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jueves, 5 de mayo de 2011

Explicación breve de la doctrina cristiana, para leer en familia (II)

Explicación del Credo.
Hicieron el Credo los doce apóstoles, cuando habían de salir a predicar el evangelio por todo el mundo, y le hicieron para informarnos en la fe.
En el Credo se contienen doce partes principales de nuestra santa fe católica; la primera pertenece al Padre, las seis que se siguen al Hijo, y las cinco últimas al Espíritu Santo.
Debemos creer todo lo que tiene y cree la santa madre Iglesia católica romana, y principalmente debemos saber y creer explícitamente lo que se contiene en el Credo ó en los Artículos de la fe, que se explicarán después.
Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Criador del cielo y de la tierra. En estas palabras creemos en Dios Todopoderoso, que es toda la santísima Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, tres personas distintas, y un solo Dios verdadero, como arriba queda explicado.
Dios Padre, junto con el Hijo y con el Espíritu Santo, que es un Dios, ha criado el cielo y la tierra de nada, y es Criador de todas las cosas invisibles y visibles.
Decimos que el Padre es Criador del cielo y de la tierra, porque al Padre se le atribuye el poder, al Hijo la sabiduría, y al Espíritu Santo el amor; pero de todas las tres divinas Personas, en cuanto son un solo Dios omnipotente, se hace la creación de todas las cosas del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. En estas palabras confesamos y creemos, que nuestro Señor Jesucristo es único Hijo de Dios Padre; como esta dicho en la explicación del misterio de la santísima Trinidad.
Que fue concebido por obra y virtud del Espíritu Santo. En este confesamos, que nuestro Señor Jesucristo en el vientre virginal de su santísima Madre no fue engendrado por obra de varón, por lo cual nuestro Señor no tiene otro padre sino el eterno Padre, ni otra madre sino a María santísima; de tal manera, que en cuanto al ser de Hijo de Dios tiene padre sin madre, y en cuanto al ser de hombre tiene madre sin padre humano.
La tres divinas personas, en cuanto son un Dios omnipotente, concurrieron al milagroso misterio de la Encarnación del Verbo divino; pero solo se encarnó con unión inmediata a la naturaleza humana la segunda Persona, que es el Hijo. No fue concebido Cristo en el corazón de la Virgen santísima, sino en su purísimo vientre.
Y nació de santa María Virgen. Como los rayos purísimos del sol penetran y pasan por un cristal sin romperle, sino antes bien dejándole mas hermoso; así nuestro Señor Jesucristo nació de su santísima Madre, dejándola siempre Virgen antes del parto, en el parto, y después del parto.
Padeció debajo del poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. En esto confesamos y creemos, que siendo Poncio Pilato presidente y juez de Jerusalen, por el romano imperio, padeció muerte y pasión y fue crucificado nuestro Señor Jesucristo, y fue sepultado su sagrado cuerpo.
Fue crucificado, muerto y sepultado nuestro Señor Jesucristo por nuestro amor, para librarnos de nuestros pecados, y de las manos de nuestros enemigos: que nosotros éramos esclavos de nuestro pecado y del demonio, y el Señor nos redimió con su preciosa sangre.
Cuando nuestro Señor murió en la cruz, se separó su santísima alma de su santísimo cuerpo, pero la divinidad siempre quedó unida con el cuerpo y con el alma, como uno que saca la espada de la vaina, que la espada se separa de la vaina; pero esta y la espada quedan con quien las ha separado.
Descendió a los infiernos, y al tercer dia resucitó de entre los muertos. El sagrado cuerpo difunto quedó clavado en la cruz, y después fue sepultado y puesto en el sepulcro, y el alma santísima, separada de su cuerpo, bajó a los infiernos, esto es, al limbo, y sacó las almas de los santos padres que estaban esperando su santo advenimiento.
Resucitó al tercer dia. Después de haber sacado las almas de los santos padres del limbo, se volvió a unir la santísima alma de Cristo con su santísimo cuerpo, que estaba en el sepulcro, y así resucitó de muerte a vida en cuerpo y alma glorioso, para nunca morir.
Subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre, Todopoderoso. Después de su gloria y triunfante resurreccion estuvo en el mundo nuestro Señor Jesucristo cuarenta dias, en los cuales se apareció muchas veces a su Madre santísima, y a sus discípulos, conversando con ellos; y en presencia de sus mismos apóstoles y discípulos se subió a los cielos por su propia virtud y poder.
En el cielo está sentado nuestro Señor Jesucristo a la diestra de Dios Padre, Todopoderoso. Dios Padre es purísimo Espíritu, y no tiene cuerpo, ni figura corporal, ni tiene mano material diestra, ni siniestra, porque como Espíritu inmenso está todo en todas partes; y así el decirse que Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre, es decir que tiene Cristo el mejor lugar en el cielo; porque en cuanto Dios es igual con el eterno Padre, y en cuanto hombre, es sobre todos los ángeles y santos.
Y desde allí ha de venir a juzgar los vivos y los muertos. Creemos en esto que nuestro Señor Jesucristo al fin del mundo vendrá del cielo con gran majestad a juzgar a todos los hombres; para dar a cada uno según sus obras; a los buenos para darles gloria eterna, porque guardaron sus santos mandamientos; y a los malos pena eterna y perdurable, porque no los guardaron.
Se dice, que vendrá a juzgar los vivos y los muertos; porque aunque en aquel último dia ya habrán muerto todos, los buenos se llaman vivos, y los malos se dicen muertos.
Creo en el Espíritu Santo. Confesamos y creemos, que el Espíritu Santo es verdadero Dios, y es la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre, y del Hijo, como queda explicado.
La santa Iglesia católica. Esta es la congregación universal de todos los fieles cristianos, cuya cabeza es Jesucristo, y el papa es su vicario en la tierra, y cabeza visible de esta Iglesia católica romana, que es la única santa Iglesia católica.
La comunión de los santos. Es la participación y comunicación que tienen todos los fieles cristianos entre si mismos, participando juntamente de los sacrificios, sacramentos y buenas obras que se hacen en la santa Iglesia católica romana .
Aunque todos los fieles cristianos que están en gracia de Dios, se participan mutuamente las buenas obras que hacen, no obstante bien puede cada uno aplicar en especial lo impetratorio y satisfactorio por alguna persona en particular.
Todas las buenas obras de los justos tienen tres partes o consideraciones distintas, que son: la primera, el ser meritorias de aumento de gracia y de gloria; esta siempre se queda en quien hace la buena obra: la segunda, el ser impetratorias de favores, auxilios y beneficios de Dios; esta se puede aplicar por otras criaturas: la tercera es, el ser satisfactorias, por lo que debemos satisfacer por los pecados que están perdonados; pero no está perdonada la pena que les corresponde, o en esta vida mortal, o en el purgatorio: esta parte se puede, aplicar, no solo por las benditas almas del purgatorio, sino también por los vivos, unos por otros, a mas de lo que se participan por la comunión de los santos. (Vide inf., § xv, in fin.)
Los infieles, idólatras, gentiles y moros, que no reciben el verdadero bautismo, no están dentro de la Iglesia católica, ni tienen la comunión de los santos, como los fieles.
Los herejes, que reciben el verdadero bautismo, son cristianos; pero no son católicos, ni tienen la comunión de los santos, porque están excomulgados, y no tienen fe verdadora, y son como miembros podridos, que no participan la vitalidad del cuerpo. (Ex. Conc.)
Los fieles cristianos que están en pecado mortal, son como los árboles secos de un jardín, que les pasa el riego, y no les aprovecha, como a los otros árboles vivos; pero en algún modo les alcánza la comunión de los santos, porque por las oraciones de los justos les da Dios auxilios para que salgan de su mal estado, y también, porque aun están unidos con ellos por la fe y esperanza.
El perdón de los pecados. En esto confesamos y creemos, que en la Iglesia tenemos remedio para que se nos perdonen los pecados ; y nos le dejó Cristo en los santos sacramentos, en que puso depositados los méritos de su pasión santísima. También creemos, que en la santa Iglesia hay potestad para perdonar los pecados, confesándolos al confesor sacerdote, que tiene jurisdicción.
Creo en la resurreccion de la carne. En esto creemos, que en el dia del juicio resucitarán todos los muertos; los buenos resucitarán gloriosos y hermosos, y los malos al contrario, feos, miserables y abominables.
Creo la vida perdurable. Confesamos y creemos, que después del juicio universal, los justos que murieron en gracia de Dios, en cuerpo y alma resucitados, han de gozar para siempre de la gloría eterna, y los malos también en cuerpo y alma padecerán eternamente en el infierno.
Las almas de todos los que mueren, van a uno de cuatro lugares, que son gloria, infierno, purgatorio y limbo, como se hallará explicado en el fin de los Artículos de la fe. Allí también se explican los cuatro novísimos y los dotes maravillosos del alma gloriosa, y del cuerpo glorificado.
Al que se llega a Dios le conviene creer, dice san Pablo, que Dios es el que es, y que es justo Remunerador, y que ha dedar premio a los buenos, y castigo a los malos (Hebrae., XI, 6).

Explicación de la Salve.
Esta oración de la Salve ha compuesto la santa madre Iglesia, y nos la ha enseñado a los fieles, para decir y cantar las alabanzas de la Virgen santísima, que en ella se contienen.
Hablamos en la Salve con la misma Virgen María, que está en los cielos, y la pedimos consuelo, favor y ayuda, y que nos asista en nuestras tribulaciones y trabajos.
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia. Lo primero, la saludamos con aquellas palabras: Dios te salve, para proseguir después en sus alabanzas.
La decimos Reina, y así es la verdad, que es Reina y Señora de todo lo criado en el cielo y en la tierra, porque es verdadera Madre del Criador.
La llamamos Madre de misericordia; y lo es tanto, dice san Bernardo, qne tal vez estaríamos ya en el infierno, si no fuera por la piadosa intercesión de la Virgen santísima.
Vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. Otra vez la volvemos a saludar, en testimonio de nuestro afectuoso cariño. Es nuestra vida, porque por la intercesión y piedad de María santísima vivimos, que es Madre de pecadores.
Es dulzura de nuestro corazón, porque como dice san Bernardo, cesan nuestras amargas tribulaciones en nombrando el dulcísimo nombre de María.
Es esperanza nuestra, porque confiando en la poderosa intercesión de María santísima, esperan los pecadores el mayor consuelo del perdón de sus culpas.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva. Por el pecado de nuestros primeros padres y por nuestros pecados personales estamos desterrados del cielo, y clamamos a la Virgen santísima, Madre de misericordia, que la tenga de nosotros, para pasar sin mas culpas este destierro, y llegar a la patria celestial, que es la gloria. Todos los males que introdujo Eva los quita María, dice san Bernardo.
A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Este es el mundo en que vivimos, valle de lagrimas; porque no experimentamos en él otra cosa que tribulaciones y trabajos; por lo cual suspiramos a la Virgen santísima, gimiendo y llorando, que tenga compasión de nosotros, como Madre de pecadores.
Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve á nosotros esos tus ojos misericordiosos. El corazón compasivo, solo con ver el grande trabajo, se mueve a piedad, y por esto suplicamos a la Madre de misericordia, que vuelva sus ojos misericordiosos para ver nuestros males; porque eso será bastante para quedar remediados. Es nuestra poderosa Abogada, y debemos fiar mucho de su eficaz intercesión.
Y después de este destierro muéstranos á Jesús, fruto bendito de tu vientre. Mientras vivimos en este destierro del mundo nos conviene padecer, y esperar con paciencia; y así rogamos a nuestra piadosísima Madre, que después de nuestra vida mortal, acabado nuestro penoso destierro, nos deje ver a su bendito Hijo, que es el fruto precioso de su generoso vientre.
¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce, Virgen María! Ruega por nos, santa Madre de Dios. Con estos fervorosos afectos exhalamos nuestro afligido corazón en presencia de la Reina de los ángeles, llamándola clementísima, piadosa, dulce Virgen, y santa Madre de Dios, como verdaderos hijos en presencia de su madre, que el amor inmenso y su trabajo les hace multiplicar voces para su remedio y consuelo.
Para que seamos dignos de alcanzar los prometimientos de nuestro Señor Jesucristo. Amen. No son condignos los trabajos de esta vida mortal para la gloria eterna, que el Señor nos tiene prometida, como dice san Pablo; y por eso clamamos a la Virgen santísima, nuestra clementísima, piadosa y dulce Madre, para que ruegue por nosotros, a fin de que seamos dignos de alcanzar tantos bienes como su Hijo santísimo nos tiene prometidos. Amen. Así sea.
Despues de la Virgen Maria nuestra Señora, conviene también que tengamos devoción a otros santos; y mas especialmente al ángel de nuestra guarda, y cada uno al santo de su nombre, al patriarca san José, y al glorioso príncipe san Miguel arcángel.
Las santas imágenes se han de venerar, no por la materia de que están hechas, sino porque nos representan a los santos que están en el cielo, y ruegan por nosotros.
Las sagradas reliquias de los santos también son dignas de veneración, por haber sido templo del Espíritu Santo, y por haberse de unir a las almas gloriosas, cuando llegue el dia de la resurreccion de los cuerpos (Concil. Trident., Ses. 25).
Asimismo conviene tener algunas devociones particulares de cada dia, como rezar el santísimo Rosario, o Corona de María santísima, hacer el examen de la conciencia, decir la confesión general, dar gracias a Dios, pidiéndole cada uno que le guarde de todo pecado, y ofreciéndole todas las obras de aquel dia.

Explicación de los Artículos de la fe.
Estos Artículos de la fe están ya contenidos y explicados en el Credo. No obstante diremos aquí alguna cosa para su mas clara inteligencia. Son todos catorce artículos, y los siete primeros pertenecen a la divinidad.
El primero creer en un solo Dios Todopoderoso. Porque las tres divinas Personas, aunque se distingue realmente una de otra, la naturaleza divina de las tres es una misma, y así todas tres son un solo Dios verdadero, y es Todopoderoso, porque todo lo puede (Ephes., IV, 5).
El segundo creer que es Padre; y así se dice Dios Padre, que de nadie procede.
el tercero creer que es Hijo; y asi se dice Dios Hijo, que nace de Dios.
El cuarto creer que es Espíritu Santo; y así se hace Dios Espíritu Santo, que procede de Dios Padre y de Dios Hijo, sin que sean tres dioses, sino un solo Dios, como ya se dijo en la explicación del misterio de la santísima Trinidad.
El quinto creer que es Criador; porque todas las criaturas son hechas de Dios.
El sexto creer que es Salvador; porque Dios salva, y ha de salvar a todos los que han de ir al cielo; mas no se dice Dios Redentor, porque esto le compete a Cristo en cuanto Hombre.
El séptimo creer que es Glorificado; porque solo Dios glorifica las almas, y glorificará los cuerpos de los santos después de la resurrección final.

Artículos de la humanidad.
El primero creer que nuestro Señor Jesucristo en cuanto hombre fue concebido po el Espíritu Santo; esto es, que la generación humana de Cristo no se hizo por obra de varón, sino milagrosamente por obra del Espíritu Santo; y san José solo fue padre de Cristo en la opinión de los hombres.
El segundo creer que nació de Santa María Virgen, siendo ella virgen antes del parto, en el parto, y después del parto. Este artículo ya se declaró en la explicación del Credo.
El tercero creer que recibió muerte y pasión por salvar á nosotros, pecadores. Véase también la explicación del Credo.
El cuarto creer que descendió a los infiernos , y sacó las almas de los santos padres. Se explica cómo y cuándo bajó al lugar citado.
El quinto creer que resucitó al tercero dia. Véase la explicación del Credo.
El sexto creer que subió a los cielos, y está sentado a la diestra de Dios Padre. Entiéndese, que Cristo, en cuanto Dios, está en igual gloria con el Padre, y en cuanto Hombre tiene gloria superior a todos los ángeles y santos. Dios Padre es purísimo Espíritu inmenso, que no tiene cuerpo material, ni mano diestra ni siniestra, sino que está todo en todas partes. Véase la explicación del Credo.
El séptimo creer que vendrá a juzgar a los vivos y los muertos, como también se explica en el Credo.
Las almas de todos los que mueren van a uno de los cuatro lugares, que son gloria, infierno, purgatorio y limbo.
A la gloria van los justos y santos que mueren en gracia de Dios, y salen del todo purificados de esta vida mortal.
Al infierno van las almas de los pecadores que mueren en desgracia de Dios, sin haberse confesado bien.
Al purgatorio van las almas de los que mueren en gracia de Dios; pero no se han purificado bien sus imperfecciones y culpas leves, ni han satisfecho bien la pena que merecían por sus pecados en esta vida.
Al limbo van las almas de los niños que no fueron bautizados, y las almas de aquellos que no han tenido otros pecados mortales personales, si solo el pecado original, y no han sido bautizados.
Los cuatro novísimos son muerte, juicio, infierno y gloria; y se dicen novísimos, porque son y han de ser los últimos pasos de toda criatura humana.
Los dotes del alma gloriosa son tres: visión, comprensión y fruición. La visión beatífica consiste en ver a Dios claramente cara a cara, como dice san Pablo, y corresponde este dote a la fe que tuvo el alma en esta vida mortal. Esta visión clara es por acto de entendimiento. La comprension es tener ya conseguido el fin, y corresponde a la esperanza que tuvo el alma cuando vivia en el mundo. La fruición es la suma delectación, que se sigue en el alma de ver a Dios claramente, poseerle y amarle. Esta corresponde a la caridad.
Los dotes del cuerpo glorioso son cuatro: claridad, impasibilidad, sutileza y agilidad. La claridad sirve para la hermosura trasparente, y para recibir bien las especies sensibles. La impasibilidad sirve para que no reciba las pasiones nocivas, que le den molestia. La sutileza sirve para que no le impida el movimiento la resistencia ajena de otros cuerpos. La agilidad le quita la gravedad y pesadez propia para moverse pronto y veloz, conforme a la divina voluntad, sin resistencia alguna.
El cuerpo glorioso quedará mas trasparente para recibir la luz que un finísimo cristal; y a mas de recibir la luz, la causará y derramará de sí, porque entrambas cosas le dará el dote de claridad.
Inclínese nuestro pesado corazón a seguir las justificaciones del Señor (Psalm. CXVIII, 112), considerando esta colmadísima retribución que tendrán los justos en cuerpo y alma gloriosos.

Explicación de los diez mandamientos de la ley de Dios.
En la ley antigua reveló Dios estos diez mandamientos, y los intimó a su pueblo, y después nuestro Señor Jesucristo los confirmó en la ley de gracia que profesamos.
Los tres primeros pertenecen al honor de Dios, porque quiere que le sirvamos, lo primero con el corazón, lo segundo con la lengua, y lo tercero con las obras. Los otros siete pertenecen al provecho del prójimo.
El primero: Amarás a Dios sobre todas las cosas. Esto lo guardarás adorando y reconociendo un solo Dios; y contra este mandamiento pecan los que adoran los ídolos, y hacen otras supersticiones y hechicerías. Véase el cuadernillo de las confesiones en el examen de la conciencia por los mandamientos.
Amarás a Dios sobre todas las cosas si te determinas a perder todas las cosas, vida, honra y hacienda, antes que perder a Dios, ni cometer un pecado mortal.
El segundo: No jurarás el nombre de Dios en vano. Cumplen este mandamiento los que alaban y dan gracias a Dios, y nunca juran sin las tres condiciones, que son: justicia, necesidad y verdad.
Contra este mandamiento pecan los que juran lo que, no es verdad, aunque sea con mentira leve.
El voto es una promesa, que se hace a Dios de mejor bien que su contrario. Los que han de hacer, o tienen hecho algún voto, consulten con persona docta, si algo dudan.
El tercero: Santicaras las fiestas, manifestando con obras exteriores la fe y amor que tenemos a Dios en nuestro corazón.
Guardaremos este mandamicnlo no trabajando obras serviles en tales dias, como lo manda Dios, y oyendo misa, como lo manda la Iglesia.
El cuarto: Honrarás padre y madre, obedeciéndolos, reverenciándolos y ayudándoles en lo que podemos.
También debemos honrar a los mayores, como son los señores sacerdotes, prelados, reyes, padres de república, ancianos y pobres de Cristo.
El quinto: No matarás. Cumplirás este mandamiento, no queriendo, ni haciendo mal al prójimo con el pensamiento, ni con la palabra, ni con la obra, sino amándole como á ti mismo.
Las impaciencias, maldiciones, injurias, deseos de la muerte, y comer o beber cosa que nos hace daño, es también contra este mandamiento.
El sexto: No fornicarás. Este mandamiento se cumple, huyendo de toda deshonestidad, por pensamiento, palabra y obra; y no queriendo ver, ni oir, ni focar con malicia, ni leer, ni hablar cosa deshonesta. En esta materia peligrosa, de lo que parece poco se pasa a lo mucho. Véase el citado examen.
El séptimo: No hurtarás. Guardarás este mandamiento, no tomando, ni reteniendo cosa que no sea tuya, ni haciendo daño a la hacienda de otro. El que no puede restituir por entero de una vez, debe restituir por partes; y si no lo hace, peca.
El octavo: No levantarás falso testimonio, ni mentirás. Este mandamiento se quebranta, no solo diciendo falso testimonio contra el prójimo, sino también descubriendo las faltas ajenas ocultas, aunque sea con verdad, y con murmuraciones, juicios temerarios y mentiras.
El noveno: No desearás la mujer de tu prójimo; porque no solo está prohibido el pecar por obra, sí también por deseo. El que mira a la mujer para desearla, ya ha pecado con ella en su corazón, dice Cristo nuestro Señor.
El décimo: No desearás las cosas ajenas. Este mandamiento se explica de la misma manera; porque no solo es pecado el hurtar, sino también el deseo de hurtar.
Los muchos y varios modos con que se quebrantan los diez mandamientos de la ley de Dios, se hallarán en el cuaderno del examen de la conciencia para la confesión general .

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