martes, 5 de marzo de 2013

Comulgad bien (2)

LAS MUECAS DE SATANAS
Discípulo.—Aún no acabo de convencerme de que haya fieles que procedan de esta manera.
Maestro.—Pues es muy posible. El demonio para quien la Comunión mal hecha es de sumo agrado, se ingenia para inducir a sus servidores a que comulguen sacrilegamente.
D.—¿También el demonio se mete en ésto?
M.—¡Ya lo creo, y de qué manera! Se mete particularmente por tres razones:
     El demonio siente un odio terrible contra Jesucristo, y como sabe que la Comunión es la satisfacción más grande que se le da, busca por todos los medios la manera de convertirle este placer en la mayor de las amarguras.
     2° El demonio odia terriblemente los Sacramentos, y sabiendo que la Comunión es el más augusto de ellos, busca por todos los medios la manera de hacerla despreciar y pisotear, comulgando mal.
     3° El sabe que los cristianos, cuando comulgan, provocan la envidia de los mismos ángeles, y procura por todos los medios envenenar a estas almas y envilecerlas, mediante la Comunión sacrilega.
D.— Entonces, ¿el demonio ríe cuando se comulga sacrilegamente?
M.- Sí, el demonio ríe y celebra gran fiesta, porque ve a Jesús lacerado, y traicionada su sangre por nuevos Judas que, con la Comunión, repiten el beso de la traición. Por esto se llama a la Comunión sacrilega muecas de Satanás.
D.—Horrible cosa, por cierto... Por mi parte, jamás quiero que Satanás se ría con una Comunión mal hecha. ¡Antes morir!
M.—¡Oh, sí, antes la muerte, como hicieron tantos millones de mártires, que prefirieron dejarse matar antes que sacrificar a los ídolos y renegar de su fe.
* * * 
     En la última guerra de España, los rojos enemigos declarados de Dios y de la religión, sorprendieron a un muchacho de once años, llamado José, cuando llevaba la Comunión a los enfermos; le detuvieron, le arrebataron de las manos la copita de plata que encerraba las hostias consagradas, y, abriéndolas, le dijeron:
     —¡Vaya, tú eres amigo de curas...! Escupe sobre esto y di: ¡Muera Jesucristo!
     El niño, temblando de miedo, pero firme en su convencimiento cristiano, respondió:  
     —¡Jamás! Antes, por el contrario, yo diré siempre: ¡Viva Jesucristo! Y, adorando respetuosamente las Sagradas Formas, las besó con la más santa efusión de su amor.
—¡Borrico! —gritaron los rojos; y de una puñalada le atravesaron la garganta.
     El pequeño mártir, bañado en sangre, que a borbotones manaba de la herida, quedó postrado en tierra y, en este estado, hizo grandes esfuerzos para besar desde allí la Sagrada Hostia, y murió. Había distribuido en pocos meses más de mil quinientas Comuniones.

D.—Muerte envidiable, por cierto, ¡qué feliz me sentiría si pudiera yo hacer otro tanto!
     Y ahora, dígame, Padre: Si el demonio se afana en inducir a los cristianos a que comulguen sacrilegamente, es prueba de que estas Comuniones ocasionan un gran mal.
M.—Un mal enorme, el mayor de todos los males; por esto también se llama t
raición de Judas a la comunion sacrílega.
Pbro. Luis José Chiaverino
COMULGAD BIEN

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