jueves, 6 de febrero de 2014

Eudoxianos, Eunomianos, Eunomio-Eupsiquianos, Eunucos, Euquitas, Eusebianos

EUDOXIANOS
     Secta de arrianos, cuyo jefe era Eudoxio, Patriarca de Antioquía, y después de Constantinopla, donde sostuvo con todo su poder esa herejía durante el reinado de Constancio y de Valentel Los eudoxianos decían, como los accianos y los eunomianos, que el Hijo de Dios había sido creado de la nada, y que tenia una voluntad distinta que la de su Padre.

EUNOMIANOS
     Rama de los arrianos, cuyo jefe era Eunomio, obispo de Cizico, consagrado hacia el año 360, y depuesto de su silla por sus errores. Los arrianos trataron de colocarle en la de Samosata; pero fue restablecido en su obispado por el emperador Valente. Después de la muerte de este emperador, Eunomio fue desterrado de nuevo, y murió en Capadocia.
     Sostenía que conocía a Dios tan perfectamente, como Dios se conoce a sí mismo; que el Hijo de Dios no era verdaderamente Dios, ni se había unido a la humanidad, sino por su virtud y operaciones; que la fe sola basta para salvarnos, a pesar de los mayores crímenes, y aun en la impenitencia. Rebautizaba a todos los que habían sido bautizados en nombre de la Santísima Trinidad, refutaba la triple inmersión del bautismo, el culto de los mártires y el honor tributado a las reliquias de los santos. Los eunomianos fueron llamados también trogloditas.

EUNOMIO-EUPSIQUIANOS
     Rama de los eunomianos, que se separaron de sus compañeros en cuanto al conocimiento o ciencia de Jesucristo. Decían que ese divino Salvador conocía el día y la hora del Juicio Final: verdad que los eunomianos no querían admitir (Sozomeno, lib. 7 c. 17, da al jefe de estos herejes el nombre de Eutíques y no el de Eusiquio).

EUNUCOS
     Herejes malhechores, que no solo se castraban a si mismos, y a los que abrazaban sus errores, sino también a todos los que caían en sus manos.

EUQUITAS
     Antiguos herejes, llamados así del griego oración, porque sostenían que solo la oración bastaba para salvarse. Abusaban de las palabras de San Pablo en la primera Epístola a los Tesalonicenses, v, 17: Orad sin cesar. Construían en las plazas públicas oratorios, que ellos llamaban adoratorios, y rechazaban como inútiles los sacramentos del bautismo, del orden y del matrimonio.
     Estos sectarios fueron también llamados masalianos, de una palabra siríaca que significa euquítas y entusiastas, a causa de sus visiones y locas imaginaciones. Fueron condenados en el Concilio de Efeso, en 431.
     San Cirilo de Alejandría, en una de sus cartas, reprende vivamente a ciertos monjes de Egipto que, bajo el pretexto de orar continuamente, tenían una vida ociosa y descuidaban el trabajo. Aun en el día estiman mucho los orientales a estos hombres contemplativos, y frecuentemente los elevan a los empleos mas importantes.

EUSEBIANOS
     Uno de los nombres que se dieron a los arrianos con motivo de Eusebio de Nicomedia, uno de los principales jefes. Este obispo, contra la prohibición expresa de los sagrados cánones, paso sucesivamente de la silla episcopal de Beryto a la de Nicomedia, y después a la de Constantinopla; estuvo unido siempre con Arrio en amistad y opiniones, y no faltan motivos para pensar que Arrio era más bien discípulo que maestro de Eusebio. Así este no omitió nada para justificar a Arrio, para restituirle a la comunión de los demás obispos, y para hacer que se adoptase su doctrina, tomando resueltamente su defensa en el Concilio de Nicea. Obligado a suscribir a la condenación de esta herejía por miedo a que le depusiesen, no quedó por eso después menos adicto a ella, declarándose tan altamente protector de los arrianos, que Constantino lo desterró a las Galias, e hizo poner otro obispo en su lugar; pero tres años después le volvió a llama del destierro restableciendole en su silla, y le devolvió su confianza.
     Tuvo bastantae credito para influir en que se recibiese a Arrio en la comunión de la Iglesia en un Concilio de Jerusalen: fue perseguidor de San Atanasio y de todos los obispos ortodoxos; conservó su ascendiente sobre Constantino, quien recibió el bautismo de sus manos en sus últimos momentos. En el imperio de Constancio, que también se dejo seducir por los arrianos, llego Eusebio a ser más poderoso, y halló medio de introducirse en la silla de Constantinopla, haciendo deponer en un conciliabulo al santo varon Pablo, su legitimo poseedor. Finalmente, después de haber intrigado en muchos concilios, y haber compuesto tres o cuatro confesiones de fe, tan capciosas unas como otras, murió dejando para siempre su memoria en execración a toda la Iglesia.

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