lunes, 21 de mayo de 2012

¿SON NUESTROS "HERMANOS SEPARADOS" LOS PROTESTANTES? (7)

EL TEJIDO DE SATANAS
LA RELIGION DEL ANTICRISTO

El escritor protestante Van Baalen dice en EL CAOS DE LAS SECTAS que "el estudio de los cultos sectarios convencerá a los cristianos verdaderos de la necesidad de estudiar más dignamente la Fe dada una vez a los Santos. Los Mormones, los Testigos de Jehová, los Adventistas del Séptimo Día, tienen limpio siempre listos sus "versículos demostrativos", que frecuentemente llevan marcados con rojo o azul en sus Biblias. Por el contrario, -¡hay que fijarse muy bien de esto que dice este autor protestante!-, "los que siguen la sana doctrina, con harta fecuencia son incapaces de enfrentarse a esos textos con argumentos de la Escritura; convincentes y decisivos". 
Lo que ahora dice este protestante defendiéndose de los Mormones, de los Adventistas y de los Testigos de Jehová porque hay sectas más antiguas que se sienten afectadas por el furioso y deshonesto proselitismo de ellas, que arremeten lo mismo contra los católicos que contra los fieles de otras denominaciones protestantes, es exactamente lo mismo que todas las sectas protestantes han hecho contra los católicos. Es el sistema general que ha arrancado a tantos católicos de la Iglesia. Les presentan textos bíblicos que no saben contestar y muchos menos combatir, aislados del contexto, que los desorienta brutalmente y termina por apartarlos de la Fe apostólica. Este truco efectivo, estructurado en las oscuridades de las mentes judías de Levita, Sformo o Loans, no ha pasado de moda y aun hoy sigue siendo utilizado por los protestantes con mucho éxito. 
El vaivén desesperado y frenético de una secta a la otra en una búsqueda sin fin que no es otra cosa que el quebrantamiento de la unidad que da la fuerza y que deja a las masas vulnerables es el objetivo. El apartamiento de los pueblos de la Iglesia para hacerlos caer en un mar embravecido de olas que vienen y van y que se estrellan por todas partes es el objetivo. La división de las familias en las que se introducen gravísimos problemas religiosos, origen de muchos otros e incluso su misma desintegración, y la desintegración de la sociedad que se enfrasca en luchas lamentables y peligrosas, es el objetivo. Esta anemia espiritual, familiar y social es indispensable para esclavizar a los pueblos a fin de llevarlos al Gobierno Mundial que se está preparando y que quieren imponer tiránico y opresor. 
El Protestantismo creado para pulverizar, para diluir, para desorientar no forma mas que una parte de la doctrina del Anticristo. El escritor judío Josué Jehouda citado antes, tiene razón cuando afirma que con "la Reforma Protestante que estalló en Alemania, cincuenta años después del Renacimiento, la universalidad de la Iglesia quedó destruida". Una nueva era comenzaba. 
Leonardo Castellani cuando dice que la cuna del Anticristo es la mezcla del Liberalismo, del Comunismo, del Modernismo, del Ateísmo, del Protestantismo y del Capitalismo liberal, no se estaba equivocando. Son las potentes fibras que forman la cuna anticrística introducidas en las venas y hasta en los vasos capilares de la sociedad actual, imposibles ya de eliminar. 
Los Papas desde Roma advirtieron infinidad de veces del peligro que se estaba levantando por los horizontes del mundo, a través de sus escritos, a través de su palabra, pero o no fueron comprendidos o simplemente no fueron escuchados por los hombres de los últimos tiempos cuya fe se enfriaba, o por las piezas de un ejército invasor que ya comenzaba a forzar la entrada a la Ciudadela de la Iglesia.
Hay que reflexionar dos cosas importantes que nos ubicarán mejor en el tiempo que nos ha tocado vivir y luego relacionarlas.
1.- Cuando los protestantes se reunieron, como hemos visto más arriba, para comenzar la penetración en México y en la América Latina, allá estuvieron casi todas las sectas que pululaban en la Unión Americana, que predican doctrinas encontradas y que unas a las otras se condenan como herejes e incluso como anticristianas. El aceptar ubicarse en muy definidas zonas de México, dejando manos libres para que las otras sectas trabajen en otros territorios a los que van a infectar con doctrinas que han condenado, manifiesta con claridad dos cosas: a) que no hay un verdadero celo por la verdad que Cristo predicó, porque sería impensable que un grupo que se considera la verdadera Iglesia de Cristo, permitiera que otros grupos que predican el error lo lleven a ciertas regiones de un país de acuerdo a un plan en el que han participado. ¿A dónde nos lleva esto?, pues es sencillo: b) a descubrir sobre todas las sectas protestantes, a una mano que dirige en las sombras, a la que todos obedecen y se amoldan.
2.- Después del Concilio Vaticano II, una enorme embestida de doctrinas protestantes se introdujeron en la Iglesia con el pretexto del Ecumenismo y de la unidad de los cristianos. Claro que extraña mucho que se esté buscando la unidad en lo que está torcido y no en la excelencia. La liturgia se vio profundamente deformada y degradada a formas protestantes tan antiguas como los tiempos en los que los anglicanos cambiaron el culto católico para destruirlo. Las doctrinas se han ido retorciendo cauta y gradualmente hacia el Protestantismo y poco a poco, el pueblo católico ha sido convencido de que se está caminando bien, y esto ha tenido tanto éxito, que el mismo pueblo condena ya las formas católicas y prefiere abiertamente todo lo que tiene un espíritu protestante. Se está caminando aceleradamente a una Iglesia Sincrética Universal con el beneplácito del pueblo prostituido.
Hubiese sido absolutamente imposible que la influencia de las doctrinas protestantes afectaran en alguna forma a la ortodoxia católica. ¿A dónde nos lleva el estado actual general de cosas?, sencillo: hay una mafia infiltrada en las cumbres más elevadas de la Iglesia -ya denunciadas por el Papa San Pío X desde principios del siglo XX, por lo cual esto no es nada nuevo-, que se han ubicado en los lugares en los que el culto y las doctrinas se determinan. Pero aquí se vislumbra una cosa más, que creo que es la más aterradora: las mafias anticristianas que controlan al Protestantismo y las mafias que controlan hoy a la Iglesia católica, son una misma cosa y están llevando adelante un plan conjunto con óptimos resultados. No debe extrañar esto pues San Pablo predijo la Apostasía en su segunda carta a los tesalonicenses, y en sus apariciones en La Salette, la santísima Virgen María anunció que Roma perdería la Fe y se convertiría en la sede del Anticristo. ¿Y quién puede decir que esto no lo tenemos presente?.

EN EL APOCALIPSIS SE PREDICE 
LA REVOLUCION DEL SIGLO XVI.
Indudablemente la herejía revolucionaria de Lutero, de Calvino y de Enrique VIII, está profetizada en el Apocalipsis. Veamos por qué: en el capítulo VIII leemos lo siguiente meditando lo que someramente he expuesto en las páginas anteriores: "Hubo entonces pedrisco, fuego mezclados con sangre, que fueron arrojados sobre la tierra; la tercera parte de la tierra quedó abrasada, la tercera parte de los árboles quedó abrasada, toda hierba verde quedó abrasada. Tocó el segundo ángel -se está hablando de las siete plagas que caen sobre la Tierra cuando los ángeles tocan las siete trompetas o tubas, cada uno después del otro-. Entonces fue arrojado al mar algo como una enorme montaña ardiendo, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Pereció la tercera parte de las criaturas del mar que tienen vida, y la tercera parte de las naves fue destruida. Tocó el tercer ángel... Entonces cayó del cielo una estrella grande, ardiendo como una antorcha (¿Inglaterra?). Cayó sobre la tercera parte de los ríos y sobre los manantiales de agua. La estrella se llama Ajenjo. La tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió por las aguas que se habían vuelto amargas -el ajenjo es amargo-. Tocó el cuarto ángel... Entonces fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, quedó en sombra la tercera parte de ellos. El día perdió una tercera parte de su claridad y lo mismo la noche". 
Es necesario leer el texto del Cap. XV también, para establecer las diferencias, las coincidencias y las conclusiones que resultan de la comparación de las plagas primeras debidas al toque de las trompetas con las siete plagas últimas de las copas derramadas por los siete ángeles. 
Dice el Cap. XV: "Y oí una fuerte voz que desde el Santuario decía a los siete ángeles: Id y derramad sobre la Tierra las siete copas del furor de Dios. El primero fue y derramó su copa sobre la Tierra; y sobrevino una úlcera maligna y perniciosa a los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imágen -San Juan habla ya del tiempo anticrístico y final del mundo-. El segundo derramó su copa sobre el mar; y se convirtió en sangre como de muerto, y toda alma viviente murió en el mar. 
El tercero derramó su copa sobre los ríos y sobre los manantiales de agua y se convirtieron en sangre -no dice que una parte de ellos o sólo la tercera parte, sino todos-. Y oí al ángel de las aguas que decía: Justo eres tú, Aquel que es y que era, el Santo, pues has hecho así justicia: ellos derramaron la sangre de los santos y de los profetas, y tu les has dado a beber sangre; lo tienen merecido. Y oí que el altar decía: Sí, Señor, todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. El cuarto derramó su copa sobre el sol; y le fue encomendado abrasar a los hombres con fuego y los hombres -todos, se entiende-, fueron abrasados con un calor abrasador. No obstante blasfemaron del nombre de Dios que tiene poder sobre tales plagas y no se arrepintieron dándole gloria. El quinto derramó su copa sobre el trono de la Bestia, y quedó su reino en tinieblas -no se apagó la tercera parte de la luz del sol, como en las otras plagas, sino que la oscuridad fue total. La doctrina quedó en silencio absoluto-; los hombres se mordían la lengua de dolor. No obstante blasfemaron del Dios del Cielo por sus dolores y por sus llagas, y no se arrepintieron de sus obras". 
Todo el escenario que nos describen las últimas plagas de las siete copas, sugieren el tiempo del Anticristo. No se contamina la tercera parte de los ríos y de los manantiales de agua, sino todos ellos. Todos los ríos y manantiales de agua, se convierten en sangre como de muerto. En un flúido podrido, repulsivo y contaminante. 
¿Qué son los ríos y los manantiales de agua según San Gregorio Magno?, en su obra LOS MORALES (Lib. XVIII, Cap. XXXVII, 58) dice que son los corazones de piedra de los gentiles, abiertos milagrosamente como en el desierto se abrieron las piedras de las que manaron agua para dar de beber al pueblo de Israel, a fin de que de ellos manaran los Mandamientos y fueran capaces de la santa predicación. En el caso de las últimas plagas, el líquido que sale de la sede del Anticristo y de todas las sedes unidas a él, no es el agua de la Doctrina, sino que es sangre de muerto. 
En las primeras plagas, el día pierde la tercera parte de su claridad y el Sol pierde la tercera parte de su luz -la Iglesia-. En las últimas plagas, todo queda en tinieblas. La oscuridad es total. Es la Apostasía. La suma de todos los errores. Estas pocas reflexiones son suficientes para saber que San Juan está hablando de dos tiempos muy distantes en la historia de la Iglesia. 
El primero que no puede ubicarse en los siglos en los que la Iglesia triunfante y poderosa fue la reina a pesar de las luchas que sostuvo contra innúmeros enemigos. Hay que ubicar este tiempo después del año de 1,300 y esto nos lleva directamente a la revolución protestante. 
El segundo, el mismo Apocalipsis lo ubica con claridad al final de la historia, en el tiempo anticrístico -el trono de la Bastia quedó en tinieblas-. En el primero se nos describe la acción de los enemigos en férrea alianza contra Cristo que hacen mucho daño. 
La contaminación afecta a la tercera parte de las almas, a la tercera parte del poder de la Iglesia, a la tercera parte de su influjo benéfico sobre el mundo. La tercera parte de su resplandor desaparece. Este es el Protestantismo con todas las desgracias que trajo su tiempo, su tragedia, su corrupción. El segundo tiempo es el Modernismo llamado también Progresismo, denunciado por San Pío X como la suma de todas las herejías, destructor de toda religión y no solamente de la Iglesia Católica. Indudablemente el Modernismo o Progresismo, es la herejía del fin, pues un error que los contiene a todos, no puede ser seguido por otro mayor, porque ya consiste en una completidad insuperable. En el Modernismo se encuentran muchos de los elementos de la revolucionaria herejía iniciada por Martín Lutero en el siglo XVI, como se encuentran elementos de toda otra religión pagana. 
En este tiempo peligroso y resbaloso, en el que incluso los pastores se han convertidos en lobos, hay que recordar muy especialmente el texto del Apóstol San Juan de su ségunda Epístola, Cap. I, v. 10: "SI ALGUNO VIENE A VOSOTROS Y NO ES PORTADOR DE ESTA DOCTRINA -la que se predicó desde el principio sin sombra de alteración- NO LE RECIBAIS EN CASA NI LE SALUDEIS, PORQUE EL QUE LE SALUDA, SE HACE SOLIDARIO DE SUS MALAS OBRAS". O las palabras del Cap. III, 10 de la Epístola a Tito de San Pablo: "AL SECTARIO, DESPUES DE UNA O DOS AMONESTACIONES, REHUYELE, YA SABES QUE ESE ESTA PERVERTIDO Y PECA, CONDENADO POR SU PROPIA SENTENCIA"
El surgimiento del Protestantismo, tenía varias causas. El cautiverio de los papas en Avigñón; el cisma de Occidente acompañado de innumerables e intensas campañas antipontificias; las herejías de los wicklefistas y husitas dirigidas contra el poder de los papas que comenzaban a predicar doctrinas adoptadas después por Lutero; pero sobre todo, la corrupción y la relajación de costumbres, no solamente de los últimos papas del siglo XV, de la Curia, del clero regular y secular y del pueblo en el que ya se comienza a advertir, independientemente de su propia corrupción, una cierta aversión a la Iglesia. Este espíritu antieclesiástico y antiromano fue fomentado también por la actividad del Renacimiento, particularmente por Erasmo y sus partidarios, con sus sátiras y diatribas contra los conventos, contra el clero y contra la Curia romana. Estando así preparado el caldo de cultivo en el que el pueblo se revuelca, bastó una chispa lanzada por Lutero para que sobreviniera un furioso incendio que casi arrasa a la Europa cristiana. ¿Cómo pudiera ser que tal estado de cosas no tuviera los resultados más lamentables conocidos muy bien por la verdadera historia?.
Hillaire Belloc dice que el accidente más trágico de la Reforma Protestante, fue la apostasía de Gran Bretaña. Tal vez la Reforma no sería hoy más que un episodio histórico sin consecuencias, si hubiera permanecido firme uno de los más sólidos pilares de la Cristiandad medieval: la antigua Bretaña. Pero ese pilar cedió y su caída determinó el carácter permanente de la Reforma.
No es aventurado ver en el toque de la tercera trompeta, por el cual, una estrella grande, ardiendo como una antorcha -grande estrella por su antigua luz y ardiendo llena de fuego caer para contaminar las fuente de agua viva y los manantiales de la Doctrina- cae a Tierra en la apostasía de la nación inglesa.
En mil años de vida católico-romana, se plasmó lo que hoy constituye los más altos valeres del espíritu inglés. En la Pascua del año 597, se convertía Etelberto y diez mil de sus subditos mientras Agustín instalaba su sede arzobispal en Cantorbery y así, el paganismo antiguo retrocedía con gran violencia en la que llegó a ser llamada la "isla de los santos". Con el catolicismo, penetró la vieja cultura grecorromana que civilizó a los bárbaros. Las letras, las artes, la jurisprudencia cobraron impulso notable. Las gentes se elevaron espiritualmente y construyeron catedrales. De esa época provienen los usos y costumbres de forman la base de la actual organización política inglesa. Los reyes eran héroes cristianos y terror de los enemigos de la nación y de la Fe y toda la nación aspiraba hacia un fin superior. Ninguna nación en la historia asimiló con tal intensidad y en un tiempo tan breve, la cultura y la vida cristiana. Incluso reyes y señores lo abandonaron todo para hacerse monjes. En el calendario sajón, veinte y tres reyes se veneraban como santos. Los monasterios que fundó Agustín y sus cuarenta monjes se multiplicaron asombrosamente y fueron centros de influencia cultural y espiritual famosos por toda la Cristiandad. El amor a la libertad en el orden, le viene a los ingleses de aquel tiempo como su respeto a la dignidad humana, a la disciplina social, su culto a la familia y al hogar y todo lo que constituye la esencia más pura del espíritu inglés, viene de aquellos evangelizadores que llevaron la Doctrina de Cristo. El catolicismo que embalsamó a Inglaterra, con los perfumes de San Beda, de San Anselmo, de San Columna que construyó las catedrales de Lincoln, de Canterbury, de Westminster e innumerables abadías, cuna de la auténtica cultura inglesa, se vio severamente oscurecido con esta revolución infame luterana que dañó a toda la cristiandad.
Porque los pueblos que pudieron ser evangelizados, culturizados y formados desde más antiguo por la Iglesia de Cristo, se elevaron a cumbres espirituales y culturales insospechadas por los pueblos paganos o bárbaros que se convirtieron, lo mismo que los pueblos que llegaron más tarde y cuya evangelización fue impedida o truncada por los eternos enemigos, quedaron sumergidos parcial o casi completamente en la barbarie, en la incultura, en la irreligión y en la dependencia. ¿No se cambiaba, como decía W. Churchill, a esos pueblos la religión con la civilización que los elevó en la técnica y en la ciencia y los mantuvo en la barbarie?. Los protestantes al prescindir de la historia y de la Tradición con toda su benéfica carga, como verdaderas bestias brutas, queriéndolo o no, se vieron reducidos a recurrir a la sola Biblia como su única fuente, porque no hay otro expositor de sus doctrinas que el juicio personal para interpretarla y demolieron los cimientos sobre los cuales se habían construido los pueblos y la ciudad de Dios.
Desde la cuna, los paganos calificaron a la religión de Cristo como peligrosa superstición. La atacaron los agnósticos y los disidentes de la misma Iglesia. Hasta el Edicto de Milán, los emperadores romanos la persiguen. Luego los emperadores convertidos a la Fe cristiana celosos de su poder espiritual también la persiguen. Surgen las luchas teológicas. Iglesias enteras se apartan de Roma en pos de cismáticos y heresiarcas. Momentos hay en los que, como el del Concilio de Rimini el mundo gime al verse seguidor del Arrianismo. Triunfa la ortodoxia, pero la Iglesia hace frente al Néstorianismo, al Monofisismo, al Pelagianismo, a inmensos cismas como los de Acasio, y luego el de la Iglesia Oriental. Penetra la corrupción por todo el cuerpo y llega a manchar la púrpura romana, pero ella constantemente se reconstruye, rehace sus filas, rehace la pureza de sus costumbres, enfrenta a reyes y emperadores, lucha en cien frentes contra políticos, filósofos y falsos teólogos sin transigir jamás frente al error o hacer alianzas con la corrupción del mundo, porque sabe la Iglesia que la unidad de todos los hombres requerida por Dios, sólo se puede dar en la unidad de espíritu, de doctrina y de propósitos. La unidad en la diversidad es una estupidez pagana. Esta es la continuidad histórica que corresponde a la continuidad doctrinal de la verdadera Iglesia. Si existe una forma de Cristianismo tal que se extienda a todo el mundo, y subsista bajo emperadores, gobiernos y magistrados hostiles, que tenga como antagonistas a poderosas naciones y a grandes imperios, que con el cisma haya perdido iglesias y sean sus adversarios iglesias que fueron antes parte de ella misma, perseguida su grey, ocupadas sus iglesias y destruidas, que en otros lugares contemple a sus miembros degenerados o corrompidos, y que siempre tenga una sola voz cuyas decisiones esperan los pueblos confiadamente y que las naciones levanten su mirada a una sola sede, esa no es distinta Iglesia a la que hubo hasta el siglo quinto. Esa es la Iglesia verdadera de Cristo. Esa es la Iglesia que como pasando como un hilo de oro, puede establecer una línea que la conecta a través de la historia con la Persona del divino Crucificado.
Pero debía pasar una última prueba, lo mismo que Cristo la pasó al ser perseguido y luego llevado a la Cruz para morir asesinado por la maldad de los hombres. Debía subir a su Calvario en el tiempo del Anticristo, anunciado desde el tiempo de los Apóstoles. Porque, ¿cómo se puede resucitar para la gloria y para la vida eterna si no se está muerto?. Misterio inexplicable de Dios. Y la revolución protestante, es la violenta sacudida que aunque se manifiesta desde el siglo XVI, prepara ya la cama del Anticristo para cuatro siglos adelante. La Iglesia responde con la celebración del Concilio de Trento, que no es una mano tendida hacia la unidad en el error, sino un poderoso brazo extendido para rescatar a los hombres del naufragio de la herejía. Esta es su diferencia esencial con el Concilio Vaticano II celebrado en el momento anticrístico en el que las células del Anticristo llenan a la Iglesia a reventar, pretendiendo hacer con la raza humana una masa multiforme que mezcla toda religión en su camino para crear una religión sincrética universal creada por los enemigos de Dios. 
El cuerpo humano, con el tiempo se desarrolla y alcanza su debida proporción pero permanece idéntico a lo que era. Un desarrollo que significara un cambio de tipo fisiológico, sería repugnante a la naturaleza. Cuando un desarrollo doctrinal implica un cambio de tipo, se puede oler claramente la pestilencia de la herejía y el hedor de lo sucio. En el plano intelectual, la herejía es un monstruo fisiológico. Un hombre no es un niño agrandado, sino un niño desarrollado. En su crecimiento no hay corrupción. Pero para los progresistas que inspiraron el Concilio del siglo XX, huele a rosas lo que está podrido, ven bondad en lo agresivo y belleza en lo monstruoso y en lo que está deforme y grotesco. Y se empeñan en creer verdadero, lo que creen que es verdadero. Entre los extremos de la herejía y los inevitables extremos de la verdad, los espíritus pusilánimes o los espíritus traidores, buscan siempre un término medio. La diferencia entre la religión natural y la revelada, consiste en que una tiene autoridad subjetiva y la otra la tiene objetiva. ¿Cómo puede ser posible una armonía entre las dos cosas?, ¿no es esta cosa un verdadero monstruo que se pretende ser el hijo del Modernismo y del Concilio Vaticano II?.
Ante las terribles exigencias de la verdad, se debe temblar ante los sacrificios que esto representa. Verse obligado a adoptar decisiones extremas en momentos de angustia y necesidad. Caminar en medio de la noche, para sacar a la luz la verdad. ¿Será esto posible en nuestro día, cuando uno de los peores síntomas de la decadencia y degradación de nuestra civilización, es la indiferencia a la verdad?.
San Pablo en su Epístola a Timoteo (Cap. III, v. 1) describe a los hombres del final del mundo, aquellos que han de vivir en un mundo enfermo y agonizante, y lo hace con tal exactitud, que no se puede comprender sin la revelación. ¿Esta clase de hombres, van a salvar a nuestra civilización cristiana y a la Iglesia?: "Ten presente que en los últimos días, dice, sobrevendrán momentos difíciles; los hombres serán egoístas, avaros, fanfarrones, soberbios, difamadores, rebeldes a sus padres, ingratos, irreligiosos, desnaturalizados, implacables, calumniadores, disolutos, despiadados, enemigos del bien, traidores, temerarios, infatuados, más amantes de los placeres que de Dios, que tendrán la apariencia de piedad..."
Estos hombres han aceptado toda la infección del Protestantismo injertada en la Iglesia, en su Doctrina, en su disciplina, en los Sacramentos y en el santo Sacrificio de la Misa incluso, como una nueva visita del Espíritu Santo que viene a renovar, que viene a refrescar las doctrinas y las estructuras caducas; estos son los hombres que adoran al dios dinero que codician más que a cualquier cosa, para proporcionarse cualquier placer adicional; estos son los hombres que a cambio de tranquilidad, permiten que a sus hijos les envenenen el alma en los institutos, en las escuelas, en las universidades, en todos los medios modernos de difusión porque han preferido desde el fondo de sus almas corruptas, un mendrugo de porvenir y de seguridad mundana para sus descendientes, que un futuro promisorio en la Patria celestial logrado aun con renuncias y sacrificios; estos son los hombres que han visto con estólida indiferencia acercarse al Anticristo y penetrar en el santuario para destruirlo todo o deformarlo todo, incluso el propio futuro del mundo que les importa un comino porque el aquí y ahora todavía les satisface y les parece seguro y placentero; estos son los hombres de hoy, fríos, indiferentes, o tibios cuando mucho, que nada oyen, que nada entienden y que sólo podrán despertarse cuando la tempestad ruja sobre sus cabezas. El despertar jubiloso de la conciencia cristiana; la revolución en las aulas y en las almas; los clamores contra la apostasía mundial; las voces que gritan la verdad sobre los tejados; la revisión de la historia; los anhelos de un retorno al espíritu cristiano que no envejece; las luchas por la Fe en las que se entregan esfuerzos, sangre e incluso vida, no sólo están lejanísimos, sino que creo que en este estado de cosas son imposibles. Y es que todos los hombres, llevan en lo más íntimo de su alma, una semilla de la Apostasía imperante. 

+ MONS. JOSE F. URBINA AZNAR.
México, 2007.

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