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viernes, 6 de mayo de 2011

El Deber

     Y ahora, hijo mío, tú sabes cuál es el camino que debes seguir, cuál es el ideal hacia el que debes tender, cuál es la meta que debes alcanzar. ¡Adelante! Lánzate, haz tu deber.
     Esta gran palabra no tiene sentido para el ateo, y es lo que pretende, pues no hay más que un Ser supremo que puede exigir de nuestra libertad la obediencia a sus leyes.
     Tú, hijo mío, crees en Dios y sabes lo que El reclama de tu voluntad; crees, pues, en el deber y eres impelido por tu conciencia a cumplirlo.
     Pero no te basta creer bien; estás obligado a obrar bien. Son los actos los que hacen el mérito y la fecundidad de la vida.
     El deber para ti es someter tu querer al querer de la razón y de Dios; pues es todo uno, y la razón y Dios deben ser para ti la soberana ley y la regla invariable.
     El deber para ti es elevarte al ideal, practicando las virtudes humanas que la naturaleza te manda y las virtudes sobrenaturales que la religión te impone; el deber para ti es ser hombre de bien y cristiano: dos cosas que se ligan más íntimamente de lo que se cree, porque el hombre de bien no está lejos de ser un cristiano, y un verdadero cristiano es siempre un hombre de bien.
     El deber para ti, finalmente, es cumplir enérgica y fielmente tu papel social, y ser bondadoso y útil a tus semejantes por el amor de Dios.
     Tú lo sabes desde ahora, hijo mío, el deber exige sacrificios, pues los bajos instintos reniegan, protestan contra su ley, y no se puede cumplirlo totalmente sin ser en cierto modo mi héroe. No vaciles, sin embargo, aunque te cueste mucho el cumplirlo. Sufrir por el deber, es sufrir por Dios, y sufrir por Dios, es merecer el cielo.
     El deber debe estar en primera línea y dominar tu conducta sin reservas y por encima de todo. Te es preciso incrustar esta idea en el centro de tu voluntad, como el fundamento único y eterno de tu vida. "El Deber en todo, en todas partes y siempre": tal debe ser tu divisa.
     Nos parece duro, es cierto; pero es porque molesta nuestra inclinación al placer: no queremos hacer más que aquello que halaga la naturaleza. No escuches la voz interesada de la bajeza humana.
     Estima tu deber, ama tu deber; así te resultará fácil. Los que arrastran lánguidamente la cadena, son aquellos que la llevan con repugnancia. Los que tienen la pasión del deber, allí encuentran la alegría. "Allí donde el amor trabaja, dice la "Imitación", el trabajo no pesa, o si el trabajo pesa, allí se ama el peso".
     Apégate, tanto a las más pequeñas obligaciones como a las más grandes; aquel que se permite débiles infracciones a la regla, se permitirá las más graves, y llegará a traicionar su deber.
     En fin, marcha por el buen camino y consérvate en el sendero de los justos, como lo dice la Escritura para esto sé cristiano.
     Fuera de los cristianos, muy pocos entre tos hombres de nuestro tiempo conocen los austeros sacrificios de la virtud. Sé cristiano, es decir, discípulo e imitador de Jesucristo, y serás el hombre perfecto.
     Coge ímpetu, arranque, sube los peldaños de la escala infinita que vio Jacob en su sueño; el hombre está abajo, Dios está arriba; sube sin detenerte, de virtud en virtud, hasta el pináculo sublime!
     Hacerse hombre, vivir como cristiano, ser católico, llegar a ser santo, asemejarse más y más a Jesucristo, viviente ideal del alma: tal es tu programa, hijo mío. No hay filosofía más hermosa que pueda proponerte.

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