miércoles, 8 de diciembre de 2010

El insaciable vicio de la avaricia, y las usuras de los avarientos pierden sus casas y familias.

El apóstol san Pablo dice, que la codicia temporal es raíz y principio de todos los males: Radix omnimn malorum est cupiditas: y de esta raíz perversa les han originado a los avarientos tantas calamidades y desventuras, que algunos de ellos se precipitaron, hasta negar la fe católica, como dice el mismo santo apóstol (I Tim., VI, 1o).
Por esto dice el Espíritu Santo, que no hay en el mundo cosa peor que el avariento: Avaro nihil est scelestius; porque de su avaricia insaciable se originan tan horrorosos delitos, que no se pueden explicar mejor que con esa ponderación, en la cual se comprenden maravillosamente todos juntos (Eccl., X, 9).
En el mismo sagrado libro se dice, que no hay cosa peor que amar el dinero: Nihil est iniquius quam amare pecuniam; porque si una vez el hombre se deja poseer de esta desaforada pasión, atropella con todos los bienes eternos, no hace caso de su conciencia, y vende su alma.
Es insaciable el avariento, dice Salomón; por lo cual, como hidrópico de los dineros, cuanto mas tiene, mas quiere; y se ciega de tal manera, que no conoce su daño; y de dia en día se cierra mas el camino de su remedio.
Por esto se dice en los Proverbios, que el avariento nunca se harta de riquezas: Avaritia nunquam dicit satis; porque con una ganancia se despierta el apetito para otra; y de otra en otra, procede siempre insaciable, de tal manera, que siendo tirano con todos, lo es también consigo mismo, porque no se atreve a comer por no gastar. Nunca se quieta con lo que tiene, y se fatiga por adquirir mas y mas, y no hace cuenta con lo que tiene.
Los cinco sentidos del cuerpo participan con excelencia de cinco animales, que son: el lince la vista ; el puerco el oído ; la mona el gusto, el buitre el olfato, y la araña el tacto, conforme aquel Sabio versículo :
... Iins visu: sus auditu: simia gustu:
Vultur odoratu: praecellit, aranca tactu.
Y del lince escribe Plinio, que como tiene tan larga la vista, nunca se contenta con el manjar que tiene delante, sino que siempre le parece mejor el que mira de lejos; por lo cual siempre anda flaco y hambriento. Así le sucede al infeliz avaro, que jamas está contento con lo que tiene, y anda siempre inquieto por lo que no tiene.
En un proverbio se dice, que no le convienen las riquezas al estulto avariento; porque con ellas se ciega mas de dia en dia, y no conoce la quietud de su alma, ni el sosiego de su casa, ni la seguridad de su conciencia (Prov., XIX, 10).
En los desengaños del Sabio se dice, que considere el avariento en medio de sus afanes, que no le ha de aprovechar para su alma toda la tempestad de negocios temporales que lleva, afligiendo su corazón con tantos cuidados, que no sosiega de dia ni de noche, y no acaba de hacer cristiana reflexión sobre su continua inquietud. Mejor le seria tener menos de los bienes temporales, y mas de los eternos; pero está ciego, y no ve la verdadera luz, ni conoce la verdad.
De estos infelices avarientos se lamentaba el profeta Amos, cuando dijo, que en vez de riquezas atesoran iniquidades, y oscurecidos en lo terreno, no saben hacer cosa de provecho: Nescierunt facere rectum: y esta lamentable desventura la vemos practicada en los ciegos avarientos.
Deseando hacerse ricos, se hacen esclavos, y aun viles idolátras de sus dineros. Por lo cual dice Oseas profeta, que de su oro y plata se hicieron el idolo de su perdición: Argentan suum, et aurum suum fecerunt sibi idola; cumpliéndose en ellos la sentencia formidable del apóstol san Pablo, que dejamos escrita, en la cual dice que muchos avarientos erraron en la fe.
Lo mismo dice el santo apóstol en otro lugar de sus celestiales cartas, llamando al avaro ciego servidor de los ídolos: Avarus, quod est idolorum servitus... y absolutamente le niega la herencia del reino de Dios, si no hace de sus pecados verdadera penitencia (Ephes. V, 5).
En el profeta Jeremías se halla otra confirmación de esta verdadera doctrina; porque hablando el santo de la tierra maldita de los ricos avarientos, dice, se ha de secar cuanto se sembrare en ella, porque es tierra de ídolos: Quia terra sculptilium est. Lo mismo confirma el profeta Oseas, diciendo, que el avariento halló para sí su ídolo: Dives effectus es, et invenisti tibí idolum.
En otro sagrado texto vuelve a decir, que conforme a la abundancia de su tierra, se multiplicaron los simulacros y los ídolos del rico: Juxta ubertatem terrae suce exuberaverunt simulacris, et idolis; porque cuanto mas se enriquecen, regularmente se pierde mas en los bienes espirituales y eternos.
Todo lo dicho se confirma con la celestial doctrina de Cristo Señor nuestro; el cual desengañando a los hombres, les dijo estuviesen ciertos que ninguno puede servir a dos señores, entendiendo a las riquezas temporales por uno, y a Dios nuestro Señor por otro (Matth., VI, 24).
El avariento es vil siervo de las riquezas, y no puede juntamente ser siervo de Dios, porque no puede servir a dos señores. Por esta razón los ricos avarientos no se llaman señores de las riquezas, sino al contrario, las riquezas son las señoras de los ricos, y estos son siervos de las riquezas ; y así misteriosamente en un salmo se dice: Viri divitiarum; y no se dice: Divitiae virorum, lo cual tiene grande misterio (Ps., LXXV, 6).
Salomón dice, que la sabiduría con las riquezas es útilísima, si las riquezas sirven el Sabio, y el Sabio no se hace vil esclavo de las riquezas; porque en este caso, ya no será Sabio, sino ignorante.
En el libro del Eclesiástico también se dice, que las riquezas para el avaro son como los manjares puestos alrededor del sepulcro. Y así como el manjar para el muerto no le es de provecho, tampoco lo son las riquezas para el avaro mísero y cuitado, que sirve a sus riquezas, y ellas no le sirven a él (Eccli., XXX, 18).
Con soberana energía explicó el Sabio esta doctrina, diciendo que el avaro obra insidioso contra si mismo; porque debiendo las riquezas servirle a él de provecho, él se hace cautivo ignominioso de sus mismas riquezas: Sic semitae omnis avari, animas possidentium rapiunt. Se deja arrebatar el infeliz avariento de pus malditas riquezas, y se hace de ellas esclavo vilísimo (Prov., I, 19).
Todos los pensamientos del avaro son sobre el trigo y el vino, dice Oseas profeta: Super triticum, et vinum ruminabas. Y esta palabra misteriosa ruminabas, quiere decir pensar y repensar; porque el avaro infeliz nunca se cansa de pensar donde tendrá su mayor usura, para comprar barato y vender caro, y doblar si pierde sus intereses temporales; esta es su meditación y consideración diabólica, con la cual se aparta de su Dios y Señor.
Con esta fatiga interminable lleva el avariento su vida inquieta; y ofreciéndole el diablo todos los reinos del mundo, nada le da sino tormento, aun en esta vida mortal (Matth., IV, 9).
Por esto dice san Pablo, que los que quieren hacerse ricos, caen en una grande tentación, y en el lazo del diablo, y en muchos deseos inútiles y nocivos que los ahogan, para su ruina y perdición. (I Tim., VI, 9 et seq.) Esta es la aflicción pésima de los avarientos insaciables.
El rico avariento es contrario a si mismo, porque aun no tiene ánimo de hartarse con su misma hacienda; y en él se verifica la sentencia del Espíritu Santo, la cual dice, que quien es malo para si, para ninguno será bueno: Qui sibi nequam est, cui bonus erat'.'
Esta es la vanidad y aflicción que consideró el Sabio, cuando dijo que los cuidados del avaro no cesan de dia ni de noche, y como en una tahona fatigosa se hacen sudar, dando vueltas y revueltas, sin que jamas se sacie su corazón en apetecer riquezas; y en medio de su grande trabajo no le ocurre el pensar de decirse a si mismo: ¿yo para quién trabajo, y defraudo mi alma de muchos bienes? Si yo me pierdo, ¿quién me salvará? Cui laboro, et fraudo animam meam bonis? (Eccle., IV, 7.)
El mismo Sabio aconseja a todos los mortales, y a cada uno le dice que no trabaje para hacerse rico: Noli laborare, ut diteris (Prov., XXIII, 4), sino que ponga modo prudente a todas sus obras, y trabaje para pasar su vida y cumplir la voluntad divina; porque la nimia solicitud es contraria al bien de su alma y quietud de su vida.
La vida laboriosa, si se lleva con templanza prudente, es virtud estimable; pero si se lleva con ansiedad de corazón y con demasiado desvelo, se convierte en escándalo del alma, y a ninguna criatura le conviene seguir ese modo de vida: Non te credas anxius vitae laboriosae, dice el Espíritu Santo (Eccli.,XXXII, 15).
El negociante avaro dificultosamente se libra de culpa, dice Dios: Negotians difficile exuitur a negligentia. Y así como el palo clavado en medio de dos piedras grandes bien unidas, con mucha dificultad se arranca; así también en medio de la compra y venta se angustia el pecado, y con mucha dificultad se quita. Esta es comparación literal, contenida en otro sagrado texto (Eccli., XXVI, 28, et XXVII, 2).
A muchos ha perdido la avaricia, y los ha mareado y conmovido, como las olas del mar, dice la divina Escritura; por lo cual los avarientos usureros llevaron el trabajo de sus afanes, y por último se perdieron, que fue dolor sobre dolor.
San Juan Crisostomo dice una horrorosa sentencia, que debe hacer temblar a todos los ricos avarientos, y aun absolutamente a todos los ricos del mundo; porque dice, que regularmente todos los ricos, ó son malos, ó vienen de malos: Omnes divites terrae, aut sunt malí, aut veniunt ex malo (Serm. de divit. avar.), lo cual debe entenderse regularmente; porque es innegable, que en el mundo ha habido muchos ricos buenos, que prosperaron con las bendiciones del cielo.
Pero aunque la sentencia de tan grande, santo tiene la modificación en los ricos santos, no por eso deben correr con sus afanes viciosos los ricos avarientos de este siglo; de los cuales siempre se verifican las divinas sentencias que dejamos escritas, y el vae divitibus, que tantas veces predicaba Cristo Señor nuestro (Luc., V I, 24).
Muchas veces dijo Cristo Señor nuestro, que los pobres eran bienaventurados: Beati pauperes spiritu; pero nunca dijo, que eran bienaventurados los ricos: Beati divites; sino que con voz espantosa predicaba, y decia: ¡ay de vosotros ricos de la tierra, que dificultosamente entraréis en el cielo! Vae vobis, divitibus!
Aun en esta vida mortal experimentan los ricos avarientos la inconstancia de los bienes temporales, que ellos llaman de fortuna, siendo tal vez su mayor desgracia; porque cuanto mas aprisa congregan las riquezas, mas presto se suelen desvanecer, cumpliéndose la sentencia del Sabio, que dice: Substantia festinata minuetur. Cuando mas apresuradamente pasa el hombre de pobre a rico, mas presto se vuelve al estado de pobre.
El que se da mucha prisa en hacerse rico, no tendrá el corazón sin pecado, dice Salomón: Qui festinat dilatari, non erit innocens. Y en otro proverbio dice, que el que se apresura en enriquecerse, ignora el fin que tendrán sus ansiedades y desvelos; y no sabe la miseria y calamidad que le ha de sobrevenir: Qui festinat ditari, ignorat quod egestas superveniet ei.
Y demos caso que al avariento no le desvanezcan sus riquezas, ¿qué provecho tendrá de ellas, si es tan mezquino, que aun para su decente regalo le hace duelo gastar lo preciso? Este no debe llamarse rico, sino cuitado. De él se verifica la sentencia del Sabio, que dice : Est quasi pauper, cum in multis divitiis sit. Así hay ricos pobres, y pobres ricos; porque el pobre que gasta con alegría santa lo que Dios le da, este puede llamarse rico feliz. Mas el rico que consigo mismo es miserable, no se llama rico, sino mísero fatuo.
Este es aquel grande mal que vió el Sabio, y dice es frecuente en los avarientos, que habiéndole dado la mano liberal de Dios aun hombre riquezas, honor y abundancia, de tal manera que nada le falte de todo cuanto puede desear en este mundo; con todo esto no le ha dado potestad para que coma y gaste lo que tiene; sino que vendrá un extraño y lo devorará todo. Esta es, dice Salomón, una lamentable vanidad y miseria grande. (Eccles., VI, 1 et seq.)
Mejor es el pobre que tiene lo que le basta, dice el mismo Sabio, que semejante rico, el cual teniendo riquezas se muere de hambre. La vanidad es aire frio, que consume, y no alimenta; llena la cabeza, y enflaquece el vientre; hace locos a los hombres, y solo les ocupa su fantasía disparatada. Mas vale ser pobre con juicio sano y temor santo de Dios, que rico fatuo y dementado.
El rico avariento ignora para quién amontona las riquezas, como dice el profeta rey: Thesaurizat, et ignorat, congregavit ea. Él lo pasa miserablemente, y conturba su alma sin provecho, consumiendo el preciso tiempo, y aun la vida mortal, sin saber dónde ha de parar lo que a él le cuesta tantas fatigas de su corazón.

R.P. Fray Antonio Arbiol
LA FAMILIA REGULADA
1866
Lo que hallamos escrito en las divinas letras es, que saldrá un tercero donde vive el avariento, y se comerá todas sus riquezas; el tercero comerá de barato lo que al desventurado avariento le costó tan caro (Ezech., XXVIII, 18).
El avariento miserable cerró la mano para los pobres de Cristo; y el Altísimo Señor dispondrá de modo que aquellas conveniencias temporales entren en un hombre liberal, que tenga piedad con los pobres, conforme al proverbio de Salomón, que dice: guardará Dios las riquezas del usurero, para que las emplee bien otro que tenga mas piadoso corazón: Liberali in pavperes congregat eas.
El usurero fatuo pone sus ganancias donde no le son de provecho, según dice Isaías profeta (Isai., XXX, 6); porque las encierra para todos, y primero para sí mismo, supuesto que ni para su alma ni para su cuerpo son de utilidad; y las tiene cerradas como delincuentes, por la culpa de haber dado en sus desventuradas manos.

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