te ofrecí mi llanto y mi amargura.

Hoy que ya nada tengo, ni cantares, 
Ni amor, ni flores, m dolor, m llanto, 
Vengo a poner, Señora, en íus altares, 
Como postrera ofrenda y mudo canto, 
  corazón que casi no palpita, 
Para que tú le digas: " ¡Resucita!"

 Mons. Vicente M. Camacho

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