viernes, 7 de febrero de 2014

Devoción a la Santísima Pasión POR LAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

     MIRADME, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en vuestra santísima presencia; os ruego con el mayor fervor imprimáis en mi corazón los sentimientos de fe, esperanza y caridad, dolor de mis pecados y propósito de jamás ofenderos, mientras que yo, con todo el amor y con toda la compasión de que soy capaz, voy considerando vuestras cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de Vos, ¡oh mi Dios!, el santo profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos."

OTRA
     ¡OH santísima cruz! ¡Oh inocente y piadoso Cordero! ¡Oh pena grave y cruel! ¡Oh pobreza de Cristo mi Redentor! ¡Oh llagas muy lastimadas! ¡Oh Corazón traspasado! ¡Oh Sangre de Cristo derramada! ¡Oh muerte de Cristo amarga! ¡Oh dignidad de Dios, digna de ser reverenciada! Ampáranos, Señor, para alcanzar la vida eterna. Amén.

Oraciones de San Gregorio
PRIMERA 
     ¡Oh Señor mío Jesucristo, que por redimirme fuiste crucificado y de espinas coronado! Yo te adoro, y suplico que tu cruz me defienda del enemigo malo. 
     Padrenuestro y Avemaria.
SEGUNDA 
     ¡Oh Señor mío Jesucristo, que por redimirme pasaste tantos tormentos y bebiste hiel y vinagre! Yo te adoro, y suplico que esos tormentos sean remedio de mi alma. 
     Padrenuestro y Avemaria.
TERCERA
     ¡Oh Señor mío Jesucristo! Por aquella amargura que por mis pecados sufristeis en la cruz, principalmente en la hora en que tu noble Alma se separó de tu sagrado Cuerpo, te suplico tengas misericordia de mi alma cuando de este mundo parta.
     Padrenuestro y Avemaria.
CUARTA
     ¡Oh Señor mío Jesucristo, que por redimirme fue tu sagrado Cuerpo ungido con mirra, embalsamado y puesto en el sepulcro! Yo te adoro, y suplico que tu muerte sea mi vida.
     Padrenuestro y Avemaria.
QUINTA
     ¡Oh Señor mío Jesucristo, que descendiste al Purgatorio y al Limbo, y sacaste a los que allí estaban cautivos! Yo te adoro, y suplico no consientas que mi alma sea cautiva en el infierno.
     Padrenuestro y Avemaria.
SEXTA
     ¡Oh Señor mío Jesucristo, que con tu poder resucitaste y subiste a los cielos, donde estás sentado a la diestra del Padre! Ruégote tengas misericordia de mí.
     Padrenuestro y Avemaria.
SÉPTIMA
     ¡Oh Señor mío Jesucristo, buen Pastor! Defiende a los justos, alumbra a los pecadores, ten misericordia de los fieles difuntos, y sé manso para mí, que soy gran pecador.
     Padrenuestro y Avemaria.
OCTAVA
     ¡Oh Señor mío Jesucristo, que vendrás a juzgarnos para llevar a los justos a la gloria, coronarlos en ella, y apartar los malos al infierno! Yo te adoro, y suplico que tu Pasión me libre de toda pena, y me lleve a la vida eterna.
     Padrenuestro y Avemaria.
NOVENA
     ¡Oh amantísimo Padre! Yo te ofrezco la inocente muerte de tu Hijo y el amor de su divino Corazón por las penas que yo, el mayor de los pecadores, merezco por mis culpas; te ofrezco asimismo su Pasión y cordial amor por todos mis parientes y amigos, enemigos y encomendados; ten piedad de ellos.
     Padrenuestro y Avemaria.

OFRECIMIENTO
     ESTAS oraciones las ofrezco a los méritos de la Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, a quien suplico las reciba en descuento de mis culpas; y de lo que gane, es mi voluntad que Dios nuestro Señor elija lo que le pareciere ser bastante para sacar del Purgatorio el alma que fuere más de mi obligación y gloria suya y de la Santísima Virgen María, a quien suplico sea mi abogada con su Divina Majestad. Amén.

ORACION 
     ¡O SEÑOR mío Jesucristo, Padre dulcísimo! Por el gozo que tuvo tu querida Madre cuando te le apareciste la noche de tu Resurrección, y por el gozo que tuvo cuando te vió lleno de gloria y majestad, te pido me alumbres con los dones del Espíritu Santo, para que pueda cumplir tu voluntad todos los días de mi vida, pues vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

OTRA
     VUELVE, ¡oh dulce Jesús!, desde tu excelso trono tus ojos de clemencia hacia el seno profundo de la cárcel del Purgatorio!, esposas tuyas son las que allí están purificándose; están marcadas con el sello de la Trinidad; son precio de tu Sangre, son tierno objeto de tu amor. Un fuego terrible las acrisola; uno privación temporal de la vista de, tu hermosura las aflige sobremanera; suspiran con ansia por el feliz momento en que han de ir a unirse contigo; que se apresure, pues, este instante tan dichoso; que salgan pronto a gozar de su Esposo amado; que tu Sangre preciosa las lleve al refrigerio; que tu grande misericordia las conduzca al descanso; que en la perpetua paz brille sobre ellas la eterna luz. Así, Señor, te lo pedimos por aquella amarga hora en que entregaste tu santo espíritu en manos de tu Eterno Padre. Amén.

     SEÑOR Dios, que nos dejaste las señales de tu Pasión santísima en la sábana santa, en la cual fue envuelto tu cuerpo santísimo cuando por José fuiste bajado de la cruz: concédenos, ¡oh piadosísimo Señor!, que por tu muerte y sepultura santa, y por los dolores y angustias de tu Santísima Madre María, Señora nuestra, sean llevadas las almas del Purgatorio a la gloria de tu Resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Rev. J. M. Lelen, Ph.D.
EL DEVOTO DEL PURGATORIO

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