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martes, 24 de mayo de 2011

LA ULTIMA CRUZADA (2)

¿UN NUEVO COMPLOT CONTRA LA IGLESIA?
Demasiado triste y conocida es la historia del grupo fundado por Mons. Lefebvre, cuya misión en la Iglesia, fue neutralizar el poder de quienes se levantarían para protestar contra la impiedad, conservando la verdadera Misa católica, los Sacramentos, los seminarios y todas las demás cosas, PERO sin llegar a declarar nunca la vacancia de la sagrada Sede de San Pedro. Realmente, era lo que le interesaba esencialmente al Poder Mundial y a la mafia infiltrada en el Vaticano, porque tendrían así el camino expedito para llevar a buen término la destrucción de la Iglesia, al mismo tiempo que engañaban al pueblo pensando éste que estaban luchando por la Fe conservando la Liturgia y las cosas que ellos defienden.
Surgieron luego los llamados "sedevacantistas" ante las evidencias, pero hasta el día de hoy, no ha sido posible reunirlos, ni ha sido posible que actúen congruentemente con la doctrina que predican, pues lógico resulta que quien dice que los que ocupan la Sede vaticana son antipapas, inmediatamente se reúnan para elegir al papa.
¿Resulta lógico pensar, que obispos y sacerdotes, versados en las materias eclesiásticas, en la Doctrina católica, en el Magisterio y en las voces de los papas, desconozcan las doctrinas sobre la necesidad del papa, sobre la unidad de la Iglesia que puede lograrse solamente bajo una cabeza que es el Santo Padre, sobre el peligro de las herejías cuando no está Pedro en la Iglesia, sobre el poder de jurisdicción que solamente viene del Sumo Pontífice y que se pierde cuan do se adopta una actitud cismática o herética, sobre el peligro de la dispersión de las ovejas cuando no está presente el pastor?. Resulta imposible creer que todos están obrando con frialdad transgrediendo un precepto gravísimo en contra de todo lo conocido y enseñado.
¿Tendremos que comenzar a pensar en un vasto complot contra la Iglesia remanente, formado por escritores, pseudo-teólogos y pseudo canonistas, grupos de poder y de control poderosos, publicaciones, infiltrados en el rebaño llegados a sacerdotes y obispos, y toda clase de recursos poderosos para aislar, dividir, desorientar y neutralizar todos los intentos de unidad, la cual, se sabe bien, solamente puede llegar bajo las llaves de San Pedro?.
Los pocos hechos de los que hemos sido testigos, nos hacen temer que podemos estar en lo cierto, a pesar del trabajo intenso que a veces se efectúa, "dizque" para contruír la Iglesia, pero sobre todo, el estado general que es inexplicablemente mantenido en contra de la Doctrina mas clara y de los preceptos más graves.
El Padre Sáenz y Arriaga tan bien conocido por los tradicionalistas, o Iglesia remanente decía en EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA Y LA NUEVA MISA, Pág. 94: "No instituyó el Señor dos sujetos distintos de la infalibilidad, así como tampoco instituyó dos Magisterios oficiales en Su Iglesia, sino uno tan sólo, en el cual podemos distinguir dos elementos: uno, que en lenguaje teológico podríamos llamar QUASI MATERIAL, compuesto por el Colegio Apostólico o sea el Episcopado, unido con Pedro, y otro elemento FORMAL, que es PEDRO, el Vicario de Cristo sobre la Tierra, VINCULO INSUSTITUIBLE, QUE CONSTITUYE LA UNION DE LOS OBISPOS EN EL COLEGIO APOSTÓLICO. ES IMPOSIBLE SEPARAR A PEDRO DEL VERDADERO COLEGIO APOSTÓLICO; ASI COMO ES IMPOSIBLE SEPARAR A LA VERDADERA IGLESIA DE CRISTO DE LA ROCA, DEL FUNDAMENTO SOBRE EL CUAL QUISO EL DIVINO FUNDADOR EDIFICARLA. La firmeza de la Fe y del mismo edificio de la Iglesia vienen de Pedro, no del consentimiento de los demás obispos o de los fieles". Y añade: "Si el error es un peligro para la Fe; si el error ha dado ocasión a que los infiltrados, se sientan respaldados en su obra destructora del Reino de Dios, EL SILENCIO ES COMPLICIDAD, ES TRAICIÓN A LA IGLESIA Y A NUESTRA PROPIA CONCIENCIA", (Pág. 125), por eso, "es lamentable oir a los pontífices mínimos de nuestros tiempos, que, por el hecho de estar bautizados y haber leído algo de catecismo, ya se sienten teólogos; ya se consideran la Iglesia; ya dogmatizan y cambian a su antojo la institución divina. Y, en su autosuficiencia, siendo como son, "miembros del pueblo de Dios", llegan a sentirse dotados de los tres poderes divinos de la Iglesia docente: la prerrogativa del Magisterio la prerrogativa de la jurisdicción y la prerrogativa del sacerdocio jerárquico y sacramental" (Pág. 135).
Todos los pastores, e incluso los laicos, SI NO SON INVASORES , deben darse cuenta que todos los esfuerzos que están haciendo, son inútiles, si antes no se reestructura la jerarquía de la Iglesia, con el papa a la cabeza, pues "en vano construyen los edificadores". Que todo lo que ellos puedan pretender en el camino al triunfo de la verdad, no puede hacerse si no es a partir del papa, pues emplear recurso cualquiera antes de elegirlo, es traicionar a Cristo. Que es soberbio pensar que se está trabajando con éxito y fruto, fuera de lo que la Iglesia misma ha enseñado, y por los caminos de mi voluntad y parecer, aunque las apariencias sean otras, pues temporal o circunstancialmente se pueden lograr aparentes avances. Y esta actitud que no mira al futuro, que no tiene en cuenta las necesidades de la Iglesia Universal, sino solamente pretenciones sectarias, que no tiene una mente verdaderamente católica, constituye una grave afrenta y rebeldía a Jesucristo que quiere otra cosa.
Porque quien elije no según su capricho y parecer, ni dominado por el impulso de sus pasiones y conveniencias, sino que se sujeta voluntariamente a la norma debida de la Iglesia, aunque esta aparentemente sea imprudente y antagónica, dá pruebas de la mayor libertad y fuerza en la elección. Porque la libertad de los cristianos y la norma de la Iglesia es la más segura, puesto que se elije según la norma de Dios, según la prudencia de Dios, que puede aparecer a los ojos mundanos como locura. Porque la locura de Dios es más sabia que los hombres, y la flaqueza de Dios, más poderosa que los hombres. (I Cor. 1, 25). Debilidad para los judíos y locura para los griegos.
La unión con el papa, el deseo del gobierno papal, es siempre señal de buen espíritu y piedra de toque de la pureza del celo apostólico. En cambio la frialdad o la insensibilidad en tiempos de sede vacante, en tiempos en que la Silla de San Pedro enmudece y Jesucristo calla, pues habla por su boca, es un mal síntoma que denota otros sentimientos ajenos a la prudencia de la Iglesia, no importa que se hagan esforzadamente otras obras católicas. Bien decía el Papa Pío XII en el discurso que pronunció para los asistentes del Congreso Peregrinación de las Congregaciones Marianas en 1954: "La enfermedad de la Iglesia en los últimos siglos, es el particularismo".
Habría que repetir a los pocos que pueden darse cuenta de esta tragedia y han de ser capaces de levantarse contra todos para cumplir con el gravísimo precepto de Jesucristo, lo que leemos en LA PALABRA DE CRISTO, T. IV, Pág. 533, B.A.C., 1957: "No incurramos nosotros aquí, en el vicio que condenamos callando la verdad que todos ven y no siempre se dice por los temores apuntados por San Agustín: la verdad es que se rehuye molestar a las clases poderosas por lo que de ellas se teme, o por lo que de ellas se espera; por el favor, por la recomendación, por la protección, por el donativo o por la herencia". Debemos de rechazar lo que el Cardenal Mercier llamaba "la herejía de las obras", que es: "proceder prácticamente en empresas sobrenaturales, prescindiendo del orden sobrenatural. Olvidarse de la gracia y del Espíritu Santo" (Misma obra y tomo, Pág. 336).
Bien decía Mons. Gaume en su CATECISMO DE PERSEVERANCIA, T. IV, Pág. 520, que "En virtud de las palabras de Jesús, Pedro fue constituido Vicario suyo en toda la extensión de Su reino; obispo de los obispos, padre de los padres, obispo no solamente de una sede determinada, centro de la unidad católica, sino de la Iglesia Universal, príncipe de los pastores, o lo que es lo mismo, insiguiendo la índole de su dignidad, siervo de los siervos de Dios. Tal es aún ahora y tal será siempre en el concepto de los fieles y pastores católicos, el sucesor de Pedro y Vicario de Jesucristo; por eso, obedeciendo a un instinto de religión común a todos los miembros y órdenes de la Iglesia, el solo nombre del Sumo Pontífice nos penetra de aquella honda veneración, mezclada de confianza y cariño, que los hijos bien nacidos prestan siempre a su padre, apellidándole todos: nuestro santo Padre el Papa, porque todos en general y cada uno en particular so mos hijos suyos. ¡AY SI DEJAMOS ALTERARSE ESTOS SENTIMIENTOS, 0 TRASCORDAMOS ESTE LENGUAJE!. Regularmente no hay prueba más inequívoca de la obediencia de la Fe en las familias, Y DE UNA CERCANA DEFECCIÓN DE LOS PUEBLOS, QUE LA DISMINUCIÓN DE ESTE RESPETO Y EL ENFRIAMIENTO DE ESE AMOR".
Mons. Gaume dice "TRASCORDAR", que según el diccionario de la lengua española es: "perder la noticia puntual de una cosa, por olvido o por confusión con otra".
¿Dónde están los intentes de unidad de eclesiásticos y laicos poderosos o influyentes?, ¿dónde el pugnar con el poder del dinero o de las relaciones o de las plumas católicas para que los obispos y los sacerdotes se reúnan para elegir al papa?; ¿no hemos visto claramente que sucedió exactamente lo contrario en ocasión de la reunión de Asís, que pretendió con la asistencia de unos pocos, darle a la Iglesia un papa, para que la uniese y guiase al triunfo y a la unidad?, ¿no fueron llamados locos, no se les dijo que estaban "llenos de un espíritu diabólico"?, ¿no se juzgó el acto "apresurado" e "irreflexivo"?.
Irreflexivo, cuando tanta desgracia puede solucionarse en toda la Iglesia; apresurado después de tantos años de tragedia y desorientación, pero sobre todo a la luz de la Doctrina que ordena actuar INMEDIATAMENTE en situación de Sede Vacante; "espíritu diabólico" cuando la unidad de la Iglesia NO PUEDE LOGRARSE si no es bajo la autoridad de Pedro, doctrina repetida hasta la saciedad, perfectamente clara, perfectamente conocida.
¿Qué extraña incongruencia estamos presenciando?, por un lado, se predica la vacancia de la Sede Apostólica y por el otro se impide por todos los medios posibles la elección del papa, recurriéndose ante cualquier intento a la furia, al insulto y a la calumnia. ¿No parece ser esto un verdadero complot?, ¿no parecen infectados los grupos laicos del mundo de aquellos gravísimos errores que el Papa San Pío X condenaba del grupo francés llamado Le Sillón?.
En su documento NOTRE CHARGE APOSTOLIQUE les dice a los miembros del grupo francés sillonista que terminara tan mal, lo que con propiedad podría decirle a otros en nuestro día: "Nos tenemos el derecho de decir que... su carácter, su acción, CAEN DENTRO DEL DOMINIO MORAL, QUE ES EL DOMINIO PROPIO DE LA IGLESIA, y que en consecuencia... incurren en una ilusión cuando creen desenvolverse en terreno en cuyos confines terminan los derechos del poder doctrinal y directivo de la autoridad eclesiástica... No venerables hermanos, -hay que recordarlo enérgicamente en estos tiempos de anarquía social e intelectual, EN QUE CADA INDIVIDUO SE CONVIERTE EN DOCTOR Y LEGISLADOR-, NO SE EDIFICARA LA CIUDAD DE UN MODO DISTINTO A COMO DIOS LA HA EDIFICADO; NO SE LEVANTARA LA SOCIEDAD SI LA IGLESIA NO PONE LOS CIMIENTOS Y DIRIGE LOS TRABAJOS; no, la civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes...".
Sobre la desconfianza que se creaba hacia la Iglesia Católica dice: "Nos no podemos a pesar de nuestra longanimidad, sustraernos a un justo sentimiento de indignación. ¡Porque se inspira a vuestra juventud católica la desconfianza hacia la Iglesia, su madre; se le enseña (a esa juventud) que, después de diecinueve siglos, la Iglesia no ha logrado todavía en el mundo construir la sociedad sobre sus verdaderas bases; que los grandes obispos y los grandes monarcas que han creado y han gobernado... no han sabido dar a su pueblo la verdadera justicia...".
Por ese motivo, justificaban y creen justificar en nuestro día otros, que ellos eran los llamados a salvar al mundo y a la Iglesia, y ostentaban un catolicismo "tan puntilloso que, si no se abraza su causa, se sería a sus ojos un enemigo interior del catolicismo, y no se comprendería para nada el Evangelio ni a Jesucristo". Idea a cual más absurda y soberbia que ha llegado hasta nuestros días.
No es extraño tampoco encontrar en nuestro día apostático, aquello que a los sillonistas decía el santo Papa: "El mismo sacerdote (y obispo diría yo) cuando entra, abate la eminente dignidad de su sacerdocio, y por la más extraña inversión de papeles, se hace discípulo, se pone al nivel de los jóvenes amigos y no es más que un camarada... No es extraño que no hayáis encontrado en los jefes y en sus camaradas así formados,... el respeto, la docilidad y la obediencia que son debidos a vuestra persona y a vuestra autoridad; QUE SINTÁIS DE PARTE DE ELLOS, UNA SORDA OPOSICIÓN, Y QUE TENGÁIS EL DOLOR DE VERLOS APARTARSE TOTALMENTE...".
"La Iglesia, no podrá ser por título alguno beneficiaría de las simpatías" que estos logren con su acción social o política, y se evita por todos los medios "que la Iglesia se aproveche de su acción, con un fin egoísta e interesado, como si todo lo que aprovecha a la Iglesia, no aprovechase también a la humanidad". No hay que olvidar que San Pío X estaba hablando de un grupo supuestamente católico. Estas gentes, dice el santo Papa, se cruzarán de brazos en la defensa de la Iglesia, si la acción no redunda también en beneficio de sus grupos.
Añade: "NOS ESTAMOS OBLIGADOS A DECIR, QUE TANTO SU ACCIÓN COMO SU DOCTRINA...NO SATISFACE A LA IGLESIA". Estas palabras son eternas, si existe el objeto de la condena.
¿No se sienten infectadas las juventudes e incluso los hombres religiosos con aquello que el Magisterio de los Papas y la Doctrina católica llama "La peor cizaña"?. En la obra LA PALABRA DE CRISTO de la B. A. C. publicada en diez tomos perfectamente suprevisada por la Iglesia en tiempos de Pío XII, porque sería una guía para la predicación de todo el clero hispanoparlante, Leemos: "LA PEOR CIZAÑA. La pasión política. Es en cierto sentido, LA MAS FUERTE Y TEMIBLE DE TODAS. Domina a TODO hombre. En todos los aspectos de su vida. Desde los intereses personales legítimos, hasta la ambición social desmedida de mando y de honores. Se mezcla en la defensa de intereses colectivos Y EN LA DEFENSA DE LA PATRIA Y AUN DE LA MISMA IGLESIA. TODO QUEDA ASI ENVUELTO EN LOS PLIEGUES DE LA BANDERA POLÍTICA. Las almas escogidas... son las primeras víctimas de esta pasión... llamadas por su propia profesión a la defensa del Reino de Cristo. Almas fáciles al engaño y al error. Consecuencia gravísima. La primera y más grave consecuencia de este espíritu político fue debilitar la disciplina eclesiástica. Confusión entre lo religioso y lo civil. Olvido de que el fundamento de la concordia ESTA EN LA OBEDIENCIA AL PAPA Y A LOS OBISPOS. ESTA CIZAÑA ES UNIVERSAL... En cierta ocasión Pío XI, después de haber recibido los informes de los estragos que causaba la pasión política en una nación europea, exclamó: "ESA LLAGA POLÍTICA ES LA HERIDA MAS GRAVE Y DOLOROSA QUE TIENE HOY LA ESPOSA DE CRISTO. Y PRECISAMENTE PORQUE AFECTA A ALMAS ESCOGIDAS" (Sobre el Evangelio de la cizaña y del trigo).
¿Dónde están las milicias de la Iglesia de Dios?, ¿quién podrá defenderla?, ¿quién es el que se levantará valeroso, si todos se han ido engañados o seducidos con las huestes del Anticristo, o militan en grupos de acción política o civil pero que no son almas que permanezcan fieles a la Iglesia, sino que más bien, cuando hay que elegir, la traicionan por otros compromisos que justifican tranquilamente, pues dicen: luchamos por la Iglesia, lo que hacemos es por las almas, pero sin que la Iglesia dirija los trabajos, antes bien, nosotros la salvaremos, porque somos el único camino, y la pondremos en el lugar que le corresponde cuando triunfemos?, ¿dónde están los pastores para repeler a los lobos, para que independientes, fuertes en el espíritu, entreguen sus vidas incluso para que la Iglesia sea salvada con la ayuda divina?, ¿quiénes son esos pastores que han de librarse de la influencia del mundo, de la desorientación provocada, del temor a los grandes, de la división que está matando la Caridad?.
Hemos tratado, hasta donde ha sido posible, de advertir, de ordenar valores, de legitimar a los ojos de la Iglesia y de la Doctrina, pero ha sido imposible y más encontramos enemigos, incomprensión, condena, oposición, egoísmo, enemistad y traición como dice San Pío X, con palabras que parecen proféticas para nuestro día.
¿Se han olvidado todos que su posición es ABIERTAMENTE CISMÁTICA Y ANTICATÓLICA?. El canon 1325-2 del DERECHO CANÓNICO, dice: "Si alguien... rehusa someterse al Sumo Pontífice O SE NIEGA A COMUNICAR CON LOS MIEMBROS DE LA IGLESIA QUE LE ESTÁN SOMETIDOS, ES CISMÁTICO" . Pero también San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia escribe en su "Explicación más copiosa de la Doctrina Cristiana breve" que, publicó por órdenes del Papa Clemente VIII: "...es menester confesar la santa Ley de Cristo, según la enseñan los prelados y los predicadores de la misma Iglesia", pero esto no basta, "SINO QUE ES NECESARIO ESTAR EN LA OBEDIENCIA DEL SUMO PONTÍFICE ROMANO, RECONOCERLE Y TENERLE POR SUPERIOR SUPREMO...".
Porque seguir a Cristo, no es solamente vivir en Gracia, sino es también obedecer prontamente lo que la Iglesia enseña, para que El siga viviendo en la Iglesia. Estar en Cristo, es ser miembro y ciudadano de Su Reino, y en esta forma, quien no se alista en la solidaria lucha por el Reino de Dios, se entrega a la funesta solidaridad del reino del mal. Porque no puede darse comunión entre los hombres y Dios, si no hay una plena unidad que remede a la Comunidad divina. "Somos los unos, miembros de los otros" (Ef. 4, 25; I Pe. 2, 1). Por eso, debe darse la unidad de Doctrina mediante la voluntad; debe darse la unidad de pensamiento, mediante la inteligencia; debe darse la unidad de la predicación, mediante la palabra; y debe darse la unidad en el obrar, mediante la vida exterior que constituye el cuerpo social de la Iglesia. La cual es un reflejo de la esencia de Dios. Y solamente seremos verdadera Iglesia, si hacemos brillar dentro y fuera de nosotros, la unidad indivisible de la beatífica Trinidad. El misterio, por tanto, del Cuerpo místico de Cristo, pone en plena evidencia que, quien vive unido a Cristo, en sociedad y comunión con Dios, lo está igualmente con todos los miembros de Su Cuerpo místico. Pero esto implica necesariamente la cabeza de la Iglesia, que es el papa. Porque las comunidades separadas si no está el papa, no están unidas y así no forman Iglesia. No son Iglesia. ¿Cómo pueden entonces decirse, creerse Iglesia, si no están unidos por la cabeza?. Si queremos ser verdaderos, entonces nuestros pensamientos deben estar de acuerdo con nuestras acciones. Porque si predicamos la necesidad del papa y no pugnamos por tenerlo, entonces somo unos hipócritas. ¿Es congruente enseñar la doctrina católica sobre la institución del papado y permanecer sin cabeza?, ¿es congruente hablar sobre el heroísmo de los santos al obrar a veces contra todos, pero fieles a la Palabra de Dios, y permanecer inactivos cuando la Iglesia está en peligro?, ¿no es cierto que hay culpabilidad colectiva, cuando hay culpabilidad individual comün?, ¿estamos esperando entonces el castigo de Dios por nuestra inacción?, ¿no hacen muchos profesión de conocer a Dios, "pero le niegan con las obras, siendo abominables y rebeldes"? (Tito, 1, 16).
Es cierto que no se puede atribuir culpa a toda la Iglesia por la apostasía o por adulterar los Sacramentos, o por muchas otras cosas, pero quienes están conscientes del mal, deben estar dispuestos siempre para la reparación de ese mal, para no hacerse solidarios con los culpables. Y quienes ven esto son los que han salido de la Iglesia del Vaticano. Sólo ellos son los responsables del rescate.

ES NECESARIO Y URGENTE LA UNION Y LA CONFESIÓN DE LA FE SIN MANCHA.
"La Fe cristiana no se apoya en la autoridad de la razón humana, sino en el testimonio de la razón divina. Creemos en la revelación verdadera, "no porque con la luz natural de la razón veamos la verdad intrínseca de las realidades reveladas, sino por la autoridad misma de Dios, que las revela el cual ni puede engañarse, ni puede engañar". (Conc. Vat. I). De lo cual se sigue la ABSOLUTA NECESIDAD de abrazar con igual asentimiento todas y cada una de las verdades, cuya revelación divina está aprobada (y es evidente que una a la que se refiere León XIII es la necesidad del papa y la perpetuidad de su magisterio sin interrupción de tiempo ni menoscabo de su autoridad). NEGAR EL ASENTIMIENTO A UNA SOLA DE ESTAS VERDADES, EQUIVALE A RECHAZARLAS TODAS... Ahora bien, el maestro supremo de la Iglesia, es el Romano Pontífice. De donde se sigue que la concordia de los ánimos, así como requiere el perfecto consentimiento de todos en una misma fe, así también pide que las voluntades obedezcan y estén enteramente sumisas a la Iglesia y al Romano Pontífice lo mismo que a Dios mismo. La obediencia ha de ser perfecta, porque así lo exige la Fe y tiene de común con ésta la indivisibilidad. Más aún, si la obediencia no es absoluta y enteramente perfecta, tendremos una obediencia aparente, pero no una obediencia real. Tan importante es al cristiano la perfección de la obediencia, que siempre ha sido y es considerada como distintivo característico de los católicos, (¿y no estamos viendo en este momento que la falta de obediencia, la rebeldía, está poniendo en peligro a la Iglesia remanente?). Santo Tomás de Aquino explica admirablemente este punto con las siguientes palabras: "El objeto formal de la Fe, es la verdad primera, en cuanto manifestada en las Sagradas Escrituras y en la Doctrina de la Iglesia. Por consiguiente, todo el que no acepta, como regla infalible y divina, la Doctrina de la Iglesia, que procede de la primera verdad manifestada en las Sagradas Escrituras, no tiene el hábito de la Fe, sino que posee lo perteneciente a la Fe, de un modo distinto al de la Fe... Es evidente por otra parte, que el que acepta la Doctrina de la Iglesia como regla infalible, presta asentimiento a todas las enseñanzas de la Iglesia. De otro modo, si entre las enseñanzas de la Iglesia acepta las que le parece y rechaza las que no le agradan, no acepta ya la Doctrina de la Iglesia como regla infalible, sino su propia voluntad". La fe de toda la Iglesia debe ser una, según aquello: Tened todos un mismo lenguaje y no haya entre vosotros cisma. Pero esta unidad sería imposible si, al surgir una cuestión de fe, NO FUESE RESUELTA POR EL QUE GOBIERNA A TODA LA IGLESIA, PARA QUE ASI SU DECISIÓN, SEA ACEPTADA Y DEFENDIDA FIRMEMENTE POR TODA LA IGLESIA" (Encíclica SAPIENTIAE CHRISTIANAE ) .
¿No se ha visto claramente que cada vez que son consagrados obispos u ordenados sacerdotes es ese tal a futuro próximo enemigo de todos o de una parte de los jefes de la Iglesia remanente?, y ¿no está claro que esto sucede porque no está el papa?, ¿qué cierta alegría morbosa de algunos cuando dicen que "los obispos están divididos" y esos son frutos que no denotan a la verdadera Iglesia?, ¿no es esto porque a muchos les conviene esa división?, porque, ¿han dado un paso para unir a la Iglesia, han empleado un solo centavo o un solo recurso en pro de la unidad, aunque hayan hecho otras obras católicas?, ¿y no han en algunos casos rechazado oportunidades a este respecto?. Esto es muy claro y he sido testigo. ¿Por qué los obispos no se olvidan de sus diferencias y sus condenas de unos a otros y las ponen en manos del papa para que vuelva la paz y la unidad?
También dice en la Encíclica mencionada: "...cuando la necesidad apremia, la defensa de la Fe, no es obligación exclusiva de los que mandan, sino que, como dice Santo Tomás, "todos y cada uno están obligados a manifestar públicamente su Fe, ya para instruir y confirmar a los demás fieles, ya para reprimir la audacia de los infieles". Retirarse ante el enemigo o callar (decimos ya interior o exterior) cuando por todas partes se levanta un incesante clamoreo para oprimir la verdad, ES ACTITUD PROPIA DE HOMBRES COBARDES, o de hombres inseguros de la verdad que profesan. En ambos casos, esta conducta es en sí misma vergonzosa y, además, injuriosa a Dios. La cobardía y la duda SON CONTRARIAS A LA SALVACIÓN DEL INDIVIDUO y a la seguridad del bien común, y aprovecha únicamente para los enemigos del Cristianismo, porque la cobardía de los buenos, fomenta la audacia de los malos".

DOCTRINAS QUE SE DEBEN CONSIDERAR.
1.) Es cierto que en la Constitución del Papa Pío XII VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS del 8 de diciembre de 1945, se dice que "El derecho de elegir al Romano Pontífice, compete única y exclusivamente a los Cardenales de la Santa Iglesia Romana, de forma que ninguna otra dignidad eclesiástica o potestad civil puede intervenir en modo alguno", pero a falta de Cardenales, la estricta, "gravísima y santísima" (Constitución VACANTE SEDE APOSTÓLICA de San Pío X) obligación de elegir papa recae plenamente sobre los obispos, obligación a la que' si estos se negaran o no completaran el número, recaería en la misma forma sobre todos y cada uno de los sacerdotes. La necesidad, no está sujeta a la ley. Esta doctrina es ampliamente enseñada y conocida. Y siendo la Iglesia una sociedad perfecta que tiene todos los recursos para salir de cualquier crisis por grave que sea; así enseñan Pío XII, León XIII y muchos papas, no se puede pensar que a falta de cardenales o de obispos suficientes, la Iglesia se deba quedar sin papa. Sería una verdadera y enorme tontería afirmar eso. EN LA IGLESIA, PODRAN HABER LAGUNAS JURÍDICAS, sobre todo, cuando a falta de la letra, se aplica el espíritu de la ley, o la intención del legislador, PERO NO HAY LAGUNAS MORALES. Y no se puede soslayar una grave obligación, porque LA LETRA NO MENCIONA EL CASO.
En LA LEY DE CRISTO de Bernhard Haring, HERDER, T. I, Pág. 319, leemos lo siguiente: "Ni el más sabio legislador consigue nunca expresar y coordinar sus leyes con tal precisión, que no surja ninguna oscuridad acerca de su sentido y de su alcance, ESPECIALMENTE CUANDO CAMBIAN LAS CIRCUNSTANCIAS...". Pág. 318: "La Epiqueya es la interpretación de la ley EN SITUACIÓN, HECHA NO A TENOR DE LA LETRA, SINO CONFORME AL ESPÍRITU DE LA MISMA, según el cual, se ha de suponer que el legislador no quiso someter a la regla general casos especiales en los que la aplicación de aquélla sería injusta. Según Santo Tomás, es la Epiqueya una virtud, hija de la Prudencia y de la equidad. ES DEL TODO FALSO PENSAR que la Epiqueya sea una especie de AUTODISPENSAMIENTO de la ley, o un SUBTERFUGIO para esquivar sus cargas. La virtud de la Epiqueya dispone tanto A ABRAZAR CIERTAS CARGAS E INCOMODIDADES QUE NO CAEN DENTRO DE LOS TÉRMINOS LITERALES DE LA LEY, cuando así lo pida su sentido o el bien común, como también a librarse del peso de la ley, cuando la equidad autorice a suponer que el legislador no quiso imponerlo en tal caso particular, o no al menos en forma tan onerosa. Así, la aplicación de la Epiqueya POR LOS SUBDITOS, presupone la misma virtud que el legislador".
Esquivar la responsabilidad moral de vdarle inmediatamente a la Iglesia un papa basándose en la letra de la ley, es FARISEÍSMO.
Por lo tanto, es insoslayable la obligación bajo pecado grave, de obispos y sacerdotes de elegir al papa, en virtud de la santa obligación que como representantes de Jesucristo tienen de defender al Cuerpo místico de Cristo al que pertenecen, perpetuarlo y EN CONCIENCIA, hacer todo aquello que lo favorezca o pueda sacarlo del actual caos y confusión. Negarse a esto es cismático, herético y una grave traición a Jesucristo.

2.) No hay obediencia que esté sobre la obediencia que se le debe a Dios. Si los obispos se niegan a elegir al papa, los sacerdotes están en la grave obligación DE DESOBEDECERLOS y reunirse para esto con los obispos que sí quieren. La virtud de la obediencia es MORAL, y por lo tanto se debe obedecer al que puede y debe mandar. Si el que manda, manda algo que no puede o debe, la obligación es desobedecerlo aún en contra de los intereses personales. Y la gravedad del caso puede hacer gravemente pecaminosa esa tal indebida obediencia. Actualmente la unidad y la salvación de la Iglesia está de por medio, por lo cual, todos los que pueden hacer algo, están obligados bajo grave. Esta doctrina no está sujeta a opinión, prudencia o interpretación distinta a la que la misma Iglesia ha dado.

3.) No está permitido a los obispos ni a los sacerdotes, y MUCHO MENOS A LOS LAICOS, condenar de lejos y sin conocimiento claro las acciones de otros obispos que actuaron en circunstancias sólo por ellos conocidas y muy particulares, y a veces pasando sobre la ley escrita, debido a la crisis espantosa actual y por la falta de papa. Estas acciones solamente pueden ser juzgadas por el Sumo Pontífice, único juez de los obispos. Es necesario considerar, que SALVO LOS INVASORES, todos están tratando de salvar a la Iglesia desde las distintas situaciones que a cada uno le ha tocado. Por lo tanto, juzgar antes de la elección, es una grave usurpación de la autoridad papal la cual, desgraciadamente, tantos laicos la practican sin conciencia o sin conocimiento, dividiendo aún más a la Iglesia. Este es un grave pecado contra la Caridad y contra la unidad de la Iglesia. Por el contrario, todos debemos considerarnos afectados por la misma desgracia y olvidando las divisiones unirnos todos para que el objetivo común pueda ser logrado con la ayuda de Dios.

4.) Ningún obispo está impedido, ni puede ser impedido de comunicarse con otros obispos o con todos los sacerdotes que quiera, sobre todo si lo que busca es la unidad de la Iglesia. Sucesores de los apóstoles, no hay autoridad más grande en la Tierra que la de ellos, con excepción de la autoridad del papa que es el representante de Cristo, con el que forma una sola cabeza. Impedírselo, como a veces se está haciendo, ya sean otros eclesiásticos, o peor aún, laicos, es actuar descarada y flagrantemente contra Jesucristo que quiere una Iglesia unida. La Iglesia es una institución divina que trasciende a cualquier otra humana. Está sobre ella y no puede ser dividida o escondida a otros miembros del clero por antojo o razón diversa, porque esto sería dislocar al Cuerpo de Cristo.
Por otro lado, y los obispos y los sacerdotes deben propiciar esta comunicación. Buscarla para unir las voluntades de los individuos que forman la jerarquía. Están todos gravemente obligados a esto para no incurrir en el pecado de cisma (Canon 1325-2).
La Iglesia no puede reconocer ni tolerar como propias, ciertas doctrinas ni ciertas prácticas que nunca ha enseñado ni practicado sobre todo cuando está de por medio su propia autonomía.
5.) Los laicos, deben ser por razón de su bautismo, cooperadores en la lucha para la salvación de la Iglesia y de las almas, pero sin apartarse de la Doctrina y de las normas por ella predicadas, ni disminuir en nada su autonomía teniendo en cuenta que la salvación de la Iglesia es la salvación del mundo. No les está permitido manipular a su juicio o prudencia ninguna de las áreas exclusivas de la Iglesia docente ni la vida espiritual y obligaciones con la Iglesia de otros laicos y mucho menos si es por causas políticas o mundanas o de venganza. Su actuación debe estar encaminada si verdaderamente son católicos, al triunfo de la Fe, al triunfo de la ortodoxia, al triunfo de la Iglesia, lo cual solamente puede lograrse con la obtención de su propia autonomía y la elección del papa. Y me parece que una acción unitiva, por la que todo esto comienza, no se está haciendo.

6.) No es remota una colisión entre los intereses y pareceres del mundo y los intereses y pareceres de la Iglesia, que son los intereses de Dios. Pero hay cosas que no se pueden ni se deben callar. Nuestro tiempo necesita fieles, es decir, que sean verdaderamente fieles que cooperen en todo, porque si los hombres no son capaces de resolver sus problemas y divisiones, por el motivo que sea, cuando por esto, está siendo comprometida la Esposa inmaculada de Cristo, entonces es El mismo quien ha de intervenir para aplicar el castigo merecido a la soberbia humana.

7.) Solamente el Pontífice Romano goza de la prerrogativa de la infalibilidad personal, según lo definió el Concilio Vaticano I. También los obispos son infalibles, pero solamente cuando están reunidos en concilio, y necesariamente estando con ellos el papa. Fuera de este cuerpo docente, nadie en la Iglesia es infalible, ni tiene derecho a indoctrinar con autonomía ni a normar los derroteros de la lucha para la salvación de la Iglesia. Por lo tanto, es engañar con deshonestidad al pueblo confiado, asegurarle una lucha ortodoxa y la conservación de la Doctrina, cuando no está en la Iglesia EL ÚNICO INFALIBLE Y QUE GARANTIZA LA INFALIBILIDAD DEL COLEGIO APOSTÓLICO. Arrogarse atributos que solamente al Romano Pontífice pertenecen de palabra o con los hechos, es un grave pecado de soberbia y una miopía de pronóstico reservado. Si la Iglesia pudiera conservar la pureza doctrinal hoy en día, sin la necesidad del papa, no valdrían para nada las enseñanzas de Jesucristo ni de la Iglesia sobre todo lo que se relaciona al papa. Todos los que están actuando con frialdad, con suficiencia, con soberbia en las actuales circunstancias y no pugnando por eso por la elección del papa, no solamente están traicionando a Cristo, sino que son responsables del daño que por esto sucede y sucederá en la Iglesia en todo el mundo.
Si se piensa que la conservación de la Liturgia, que la repetición de lo que los papas viejos dijeron o los doctores, o el Derecho, y que aprendiendo de los libros aprobados se conservará la Iglesia, y que las cosas pueden quedar como están por un tiempo hasta que se den ciertas condiciones, o se completen ciertos planes, entonces se tiene la mayor prueba de que se ha perdido la Fe. Esto es incuestionable. Porque la ley indiscutible en Sede Vacante dice claramente: INMEDIATAMENTE. Hay que terminar de entender que la principal lucha de Satanás en este tiempo, ES IMPEDIR POR TODOS LOS MEDIOS QUE EN LA IGLESIA HAYA PAPA- Y esta es la ultima cruzada. Darle a la Iglesia una cabeza, reunir a la Iglesia esparcida por todo el mundo, devolverle su autonomía, desligarla de otros intereses mundanos que la manipulan, la utilizan y la ensucian terriblemente. No se pueden admitir estas cosas, incluso si se hacen con buena intención.
Los obispos y los sacerdotes conscientes de la gravedad su sagrado ministerio y del compromiso tremendo que tienen ellos PERSONALMENTE con Jesucristo, segúramente reaccionarán favorablemente. Ellos mismos, como debe de ser, desconfiarán de una Iglesia decapitada y le pondrán seguro y pronto reredio. Si esto no sucediera, confirmaríamos que ya estamos en el final. La Iglesia ya no quiere papa.

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