jueves, 9 de septiembre de 2010

OTRAS PRINCIPALES DEVOCIONES, QUE PROSPERAN LAS FAMILIAS

La devoción de la Virgen santísima es la que principalmente, después de Dios, han de tener todos los verdaderos cristianos; porque, según dice san Bernardo, ha determinado el Altísimo Señor no conceder gracia ni favor alguno a las criaturas, sin que pase por las piadosas manos de su santísima Madre : Nihil nos Deus habere voluit, quod per Mariae manus non transiret.
Ilustrado de esta verdad parece se hallaba el sabio Salomón cuando pidiendo á Dios nuestro Señor la verdadera sabiduría, y juntamente con ella las conveniencias decentes, espirituales y temporales para su real persona, concluyó su fervorosa oración, diciendo en misterio, que se profesaba hijo de su santísima Madre : Quia servus tuus sum ego, et filius ancillae tuae (Sap., ix, 4 ; et III Reg., III, 9).
La misma soberana ilustración parece tenia el santo rey David cuando hablaba de la feliz muerte de los justos : Cura dederit dilectis suis somnum; y advierte, que la herencia dichosa de la vida eterna, que era participada de su santísimo Hijo, era también premio del fruto estimable del bienaventurado vientre de su santísima Madre; porque prosigue diciendo : Ecce haereditas Domini, filii : merces fructus ventris; lo cual tiene misteriosa energía (Psalm. CXXVI, 3).
La misma soberana Reina de los ángeles y de los hombres ofrece para todos sus cordiales devotos esta perpetua felicidad, diciendo, que ama á los que la aman; y á los que la honran y glorifican les dará la vida eterna (Prov., VIII, 21). Dice también, que anda en los caminos de la justicia, para enriquecer á sus devotos : Ut ditem diligentes me ; y que los que la estiman no pecarán, y conseguirán la corona de la gloria. Todo está casi a la letra en el sagrado texto. (Genes., XXI, 10; cum exp.)
Por este motivo trabaja tanto el astuto demonio, para que los fieles dejen la devoción de María santísima; porque no se asegura de nuestra perdición eterna, aunque pequemos muchas veces, si no se consigue el que dejemos esta santísima devoción de la Virgen. Es molestísimo, diciendo al pecador, que de una vez arroje al Hijo y a la Madre. Esta era la instancia porfiada de Sara con Abrahan, diciéndole : Ejice filium, et matrem ejus, porque si la madre se queda en casa, no tardará en volver el hijo (Genes., III, 15).
Es confusión de todo el abismo del infierno la invocación fervoroso de María santísima, y la teme mucho el demonio, desde que Dios le dijo, que le había de romper la cabeza : Ipsa conteret caput tuum.
Por esto el dulcísimo san Bernardo nos persuade tanto que en nuestras tentaciones y tribulaciones invoquemos y llamemos a María santísima; porque en oyéndola nombrar Satanás, se llena de confusión, y se da por perdido.
Esto declaró en misterio el santo Job, hablando de los demonios, en metáfora de ladrones nocturnos; y de María santísima, con el especioso título de Aurora, y dice si apparuerit: aurora, arbitrantur umbram mortis. Cuando el demonio, ladrón infernal, nos está tentando para robar de nuestras almas la divina gracia, si oye el dulcísimo nombre de María, huye confuso, y se da por perdido.
En llamando fervorosos a María santísima, luego huyen confusos los enemigos, y quedamos gloriosamente libres y vencedores. El santo profeta Isaías nos lo dice en vaticinio con estas palabras : A voce angelí fugerunt turbae: de la voz del ángel huyeron los enemigos del pueblo de Dios: ya se sabe que la voz del ángel es el Ave María.
En el Manípulo de los ejemplos se refiere de una simple avecilla, que teniéndola en una casa de católicos, aprendió a decir Ave María. Y para que los racionales entendiesen el soberano poder de estas angélicas palabras, sucedió que despuntando veloz un ave de rapiña, pronunció la ave simplecilla en su mortal congoja estas celestiales palabras, diciendo Ave María, Ave María, y al instante cayó muerta el ave rapaz que quería quitarla la vida.
Conociendo bien el apóstol san Pablo este supremo poder de la Reina de los ángeles, para el consuelo y asistencia de los hombres, decía que llegásemos confiados al trono de la gracia, y hallaríamos nuestro eficaz remedio en auxilio oportuno : Accedamus cum fiducia ad thronum gratiae, etc. (Hebr., iv, 16; cura S. Bonav.)
Dichosa la familia donde reina fervorosa la devoción de María santísima, porque dado padezcan algunas tribulaciones propias de los justos, tienen confianza grande, dice el seráfico doctor san Buenaventura, que de todas los sacará con gloriosa victoria esta soberana Reina, en cuyo debido obsequio estarán bien empleados los bienes témporales que gastaren en su sagrado culto.
Ejemplo poderoso para toda la cristiandad fueron aquellos nobles y virtuosos romanos, marido y mujer, que viéndose sin hijos, nombraron heredera universal de su hacienda a la Virgen santísima, determinando emplearla en lo que la misma soberana Madre de piedad les inspirase, Fue así, que en una misma noche les habló al caballero y á su esposa la Virgen santísima, diciéndoles era su voluntad, que la edificasen un templo en aquel espacioso lugar que á la mañana siguiente hallarían cubierto de nieve. Era esto a 5 de agosto, cuando en Roma son ardentísimos los calores.
Fueron ambos consortes muy por la mañana siguiente al sumo pontífice Liberio, y hallaron que la soberana Reina le había revelado lo mismo al vicario de nuestro Señor Jesucristo. Hallóse también nevado un monte que está dentro de la ciudad de Roma, cuya altura es tan moderada, que no excede á los otros seis montes que están dentro de las murallas de dicha ciudad; y donde hallaron la nieve allí fabricaron un suntuoso y magnífico templo, que hoy se I dice Santa María la Mayor, cuya fiesta principal es a 5 de agosto, con título de las Nieves (Eccl., die V, Aug., lect. IV et V).
Advertid, católicos, los gloriosos fines que tienen los cultos y veneraciones de María santísima, y conservadla fervorosa devoción, si queréis hacer felices vuestras casas y familias; porque es cierto, que los animosos en los obsequios y cultos de la soberana Reina de los ángeles María santísima, se opulentan de todos modos, como se dice en el misterioso libro de los proverbios : Ut ditem diligentes me, et thesauros eorum repleam.

La devoción afectuosa al glorioso patriarca san José es justo no falte de ninguna casa de los cristianos; porque son grandes los privilegios que el Altísimo tiene concedidos á los fieles devotos de este santísimo patriarca. Siete principales se mencionan en la divina historia de la Mística Ciudad de Dios, y son los siguientes :
El primero es alcanzar la virtud de la castidad, y vencer los peligros de la sensualidad carnal.
El segundo, alcanzar auxilios poderosos para salir de pecados, y volver á la amistad de Dios.
El tercero, alcanzar por su medio la gracia y devoción de María santísima.
El cuarto, conseguir buena muerte, y en aquella hora defensa contra el demonio.
El quinto, que temiesen los mismos demonios oír el nombre de san José.
El sexto, para alcanzar salud corporal y remedio en otros trabajos.
El séptimo privilegio es para alcanzar sucesión de hijos en las familias.
Estos y otros muchos favores hace Dios á los que le piden por la intercesión del esposo digno de nuestra Reina, san José; y les importa á todos los fieles que sean muy devotos suyos, y los conocerán por experiencia, si se disponen para recibirlos y merecerlos.
La Reina soberana de los cielos María santísima dice: lo que pide mi esposo en el cielo, concede el Altísimo en la tierra; y a sus peticiones y palabra tiene vinculados grandes y extraordinarios favores para los hombres, si ellos no se hacen indignos de recibirlos.
En la misma doctrina dice también la soberana Reina, que en el día último, cuando todos los hombres serán juzgados, llorarán amargamente los infelices condenados el no haber conocido por sus pecados este medio tan poderoso y eficaz para su salvación, y el no haberse valido de él, como pudieran, para granjear la amistad del justo Juez.
El conocimiento cumplido y entero de la eminente santidad de san José se reserva para el cielo, como se dice en la misma divina historia de la Virgen santísima, donde se hallarán otras particulares excelencias de este glorioso patriarca.

La devoción afectuosa al glorioso arcángel san Miguel, es también convenientísima a todas las casas y familias, y aun á todas las personas; porque la poderosa asistencia de esto gloriosísimo príncipe a sus devotos los hace felices en bienes temporales y espirituales, y la Iglesia santa del Señor en su pública Letanía de Santos, pone la intercesión del arcángel san Miguel inmediata á la Virgen santísima.
Este glorioso arcángel es el primer ministro de Dios, y gobernador de su dilatado reino, patrón máximo de la Iglesia católica, capitán general de los ejércitos del Señor, y príncipe de la milicia angélica, como lo canta la misma Iglesia romana, y lo escriben los santos padres.
San Gregorio el grande dice, que siempre que sucede alguna cosa de maravillosa virtud, se entiende ser enviado para ella el glorioso príncipe y arcángel san Miguel : Quoties mirae virtutis aliquid agitur, Michael mitti perhibetur.
Son tantos los ángeles que están sujetos a la dirección de su príncipe san Miguel, que según escribe la ilustrada santa Brígida, aunque todos los hombres del mundo, que fueron, son y serán, se juntasen ahora, se podía a cada uno señalar diez ángeles de guarda. Considérese con esto cuánta es la superioridad de este glorioso príncipe de los santos ángeles.
El misterioso nombre del príncipe san Miguel se interpreta : ¿Quién como Dios? y con esta voz asombrosa arrojó del cielo a los infiernos un sin número de ángeles rebeldes, y siempre ha quedado en esas misteriosas voces la misma poderosa virtud, por lo cual en nuestras tentaciones y tribulaciones conviene usemos de las mismas palabras, exclamando fervorosos, y diciendo : ¿Quién como Dios? Y al instante huyen los demonios.
Tiene bien calificada su milagrosa virtud este arcángel soberano en los bienes espirituales y temporales con que asiste a sus devotos. Al insigne varón Altisidoriense, que era incapaz de letras por la cortedad notoria de su natural ingenio, le hizo el glorioso arcángel tan sabio, que fué el asombro de todo su siglo.
Véase lo mucho que escribe el célebre Lanuza sobre este asunto en sus preciosos libros del patrocinio de los ángeles, donde se hallará aquel pasmoso milagro, en que se refiere, que pasando por un monte el ilustrísimo don Lope Fernández de Luna, arzobispo de Zaragoza, y oyendo en aquella soledad unas voces lastimosas, halló salían de una cabeza separada de su cuerpo, que pedía le oyesen de confesión sus pecados.
Examinó todo el caso el prudente y celoso arzobispo, y comprobó que la persona de quien era aquella cabeza había tenido por especial patrón y abogado suyo al glorioso principe san Miguel, por cuya poderosa intercesión se conservaba el alma en la cabeza, para que confesase sus pecados, y consiguiese la vida eterna. Habiéndole confesado, acabó de espirar, y el venerable arzobispo le hizo dar eclesiástica sepultura; y en memoria de esta grande maravilla edificó la capilla de san Miguel de la Seo de Zaragoza.
Un especial devoto de este soberano arcángel ha sacado impreso un cuadernillo, con su espiritual novenario; y cuantos con devoción le hacen, pueden decir, como de facto dicen las nuevas maravillas de este grande protector de los mortales, quien ha de presentar nuestras almas en el tribunal divino, como dice la santa Iglesia.
A mas de la devoción del glorioso arcángel san Miguel, cada uno ha de ser especial devoto del ángel santo de su guarda, porque le asiste á todas horas y en todo tiempo, sin dejarle por sus pecados, como dice el sagrado texto: Et non dimittet cum peccaverit (Exod., XXIII, 21).
El ángel de nuestra guarda nos libra de innumerables peligros, principalmente en la niñez, cuando nonos podemos valer a nosotros mismos; como se dice en la divina historia de la Mística Ciudad de Dios.
Desde que la criatura racional es concebida en el vientre de su madre, se desvela el demonio para su perdición; mas la divina Providencia reprime los conatos del dragón infernal, a quien le tiene limitado el poder, para que no haga todo lo que intenta su implacable malicia. A mas de esta providencia general, entra la particular protección de los santos ángeles de guarda, que el Altísimo concede a su tiempo oportuno, como también se dice en la divina historia.
Alegan los demonios contra la criatura concebida en el vientre de su madre las culpas que trajeron sus padres en su desordenada generación; y los ángeles alegan el santo sacramento del matrimonio, las bendiciones de la Iglesia, y las buenas obras de sus padres; por lo cual en los fetos ilegítimos es mayor la contienda, y en conservarlos se manifiesta mas la misericordia divina, porque el pecado pelea siempre contra el pecador, como dice David.
Cuando los padres son viciosos y sin méritos propios, alegan los ángeles los méritos y buenas obras de sus pasados, en defensa de las criaturas ; como sucedió en el ingrato Roboan, con quien el Altísimo tuvo piedad, y le toleró por los méritos y santidad de su abuelo David (III Reg., XI, 26).
Cuando los infantes que se conciben son escogidos de Dios para algún servicio grande de la Iglesia católica, tienen mayor vigilancia los santos ángeles para defenderlos a ellos y á sus madres de las invasiones del enemigo infernal, que se desvela mas furioso en el cuidado de perderlos, y trabaja mucho para que sus madres los aborten; como se nos enseña en la citada divina historia.
Este grande beneficio de sus ángeles de guarda tienen ordinariamente puesto en olvido los mortales con odiosa ingratitud y pesada grosería, sin advertir en la dignación inmensa del Señor, en haber mandado á tan santos príncipes que asistan, guarden y defiendan á unas criaturas terrenas y llenas de miserias y culpas, siendo ellos de naturaleza tan superior y espiritual, y llenos de tanto gloria, dignidad y hermosura. Por este olvido se privan los hombres ingratos de muchos favores de los mismos ángeles.
En todo lugar conviene tenga la criatura mucho amor y reverencia el ángel santo de su guarda, como si con los ojos corporales le viera, para que no haga en presencia de su ángel lo que en público no haría, advirtiendo que siempre está su santo ángel mirando la cara de Dios; como se dice en el santo Evangelio (Matth., XVIII, 10).
Por este altísimo misterio de los ángeles recibieran los mortales grandes influencias de la divina luz, y muchos favores incomparables del Señor, si no lo impidieran con el óbice de sus pecados y abominaciones, y con el olvido de tan estimable beneficio; como se dice en la Mística Ciudad de Dios.
El sabio Salomón dice en el precioso libro de sus verdaderos Desengaños, que delante de tu ángel no te atrevas a decir que en Dios no hay providencia, no sea que irritado el Altísimo de tus estultas palabras, te acabe y te destruya. Donde se debe advertir lo que el Sabio dice, que delante del ángel del Señor reprima la criatura su mal concepto, y ordene todas sus buenas obras interiores y exteriores.

La devocion del arcángel san Rafael se ha despertado gloriosamente en este tiempo, y es justo la tenga todo cristiano; porque para muchas cosas es especial abogado, como nos la enseña la santa Iglesia. (In Offic. Arch. Raph.)
Lo primero conviene que los navegantes y caminantes le sean muy devotos; porque este santo arcángel es el que guió y defendió en su largo viaje al bendito jóven Tobías, como consta del sagrado texto (Tob., ni, 29).
Lo segundo, deben encomendársele todos los enfermos y dolientes, porque su santo nombre se interpreta : Medicina del Señor; y este espíritu soberano es el que curó y sanó, y dió la vista perdida al santo anciano Tobías, como también consta de la divina Escritura.
Lo tercero, deben encomendársele mucho todos los que han de tomar el estado del santo matrimonio; porque este glorioso príncipe es el que previno la esposa digna al virtuoso jóven, á quien acompañaba en su viaje en forma humana. (Tob., XII, 25, cum ant.)
Lo cuarto, deben serle muy devotos todos los que viven en el estado del santo matrimonio, y principalmente los recien casados, para que los libre del diablo Asmodeo, como libró a la bendita Sara con el dichoso Tobías, habiéndole primero muerto siete maridos torpes, que sin temor de Dios quisieron vivir y habitar con ella; como se dice en el citado sagrado libro de Tobías.
Lo quinto, será justo se encomienden al glorioso arcángel san Rafael todos los padres y madres que tienen á sus hijos fuera de sus casas, ó los han de enviar a lugares extraños, para que en ausencia de sus hijos el santo arcángel los consuele, y a sus hijos los defienda de peligros y de malas campañías; como lo hizo con el dichoso jóven Tobías, y con sus afligidos padres.
Lo sexto, aprovecha la fervorosa invocación del arcángel san Rafael para librarse las casas y las personas de las obsesiones malignas e infestaciones de los demonios, que ponen discordias y ligamentos preternaturales en los bien casados; porque de la divina Escritura nos consta que este
mortales de semejantes trabajos.
Últimamente, los que quisieren lograr el cumplido gozo de sus casas, y el acierto en todas sus cosas, sean devotos de este maravilloso arcángel, porque es a quien Dios a cometido y encargado estos cuidados en beneficio y consuelo de los hombres; y es san Rafael uno de los siete celestiales principes que inmediatamente asisten al del Rey de la gloria; como se dice en la divina Escritura.
San Agustín y san Jerónimo dicen, que cuando se conoce milagrosa la salud, es enviado el arcángel del Señor san Rafael, para remedio de aquella dolencia. Y en el oficio propio de este glorioso arcángel dice la Iglesia santa: Baje del cielo Rafael, médico de la salud, y cúrenos de todas las enfermedades.
El padre Hortigas, varón apostólico, en el tratado ritual, que intitula : Guia del cristiano, refiere muchos casos maravillosos de san Rafael, como son, la curación milagrosa de los penetrantes dolores de la gota, que padecía el padre de san Gregorio Turonense. La libertad de un devoto peregrino, que fué libre de las manos impias de unos salteadores de caminos, etc., y otros semejantes a estos.
R.P. Fray Antonio Arbiol
LA FAMILIA REGULADA
1866

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