jueves, 1 de agosto de 2013

Bulgaros, Burionistas, Cainitas, Calixtinos.

BULGAROS
     Herejes que reunieron diferentes errores de otras herejías para arreglar su creencia, y cuya secta y nombre comprendían los patarinos, los cataros, los bogomilas, los jovinianos, los albigenses y otros herejes. Los búlgaros traian su origen de los maniqueos, y habian entresacado sus errores de los orientales y de los griegos, sus vecinos, bajo el imperio de Basilio el Macedonio, en el siglo IX. La voz de búlgaros, que no era mas que un nombre de nación, llegó a ser con el tiempo el de una secta, por lo que al principio no significaba otra cosa mas que los herejes de Bulgaria; pero habiéndose extendido esta herejía en muchos países, aunque con alguna diferencia en sus opiniones, se hizo común el nombre de búlgaros para todos aquellos que fueron infestados de la misma herejía. Los petrobrusianos, discípulos de Pedro de Bruis, que fue quemado en Saint-Gilles, en la Provenza, los valdenses, sectarios de Valdo de Lyon, un resto también de los maniqueos, que se habian ocultado por mucho tiempo en Francia, los enriquianos y otros innovadores semejantes que, a pesar de la diferencia de sus dogmas, se ponian todos de acuerdo para combatir la autoridad de la Iglesia romana, fueron condenados en 1170 en un concilio celebrado en Lombez, cuyas actas se leen por extenso en Rogerio de Hoveden, historiador de Inglaterra: refiere los dogmas de estos herejes; entre otros errores decían que no era necesario creer mas que en el nuevo Testamento; que el bautismo no era necesario a los niños pequeños; que los maridos que vivían conyugalmente con sus mujeres no podian salvarse; que los sacerdotes que tenian mala vida no consagraban; que no se debía obedecer a los obispos ni a los eclesiásticos que no vivían según los cánones; que no era permitido jurar en ningún caso, y algunos otros artículos no menos erróneos.
     No podiendo estos desgraciados subsistir sin jefe, se forjaron un soberano pontífice a quien llamaron papa, que reconocieron como su primer superior, al cual estaban sujetos todos los demás ministros; este falso pontífice estableció su silla en la Bulgaria, en las fronteras de Hungría, Croacia y Dalmacia, adonde los albigenses que estaban en Francia iban a consultarle y a recibir sus decisiones. Begnier añade que este pontífice tomaba el título de obispo y de hijo primogénito de la Iglesia de los búlgaros. Entonces fue cuando estos herejes empezaron a comprenderse todos en general bajo el nombre común de búlgaros, nombre que no tardó en corromperse en la lengua francesa que se hablaba entonces, porque en lugar de búlgaros se decía al principio bugaros y bugueros y en latín bugari y bugeri; y despues dieron origen a una palabra muy fea en la lengua francesa, que se encuentra en las historias antiguas aplicada a estos herejes, entre otras en una historia de Francia manuscrita, que se conserva en la biblioteca del presidente de Mesmes, del año 1225, y en las ordenanzas de San Luis, en donde se ve que estos herejes eran quemados vivos cuando se les convencía de sus errores. Como estos miserables eran muy dados a la usura, daban despues a los usureros el mismo nombre que a ellos, según lo observa Ducange. (Marca, Hist. de Béarn; La Faille, Anales de la ciudad de Tolosa. Compendio de la historia antigua

BURIONISTAS
     Se llaman asi en los Países Bajos protestantes a los que siguen la doctrina de Antoñeta Bouriñon, célebre quietista.

CAINITAS
     Herejes del siglo II, que honraban extraordinariamente a Cain y a los demás personajes que la Escritura nos pinta como los mas malvados de los hombres, tales como los sodomitas, Esaú, Coré, Judas, etc. Era una rama de los gnósticos que unía a las costumbres mas corrompidas los errores mas monstruosos.
     Como admitían un principio superior al Criador, más sabio y más poderoso que él, decian que Cain era hijo del primero, y Abel una producción del segundo. Sostenían que Judas estaba dotado de un conocimiento y de una sabiduría superior, que no habia entregado a Jesucristo a los judíos sino porque preveía el bien que debia resultar para los bombres; por todo lo cual le rendían acciones de gracias y honores, y tenian un evangelio bajo su nombre, lo que hizo que los llamasen también Judaitas.
     No admitían la antigua ley ni el dogma de la resurrección futura, exhortaban a los hombres a destruir las obras del Criador y a cometer toda clase de crímenes: decian que las malas acciones conducian a la salvación. Suponian ángeles que presidian al pecado, y ayudaban a cometerle, le invocaban y le rendian culto. Por último, hacian consistir la perfección en despojarse de todo sentimiento de pudor y en cometer sin vergüenza las acciones mas infames. Tertuliano nos dice que enseñaban también errores sobre el bautismo.
     La mayor parte de sus opiniones estaban contenidas en un libro que titulaban la Ascensión de San Pablo, en el que, bajo pretexto de las revelaciones hechas a este apóstol en su arrobamiento al cielo, enseñaban sus impiedades y blasfemias.
     Una mujer de esta secta, llamada Quintilla, fue al Africa en tiempo de Tertuliano, en donde pervirtió a muchas personas: se denominaron quintilianistas a los sectarios que hizo: parece que a las infamias de los cainitas añadia también prácticas horribles.
     Apenas podría creerse que una secta entera hubiera llevado la demencia y depravación a tal extremo, si este hecho no estuviera atestiguado por los Padres de la Iglesia mas respetables; pero San Ireneo, Tertuliano, San Epífanio, Teodoreto y San Agustín hablan de ellos del mismo modo; y los dos primeros hasta eran testigos contemporáneos. Los extravíos de los fanáticos que hubo en los siglos últimos hacen creíble todo lo que se atribuye a los antiguos. (Hornebec. Controv p. 390, habla de un anabaptista que opinaba de Judas lo mismo que los cainitas). Cuando el entendimiento es arrastrado por la depravacion del corazón, no hay error ni impiedad de que el hombre no sea capaz.

CALIXTINOS
     Sectarios que aparecieron en Bohemia a principios del siglo XV. Se les dió este nombre porque defendían la necesidad del cáliz ó de la comunión bajo las dos especies, para participar de la Sagrada Eucaristía.
     Inmediatamente despues del suplicio de Juán Hus, dice M. Bossuet, se vieron aparecer dos sectas en Bohemia bajo su nombre; los calixtinos a cuya cabeza estaba Roquesana, y los taboritas tenian a Ziska. La doctrina de los primeros consistía al principio en cuatro artículos. El primero era concerniente a la copa, o a la comunión bajo la especie del vino; los otros tres atañían a la concesión de los pecados públicos y particulares, sobre la cual llevaban la severidad hasta el exceso; a la predicación libre de la palabra de Dios, que no querían que se prohibiera a ninguno; y a los bienes de la Iglesia contra los cuales declamaban. Estos cuatro artículos fueron arreglados en el concilio de Basilea de una manera tal, que los calixtinos quedaron al parecer contentos; les fue concedida la copa bajo ciertas condiciones en que convinieron.
     Este acuerdo se llamó compactum, nombre célebre en la historia de Bohemia, Pero una parte de los husitas no quisieron entrar en ella, y comenzaron bajo el nombre de taboritas las guerras sangrientas que devastaron la Bohemia. Otra parte de husitas denominada de los calixtinos, que había aceptado la concordia, no se atuvo a ella; en lugar de declarar, según se había convenido en Basilea, que no es necesaria la copa, ni mandada por Jesucristo, establecieron la necesidad aun respecto de los niños recien bautizados. Prescindiendo de este punto convenían en un todo con el dogma de la Iglesia romana, y hubieran reconocido la autoridad del papa, si Roquesana, incomodado por no haber obtenido el arzobispado de Braga, no los hubiera sostenido en el cisma.
     Despues, parte de ellos, juzgando que tenian mucha semejanza con la Iglesia romana, trataron de llevar mas adelante la reforma, al separarse de los calixtinos, formaron una nueva secta, que se denominó los hermanos de Bohemia. (Hist. de las variac., líb. 11, núm. 168 y sig.)     Los calixtinos parece que subsistieron hasta la época de Lutero, al cual se reunieron la mayor parte; y aunque esta secta nunca fue muy numerosa, se dice que se encuentran todavía algunos esparcidos en Polonia. Mosheím piensa que los taboritas, menos furiosos que al principio, se reunieron también a Lutero y a los demás reformadores, miembros muy dignos sin duda de formar una nueva Iglesia de Jesucristo.
     CALIXTINOS. Es también el nombre que se da a algunos luteranos moderados que seguían las opiniones de Jorje Calixtino ó Calixto, teólogo célebre de los suyos que murió a mediados del siglo XVII, Combatían la opinion de San Agustín sobre la predestinación, la gracia y el libre albedrío; se considera a sus discípulos como semipelagianos.
     Calixto sostenía que hay en los hombres un cierto grado de conocimiento natural y de buena voluntad, y que, cuando usan bien de estas facultades, no deja Dios de darles todos los medios necesarios para llegar a la perfección de la virtud, cuyo camino nos enseña la revelación. Según el dogma católico, por el contrario, el hombre no puede hacer de ninguna facultad natural un uso útil para la salvación sino por medio del auxilio de una gracia, que nos previene y obra en nosotros y con nosotros. Es una máxima universalmente reconocida que el simple deseo de la gracia es ya un principio de gracia. Se dice que las obras que dejó son muy medianas, a pesar de los elogios pomposos que le han prodigado los protestantes. Por lo demás, era mas moderada que la mayor parte de sus cohermanos; habia formado el proyecto, si no de reunir a los católicos, luteranos y calvinistas, por lo menos inclinarlos a tratarse mutuamente con mas dulzura, y a tolerarse unos a otros. Este designio le atrajo el odio de un gran número de teólogos de su secta; escribieron contra él con el mayor calor, y le reprocharon muchos errores. Le miraron como a un falso hermano, que por amor a la paz hizo traición a la verdad. Mosheim, muy deseoso de justificarle, no se ha atrevido a hacerlo, ni a aprobar el provecto que Calixto habia formado. (Hist. ecles. del siglo XVII, sec. 2, part. 2\ c. 1, § 23). Para dar gusto a los protestantes, es necesario declamar contra la Iglesia romana, y manifestar hacia ella la mayor aversión.

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