domingo, 23 de enero de 2011

LA MUJER DE PANTALÓN

Tiene contra sí el buen gusto, que la ve ridicula; la Estética, que deplora su estrafalaria figura, sin lindeza ni hermosura; el parecer de los buenos, que echan menos su modestia, su gracia y delicadeza femenina; el beneplácito de Dios, que de plano la maldice.
"La mujer no se vista de hombre, por ser abominable delante de Dios quien tal hace" (Deuteronomio XXII, 5).
"Son evidentes los desórdenes que nacen de tales disfraces, y alude a los abominables pecados que solían cometer los pueblos paganos" (Biblia Petisco - Torres Amat).
"La diferencia entre un sexo y otro tiene su fundamento en la creación divina y no ha de violarse por ningún motivo, como, por ejemplo, en el trueque simulado de sexos en las religiones paganas" (B. de Oxford).
Desmentir el propio sexo, debajo de otro traje y figura, además de la Escritura, condénanlo, entre otros, Clemente Alejandrino, Salviano, Filón judío y Séneca pagano: "nonne videntur contra naturam vivere qui commutateum féminis vestem?"; ¿no os parece que viven a retropelo (1) al de su naturaleza quienes truecan con las mujeres su vestido? Dígase lo mismo de las mujeres de pantalón, especialmente de las que con pretina tan ceñida y apretada dejan transparentarse los contornos y formas de su cuerpo y andan como derramando y ofreciendo en mercado sus carnes. Si son abominables, a los ojos de Dios, los afeminados, igualmente lo son los marimachos o mujeres hombrunas.
(1) A redopelo: a contrapelo.
Condenó Dios por cosa reprobable
Que la mujer vistiera pantalones,
O de mujer vistieran los varones,
Por ser el que tal hace abominable.

¡Qué espectáculo más desagradable
Que una dama bragada y en calzones,
Ostentando procaz sobre tacones
Su impudicia y cinismo imperdonable!

Dios, que echó a latigazos simples machos,
¿Toleraría en su templo marimachos,
Vil estiércol, rameras y borrachos?

¿Qué es ya de otrora la mujer piadosa.
Que dejó ya de ser la casta esposa,
La doncella modesta y pudorosa?

Antiguamente "más colorada se volvía una mujer de ver un hombre, que ahora de ver un ejército; y es de advertir que entonces no había otro color que el de la vergüenza y el blanco de la inocencia. Parecían de otra especie; porque eran muy calladas, no andariegas, sí honestas y hacendosas..." (Baltasar Gracián).

POR LA DIGNIFICACIÓN DE LA MUJER CRISTIANA A EJEMPLO DE MARÍA

Fray José de la Inmaculada
ROMA
N° 118, Pascua 1991

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