miércoles, 1 de diciembre de 2010

EN LA CUMBRE


La miraron en la cumbre de ua altísima montaña
que tocaba con sus crestas los dinteles de los cielos...
La miraron toda hermosa, toda pura, toda Madre...
La miraron y dijeron:
"Ascendamos a la altura: ¡coronémosla por Reina!"

Y emprendieron el camino todos juntos: era un pueblo:
Ahí van sus sacerdotes; ahí van sus magistrados;
Sus artistas, sus mendigos, sus doncellas, sus guerreros;
Con los niños de la mano o en los brazos, van las madres;
Apoyados en el hombro de sus hijos, van los viejos. . .

Y despiertan las auroras, y las tardes agonizan,
Y los soles reverberan, y se prenden los luceros;
Y sonríen las primaveras,
Se enardecen les estíos y tiritan los inviernos. . .
Y los meses pasan rápidos, y los años, y los siglos. . .
Y la inmensa caravana va subiendo... va subiendo,
Con el alma en las pupilas, y los ojos en la cumbre
Que tocaba con sus crestas los dinteles de tos cielos. . .

Los ancianos se acostaron a la vera del camino,
Y quedáronse dormidos. . .: y los hijos de los nietos
De los niños que avanzaban en los brazos de sus madres.
Encorvaron sus espaldas, y temblaron y cayeron
Para nunca levantarse. . . y seguía la caravana
Siempre arriba, por el borde de barrancas que dan vértigo.
Escalaron peñas lisas que las víboras no suben.
Por caminos, por veredas, que a los tigres dieran miedo. . .

¡Oh! el poder de los ideales que a las almas vuelven locas!
Oh, las fuerzas invencibles de esa raza y de ese pueblo. . .!
Cuatrocientos años hace que partió la caravana!
Cuatrocientos años hace, no descansa ni un momento!
Cuatrocientos años hace, va subiendo, va cantando. . .!
Ya están roncos, ya están roncos de gritar todos los ecos,
"Dios te salve, luna hermosa... Dios te salve, luz del día"...
—Así cantan las doncellas, y los niños, y los viejos. . .

La montaña se ha vestido de blanquísimo ropaje. . .!
Cuatro siglos de camino han regado tantos huesos. . .!
Y la túnica blanquísima que se viste la montaña
Una cinta obscura tiene como adorno de su cuello. . .
Y así dicen los que vuelven sus miradas a la cumbre:
"Ved! un grupo de cóndores que alimentan sus polluelos"

Ya estamos en la cumbre!
Ha llegado todo el pueblo!
Ha tocado con sus manos la visión de sus amores:
La corona está en las sienes de la Reina de los Cielos. . .!
Nos hallamos en la cumbre.
Ya la Reina... es nuestra Reina.. .!
La montaña se ha cubierto

¿No la veis? - toda de rosas:... Es un ramo la montaña!
Hoy los huesos que regó la caravana, florecieron!. . .
La montaña se ha encendido en la lumbre de mil soles:
Son "los nuestros" que hoy son de Ella,
y que forman su cortejo!
(Con razón llegan las águilas de lejanos horizontes!
Esas águilas gloriosas de los músculos de acero;
De las alas invencibles, que no pierden ni una pluma
Cuando rasgan las tormentas y se burlan de los vientos)

La montaña se estremece:
Los acordes de un gran himno le sacuden los cimientos:
Es la voz de cuatro siglos de locuras y entusiasmos.
Que repiten hoy los ecos. . .
El aplauso de los siglos, el aplauso de los mundos,
Y el aplauso de los cielos!!

Madre Virgen, Madre Reina!
A tus pies está tu pueblo
Cuatro siglos de cansancio '
Piden un descanso... eterno!!

Mons. Vicente M. Camacho
Enero 18 de 1921.

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