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sábado, 7 de mayo de 2011

SEDE VACANTE XI

CAPITULO VIII (A)
¿POR QUE SE CASAN LOS SACERDOTES?
Ya que nos hemos metido, en tan escabrosos temas, cuya responsabilidad, indiscutiblemente recae no tan sólo en los infelices clérigos, que dejan el altar para gozar, como ya dije en otra ocación, los deleites morbosos y sacrilegos del tálamo, sino también y de modo principal en los jerarcas y en el mismo pontífice, que, con su liberalidad, ha facilitado a tal grado el matrimonio de los sacerdotes, que ahora no hay problema para que los padres y las monjas, en una metamorfosis instantánea, cuelguen los hábitos, para aparecer después como ordinarios esposos, que se besan, que se abrazan y que duermen juntos, sin preocuparse para nada de los votos que han sido ya abolidos (al menos para ellos) ni de su sacerdocio, que en nada se opone a que ahora queden reducidos al estado secular. ¡Como si el poder papal pudiese borrar el carácter sagrado del que fue ungido por Dios y para siempre: "Tu es sacerdos in aeternum", tú eres, nos dijeron el día de nuestra ordena ción, sacerdote eternamente, en el cíelo o en el infierno. Que el sacerdote, como humano, caiga en el pecado, nada tiene de extraño; lo grave, lo increíble es que se legalice su caída, para que oficialmente, públicamente, el sacerdote viva como cualquier seglar, no sólo sin ofensa, sino con bendición de Dios. ¡Esto es increíble, inaudito; y, mientras no se remedie este escándalo, seguirán las deserciones de curas, y frailes, y de monjas, despoblándose los claustros y quedándose sin sacerdotes las parroquias.
Hay un caso reciente y doloroso, que es público en todo el país, ya que el Monseñor, el párroco de una población importante de la diócesis de Zacatecas, quiso hacerlo público en muy bien impresos folletos, que hizo circular por todas partes, con un comentario aprobatorio y encomiástico del Sr. obispo Rovalo Azcue. Merece conocerse, por lo que enseña:

EL POR QUE DEL FOLLETO
1.—Una persona, que yo aprecio muchísimo por su sensatez, cordura y decisión para enfrentarse a la vida, al conocer lo que vas a leer en este folleto, me dio este parecer: ¡Explícale todo eso a los fieles! Que el hombre de la calle sepa los problemas del sacerdote y su solución correcta, aun cuando por ignorancia o por malicia, se llegue a juicios erróneos o torpes. Si no procedes así, sucederá lo que es frecuente constatar; se da la noticia con criterio amarillista y morboso; todo el mundo se desorienta; sobre todo, la gente sencilla se queda desconcertada y sin saber qué pensar".
2.—¿Por qué no nos orientan habiéndonos claro y discutiendo en público esos problemas? Vivimos tiempos nuevos y estamos acostumbrados a ver que se ventilan públicamente hasta los asuntos más delicados, en otro tiempo intocables. En los Estados Unidos, por ejemplo, es casi ilimitado el derecho a recibir información. Allí tienes sobre el tapete todo lo de Vietnam, sin reserva alguna, así les arda la cara y redunde en desprestigio de los Estados Unidos. Y eso precisamente es lo que hace reaccionar a este pueblo con objetividad, contra la política exterior del gobierno.
3.-"Por otra parte, es éste un eficaz camino para llegar a una auténtica opinión púlica, a la que se le ofrecen cauces normales para expresarse con plena libertad. Si tal cosa nos parece aceptable y ventajosa, nos preguntamos entonces: ¿Por qué la Iglesia tiene todavía el secretismo, que tanto daño le está haciendo? ¿por qué no discuten públicamente esos temas tan candentes?"
4.—"¿Por qué no hacerlo así en este caso tuyo, que tendrá tanta repercusión? Si no se conoce todo el problema, su alcance, su historia, etc., los cristianos no reportaremos grandes bienes; si no se conoce todo eso, sucederá lo que hasta ahora: conturbación entre los buenos, 'escándalo' entre los malos y nada bueno para el pueblo fiel".
5.—"Mira, yo lo comprendí todo, después de haber leído tu despedida, la carta a los Sres. Obispos y la misiva a los sacerdotes de Zacatecas, que se completan y hacen un todo armónico. Dudo que no se convenza de tu verdad quien lea eso desapasionadamente y reflexione con serenidad acerca de las ¡deas que allí expones".
6.—Yo no suscribo todas las aplicaciones que de su escrito hizo sobre Estados Unidos a lo largo de nuestra conversación; pero sí estoy convencido de que esa exigencia a estar informados con sincera veracidad es un 'signo de los tiempos': todos lo pedimos como un verdadero derecho y eso va haciendo caer barreras y poco a poco se va abriendo paso la ¡dea de verlo reconocido por todos los gobiernos del mundo".
7.—Reconocimiento de este derecho fue el estruendoso triunfo que la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos otorgó al New York Times contra el Pentágono y el Presidente Nixon, en el juicio entablado por éstos contra aquél, al determinar que el periódico tenía la obligación de informar al público y que, por lo mismo, podía publicar la documentación secreta sobre Vietnam".
8—Y yo digo: exigimos eso a los gobiernos de todo el mundo; la misma Jerarquía lo exige y con razones muy poderosas. ¿Por qué, pues, tratándose de la Iglesia, todo se vuelve secreto y no se practica lo que se exige de los gobiernos civiles?
9.—"En el Concilio se empezó a hablar con una libertad, que entonces maravilló a los invitados de otras religiones. La autocrítica fue despiadada y sincera. Y trajo un gran bien a la Iglesia. Desgraciadamente ha habido tropiezos que han frenado esa apertura; pero hay signos inequívocos e inesperados de que la semilla ha germinado. Para mí tiene este valor la técnica seguida en España, al celebrarse Conferencias Diocesanas y luego una Nacional para preparar la participación en el Tercer Sínodo de Obispos. En esas Conferencias se habló con libertad y se informó con amplitud".
10.—Ahora bien, precisamente, porque estoy convencido de que todos, católicos y no católicos, tienen verdadero derecho a ser informados; y porque sé que la verdad nos hará libres y hará mucho y muy grande bien, doy a la publicidad la documentación que leerás en este pobre y sencillo folleto.
11 .—Con toda verdad doy el testimonio de que procedo así estando seguro de que es adversa al respecto la opinión de mi señor obispo. Quienes saben la reverencia y el cariño que le profeso, calcularán hasta dónde llega esta convicción íntima, que me ha obligado a causarle esa honda pena.
12.—En estas páginas verás todo el alcance que tiene, a mi leal saber y entender, el matrimonio de los sacerdotes, tema que ha sido tratado desde puntos de vista errados y de un modo tal que desorienta y perturba la conciencia de los buenos. Nunca, que yo sepa, se ha enfoca do hacia lo positivo y luminoso, antes bien se han torcido, por una u otra razón, el ángulo verdadero que tiene y ni de lejos se ha tratado la trascendental revelación que estalló, durante el Vaticano II, cuando el P. Congar lanzó estas ideas como sugerencias.
13.—Se dice que el inmortal Pontífice (Pio XII), al recibir la petición de varios sacerdotes, que alegaban lo de San Pablo: "Es mejor que el hombre se case y no se queme", escribió con grandísima indignación, al pie de aquel documento: "Urantur" " ¡Qué se quemen"!
14.—No creo que sea histórica la anécdota en hombre tan equilibrado; pero sí ha servido para llevar por ese cauce el problema del celibato sacerdotal la dispensa, simple tabla de salvación para quienes no pudieron observar el voto".
15.—Este humilde folletito quiere orientar a los buenos, a la gente sencilla de nuestro pueblo, que desgraciadamente ignora la verdad, y es la que más se desconcierta con este aspecto negativo, falso de toda falsedad, hasta nauseabundo, con que se ha presentado hasta hoy el matrimonio de los sacerdotes. Si con mis grandes sufrimientos se logra siquiera que se plantee el problema como es debido, los daré por muy bien empleados. Pongo mi testimonio en manos de la Virgencita, para que Ella saque todo el bien que tan ardiente y sinceramente deseo.

He aquí un prólogo verdaderamente revelador, que ante la conciencia católica y sacerdotal nos está diciendo la desorientación profunda y perniciosa que la llamada libertad de testimonio, inaugurada en el Vaticano II, ha causado en los sacerdotes y en los fieles. La caída de un sacerdote —hecho humano y desgraciadamente posible— en la Iglesia de Dios, se ha guardado siempre con reserva, no por hipocresía, ni por encubrimiento, sino por la obligación que existe, en conciencia, en primer lugar de evitar todo el daño, hasta donde sea posible, del mal, que en los fieles y aún en los mismos sacerdotes, puede hacer ese hecho que, por doloroso que sea, no deja de tener una malicia y una gravedad incalculable, y, en segundo lugar, para no contribuir con la difamación a aumentar la desgracia del infeliz sacerdote, que se resolvió a romper definitivamente con sus más sagrados compromisos con Dios y con la Iglesia.
Esa apertura del Concilio, de la que habla Mons. o, mejor dicho, el exmonseñor, porque el ser monseñor, es un título honorífico, que no imprime carácter, como el sacerdocio; esa apertura, digo, de hablar y comentar y exagerar y deformar las cosas más delicadas, que no sólo la prudencia, sino la conciencia misma obligan a guardar en secreto, no es ningún progreso; más bien es una de las características más inquietantes del Concilio Pastoral de Juan XXIII y Paulo VI. El servirse de los medios de comunicación, el querer poner amplificadores para llevar al último rincón del mundo no la verdad evangélica, no el mensaje de Cristo, sino las ideologías revolucionarias e inconformes de los que se sienten capaces de enmendarle la plana al mismo Cristo y a las enseñanzas seculares del Magisterio, no es un progreso, no es una orientación, sino un escándalo, en el riguroso sentido que esta palabra tiene en la moral católica y en la moral misma de la ley natural.
Lo más escandaloso del paso dado por Antonio Quintanar, al decidir casarse con una ex-monja y al hacer esa participación a sus feligreses, a toda su diócesis y a todo el país es, a no dudarlo, un verdadero "signo de los tiempos" agitados y turbulentos, empeñados en hacer una nueva "REFORMA" en la Iglesia de Dios. Así pensó Lutero; así han pensado todos los heresiarcas, todos los cismáticos y todos los reformadores. ¡Lo que impresiona, hasta hacernos temblar es la circular secreta del Obispo Rovalo Azcue, en la que conmueve nuestra conciencia católica, al alabar la sinceridad, al darnos su implícita aprobación del documento del Párroco de Tlaltenango, en el que anuncia su próxima boda de "aggiornamento", de "apostolado y pastoral moderna". El ex obispo de Zacatecas da todo su respaldo moral a este infiel sacerdote, a quien presenta casi como un santo, como un hombre de una gran madurez y espiritualidad!
Aunque interesante, por su sintomático análisis, no voy a reproducir todo el documento, sino seleccionaré las partes principales, que tiene, para darnos cuenta de la apología que hace este clérigo de la misma infidelidad a su sacerdocio, como una nueva forma del apostolado y de la pastoral de los tiempos futuros. Antonio Quintanar se nos presenta como un visionario que se adelanta a su tiempo y que anticipa el sacerdocio del mañana.

CARTA DE ANTONIO QUINTANAR A SUS ANTIGUOS FELIGRESES
"Ustedes, mis queridos 'tlaltenanguitos', son como alma de mi propia alma, por el cariño que nos ha unido durante casi medio siglo: yo he sido para ustedes la forja, el amigo, el papá y la mamá; los amo con todo el volcán de amor que es mi corazón, y ustedes me quieren como sólo Dios lo sabe. Asi que para ustedes son estas confidencias en momentos decisivos para mí, porque ustedes tienen derecho a conocer todo el esfuerzo que tuve que hacer para tomar la trascendental decisión que estoy por llevar a cabo. Esto formó, al principio, una espantosa tortura íntima y hoy, en plana calma, es para mi un camino doloroso, pero lleno de paz.
"Yo sé que muchos, no ustedes que me conocieron a fondo, juzgarán como tragedia lo que yo llamaria epopeya, si no fuera demasiada vanidad. Lo juzgo asi por el ideal que a ello me movió y porque hube de vencer obstáculos enormes para tomarla; yo sopesé todas las dificultades con que tropezaria al comenzar, después de los sesenta años, una vida que se empieza normalmente, pasados los veinte años. Y sé que iré sin el bagaje que se necesita para emprender ese camino: vencí, entre otros, el fantasma de la pobreza y de las dificultades de una vida, para la que no estoy preparado.
"Sólo mi Padre Dios puede comprender lo que me ha hecho sufrir el miedo, casi pavor, al 'escándalo'. Las manifestaciones de respeto, veneración y cariño para mí han sido extraordinarias por parte de ustedes. Pues bien, he temblado empavorecido no más de pensar: 'Todo esto se convertirá en desprecio y todos se van a sentir decepcionados de mi'. Van a decir: ¿Cómo íbamos a imaginarnos semejante cosa en el padre Quintanar? Y era tan viva en mí la imaginación de estas y otras ideas torturantes, que temblaba y sufna hasta lo indecible. Sobre todo, pasaban frente a mi los rostros de muchisimos de ustedes a quienes debo favores especiales y para quienes guardo un cariño inmenso... ¿Cómo sufrí no más de pensar que me iba a separar de ellos para siempre? Pero lo que más me dolía era el ver que se iban a sentir desilusionados, quizás hasta engañados por mí, ya que tal vez me juzgarían como un hipócrita. Lo único que me ayudó en esos pavorosos momentos fue esto: ofrecí a ia Virgencita ese mi Calvario para que se apresure el momento en que la Iglesia de Dios retorne a los primeros años y tenga sacerdotes lo mismo casados que célibes".
"Ruego al cielo que oriente a todos ustedes para que alcancen a comprender todo lo bueno que hay en esta resolución mía. Yo les aseguro ante Dios que nos va a juzgar que para mí hubiera sido más fácil el continuar ejerciendo como hasta ahora, si me hubiera guiado únicamente por ese enorme miedo, ese pavor ante el espectro del 'escándalo".
"Créanmelo, no sentí enojo con ustedes, porque así pensaran y obraran: me parece hasta lo más natural el que ustedes unan el celibato con el sacerdocio. Dieciséis siglos de educación en ese sentido han impreso una marca indeleble en el Pueblo de Dios".
"Fue aquella elección tan plena de alegría (la de mi sacerdocio), que aún la recuerdo con efusiones de gozo, que todavía perduran. ¡Qué sabrosos recuerdos me arranca 'el paso adelante' que di al recibir el subdiaconado, 'con el que hacía mi voto de castidad', como tantas veces les he explicado! Y doy gracias a la Morenita (la Virgen de Guadalupe) porque Ella me ayudó a cumplir fidelísimamente aquel voto que hice con toda la resolución del alma".
"Mi Padre Dios sabe que no miento. Y yo juzgo ante el Señor que me ha de juzgar, que jamás violé ese voto sacratísimo y grande sobre toda ponderación. Todavía más desde niño guarde la castidad. Ni siquiera me atrevo a destacar lo especial de la gracia recibida del Señor por mediación de la Virgencita, en mi niñez y juventud, por no desvirtuar en lo más mínimo la obra de mi buen Padre Dios".
"Ustedes saben cómo me entregué, en cuerpo y alma, a servirlos en todo lo que podía. La mayor y mejor parte de mi vida se queda entre ustedes. Y debo agradecerles, que, así como yo me entregué como su padre, su pastor y su amigo, así ustedes me dieron las grandes consolaciones de mi vida sacerdotal como hijos buenos y sumisos, ardientes colaboradores y grandes amigos. Yo pienso, y aquí quiero dirigirme especialmente a los varones casados, que mucho influyó en esa absoluta entrega de ustedes a que sabían cuan respetuoso era yo con sus esposas y sus hijas. Por eso quiero ahora decirlo ante mi Padre Dios y ante los hombres, que nunca los defraudé en eso. No es, pues, la cuestión sexual lo que me movió y estoy seguro de si, tomada esta decisión, quisiera yo seguir viviendo en celibato, lo podría hacer, con la gracia de Dios, en las mismas condiciones que hasta hoy".
"Nuestro Señor Jesucristo trajo a la tierra el celibato como un gran carisma, que siempre tendrá su Iglesia; pero no lo impuso a sus Apóstoles. Todavía más, los escogió casados en su inmensa mayoría y, como primer Papa, a San Pedro, de quien expresamente dice el Evangelio que era casado. San Pablo dice que "no tiene precepto del Señor acerca de la Virginidad"; pero la aconseja como el mejor medio de entregarse totalmente al apostolado y pide que tratándose de un obispo, en caso de ser casado, lo fuera una sola vez. Así que, al principio no se exigió, ni para los obispos, el vivir como célibes".
"Poco a poco se fue imponiendo en la práctica el consejo de San Pablo y, en la Iglesia Occidental, se hizo ley desde hace 16 siglos; con el rigor de hoy, hace 800 años. Siempre ha habido dispensas; pero no se les daba la publicidad que hoy suele darse, ya que ciertas publicaciones hacen fuente de escandalera el matrimonio de los sacerdotes y lo presentan como si se tratara de perversión sacerdotal; algunos tratan el hecho con mofa cruel e insensata".
"El cine trata con insistencia el tema y, aunque empezó a hacerlo desaconsejadamente, comienza ya a orientarse —al menos en parte -por los legítimos senderos. Igual cosa sucede con el periodismo: publicaciones tan senas como INFORMACIONES CATÓLICAS INTERNACIONALES' tocan el tema con madurez notable y, aquí en México, el periodismo más sensato y serio hace otro tanto".
"El gran moralista alemán. Padre Bernard Haring, maestro en el Alfonsiano, que es la única facultad de Roma, que confiere el Doctorado en moral, dice: 'Es urgentísimo, por ejemplo, ordenar sacerdotes casados en América Latina... Tomen el problema celibato, del que habla todo el mundo. El cárdenal Marty hizo bien en hablar de él en el contexto de la misión del sacerdote, porque no es un problema aislado... LA LEY DEL CÉLIBATO ES LA QUE PUEDE DESAPARECER, SEGÚN LAS SITUACIONES LOCALES, CUANDO EL CELIBATO IMPUESTO COMO LEY CONTRADICE EL TESTIMONIO PARA EL REINO, COMO SUCEDE EN AMERICA LATINA, ENTONCES LA LEY ES MALA Y DEBE CAMBIARSE".
"Mons. Parrilla Bonilla, jesuita. Obispo Titular de Ucres, en Puerto Rico, declaró: 'El celibato no es un dogma, ni una regla universal en la Iglesia... se trata de una disciplina que puede cambiar y que NUMEROSOS SACERDOTES CREEN EN CONCIENCIA QUE HAY QUE CAMBIARLA EN TODO EL MUNDO... DESDE PUNTO DE VISTA PASTORAL, HAY NUMEROSAS RAZONES EN FAVOR DE UN CLERO CASADO EN CIERTAS CIRCUNSTANCIAS". (I.C.I. N° 348, pág. 32. nov. 1969).

El padre Antonio Quintanar apoya su nueva ideología, su evolutiva vocación, no sólo en los "consejos" que recibiera de hombres eminentes, como su venerado Prelado, el ex-obispo de Zacatecas, Rovato Azcue, que, por su extraordinaria ciencia y experiencia tuvo que dimitir, dejar su obispado, tal vez no tan sólo para rectificar su ciencia teológica y sus inexperiencias en el gobierno de la diócesis, sino también para publicarlas en la concienzuda lectura de "publicaciones serias", como "INFORMACIONES CATÓLICAS INTERNACIONALES", el "aparato" informativo, montado por la judería internacional como una trinchera de avanzada, que pulveriza, durante estos tiempos de "evolución eclesial", la Iglesia Católica, echando por tierra y desacreditando todas las legítimas defensas de la Iglesia tradicional y difundiendo, por todo el mundo católico, especialmente el mundo clerical, las ideas más revolucionarias y anticatólicas, que los emboscados enemigos, como francotiradores, lanzan constantemente contra toda la doctrina inmutable de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del Magisterio auténtico e infalible de la Iglesia de veinte siglos. No nos extraña, pues, el leer los desvarios teológicos, ascéticos, morales y disciplinares de que está plagado el escrito de Antonio Quintanar, con el que quiere justificar su traición al sacerdocio y sus bodas otoñales, ya que él es un monseñor bastante viejo, para andar jugando con cosas tan sagradas.
"Por lo que acabo de decirles verán que el celibato es una ley de la Iglesia, no de Nuestro Señor Jesucristo. Es como la ley que teníamos antes para comulgar: estar en ayunas desde la media noche. Así como la Iglesia cambió ya esa ley y ahora podemos comulgar una hora después de haber comido, igual cosa puede suceder con el celibato: que haya sacerdotes célibes y casados".
"Pues bien, así como ahora 'ya nadie siente feo' porque comulga después de una hora de haber comido, llegará el día en que veamos a "sacerdotes célibes y casados con la misma naturalidad, con que lo vieron los fieles de los primeros cuatro siglos del cristianismo". Y, cuando la Santa Madre Iglesia ponga en los altares a un sacerdote casado, estará todo el mundo en plena tranquilidad y se reirán entonces del 'escándalo' que hoy nos produce este hecho".
"Ustedes, como campesinos que son, en su inmensa mayoría, comprenden cómo San Isidro Labrador y su esposa Santa María de la Cabeza fueron grandes santos y, por lo mismo, están en los altares. Y eran casados. Entenderán, pues, que si un labrador, siendo casado, pudo ascender a los altares, ¿por qué no lo podrá un sacerdote? "
"Quizá diga alguien: 'Es que el que quiere pasar del celibato al matrimonio, puso la mano en el arado y volvió atrás', como dice Nuestro Señor Jesucristo. Eso sería pensar conforme a un concepto de vocación ya superado. Según las actuales corrientes, un cambio de rumbo es natural y podrá haber sacerdotes que, ya desde su ordenación, determinen que se consagrarán al ministerio por algún tiempo: veinte años, quince, etc."
"De la misma manera, nada hay que se oponga a que, en el diálogo constante del sacerdote con Dios, éste le pida una realización tal que, de acuerdo con las exigencias de los tiempos, haya una nueva entrega para servicio del prójimo, dentro del matrimonio, la que bien pudiera ser más ardua y exigir mayores sacrificios, como me pasa a mí ahora".
"Pero, debo decirles la verdad completa, porque es peor decir una verdad a medias, que lanzar un error. Como suele decirse: 'El que quiera saber lo que es una verdad a medias, que empiece el Credo por Poncio Pilatos . En efecto, resultaría que Poncio Pilatos fue crucificado, muerto y sepultado... Por esto debo decirles mi verdad toda entera, completísima. Si no fuera por esto que les voy a decir, no habría tenido fuerzas para enfrentarme a este problema tan trascendental, ni hubiera podido afrontar el pavor al escándalo de que hablé antes"
"Lo razón fundamental que me ha empujado es mi amor a la Iglesia: yo estoy plenamente convencido de que los sacerdotes casados están parte de la solución a los gravísimos problemas que presentará a la Iglesia un mundo superindustrializado y que, si casos como éste mío se multiplicaran, precipitarían el momento de un cambio en la estructura, forjada hace dieciséis siglos, es decir, decidirá a la Santa Madre Iglesia a tener las dos clases de sacerdocio.
Pero, yo no sería plenamente sincero, si nos les dijera que en mi determinación han influido dos elementos: uno humano, muy personal otro, el bien de la Iglesia del que hablé antes. El elemento humano a que quiero referirme es el de que la felicidad, que he gozado en el ejercicio de mi sacerdocio podré seguir disfrutándola plenamente en el matrimonio. Sin este elemento, el de ser feliz, no hubiera iniciado mi camino por esta determinación; pero a la vez no lo hubiera podido proseguir si no viera en ella algo que beneficiará a la Iglesia. Pero quede bien claro que este elemento, el bien de la Iglesia, fue el que definitivamente me impulsó a tomar esta determinación, costárame lo que pudiera costarme".
"Cuando el Lic. Adolfo López Mateos fue a Tlaltenango en su gira como candidato a la presidencia, pronuncié un discurso en el que expresaba mi convicción de que era necedad el que los mexicanos anduviéramos divididos por cuestiones políticas del siglo pasado. Le dije: 'Cuando usted ya no escuche el alegre repicar de nuestras campanas, recuerde que deja acá un pueblo donde no hay izquierdas ni derechas, sino mexicanos, que, unidos, luchan por el progreso de su patria"...
¡Muy bien, exclamó él, con lágrimas en los ojos! "Se desató entonces en mi contra el escándalo más duro. Se me llamó Lutero, Calvino, traidor, etc. Mi obispo me escribió cartas sumamente enérgicas, condenándome. Pero llegó Juan el Bueno que convocó a la unión a todos los hombres de buena voluntad, recibiendo a los jefes comunistas etc. Y yo bendecía a Dios, que aceptara mi escándalo de antaño y mis penas que fueron tan acerbas, para el triunfo del bien y de su Iglesia. Quiera El concederme ahora una cosa parecida: que acepte mis martirios por el escándalo de hoy, y dé a su Iglesia muy pronto el doble sacerdocio, que será parte de su triunfo".
"Alguien dirá con sorna: 'Y ¿para eso era necesario que se casara el padre Quintanar?' Tratemos de ver esto con serenidad. Quien está convencido de la necesidad de este doble sacerdocio, necesita estar resuelto a enfrentarse a las mayorías con hechos, cargando así las consecuencias dolorosísimas de su convicción. Y cuando se está seguro de que Dios lo quiere, la gracia del Señor ayudará a superar todas las dificultades. Un gran teólogo me dijo: 'La Iglesia cambiará; pero si se repiten casos como el suyo, cambiará más pronto' Otro eminente psicólogo y dirigente de pastoral me dijo: 'Lo suyo es una verdadera vocación... rara, extraña y hasta extraordinaria... el dedo de Dios está allí... sus mismos detractores de hoy dirán algún día: 'se adelanto a su tiempo".
"Yo pensé: Cuando se publique mi decisión, algunos dirán: 'De él era de quien menos esperábamos semejante barbaridad'. Pero llegará la calma y la verdad se impondrá como siempre".
"Caminante, no hay camino: el camino se hace al andar. Este cantar de tan profundo sentido heroico es una dura realidad para los pioneros de esta revolución. Lo hemos dejado todo para emprender un camino que se hace al andar, un verdadero Calvario a causa de la incomprensión, el desprecio... iy hasta la compasión! de los nuestros. Al andar este nuevo camino, nuestras pisadas dejarán huellas de sangre, que unida a la del Verbo Encarnado harán un sendero de luz; porque así ha sido siempre: el que quiere romper moldes, debe crucificarse... También Jesús hizo su camino al andar".
"Todos ustedes saben que siempre he vivido pobre: todo lo destinaba a la Parroquia o al Colegio. Mis compañeros se dieron perfecta cuenta de que yo viví siempre a base de lo que ustedes me daban, porque no alcanzaba lo recaudado para solventar los gastos de la Parroquia. Todo lo dedicaba a los gastos de la Parroquia o del Colegio".
"Hoy, pues, deberé enfrentarme a la vida, con mucha confianza en la Providencia; pues los ahorros que me propuse hacer en los últimos meses son exiguos. Pero eso no me arredra: estoy dispuesto a todo, con la gracia de Dios, porque pienso que sigo el destino que me trazó el espíritu (sic)".
"Siempre se ha tratado este asunto como de una defección más. Los de más amplio criterio lo juzgan una rectificación. Pues bien, yo estoy palpando una cosa más alta, la estoy saboreando en estos momentos: la continuación de mis relaciones filiales con Dios, pues todo lo que en el momento presente consagro a planear y preparar mi matrimonio, de ninguna manera me ha apartado de la unión con Dios. En comprobación les hago esta confidencia. Todos ustedes saben el cariño que siempre he tenido a la Santísima Virgen. Pues bien, desde hace tiempo me ha llevado Ella como de la mano hacia un intimo gozo del Misterio Pascual: me llena el alma el ver cómo el Verbo de Dios se hizo hombre y me hace miembro suyo. Y precisamente por eso soy yo verdadero hijo de la Virgencita. Y siento hondamente el amor del Verbo al Divino Padre y a nosotros los hombres".
"Cuando celebraba la Santa Misa, muchas veces no podia continuar sino en medio de dulcísimas lágrimas a causa del gozo espiritual que experimentaba al palpar el Misterio del Amor en la Eucaristía... Mi resolución de contraer el santo matrimonio no me quitó nada de esto, antes bien la convicción íntima de que El me llamaba hacia una vocación rara, extraordinaria y llena de martirios, al mismo tiempo que se manifestaba soberanamente humano conmigo, me hacía estallar en gratitud al Señor a cada momento".
"Opino, por lo mismo, que si algún día la Santa Madre Iglesia deja de poner el celibato como necesariamente unido al sacerdocio, los sacerdotes casados podrán ser tan santos o más que los que observan el celibato, ya que la santidad, en último término, no es prerrogativa de un grupo determinado o de un género de vida, sino que depende de la correspondencia a la gracia de Dios".

El P. Quintanar se iba a casar con una monja, la Superiora del Colegio; era obligado, que en esta carta, justificación de su extravío, dijese algo de sus relaciones con las monjas:

"Todos ustedes me son testigos del afecto sincero con que traté a las Madrecitas. ¿Por qué pude hacerlo así? Pienso que se debió a que, si con la mujer en general fui respetuoso, con ellas lo fui de una manera especialísima". "Quiero que lo sepan ahora las tlaltenanguenses que están en el convento. Las seguiré queriendo como ángeles, como hermanas según la carne, como hijas predilectas. Sepan que sigo en la fe de todo lo que les predicaba: tengo en altísimo aprecio su virginidad, carisma sublime que el Verbo Encarnado trajo a la tierra y que siempre tendrá el pueblo de Dios".
"Eso mismo siento para mis 'peloncitos' del Colegio, que son sacerdotes o misioneros, así como los que se preparan en el seminario: serán para mí algo sacratísimo. Quiero decirles algo, que, en estos momentos, me brota de lo más íntimo del alma: ¡Nunca — ipero nunca! — traicionen al Señor con una doble vida! ; sean siempre dignos ministros de Dios por la castidad. Mi experiencia, tanto personal como ajena, me convenció de que la observancia del voto no solamente es posible, sino que llega a ser relativamente fácil, si se observan las reglas que marca la ascética cristiana".
"Al principio hablo de lo tremendo que fue la lucha; pero créanme que lo que digo no es sino una pálida imagen de lo recio que fue la batalla que hube de librar: de verdad que experimenté angustias de muerte; pero las superé, gracias a Dios, porque de veras vi la moción del Espíritu. Desde el momento en que me convencí de ello, una paz muy honda me quedó en el fondo de mi alma, aunque las más horrendas tempestades me azotaran con el espectro del escándalo, etc. Sé que muchos se reirán al leer lo anterior; pero yo digo mi verdad con plenísima sinceridad". ..
"Sólo Dios y su bendita Madre saben cómo me arranco de en medio de ustedes con las desgarraduras de una alma hecha girones, porque mi cariño para todos ustedes es sin medida. Y sé que jamás nos volveremos a ver; pero si algún día nos encontramos, los recibiré con el cariño de siempre y con mi frente muy en alto, porque no hice nada indigno, sino que seguí con muy auténtica lealtad el llamado de mi Padre Dios". "Les reconozco el derecho para juzgar con plena libertad los razonamientos que he expuesto: acéptenlos, rechácenlos; les reconozco, repito, ese derecho. Pero a nadie -ni a ustedes, mis 'tlaltenanguitos', ni a los que no me han tratado— le concedo el derecho de calificarme como mentiroso; no a ustedes, porque los largos años que he pasado a su lado han sido -gracias a la Virgencita que así me lo ha alcanzado de Dios— un constante testimonio de mi proceder abiertamente leal; no a los que no me conocen, precisamente por eso, porque no me conocen. Con pleno derecho, pues, puedo exigir que se respete mi verdad, aunque de ella se disienta".
"Quizá se fijaron que en los últimos meses que estuve entre ustedes daba yo la bendición de la Misa recalcando las últimas palabras, que no están ya en el ritual: La bendición de Dios Todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes Y PERMANEZCA PARA SIEMPRE". Como yo sabía que iba a dejar de ejercer el sagrado ministerio, al decir esas palabras, quise expresar un deseo inmenso de que mis últimas bendiciones les alcanzaran PARA SIEMPRE. Mi despedida, pues, los deja colmados de bendiciones por mis manos sacerdotales y con la intención de que alcancen a los hijos de sus hijos, hasta la tercera y cuarta generación. . . iy para siempre!
Pbro. Antonio Quintanar

¿Qué pensar, después de haber leido esa carta pastoral de un sacerdote, párroco monseñor, que, por una "nueva, rara y sacrilega vocación" deja el altar, se quita los hábitos y se une jubilosa, extáticamente, en postconciliares nupcias, con una ex-monja, a la que él, en su carácter de confesor y párroco, tuvo que tratar frecuentemente e insinuarse prudentemente, para hacerle sentir el hado del "espíritu" (así con minúscula), el mismo "espíritu maligno" que inspira a Sergio VII sus novedosas y continuas reformas, en Cuernavaca y en la Iglesia universal? El padre Quintanar —sigue siendo padre, a pesar de haber colgado los hábitos— ha pasado un doloroso calvario, antes de decidirse a seguir esa nueva vocación, cuyo fin, así lo dice él mismo, es hacer triunfar en la Iglesia la idea luminosa del celibato opcional, que establezca canónicamente el doble sacerdocio, que tanto urge: el sacerdocio de casados, que será el de primera, porque es el más humano, el más adaptado a las exigencias del mundo moderno; y el sacerdocio de segunda, el de los anormales, que, aspirando al altar, no quieran besos, ni quieran asociar a su ministerio las ternuras de una mujer, casi sacerdotisa, que comparta el ministerio de tratar bien a su apostólico marido llevándole la chismografía de la parroquia.
Quitándole toda la apariencia de espiritualidad de pueblo ignorante, con que encubre su designio el monseñor de Tlaltenango, su carta sentimental no tiene cuerpo de doctrina, carece de verdad, es un nuevo agravante a su defección, que quiere hacer prosélitos y que será, sin duda, ocasión de escándalo no sólo para los sacerdotes jóvenes, ya indoctrinados en los seminarios postconciliares, sino para los mismos fieles, que piensen en católico y no se dejen engañar por esa nueva ideología, que dice renovar los tiempos apostólicos, pero lo que pretende es destruir la verdadera Iglesia. Esta es una auténtica demolición de la Iglesia, de la que tanto se lamentaba el Papa Montini; este es uno de esos abismos que estamos cavando, en vez de rellenarlos.
No pretendo hacer leña del árbol caído. Conozco a Antonio Quintanar de tiempo ha, sé que hay otros puntos discutidos o discutibles en su vida, pero estoy seguro de que, en esta ocasión, ha sido víctima de los malos consejos que le dieron, incluso algunos obispos. La campaña de Méndez Arceo, el funesto obispo de Cuernavaca, buscando firmas de obispos y sacerdotes, para justificar sus pretensiones del celibato opcional y, de paso, sus deslices personales, no ha sido estéril; y el ejemplo de los numerosos jesuítas que se han casado no ha dejado tampoco, de producir sus abundantes frutos. ¡Si los jesuítas lo hacen, por algo será!
Y de esta caótica, vergonzosa y tristísima situación en la Iglesia; de esta sangría constante de sacerdotes y monjas que abandonan su verdadera vocación, a partir del Vaticano II, ¿quién tiene la mayor responsabilidad? ¿Quiénes son los que discutieron y permitieron discutir tema tan delicado y tan tentador a las Conferencias Episcopales, a los obispos, a los religiosos, a los curas y simples sacerdotes? Son las jerarquías de la Iglesia, en una actitud de tolerancia o de abierta actividad; es Paulo VI, que, después de su Encíclica sobre el "Celibato Sacerdotal", en la que parecía que definitivamente cerraba la puerta de la Iglesia con su autoridad suprema al celibato opcional, ha seguido facilitando las "dispensas" a esos pobres sacerdotes, que, tentados por la concupiscencia de la carne, se dejaron arrastrar por el enemigo para legalizar sus relaciones carnales con sus pobres víctimas. Es Paulo VI, que en el último Sínodo volvió a permitir se discutiese este tema candente del celibato eclesiástico. La respuesta fina de los Padres Sinodales fue: "Por ahora, no; más adelante ¿quién sabe?"
Seamos lógicos: se quejan de la escasez de sacerdotes, por un lado; y, por el otro, facilitan; casi invitan a los sacerdotes fieles a que se reduzcan al estado laical. Dada la fragilidad humana; dado el estado de naturaleza caída que por el pecado original tenemos, fácil es suponer que, al paso que vamos, tendremos que aceptar el clero casado, con mujer e hijos, o nos quedaremos sin sacerdotes. Porque los sacerdotes que no están de acuerdo; los que se quejan; los que escriben contra estos sacrilegos desacatos, están expuestos a "excomuniones de Su Eminencia" o de los que siguen los ejemplos de su Eminencia y tienen un canciller tan decidido como Reynoso Cervantes.
El "aggiornamento", el "ecumenismo", el "diálogo", todas esas novedades conciliares han servido eficacísimamente a esa sangría de sacerdotes casados, que crece de día en día. La autodemolición es eficacísima. Y, mientras tanto, el Papa Montini llora; pero estas lágrimas no convencen a Cicerón! ! Y, en último término, la Iglesia de Cristo, la verdadera Iglesia por el Hijo de Dios fundada, terminará por convertirse en una de tantas "sectas" protestantes, unida al Concilio Mundial de las Iglesias, según ellos quisieran.

ESTA LABOR DESTRUCTIVA DEL SACERDOCIO EMPIEZA YA EN LOS ORGANISMOS DE LA JUVENTUD
Voy a reproducir aquí el cuestionario de un "curso de humanidad", que en los organismos católicos se han hecho recientemente, cuyas preguntas están diciendo a dónde van los nuevos educadores:
El número 2: "El amor nos libera" El sexo, ¿un ídolo? Del egoísmo al amor. La libertad nace del amor. —¿Qué pienso o qué sé de ese tabú llamado 'sexo'? Para reflexionar en equipo: ¿Los muchos amores son indicio de un verdadero amor? ¿El amor se cuenta por cantidad, como los niños cuentan sus bolitas o los aficionados sus sellos de correo? ¿El que obra de esta forma aprende realmente a amar? ¿Por qué? ¿Cómo relacionas el hecho de que hoy haya en el mundo tanta falta de amor, justamente con una profusión incalculable de amoríos? En este caso ¿ese determinado modo de actuar de nuestra generación es para nosotros un ejemplo? ¿Los que no han aprendido a amar, pueden enseñarnos a amar? ¿Qué dosis de amor propio, de vanidad, hay en estos falsos amores? ¿El amor propio y la vanidad son el camino para encontrar el verdadero amor? ¿Cuál es el camino justo para llegar a él? ¿Qué consecuencias prácticas acarrean estos falsos amores? Estos son los temas del "diálogo" constructivo entre muchachos y muchachas. Viene ahora el trabajo escrito: En mi carpeta escribiré el resultado de estas reflexiones:
¿Qué alcance y qué desventajas encuentro en ese negocio llamado trata de blancas? ¿"Qué opino o cuál es mi reacción frente a aquellos que hacen del cuerpo un instrumento de compra venta? ¿Considero que para demostrar la fortaleza física es necesario utilizar el exhibicionismo o las relaciones sexuales? . . .
Hasta aquí, como ejemplo, la nueva pedagogía de los colegios católicos, de las organizaciones juveniles, que se dicen católicas, pero que, en realidad, son centros en los que peligra con la fe, la moral de los jóvenes de ambos sexos. Y todo esto, lo saben o lo deben saber nuestros venerables prelados; y, como el mal es universal y se ha extendido, como lepra, por todos los países, tenemos que hacernos esta pregunta: ¿Por qué el Papa, por qué las Congregaciones de la Curia no reprimen esa creciente y sistemática corrupción de la juventud? Antiguamente, las instrucciones de Roma en este punto de la así llamada "Educación Sexual", el parto de las parteras, como la llamó el ahora Licenciado Armando Chávez Camacho, en una Conferencia que tuvo en Puebla de los Angeles, ya que la idea de impartir esa educación colectiva sobre tema tan delicado, había nacido en un congreso de parteras, celebrado en esta capital, eran instrucciones severas y rigurosas, que desaconsejaban el tratar en público, y más con minuciosidades indebidas, temas tan escabrosos. ¿Podemos esperar que las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa se multipliquen, cuando en las escuelas católicas, en las organizaciones católicas, se habla hoy con tanta vulgaridad y ligereza de asuntos tan peligrosos? No se puede jugar con fuego; no se puede poner en peligro el pudor, la decencia, la castidad preciosa de los niños y de los jóvenes.

LA NUEVA MISA, PUNTO CENTRAL DE LA CONTROVERSIA ENTRE CATÓLICOS
Y ACUSACIÓN PRINCIPAL CONTRA EL PAPA MONTINI

Me permito transcribir ahora la traducción que de la Revista "ITINERAIRES" (feb. 1971) hizo el R.P. Hervé Le Lay de un libro de Luis Salleron sobre la NUEVA MISA, otro punto crucial de la crisis sacerdotal, impuesta por el Papa Montini, a pesar de las millones de quejas que de toda la Iglesia han llegado a Roma, contra esa destrucción fundamental de nuestra fe católica:
"Nosotros no asistimos ni al resurgir de una Misa nueva, ni al final de una Misa anticuada. Asistimos al eclipse de una Misa eterna". Todos callan y callan sobre algo que es esencial para todo católico: a saber, la Santa Misa. Idiotizados o maquiavélicos, hablan de cualquier cosa: ya sea por inconsciencia o conscientemente. El mayor cambio que jamás se haya introducido en la religión católica, sea que se lo apruebe o se lo desapruebe, sobre tal acontecimiento extraordinario. Salieron es el primero y único que hasta el presente (en Francia) ha escrito un libro.
Anormalidad máxima.
"Los que han querido la nueva Misa, los que la han fabricado, los que la han impuesto, los que la han adoptado brevemente, todos los que entusiastas o resignados son partidarios- ¿por qué callan ahora? Están silenciosos como si consideraran vana toda tentativa de justificación, como si tuvieran vergüenza.
"Se debería suponer que tienen una gran cantidad de razones sólidas y apremiantes. Para inventar, para imponer, para aceptar un cambio tan formidable, se necesitan motivos muy grandes e imperiosos. ¿Por qué esos motivos permanecen ocultos? El Papa Paulo VI ha mencionado algunos, en rápida alusión, en dos breves alocuciones; pasó completamente en silencio el motivo "ecuménico" del que será difícil admitir que no haya jugado un papel muy importante; después no volvió a hablar más de ellos, como si la transformación de la Misa católica hubiera sido un episodio completamente pasajero y secundario, un pormenor casi anecdótico, mucho menos importante, en todo caso, que los problemas temporales y mundanos, humanistas y democráticos, a los cuales, por otra parte, él suele consagrar tantas palabras, gestos, esfuerzos... Ese silencio del Papa, ese desinterés aparente, esos visos de distracción o de indiferencia son por cierto una anormalidad en alto grado. Pablo VI habla casi todos los días y toca todos los asuntos, pero nada de la reforma de la Misa. Si reflexionamos, esta actitud anormal del pontifica justifica por lo menos nuestra inquietud.
"Los otros, los productores y partidarios de la nueva Misa han imitado el silencio del Papa. Parece como si la reforma de la Misa fuera un asunto demasiado secreto en su verdadera naturaleza, en sus razones profundas, en sus reales motivos, para que sus productores pudiesen aceptar un debate público, por vía de argumentación y de respuestas a las objeciones. Se esperaba de ellos que demostrarían que la nueva Misa de Paulo VI es superior a la antigua Misa católica; que ellos expondrían con pruebas en su apoyo, que la antigua Misa de la Iglesia era insuficiente, superflua o anticuada, que demostrarían teológicamente que las "nuevas preces eucarísticas" con todo derecho podrían reemplazar el Canon romano. Pero nada; carencia total. ¿Y no es este motivo suficiente de sospecha?
"Los promotores de la Misa reformada si por alguna oscura razón no querían tomar la iniciativa de un debate público, por lo menos deberían aceptarlo y responder a las objeciones que se les propusieran.
"En el verano de 1969, el Courrier de Rome, por iniciativa y bajo la responsabilidad del P. Raimundo Dulac, fue el primero en refutar la misa reformada.
"En el año de 1969, los Cardenales Ottaviani y Bacci presentaron a Paulo VI el "Breve Examen Crítico", escrito por los mejores teólogos, canonistas y párrocos de Roma.
"Poco después, la "Declaración" del P. Calmel, O.P., breve, densa, definitiva.
"Por último la declaración del M.L. P. Guérard des Lauriers; en la que públicamente reivindica la responsabilidad personal de haber sido uno de los principales teólogos (sin duda debe decirse el principal) que había trabajado en el "Breve Examen Crítico".
Estas explicaciones doctrinales nadie las ha refutado. Y ahora aparece en escena Luis Salleron. Nadie, como él, ha puesto tan clara la subversión de la Liturgia bajo su doble aspecto de su naturaleza intrínseca y de sus consecuencias universales.
La verdadera situación.
Luis Salleron, al comienzo de su obra, ("La Nueva Misa"), recuerda cuál es la situación legal. El Decreto Romano más reciente sobre la Nueva Misa, es el del 26 de marzo de 1970, que figura a la cabeza de la nueva edición (reformada) del Missale Romanum. De tal Decreto resulta de manera irrefutable que de aquí en adelante, tenemos:
1) La Misa tradicional, llamada de San Pío V, que es la Misa normal, en latín.
2) La nueva Misa, que está permitido decir en latín.
3) La nueva misa, que podrá decirse en lengua vulgar tan pronto como la Conferencia Episcopal haya fijado la fecha de entrar en vigor, después que la traducción haya sido debidamente apiobada por la Santa Sede.
"Los católicos de buena voluntad habrán advertido que, en la práctica, se está haciendo todo lo contrario de lo que el Decreto dice. Ya no puede decirse que la nueva misa está sólo permitida, sino, al contrario, por un verdadero abuso de autoridad ha sido impuesta, aun en fecha anterior al Decreto. Abuso de autoridad perpetrado y unlversalizado por la 'Jerarquía paralela', establecida en la Iglesia, aprobada tácita o explícitamente por la Jerarquía legítima.
"En cambio, la Misa, legalmente normal, que es la Misa de San Pío V celebrada en latín, está de hecho casi prohibida por una odiosa tiranía.
"Podrá decirse, si se quiere, que es agradable, oportuno, moderno que todo esto suceda así. Pero si se pretende que todo esto se hace por obediencia, se falta por completo a la verdad.
"Por cierto, que es verdadera desobediencia a las leyes de la Iglesia, que la jerarquia actual, que también está moralmente sometida a las mismas, prohiba la Misa católica legal y normal e imponga como obligatoria una nueva Misa, que solamente está permitida por la legislación en vigor.
La fuerza principal del libro de Salleron.
"La fuerza principal del libro está en su nitidez absoluta sobre lo esencial. El pensamiento de Salleron es firme, sin vacilaciones. La nueva misa es mala, es detestable, es dañosa. Es la desintegración de la religión católica. ¿En qué momento se aparta del culto católico para entrar en el 'vudú'? Dios sólo lo sabe. Pero ciertamente se está más cerca de la magia que de la misa. (p. 173).
"Que el art. 7 (y muchos otros) de la Institutio Genéralis haya sido rectificado, en nada cambia el nuevo rito. "El Breve Examen Critico presentado a Paulo VI por los Cardenales Ottaviani y Bacci, no sólo va contra la 'Institutio Generalis', sino contra el mismo 'Nuevo Ordo Missae' como tal.
"La intención de los redactores de la nueva misa está claramente expresada en la 'Institutio Generalis', que no es sino la exposición de los motivos del 'Ordo Missae'. Querían ellos hacer una misa ecuménica, aceptable para los protestantes y dieron de la Misa una definición que coincidía con la de la cena luterana. La definición de la Misa ha sido posteriormente modificada, pero el texto mismo de la Misa ha quedado tal cual.
"Dice Salleron: 'Esto no es el 'Novus Ordo Missae', que remplaza al antiguo, esto es una misa completamente nueva, variada hasta lo infinito, que sustituye la Misa en un devenir sin límites. Y el P. Camel, O.P. añade: 'En realidad, este 'Ordo Missae' no existe, lo que existe es una revolución litúrgica universal y permanente'.
La nueva Misa es para una nueva fe.
Un verdadero debate sobre las reformas de LA MISA los obligaría a declarar sus ocultas intenciones que, ya de alguna manera dejaron entrever en la Institutio Generalis. "Todo eso, se dirá, no impide que la nueva misa haya sido adoptada en todas partes..." "y los fieles la han recibido muy bien" Responde Salleron: "Exacto -pasando por alto cierto malestar general que va creciendo en todas partes— pero, nuestra observación no concierne a la aceptación o al rechazo de la nueva Misa, sino que se refiere al hecho de que la misa es aceptada como una novedad y que, en consecuencia, tiende a fomentar una nueva fe, que no es la fe tradicional, la fe católica".
"La estadística de la aceptación o rechazo de la nueva Misa es sin duda, importante para medir las dimensiones de la catástrofe. La misa nueva es la historia del nuevo catecismo, y el nuevo catecismo es el de otra religión".
"Aun cuando el mundo entero, por cualquier razón, hubiese aceptado la nueva misa, eso en nada atenuaría el hecho de que esa nueva misa está tendenciosamente orientada hacia una nueva fe, que, por ser nueva precisamente, ya no es la fe católica. Una fe con adelantos 'evolutivos' está en armonía con una liturgia evolutiva. "La liturgia se ha vuelto evolutiva. Pero, ¿acaso no lo era ya? No; no lo era, porque obedecía a la ley del desarrollo, no de la evolución. No se trata de un matiz entre nociones afines, se trata de una diferencia total. Un niño, que se hace hombre, obedece a la ley del desarrollo. Un mono que se trasforma en hombre (si eso se diera) obedecería a las leyes de la evolución. *

*Me parece de suma importancia el insistir en esa idea luminosa, que viene a derrumbar el "castillo de naipes", con que los innovadores progresistas han querido no sólo defender su nueva religión, sino sus incesantes 'cambios', la metamorfosis radical, que, a todo trance, han decidido imponer a la Iglesia, fundada por el Hijo de Dios, hace dos mil años.
Alegan, en efecto, que hay que combatir hasta exterminarlo, el inmovilismo dogmático, moral, litúrgico, disciplinar de una Iglesia envejecida, cuyo "mensaje" carece de interés, para un mundo dinámico, que se transforma en constante "evolución".
Hay una confusión en dos principios básicos: se quiere confundir la idea de "desarrollo", crecimiento, con la idea de "evolución, de cambio"; estas ideas son, entre sí, antagónicas, irreconciliablemente opuestas. En el desarrollo hay identidad; en la evolución hay diversidad.
La Iglesia, ya lo había dicho Cristo en diversas ocasiones de su Evangelio, progresa, crece, se desarrolla "hasta llegar in mensuram aetatis plenitudinem Christi. hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del (pleno) conocimiento del Hijo de Dios, al estado de varón perfecto, alcanzando la estatura propia del Cristo total, para que ya no seamos niños fluctuantes y llevados a ta deriva, por todo viento de doctrinas, al antojo de la humana malicia, de la astucia que conduce engañosamente al error". (Efesios, IV, 13 y 14).
La Iglesia, en el decurso de su secular historia, ha crecido, se ha desarrollado, ha progresado; pero nunca ha evolucionado. Si evolucionase ya no sería la Iglesia de Cristo, sino la iglesia del Papa Montini.

"Lo que inspira secretamente la reforma de la Misa es un cambio de religión y de fe: "La Misa, desde sus orígenes hasta nuestros dias. se ha desarrollado y, más o menos, ha quedado fijada, desde el siglo V. Los cambios verificados ahora son presentados por Paulo VI como manifestaciones de desarrollo, pero son en realidad tratados por los innovadores, con anuencia de Paulo VI, como un fenómeno de evolución, anunciador de nuevos cambios". Para terminar, dice Salleron, que él se siente feliz, al tener pruebas que un cierto número de sacerdotes continúa diciendo la Misa de San Pío V, lo que constituye una garantía de volver, tarde o temprano, a la Misa de siempre".
"Jean Midiran termina su editorial: "Supongamos que este año o el año próximo tuviéramos de golpe, al frente de la Iglesia, un San Pío V o un San Pio X, o, si se quiere, un San Pío XIII, ¿cómo gobernaría una Iglesia, que sistemáticamente se ha hecho ingobernable debido a la EVOLUCIÓN del Vaticano II"? El desorden fundamental y universal, que se ha introducido en la Iglesia, después de diez años, pero cuyas raíces se remontan mucho más allá, no podrá ser anulado de un plumazo o por un simple decreto.
"Se necesitará una autoridad legítima, unida a una santidad auténtica y apoyadas ambas por algunos milagros de primer orden.
"En cuanto a la nueva Misa, si de nosotros hubiera dependido, jamás hubiéramos permitido que se estableciera universalmente el uso exclusivo de una liturgia vernácula, que contradice toda la tradición y toda la pedagogía de la Iglesia al margen de la Constitución Apostólica "Veterum Sapientia", promulgada por Juan XXIII y al margen de la constitución conciliar sobre la liturgia promulgada por Paulo VI. Y el día en que la autoridad legítima en la Iglesia emprenda la restauración de la fe, los sacramentos y la liturgia, nosotros no vacilaremos en reclamar cuanto antes la antigua Misa en latín obligatoria para el mundo entero. Será naturalmente necesario hacer unas concesiones y no habrá inconveniente en hacerlas en lo que se refiere a la parte de la Misa llamada ante-Misa o Misa de los catecúmenos. Pero será necesario restaurar universalmente la integridad de aquella parte de la Misa, que se llama "misa de los fieles", con el ofertorio y el Canon Romano íntegramente en latín en la Iglesia Latina.
"Bien sabemos que los sacerdotes que en la actualidad se atienen firmemente a ese "mínimum" son perseguidos, despreciados o, en el mejor de los casos, a lo más tolerados. Y sabremos que el día deseado de la restauración de la fe ha comenzado, cuando los obispos o un obispo, al menos, en Roma o en cualquier otra parte, proclame en voz alta y oficialmente aquello mismo que declara Salleron en su libro: "Nos sentimos dichosos al ver que todavía cierto número de sacerdotes siguen diciendo, la Misa de San Pío V", aunque sea en la Iglesia de las Catacumbas.

En medio de las grandes verdades, que hemos dejado consignadas en el artículo anterior, la más importante, la que tiene mayores consecuencias en el orden dogmático, es, a no dudarlo, la que afirma —con sobrada razón— que la "nueva misa" es para una nueva fe. Este es el reproche más grave que puede y debe hacerse al Papa Montini: con sus reformas, con sus dialécticas, con su incomprensible gobierno, ha establecido, por lo menos, ha tratado de establecer una NUEVA RELIGIÓN, que ya no es la religión católica, la única religión fundada por Cristo con el establecimiento de su única y verdadera Iglesia, que es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA.
"¿Es Ud. sacerdote? Entonces tome el Denzinger (colección de documentos pontificios o conciliares, que son de fe divina o fe católica, desde San Pedro hasta nuestros días); abra cualquier página, desde el principio hasta Pío XII; le desafío a que con esta lectura se vería Ud. obligado a confesar con pena la contradicción patente entre la antigua fe, la de dos mil años, y la nueva religión que nos han impuesto los dos últimos Papas y su Concilio. El P. Le Lay nos dice: "He subrayado ya en este boletín cómo las innovaciones litúrgicas propuestas e insolentemente aplaudidas por el Congreso Litúrgico modernista de Assís, presidido por el Cardenal Lercaro, en 1956, fueron condenadas y rechazadas detalladamente por Su Santidad el Papa Pío XII, en su Alocución a los Congresistas, el 22 de septiembre de 1956. Todas esas innovaciones propuestas, aplaudidas y después condenadas entonces, se han impuesto hoy en la Iglesia Católica, por un Concilio Pastoral, que abrió la puerta y por Juan B. Montini, que puso toda su autoridad, legítima o ilegítima, para llevar adelante la "autodemolición" de la Iglesia.
"También he comparado —dice el P. Le Lay— esas innovaciones de la nueva misa con las del sínodo jansenista de Pistoia, condenadas por el Papa Pío VI, el 28 de agosto de 1794, en la Constitución "Auctorem Fidei". Voy a reproducir una vez más algunas proposiciones condenadas en ese sínodo:

D. 1528.-"La proposición del sinodo por la que la participación de la víctima es parte esencial al sacrificio, añade que no condena, sin embargo, como ilícitas aquellas misas, en las que los asistentes no comulgan sacramentalmente, por razón de que éstos participan, aunque menos perfectamente, de la misma víctima, recibiéndola en espíritu, en cuanto insinúa que falta algo a la esencia del Sacrificio que se realiza sin asistente alguno, o con asistentes, que ni sacramental ni espiritualmente participen de la victima, y como si hubieran de ser condenadas como ilícitas aquellas misas, en que comulgando sólo el sacerdote, no asista nadie que comulgue sacramental o espiritualmente, es falsa, errónea, sospechosa de herejia y sabe a ella".
D. 1529.—"La doctrina del sinodo, por la parte en que proponiéndose enseñar la doctrina de la fe sobre el rito de la consagración, apartadas las cuestiones escolásticas acerca del modo como Cristo está en la Eucaristia, de las que exhorta se abstengan los párrocos al ejercer el cargo de enseñar, y propongan estos dos puntos solos: que Cristo, después de la consagración está verdadera, real y substancialmente, bajo las especies; 2) que cesa entonces toda la substancia del pan y del vino, quedando sólo las especies, omite enteramente hacer mención alguna de la transubstanciación, es decir, de la conversión de toda la substancia del pan en el Cuerpo, y de toda la substancia del vino en la Sangre, que el Concilio Tridentino definió como articulo de fe y está contenida en la solemne profesión de fe; en cuanto que por semejante, imprudente y sospechosa omisión se sustrae el conocimiento tanto de un articulo que pertenece a la fe, como de una voz consagrada por la iglesia, para defender su profesión contra las herejías, y tiende así a introducir el olvido de ella, como si se tratara de una cuestión meramente escolástica, es perniciosa, derogativa de la exposición de la verdad católica acerca del dogma de la transubstanciación y favorecedora de los herejes.
D. 1531.—"La proposición del sinodo que enuncia ser conveniencia para el orden de los divinos oficios y por la antigua costumbre que en cada templo no haya sino un solo altar y que le place en gran manera restituir aquella costumbre antiquísima, piadosa y de muchos siglos a acá vigente y aprobada por la Iglesia particularmente la latina". Es temeraria, favorecedora de la herejía.
D. 1533. —La proposición del Sínodo por la que manifiesta desear que se quiten las causas por las que, en parte, se ha introducido el olvido de los principios que tocan al orden de la liturgia, volviéndola a mayor sencillez de los ritos, exponiéndola en lengua vulgar y pronunciándola en voz alta —como si el orden vigente de la liturgia, recibido y aprobado por la Iglesia, procediera en parte del olvido de los principios, porque debe aquélla regirse- es temeraria, ofensiva a los piadosos oídos, injuriosa contra la Iglesia y favorecedora de las injurias de los herejes contra ella.
D. 1 566. —La proposición que afirma que sería contra la práctica apostólica y los consejos de Dios, si no se le procuraran al pueblo modos más fáciles de unir su voz con la voz de toda la Iglesia —entendida de la introducción de la lengua vulgar en las preces litúrgicas— es falsa, temeraria, perturbadora del orden prescrito para la celebración de los misterios y fácilmente causante de mayores males".

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