viernes, 17 de diciembre de 2010

Espíritu de conquista


Lucha por una idea
Para que haya unidad en una corporación ha de estar unida por los mismos sentimientos, y la comunidad de sentimientos la dan las ideas. Los sentimientos nobles son producidos por sentimientos nobles.
Es necesario que los miembros que integran la sociedad, estén imbuidos de un espíritu de proselitismo, para llevar a los hombres hacia el bien.
De otro lado este espíritu de proselitismo es un medio eficaz de entrenamiento de la voluntad.
El apostolado es lucha pertinaz por una idea. Contra todo lo que no sea Dios. Es un continuo abrirse paso como los antiguos exploradores por la selva virgen con las armas de lucha.
El mundo contra quien peleas se agarra como un pulpo a todas las partes de tu cuerpo. Se necesita temple de guerrero para estar continuamente desasiéndose de esta maraña de tentáculos para abrirse vía libre.
El apostolado con relación a la voluntad es un fin y un medio. Un fin, porque es un objetivo que cubrir, y un medio, porque en su desempeño, son muchas las dificultades que hay que vencer para conseguir este objetivo. No habrás visto nunca un abúlico apóstol de una idea, y menos de la idea del seguimiento de Cristo que es milicia y trabajo.
Cuando Dios quiere hacer un apóstol le dota de una voluntad enérgica. San Pablo se gloría de sus propias tribulaciones, Javier exulta en un gozo incontenible en medio de ingentes dificultades y abandonos, San Ignacio desea años exuberantes de trabajo por la gloria de Dios.

La lucha es obligatoria
Si las buenas ideas son gran bien para la sociedad, tenemos obligación como miembros de ella, ser propagadores de tales ideas.
Por agradecimiento a Dios.
Si has recibido con prodigalidad beneficios de una persona por pura benevolencia, debes mostrarle agradecimiento de servicio.
Es nuestro caso con Dios.
No es este lugar a propósito para exponerte estos beneficios. Tienes ya intuición de que toda tu persona, con su fin sobrenatural, y cuanto te envuelve, es fruto del poder y de la bondad de Dios. Pon tu actividad al servicio de la actividad divina.
Eres traidor a tu naturaleza, si te consideras desligado de hacer lo posible para que el mundo aproveche hasta el máximo el fruto de la sangre de Cristo. Eres egoísta si, liberado del Señor, no le ayudas a liberar a tus hermanos, si iluminado por El, huyes con esa luz a ocultarla entre las cuatro paredes de un centro de recreo.
La obligación nace de la solidaridad cristiana.
Si tienes en tu corazón amor, ha de manifestarse como la luz del filamento a través del cristal. El amor comunica la vida
Eres cristiano porque han existido apóstoles. Y esa antorcha que ellos encendieron en ti, debe encender otras antorchas, para que esa tu luz no se extinga con tu vida sin dejar otra nueva luz. Si todos fuéramos inactivos como tú, el Cristianismo se apagaría en esta generación.
Tienes que esparcir por la rastrojera las chispas del fuego de Jesús.
Jesús trajo la buena nueva, y necesita apóstoles para transmitirla a las sucesivas generaciones.
Luz, levadura, sal, tres comparaciones de Jesús sobre el apostolado, que significan irradiación, influencia, preservación.
El que toma parte en una procesión enciende el cirio más próximo, y haciendo otro tanto los demás, se forma un río de antorchas en las tinieblas.
No basta guardar tu luz al abrigo del viento dentro de los cristales de un farolillo, sin prender otras luces. Es necesario que esas hileras de luces crucen la tierra.
Eres parte de un edificio que hay que restaurar y conservar. Te conviene trabajar en la restauración de este edificio para alejar de ti el peligro de ser un escombro en un montón de ruinas.
Ningún cristiano está exento de la responsabilidad de las fases crecientes y menguantes del espíritu cristiano en el mundo.
El ambiente es la suma de nuestros fervores internos que se traducen en la irradiación apostólica. Ningún acto se pierde en el mundo, como no se pierde la energía; y la vida de la Iglesia es un tejido cuyos hilos entrecruzados son los hechos individuales de cada cristiano.
Te obliga el bien que recibes de esa sociedad espiritual y visible.
¿Por qué el resplandor que ilumina tus pasos no ha de iluminar la senda de los demás?
No seas egoísta; la luz que Dios puso en tus manos no es para que la ocultes a tu espalda, y dé solo sombra, sino para que la levantes en alto iluminando el camino de los otros.
Estás equivocado si crees que el apostolado es sólo obligación del sacerdote. El es un voluntario como tú, que se ha acercado más a Jesucristo, ha recibido una investidura sagrada, y con ello más luz. El reparte la sangre y administra los méritos de Jesús, pero tu alma y la suya han sido valoradas y compradas por el Redentor al mismo precio. Su mayor obligación no excusa la tuya. No sólo los oficiales tienen obligación de defender la patria.

La colaboración es el éxito
Si cada uno de nosotros hiciésemos nuestro poco, con los muchos que somos avasallaremos el mundo.
La vida del cristiano es milicia, pero en ti parece vida sedentaria. Camuflado en la retaguardia, te aprovechas de los sudores y de la sangre de los que luchan en el frente. Eres un ser inactivo.
¿No has oído el rumor de océano de las multitudes aclamando a su ídolo? Son la suma de muchas voces como la tuya.
Poco son en apariencia una insinuación, una conversación o un consejo, pero muchas insinuaciones, muchas conversaciones o muchos consejos, crean un ambiente que se infiltra por los poros del alma.
Por el solo hecho de ser cristianos, hemos de ser «miles Christi", soldados de Cristo ensanchando los límites de su Reino.
La consigna que Jesús dio a San Pedro fue ganar las almas de los demás. «He rogado al Padre, para que tú, fortalecido, salves a tu hermanos.»
No podemos convertir al cristianismo en lo que no es: agua estancada, luz que se extingue, calor que se enfría, con la vida de una persona. Hemos de ser aguas vivas, llamas que propaguen el fuego, en el que Jesús quiso encender toda la tierra.
En tu bautizo también se abrieron los cielos, y Dios te hizo su hijo amado como a Jesús, y como consecuencia, luchador junto a El.
En el primitivo cristianismo, todos los cristianos, Inés, noble patricia; Sira, esclava; Sebastián, oficial de la guardia del emperador, o los dignatarios de la casa del César, eran propagandistas de la fe del Señor. Por eso se dijo de ellos: «Somos de ayer y lo ocupamos todo.»

El cristiano es soldado
Es la concepción paulina del cristiano: con armas en posición de acometer y defender.
A ti, ¿para qué te adquirió Cristo tus armas? ¿Para lucirlas donde no hay tiros? No son cómodas para eso, ni para que hagas de maniquí vistiéndolas en un museo de guerra y se diga: así están armados los cristianos; ni para pasearlas como esos soldados de mentira que no dan golpe.
Tus armas son armas para la guerra, y Dios te exigirá cuenta de ellas. Cristo las compró a cambio de su vida.
En la Confirmación has recibido el espaldarazo de caballero de Dios. ¿Dónde están tus hechos de armas o tus deseos de ejercitarlas?
Quizá seas de los que se contentan con parecer buenos y honrados, pero sus manos están limpias de las rozaduras de las armas.
El cristianismo es algo más que honradez: es heroísmo, músculos en tensión y alma alerta como quien espera el ataque.
Como toda lucha victoriosa tiene su corona: Salvando un alma, has salvado la tuya, dice San Agustín.
Si Dios ha prometido una recompensa al que refrigere con un vaso de agua al caminante, ¿qué premio dará al que apague la sed que Cristo tiene de almas?
Por eso dice la Escritura: «El que convierte a un pecador, ha borrado la multitud de sus pecados.»
Es alegre morir sabiendo que hemos despojado al enemigo del Juez que nos va a juzgar.
Es un absurdo creer en Dios y no interesarse por su gloria; y sus intereses y SU gloria, son las almas que redimió. Por eso «entre las cosas divinas, la más divina es cooperar a la salvación de las almas».

Conquistar es defenderse
En la resaca no basta sostenerse en el agua. Es necesario luchar para alcanzar la orilla.
El enemigo tiene también sus apóstoles que echan redes y cadenas. Te verás envuelto si tú no pretendes envolver. Era la táctica de los redarios en el circo romano: redes contra redes. El que conseguía envolver con su red al adversario era el triunfador.
No puedes contemplar pasivamente cómo pretenden envolverte, poniendo como única defensa dar saltitos hacia atrás. Caerás tarde o temprano.
La mejor manera para no ser vencido es enredar al adversario en tus mallas, y no contentarte con no ser envuelto. No eres arbitro de la lucha, sino contendiente. El que posee la verdad, no tiene más remedio que defenderla.
Cuando se lucha contra una invasión de bacilos con la ayuda de antibióticos, la superación es más
fácil. Tu prójimo luchará mejor con tu ayuda. Ha de ayudarle una fuerza desde fuera, esa fuerza eres tú.

El apóstol es luz
No apagues esa luz que Cristo quiere que luzca en las tinieblas.
Eres a veces tan cobarde y quemas tan poco combustible, que tu luz es tan mortecina, que ni tus mismos pasos alumbra.
La amortiguas porque te avergüenzas de esa luz que Cristo te trajo; no eres sino un tizón humeante que ocultas y ahogas en humo el resplandor de las demás luces.
Quizá amas la luz, porque ves que te es necesaria, pero no sabes alumbrar a los hijos de las tinieblas, que aman la oscuridad.
Si eres hijo de la luz has de amar la luz, que tus obras sean luminosas, y los que las vean alaben a tu Padre Celestial.
Si todos los cristianos intensificásemos esa luz en la medida de nuestras fuerzas, el resplandor seria de mediodía, neutralizando la oscuridad de medianoche que palpamos en nuestro ambiente. Con una palabra dicha a tiempo puede quedar iluminado como con un fogonazo de magnesio el camino del abismo que siguen nuestros amigos. Se abre la puerta de un alto horno y la nave oscura queda iluminada con luz cenital, asi es la observación oportuna a un compañero.
Si llevas dentro el fuego de Cristo, con solo abrir la boca, serás luz para tu amigo.
Hay mucha nebulosidad, ceguera y extravismo en las cosas del mundo. Si Dios te ha hecho la gracia de iluminarte no la guardes sólo para ti.

Comienza por ti
Sed limpio en ti, porque nadie da lo que no tiene. No se puede producir un efecto sin causa.
Cuenta Tolstoi, que un muchacho peregrino llegó a una isba. La mujer había terminado de limpiar el suelo y se puso a limpiar la mesa. La frotaba sin conseguirlo porque el paño que utilizaba estaba sucio.
El muchacho pregunta:
—¿Qué haces, mujer?
—¿No ves que estoy limpiando en víspera de fiesta? Pero no hay manera de dejar limpia esta mesa; estoy completamente agotada.
—Debes aclarar el paño.
La mujer obedeció, y no tardó en dejar limpia la mesa.
¿Cómo te afanas tú en dejar limpios a los demás si tú no estás limpio, o en alumbrar con una luz agonizante?
Si te arrastras llevarás contigo la basura del suelo y no podrás quitársela a otros. Tu trabajo será como el de la pobre mujer: tan inútil como agotador.
Sé limpio reflejo de la imagen de Cristo, y no tardarás en proyectarla linipiamente sobre tus hermanos. Ningún proyector arroja sobre la pantalla la imagen que no tiene dentro.
Cuando limpies tu corazón, limpiarás el de tu hermano.

Sed estratega
El apostolado entre los compañeros, requiere como tiota indispensable la oportunidad.
Ser apóstol es ser pescador de hombres. Para ser pescador se requiere echar redes, y las redes se componen de muchos hilos: hilos en las insinuaciones, conversaciones y consejos.
Para esperar la oportunidad se necesita paciencia.
Pon tu red, y Jesús empujará los peces como en el ago de Genesaret. Es el estilo del Señor: pon ligas en tus caminos, y verás cuántos pájaros has prendido al final de tu vida.
A pesar de todas las cualidades que puedas tener, ningún gorrión caerá en tus redes, «sin la voluntad del Padre Celestial».
Empuja, pues, la voluntad del Padre con la oración.
Los peces que bullían en la red de la pesca milagrosa, casi hasta reventarla, fueron empujados por Dios.
No habrá, pues, pájaros ni peces, sin oración.
Unido a Dios, regarás un tizón y brotara un manzano.
Las sociedades secretas son pocas, pero han conquistado al mundo no con actos espectaculares, con redes.
Sed también constante: los buscadores de petróleo barrenan sin desmayo, y perforan profundas capas de granito, hasta encontrar el líquido que codician No ceden ante el peligro ni el fracaso, sino ante la evidencia de lo imposible. Así debes tú entregarte a la redención de tu hermano.
Para ser soldado en campaña se necesita tener espíritu de desprendimiento, y tú lo tienes cómodo y blando. No sientes inquietud por la propagación del bien, mientras los adversarios sienten verdadera vesania por la propagación del mal. Tú mismo te dejas conquistar por el enemigo y pierdes el espíritu de combate.

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