miércoles, 1 de diciembre de 2010

Cómo nos hacemos uno

MEDIOS PARA FORTALECER EL CARÁCTER
AGENTES INTERNOS
La armonía con el bien

La amistad y el compañerismo son una de las virtudes más profundamente humanas, con raíces en el terreno de lo divino.
Para conseguirla el alma se ha de limpiar de las escorias del egoísmo, y libre el metal de nuestra alma de estas impurezas, vibrará más al unísono, con las vibraciones del prójimo.
La verdadera amistad es una de las mejores escuelas para la formación del carácter, al armonizar tu voluntad con las otras voluntades, suprimiendo las estridencias del propio «yo».
Quitando lo que disuena, se consiguen las armonías.
Esta armonía puede ser regla para examinar la naturaleza de tus amistades. A medida que estas concordias sean más puras, la amistad será más íntima.
Tu armonización con los otros no puede llevarse a cabo, ladrando con quien ladra. La amistad no se hace a costa de la virtud.
La amistad es armonía, y la armonía es concordancia de sonidos. Si mi sonido ha de ser limpio, los otros con los que he de armonizar, también lo habrán de ser. Es necesario no elegir sonidos estridentes, con los cuales para armonizar yo, tendré también que ser estridente.
La virtud ha de estar en desacuerdo con ciertas conductas.
Desacuerdo no quiere decir hostilidad a la persona, sino disconformidad con sus criterios. La hostilidad dice agresión; la disconformidad, no coincidencia. Ni tenemos por qué librar de la crítica, al menos interna a una acción, que desde el punto de vista moral, no es recta. Crítica sin acritud ni enemiga, sino originada del recto sentido que mira al bien de todos.
Si no son estas razones las que motiva el juicio, más vale guardar silencio.
No es la amistad armonía sólo humana, posee además una transcendencia espiritual. «El que aborrece a su hermano, todavía está en tinieblas.»
Dios te ha creado para que le sirvas en su imagen: la verdadera amistad con el prójimo, es un reflejo de la amistad con Dios.
Armonía es suma de esfuerzos: cada fusil que forma parte de un vivac, sostiene a todos los otros, pero al mismo tiempo es sostenido por todos, y si uno faltara al apoyo de los demás, todos caerían en tierra.

Seamos dignos de la amistad
«El amor a los demás, es hacerse digno de ser amado.»
«El deber de amar, es el principio de ser amado.»
Porque no es amado el grosero, el calumniador, el egoísta, el chismoso. Estos violan la ley evangélica porque hacen difícil al prójimo el cumplimiento del precepto del amor.
Si se desquicia la ley de la gravedad, se desquicia el orden físico de la adherencia; si se desquicia la ley del amor, se desquicia el orden humano.
«Saber vivir bien con los demás, es más útil que cualquier otra ciencia.»
No saber soportar los caracteres difíciles, es señal de mal carácter. Como en el comercio, hay que saber manejar monedas de todos los metales.
Pero esto supone una voluntad que lime continuamente las asperezas que brotan del egoísmo.

La amistad es sacrificio
El primer puente en la amistad se lanza por medio de las cualidades exteriores, pero si sólo se basa en ellas, no es más que un pasadizo sin consistencia: cabeza de puente en orilla arenosa. Pronto se la llevará el río. Otras veces no pasa de ser un lance sentimental, y su duración es la del sentimiento que va y viene.
La verdadera amistad crece lenta como la encina, y fuerte como ella. Se afianza por las cualidades del espíritu, no siente la necesidad de la presencia física, porque el espíritu varonil fácilmente renuncia a ella, a cambio de otras ventajas más transcendentales.
No es una obsesión, sino una posesión serena.
El verdadero amigo trata de suplir las deficiencias de su amigo, y como la sangre acude a la herida espontáneamente para cicatrizarla. El que en lugar de restañar heridas las abre, está lejos de la amistad.
Dice Salomón: «Señor, líbrame de mis amigos, que de mis enemigos ya sabré librarme yo.»
Si hay pocos amigos es porque hay pocos hombres. La raíz de la amistad es contraria al egoísmo.

Sepamos elegir amigos
No podemos anular la inclinación que Dios ha puesto en la naturaleza humana, más imperiosa aún en la edad en la que el hombre se abre a la vida. Por eso ha de ser aire de primavera saturado de puros aromas lo primero que respire el corazón juvenil. Porque al corazón le sucede lo que a los toneles: conservan durante mucho tiempo la solera de los primeros vinos que guardaron.
San Pablo, al quejarse de la degradación de los gentiles, uno de los defectos que les echa en cara es la falta de corazón en sus relaciones. Lo cristiano no consiste en estar lejos de la amistad, sino en tener relaciones cordiales.
Para amigo no vale cualquiera, como para diapasón no vale cualquier metal. Simpatía significa tener los mismos sentimientos.
«Antes de tener un amigo y confiarte a él, ponlo a prueba», aconseja el Espíritu Santo.
Como el clima que respiramos es decisivo para nuestro desarrollo físico, así lo es también en ambiente social para nuestro espíritu.
Se dice y con razón: «Dime con quién andas y te diré quién eres.»
Como el camaleón se tiñe del color de la superficie que pisa, así nosotros de las acciones de los seres que nos rodean.

Influencias del amigo
Esta compenetración de la amistad origina una gran influencia moral.
Si varios amigos, con enfermedades contagiosas, se tratasen con frecuencia, cada uno de ellos sería un resumen de las enfermedades de los demás. Los pensamientos y costumbres del amigo se adoptan como propias, de manera que no es raro que cada uno de los amigos de una peña, marque la presión moral a que está sometido todo el equipo.
El amigo ha de ser un apoyo para el bien de mi alma, y no una remora que se lo impida.
Acuérdate de la sentencia de Jesús: «Si tu ojo te escandaliza, sácalo y arrójalo de ti, que vale más entrar tuerto en el reino de los cielos, que con los dos ojos en los infiernos.» Es mejor ir solo al cielo que acompañado al infierno.
Las convicciones religiosas no se han de sacrificar a la amistad.
Si por unos amigos no sacrificas tu porvenir temporal, ¿por qué has de sacrificar el eterno?
Amigos que te llevan por caminos de adormideras, que te impiden llegar a tu ciudad de destino, no merecen el nombre de amigos. Con compañeros indiferentes a tus peligros y privaciones, no llegarás a ninguna parte. Son seres que se apoyan en ti, en busca de su propio provecho.
Una de las mejores gracias que se pueden desear de Dios, es un buen amigo, porque su bondad será réplica de la mía.
Un buen amigo es la mejor ayuda para salir del estancamiento espiritual.
Compañero o amigo, no quiere decir maestro de problemas delicados, que son peligros para ambos; porque si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en la fosa. No pueden ayudarse dos seres envueltos en las mismas tinieblas.
El amigo es para que te comprenda, no para que te guíe, a no ser con el buen ejemplo.
Tus guías son los que recorrieron ese camino antes que tú, que conocen sus baches y curvas peligrosas, y han llevado a otros por esas complicadas sendas del campo de la conciencia.
Los compañeros no son como nubes negras, que cruzan el azul limpio del firmamento desapareciendo sin dejar rastro, sino como carbones que se deslizan sobre un lienzo blanco. Su manera de pensar se impone.
Se cuenta que un brahmán llevaba sobre sus hombros un gamo muerto para comerlo. Tres hombres de casta inferior se combinan para hacerle creer que es un perro y no un gamo lo que lleva sobre sí.
Se cruza con el primero:
—Brahmán, ¿cómo siendo tú quien eres llevas carne inmunda de un perro muerto?
El brahmán rechaza la advertencia como absurda.
Se cruza con el segundo hombre apostado y ocurre otro tanto. La duda ha quedado injertada en su alma. Al oir idéntica acusación del tercero se convence, arroja la carne de gamo al suelo, y corre a purificarse a las aguas del Ganges, mientras los tres bribones calman un hambre retrasada.
Así tú, a fuerza de oir los mayores disparates de personas interesadas, te convences de las cosas más absurdas, tomándolas como norma de conducta. «Quien con lobos anda, a ahullar se enseña.»
La elección del amigo influye de una manera radical en nuestra vida, y sin embargo, pocas cosas hacemos tan a la ligera, arrastrados por impresiones y circustancias puramente casuales. Elegir un caballo para montarlo es menos importante que la elección de un amigo, y no obstante lo primero lo hacemos con más reflexión y pruebas, y lo segundo lo entregamos a la ciega fortuna.
De esta negligencia se vale el diablo para influir sobre nosotros cuando no puede hacerlo directamente. Sobre la torre de la catedral de Lincon hay un diablo en piedra que vigila la ciudad buscando agentes desde la altura. Sus agentes son tus amistades.
Se preguntaba San Agustín: ¿Cómo habré cometido yo tantos pecados, teniendo una madre tan buena? Y se contesta: Porque conocí malos compañeros. Me precipitaba, continúa el Santo, tan ciegamente en mi propia perdición, que me daba vergüenza no ser tan malo como ellos, cuando en tono de jactancia mencionaban sus hechos. El más depravado hablaba con voz más alta; yo procuraba ser peor para que mis compañeros no me despreciasen, y si no podía seguir sus pasos en la corrupción, mentía diciendo que había hecho tal y tal cosa, con tal que no me despreciasen por menos depravado, y me tuviesen por cobarde.»

La amistad es desinteresada
Amistad espontánea y sincera. El egoísmo no se puede disimular con formas suaves. La amistad verdadera es penetrante, y pronto llega a percibirse.
La amistad generosa es señal de alma noble, y el que es incapaz de sentirla tiene el corazón cerrado al sacrificio y al sentimiento humano. No es camaradería ni comunidad de intereses materiales, aunque ello pudiera ser una consecuencia, sino sacrificio y simpatía de corazones.
Lo demás es ser amigo de mentira, y la verdad aparece en la prueba dura. Lo que parecía brillar como el oro, era un metal pobre.
La amistad prefiere el bien del amigo al propio.
Del amor al prójimo no se puede exceptuar el concepto que Cristo tiene de la amistad: un amor universal que incluye a los enemigos. Jesús tuvo amigos, y a nadie, aunque los tuvo, trató como a enemigos.
No rompas la amistad por pequeños roces y egoísmos. «Vence al mal con el bien», nos dice San Pablo. Superar estas pruebas de la amistad y romper los diques que impiden la verdadera unión y el amor al prójimo, hace avanzar más en la perfección del carácter y de la virtud, que la penitencia de muchos años.
«Hemos de poseer, como dice San Pablo, un amor sin hastío», que sepa evitar los tropiezos, y no busque el provecho propio.
Un corazón celoso, es como el vaso de cobre que cría cardenillo. Su juicio no es de fiar, como tampoco lo es el agua cristalina que contiene este vaso: al contacto con sus paredes venenosas se ha hecho nociva. El entendimiento enajenado por el veneno que bebió, no percibe hechos, sino fantasías. La imaginación abre el corazón al desvío primero, y al odio y a la venganza después, convirtiendo unos bosques floridos, en un campo de cenizas.
Hay que apagarlo a las primeras chispas, para que el sembrado no se convierta en pavesas.
Pequeñas desaveniencias dan al traste con amistades que parecían indestructibles. En las laderas del Long's Park, en el Colorado, existe un árbol gigantesco. Tiene más de cuatrocientos años de vida. Cuando Colón llegó a las playas de América, ya vivía. Tiene catorce impactos de rayos, y pasaron sobre él aludes y tempestades. A todo sobrevivió menos a un ejército de sabandijas que anidó en él y lo destruyó.
Las cualidades y defectos de las personas, con frecuencia no son el origen de nuestras antipatías o simpatías hacia ellas, sino los prejuicios que nosotros asociamos a estas personas, se imponen a la voluntad y la desvían de la verdad. Un parecido físico desleído con otra persona que atrae o repele es causa de estas atracciones o repulsiones. En estas circustancias se ha de imponer una reflexión objetiva.

Razón de la amistad
Cristo nos dio una doctrina que fundamenta esta virtud en lo más profundo y esencial del cristianismo.
El Maestro, al despedirse de sus amigos, cuando tiene el corazón ardiente como una llama de amor, les da un precepto que él califica de nuevo: «que os améis los unos a los otros como yo os he amado». El precepto de la caridad es antiguo, la novedad del mandato de Cristo está en el segundo término de la comparación: en la medida del amor, que es la capacidad de su propio corazón. Medida que determina el Señor en aquella misma ocasión: «que éstos sean uno, como Tú y yo lo somos». Desea que fundidos por el amor seamos una cosa, como Cristo y el Padre lo son. Un amor a cambio de la vida. Porque no hay mayor muestra de amor, que el que da la vida por su amigo.
La prueba inequívoca del amor a Cristo, es el amor al prójimo.
Dice San Juan: Si alguno dice que ama a Dios y no ama a su prójimo, es un mentiroso, porque el que no ama al prójimo que ve, ¿cómo amará a Dios que no ve?
Cuenta una leyenda, que un cierto rey se unió a los tres Reyes Magos, llevando a Jesús como presente, tres piedras preciosas que tenía, pero encontró tantas necesidades del prójimo en el camino, que las invirtió en obras de caridad. Contuso dijo en el portal: ¡Todo lo he perdido! Y Jesús le contestó: Todo cuanto has hecho con mis hermanos necesitados, lo has hecho conmigo.
Los primeros cristianos tomaron este amor como el distintivo práctico de los seguidores de Cristo. Mirad cómo se aman, decían los paganos.
«Fe, esperanza y caridad, tres grandes virtudes. La mayor la caridad», exclama San Pedro.
El Señor la consignó como uno de los pilares donde se apoya el edificio de la observancia evangélica: el primer punto es el amor de Dios, el segundo es semejante y como una columna de la misma altura, el amor al prójimo. Cualquiera que falle de los dos puntos, arruinará el arco de la Ley.
Porque si hemos de vivir juntos, y tenemos el mismo origen y destino, no podemos vivir sin un aglutinante que una lo más íntimo de la personalidad humana: amor.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amado Padre,

Paz!

Soy Ariel Acompanado Alonto.
Tengo 17 años de edad.
Nací en enero 27,1993.
Mi padre es Leopoldo Abinales y Mi Madre es Aida Alonto.
Tengo una hermana, Lea Alonto.
Yo vivo en Hindang, Filipinas Leyte.

Fui bautizado como católico en la parroquia de San Miguel Rev.Fr.Crutato Arsceno.
He recibido el sacramento de la Confirmación en la misma parroquia de Rev.Fr. Luzón Urcisimo.


Terminé mis estudios primarios en la Escuela Primaria Hindang Central.
Acabo de terminar segundo el año escolar de alta en el Colegio San Miguel.



Yo era un monaguillo durante tres años en nuestra parroquia.
Mi vocación al sacerdocio comenzó a la edad de trece años.
Lo tengo en serio a la edad de 15 años.
Yo no continuar con mis estudios de secundaria.
Decidí entrar en el Seminario Menor.
Fui a los Seminarios Diocesanos.
He aprobado el examen de ingreso pero no procedió porque no pueden pagar los gastos de matrícula.
Fui a muchas congregaciones religiosas.
Pero no fue aceptada debido a que acaba de aceptar y recibir graduados de la Escuela.
No perder la esperanza.
He aplicado en diferentes Sociedades católica en Internet.
Me puse en contacto por correo electrónico pero no la respuesta.
Ahora bien, es desde hace tres años que estoy en busca de un seminario.
Ahora me quedo aquí, en Manila, Filipinas.

Me enteré de sedevacantismo pasado mes de junio.
Rechacé todas las doctrinas de la secta del Vaticano II.
Hubo una congregación sedevacantista en EE.UU. que es eilling que me ayude. pero mi visa fue negada en la Embajada de los EE.UU. que es whay i no puede ir allí.
No hay católica romana tradicional seminario aquí en las Filipinas.

He encontrado su sitio, lo siento, no soy bueno en el idioma español.
Estoy muy interesado en participar y entrar en el seminario.
Padre, espero que me puede ayudar a convertirse en un sacerdote romano tradicional católica algún día.

Gracias,

En Cristo,
Ariel Alonto