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jueves, 19 de mayo de 2011

YO SOY UN POBRE SOLDADO.



Yo soy un pobre soldado
que solo y herido llega
a la casa solariega
donde su infancia ha pasado:
Y, aunque está hambriento y cansado,
ni descanso ni festines
busca: les viene a decir
a los tiernos Benjamines
que los bélicos clarines
están llamando a morir.

Que no hay más hermosa fiesta
que el festín de la batalla,
ni existe más dulce orquesta
que el crujir de la metralla;
que la dicha allí se halla:
Caer tendido en el suelo
con la cara vuelta al cielo;
decir muy alto: "¡Presente!"
sentir un beso en la frente
y tender el raudo vuelo. . .!

Que los montes y los llanos
de púrpura se han vestido,
con la sangre que ha corrido
del pecho de mis hermanos;
que el golpe de los tiranos
el corazón les partió;
pero no les arrancó
ni un quejido, ni un lamento,
y que, a su postrer aliento
hasta la tierra tembló. . .!

Que nuestra heroica Bandera,
como un sol a diario asoma
sobre el perfil de una loma,
sobre una nueva trinchera;
que se escuchan por doquiera,
a su paso, alegres dianas,
y que todas las mañanas
le cantan nuevas victorias,
y, por celebrar sus glorias,
voltean solas las campanas...

Que el valor del General
al soldado vuelve loco,
hasta parecerle poco
la empresa más colosal;
que en él su confianza es tal
que irán los nobles guerreros
a la cumbre nunca hollada,
si su voz entusiasmada
les grita: "¡Ensartad luceros
con la punta de la espada. . .!'"

Que las contrarias legiones
redoblan sus escuadrones,
y sus esfuerzos duplican
y, por doquier, multiplican
sus banderas y pendones.. .
¡Parece el mar y sus olas. . . !
¡Se las hemos de quitar
como si estuvieran solas. . .!
¡Como quien corta amapolas,
así no más... al pasar... !

Yo no soy más que un soldado
que llego, solo y herido,
al inolvidable nido
donde su infancia ha pasado...:
Mi embajada ha terminado.
No he ceñido a hacer alarde
de que soy valiente y fuerte.. .:
¡Yo no soy más que un cobarde!
Pero así.. . ¡Se me hace tarde
Para abrazarme a !a muerte.. .!

Benjamines! Benjamines,
aprestaos para la lucha!
Oid: ¡Qué alegre se escucha
el cantar de los clarines,
que viene de los confines
de los campos de victoria!
¡Llenad de estrellas la Historia!
No tembléis ante las balas:
a su golpe, nacen alas
para volar a la Gloria!

No temáis los sinsabores
que nacen de la pelea!
para quien gloria desea,
las espinas se hacen flores,
el mismo dolor, recrea;
parece una madrugada
la noche más enlutada!
¡Que se alumbran los desiertos
con la luz de la mirada
de los ojos de los muertos.. .!

¿Porqué temblar?. . . Vuestra mano
no sabe el hierro blandir?
El que es patriota y cristiano
y no soporta a un tirano,
no tiene miedo a morir,
para la lucha está listo. . .
¿Los enemigos son muchos
como nunca se había visto?
¡Pero si sois aguiluchos
alimentados con Cristo. . .!!

Me voy, y os espero allá;
si en lo recio del combate
veis que mi valor se abate,
y el brazo, cansado ya,
a rendir su espada va. . .
¡Mis hermanos! ¡mis hermanos!
Os pido por compasión:
¡Quitadla de entre mis manos,
arrancadme el corazón
y tiradlo a los gusanos. . .!

Me voy, mi puesto me espera
¡Hay muchas balas perdidas
que están cegando mil vidas!
Tal vez entre ellas -Dios quiere-
esté la bala certera
que me ha de partir el pecho...!
¡Once años llevo en la guerra!
¡Yo creo que tengo derecho de descansar en el lecho
que abra mi sangre en la tierra"

Mons. Vicente M. Camacho
Agosto 30 de 1921

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