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domingo, 29 de diciembre de 2013

EL SACRIFICIO DE LA MISA (27)

TRATADO II
PARTE I: LA ANTEMISA 
SECCIÓN I: EL RITO DE ENTRADA 
2. «Praeparatio ad missam»


«Asperges» y «Vidi aquam»
     334. En la Iglesia primitiva se exigia ya una preparación espiritual y moral antes de la celebración de la Eucaristía, y no sólo a los sacerdotes, sino también a los fieles. No obstante, en la liturgia encontramos formularios de esta preparación únicamente para sacerdotes, si no queremos considerar como tal la ceremonia de rociar con agua bendita los domingos a los fieles antes de la misa mayor, mientras se canta el Asperges o el Vidi aquam, oraciones que expresan purificación del alma; la primera, con ideas de arrepentimiento y penitencia al recitar los primeros versos del Miserere; la segunda, trayendo al recuerdo por los versos del salmo 117 el manantial de gracias que se nos abrió en el misterio pascual (Hablan de indicios que prueban que durante algún tiempo se consideraban estos actos de confesión de los pecados como una especie de confesión sacramental).

El «accessus» del sacramentario de Amiéns
     335. También en las liturgias orientales encontramos desde tiempos remotos oraciones especiales que sirven al sacerdote para la preparación de la misa antes de revestirse. De ordinario están incluidas en el rito mismo de la misa en calidad de oraciones que se rezan al entrar en el templo. En Occidente aparecen por vez primera en el siglo IX oraciones preparatorias para acercarse al altar, distintas de las horas canónicas. Se llaman accessus ad altare y adoptan unas veces la forma de apologías (Sacramentario de S. Thierry (segunda mitad del siglo IX; véase Leroquais, I, 21): Martene, I. 4, IX (I, 541-545): como orationes ante missam aparecen catorce oraciones largas de penitencia a las que siguen súplicas. Cf también el sacramentario de S. Denis (s. XI) (1. c., V. I, 518). Dos oraciones preparatorias de intercesión se encuentran también en el sacramentario de Ratoldo s. X) y otras están compuestas principalmente a base de salmos; forma que se ha impuesto desde entonces. Su presencia la advertimos por vez primera en el sacramentario de Amiéns, que contiene además, y por vez primera, oraciones para que el sacerdote las recite mientras se reviste, y hasta los primeros textos para las oraciones privadas del sacerdote durante la misa. La preparación consta del salmo 50, con algunos versículos y tres oraciones. Este esquema de preparación para la misa poco ha influido sobre otros semejantes (Se encuentra todavía en el misal de Troyes (Marténe, 1, 4, VI [I, 528]), y con más amplitud (en lugar del salmo 50 están los siete salmos penitenciales) en la Missa Illyrica (1. c., IV [I, 490-4921); en ambos casos le siguen las oraciones preparatorias del grupo de Séez. de que pronto se tratará. Cf. también el sacramentario de Lyón (s. xi) Leroquais, I, 126). En su lugar aparece hacia fines del siglo X en el Ordo míssae del grupo de Séez, una preparación litúrgica en forma de oficio bien dispuesto, que desde entonces se viene reproduciendo con numerosas variantes durante toda la Edad Media y se encuentra en forma más desarrollada en nuestro misal actual.

La «praeparatio» del «ordo missae» del grupo de Séez
     336. En su forma primitiva comprendía esta praeparatio ad missam tres salmos, a saber, el salmo 83 (Quam dilecta), que introduce a un peregrino anhelante por llegar al lejano santuario; el salmo 84 (Benedixisti), salmo de adviento, que enaltece la gracia de Dios y pide que le siga dispensando su fervor; a estos dos salmos, tan a propósito para la preparación de la misa, se añade como tercero, probablemente sólo para completar el número tres, el salmo 85 (Inclina), que en términos más generales invoca la ayuda de Dios. De los versículos que a continuación se rezan, los dos que acentúan este mismo sentimiento están tomados del salmo 84 (Deus tu conversus; Ostende), al paso que otros piden el perdón de los pecados (Ne intres, Sal 142,2; Propitius esto, Sal 78,9b) o imploran en general la misericordia de Dios (Exsurge, Sal 43,26; Fiat misericordia, Sal 32,22; Domine exaudí, Sal 101, 2). La preparación termina con el Aures tuae pietatis, que interesa el favor del Espíritu Santo para el digno cumplimiento de este ministerio. También hoy la ponemos a continuación de los versículos como la primera oración, pero substituyendo el singular (precibus meis) por el plural.

Adiciones posteriores
     337. No tardó en ampliarse este cuadro de oraciones. Se impuso en todas partes como adicional el salmo 115 (Credidi), que habla de tomar el cáliz del Señor (Missa Illyrica (Martene, 1, 4, IV [I, 492 D; con muchas ampliaciones]); cf. 1. c.. XVI (I, 594 D); Bernoldo. Micrologus, c. 1 23: PL 151, 979 992; sacramentario de Módena (Muratori, 1, 86) y la mayor parte de los documentos posteriores). Otros salmos se añaden sólo en algunos sitios (Entre ellos aparece coa frecuencia el salmo 116 (Laúdate) solo (así a partir de los siglos XII-XIII, en misales estirios [Kóck, 95 100] y regularmente en húngaros [Radó, 23 40, etc.,]) o junto con la última parte del salmo 118 (Appropinquet) así en varios sitios fuera de Italia [Kóck, 97; Beck, 260; Yelverton, 5]). Esta última parte del salmo 118 se encuentra con otros también en misales españoles de los siglos XV y XVI (Ferreres. 54 67), y ya en el misal de Lieja (s. XI) (Martene, 1, 4, XV [I, 582 E]) como, por ejemplo, el salmo de penitencia 129 (De profundís), que, junto con el salmo 115, se inserta en Italia hacia fines del siglo XII (Inocencio III. De s. alt. mysterio, I, 47: PL 217, 791; Sicardo de Creíiona, Mitrale, II, 8: PL 213, 86. En el siglo XIII, los cinco salmos actualmente empleados se mencionan Junto con sus oraciones en Pseudo-Buenaventura, De praeparatione ad missam, c. 12 (S. Buenaventura, Opp. ed. Peltier, XII [París 1868] 226); Durando, IV, 2, 1); se encuentra hacia el año 1290 en el Ordo missae de la capilla papal y de allí pasa al misal romano. En las preparaciones es frecuente encontrar tales salmos de penitencia (Los siete salmos penitenciales están en la Missa Illyrica (Martene. 1, 4, IV TI, 490 E]); cf. sacramentario de Lyón (Leroquais. I, 126). Asimismo, todavía en la baja Edad Media: misal de Sevilla (1535) (Martene, 1, 4, 1, 8 (I, 348 C] y Ordo missae de Ratisbona (Beck, 258). En ese mismo documento de la capilla papal (L. c., 199s. Parece que también en un misal franciscano del siglo XIII (Ebner, 313), aparecen también los demás detalles de este conjunto de oraciones, tal y como lo trae hoy el misal, o sea la antífona Ne reminiscaris, el Kyrie eleíson con el Pater noster (El paso a los versículos con Kyrie y Pater noster está registrado ya en Bernoldo (Micrologus, c. 1 23: PL 151, 979 992), con el misal de San Vicente del Volturno, hacia 1100 (Piala, 197, cf. cód. Chigi [Martene, I, 568 El); en el misal de Seckau. hacia 1170 (Kock, 95), y en el sacramentario de Módena, compuesto antes de 1174, en el que está también la antífona, pero con el texto Sanctifica nos Domine (Muratori, I. 36 . El Kyrie se encuentra ampliado en una letanía especial (que no invoca a santos particulares, sino sólo a grupos: omnes s. patriarchae, etc.) en misales húngaros a partir del siglo XII (Radó, 23 40 76 96 118 123 155). Por lo demás, Prescindiendo de los versículos, estos misales son los que más se ciñen al orden de oraciones del grupo Séez; a veces en que simplemente tienen por conclusión las dos oraciones Fac me quaeso (véase más adelante 356) y Aures tuas) el resto de los versículos, que igualmente respiran ambiente de penitencia, y el aumento de las oraciones hasta siete, de un tono más confiado. Entre éstas, las seis primeras, lo mismo que en el original, imploran las gracias del Espíritu Santo (Esta devoción especial al Espíritu Santo se expresa también por la antífona Veni Sáncte Spiritus, que sigue a los salmos en el misal de Seckau (hacia 1170) (Kock, 95) lo mismo en el Ordo de Gregorienmünster, de la baja Edad Media (Martene, 1, 4 XXXII [I, 653 DI), donde se encuentra el Veni Creator al principio de los salmos. La antífona se encuentra también aislada (1. c.. XXVIII [I, 642 D]; Ferreres, p. lxxxiv). El Veni Creator con versículo y la oración Deus cui omne cor patet (sin salmo) constituye, por regla general, la preparación en el rito de Sarum (Legg, Tracts, 219 255; Legg, The Sarum Missal, 216; Martene, 1, 4, XXXV [I, 664]); más tarde se dijo al revestirse), mientras la séptima, que es una antigua oración de adviento (Conscientias nostras), pide la purificación de la conciencia para el advenimiento del Señor.

Oración alternada
     338. Es fácil entrever en esta serie de oraciones el esbozo de un rito que tiende, según las leyes de la oración litúrgica, a la recitación en común. Pero notemos también que a veces en la baja Edad Media encontramos este conjunto ampliado y convertido en una verdadera hora canónica (Empieza con Deus in adiutorium y el himno Veni Creator, al que siguen salmos, capítulo (Rom V,5), responsorio, preces y algunas oraciones (ordinario de la misa de Augsburgo, del año 1493) (Hoeynck, 367s). En forma parecida también en un misal de la alta Hungría del siglo XIV (Radó, 71). Ya muy evolucionado (e. o. con el Appropinquet, véase arriba, nota 9), en el misal de Seckau, hacia 1330 (Kock, 97s), y en el ordinario de la misa de Ratisbona (Beck, 259-261); en forma algo mutilada también en Suecia (Yelverton, 5-7). Hoeynck observa, con razón, que las oraciones aparecen como un oficio de Spiritu Sancto). Desde un principio se pensó en recitar estas oraciones en común (Ordinario de la misa de Séez (Martene. 1, 4, XIII [I, 574 E]): cum circumstantibus. La Missa Illyrica hace rezarla a solos los clérigos mientras se reviste el obispo (1. c., IV [I. 492 C]). El sacramentario de Módena (Muratori, I, 86) prescribe además: cantet per se (episcopus vel presbyter) et per circumstantes psalm. istos cum litaniis et antiphona. Cf. Ebner, 321. Más citas en LeBRUN (Explication, I, 3-2), quien afirma que la letanía correspondiente antes de la misa solemne se cantaba en algunos sitios todavía hacia 1700y, conforme una rúbrica que se observa aún hoy en las misas pontificales, los dos canónigos asistentes han de contestar al obispo cuando éste reza la praeparatio ad missam (Caeremoniale episc.. II, 8, 7. La misma prescripción en el pontifical de Durando (Andrieu. III. 632s): el obispo reza los salmos cum clericis suis. Lo mismo en un misal del siglo XV de Nápoles (Ebner, 115): el obispo cum capellanis suis. Las oraciones del obispo que empiezan con el salmo 83 y que se dicen por éste al revestirse se encuentran también en el pontifical romano del siglo XIII (Andrieu, II, 371 471 478 y más veces).

La «Oratio S. Ambrosii»
     339. Al oficio de preparación para la misa, que había reemplazado a las apologías de principios de la Edad Media, se agregó posteriormente una extensísima fórmula de dicha apología, a saber, la oración Summe sacerdos, que lleva el titulo Oratio Sancti Ambrosii y cuyas partes están hoy repartidas por los siete días de la semana. Es una apología en el sentido más amplio de la palabra. En ella la melancólica acusación de si mismo se ha substituido ya por humildes súplicas. No pertenece a la época en que se dieron con tanta exuberancia las apologías, sino al siglo XI (P. Cabrol, Apologies: DACL I. 2599; Wilmart (Auteurs spirítuels, 101-125), que ofrece un texto crítico y sospecha que el autor es Juan de Pécamp (+ 1079). En esto, ciertamente, hay que tener en cuenta que la oración se encuentra ya a mediados del siglo XI en el sacramentario de S. Denis al principio de la misa (Martene, 1, 4. V [I, 522). Esta oración luego se propagó rápidamente. Se encuentra en un sacramentario de Preising, del siglo XI (Ebner. 272); en un sacramentario del centro de Italia, del final del sido XI; a partir del siglo XII, también en España (Ferreres, p. LIX LXXII ex 7Ss). Pseudo-Buenaventura recomienda al sacerdote que añada esta oración a los cinco salmos, etc. En el misal romano parece haber entrado por el ordinario de la misa de Burcardo de Estrasburgo (Legg, Tracts, 126ss;, que lo prepone ad libitum sacerdotis). Al igual de las otras oraciones y consideraciones que en los misales posteriores y el actual se ponen para uso del sacerdote (En el Ordo missae de Ratisbona (hacia 1500) están reunidas todas las oraciones preparatorias de la baja Edad Media (Beck 257-261). El Ordo qualiter sacerdos se praeparet contiene, después de los 15 gradus beatae Virginis (esto es, rezar tres veces cinco salmos con añadiduras determinadas), los siete salmos penitenciales, una iniciación al recogimiento interior, una oración de passione Domini. algunas oraciones más y, finalmente, el oficio de preparación, comentado arriba en la nota 17. El misal de Vich (1496 hace preceder coma praeparatio sacerdotis un inciso de San Gregorio Magno (Dial., IV, 58), que empieza Haec singulariter victima (Ferretes, p. civ). La oración que en el misal romano lleva el título Oratio s. Thomae Aquinatiis se encuentra con variantes en las oraciones preparatorios de Linkóoing (Yelverton. 9s): Omnipotens et misericors Deus, ecce accedo. Las oraciones siguientes no entraron en nuestro misal antes de la edición nueva de Clemente VIII, 1604), sin duda nunca se tuvieron como obligatorias mientras que las demás se presentan en las fuentes del siglo XI generalmente como parte de la liturgia, en el mismo plano que las fórmulas para revestirse o las oraciones ante las gradas, que frecuentemente se hallan como entrelazadas sin separación En qué grado obligan estas oraciones adicionales, lo determina la costumbre El misal de Pío V pide su recitación solamente pro temporis opportunitate. En cambio, insiste en la recomendación general de que el sacerdote, antes de acercarse al altar, haga oración por algún espacio de tiempo, orationi aliquantulum vacet.

Meditación en vez de oración vocal
     340. El misal tridentino no insiste en la oración vocal del sacerdote antes de la misa. Se explica si tenemos en cuenta el movimiento a favor de la oración mental surgida en los círculos de la devotio moderna, y que se extendió con fuerza cada vez mayor a partir de las últimas décadas del siglo XV. Para disponerse al sacrificio de la Nueva Alianza con alma jugosa y plena conciencia de la majestad de este misterio, que pide como ninguno la «adoración en espíritu y en verdad», hay que reconocer que ningún medio podía ayudar más que un rato de meditación sobre las grandes verdades, tanto más cuanto que durante la misa había ocasión para numerosas oraciones vocales. A esto hay que añadir que los maitines y laudes contrincaban precediendo obligatoriamente a la misa. Con razón la meditación matutina llegó a ser un elemento cada vez más recomendado en el horario del sacerdote.
     Lebrun (I, 30s) da cuenta de una forma especial de preparación ascética que en los siglos anteriores era costumbre para el hebdermadarius en algunas colegiatas (vida en retiro absoluto en una habitación especial, ayuno, lectura de la pasión del Señor) ; cf. De Moléon, 173; Binterim, IV, 3, p. 273s.
P. Jungmann, S.I.
EL SACRIFICIO DE LA MISA

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