miércoles, 15 de diciembre de 2010

De las cosas que San Vicente Ferrer pasó con el rey don Fernando

Cuando San Vicente fue a Castilla en el año que arriba dijimos, cayó mucho en gracia del infante don Fernando; pero mucho más le quiso y fue su devoto cuando vio que por su respecto había alcanzado el reino de Aragón. Y ansí, venido que fue a estos reinos, hizo siempre mucho caudal de él, y le tomó por su confesor algún tiempo, que no debió de ser muy largo, porque el Santo no podía parar en un lugar, sino ir por el mundo predicando. Acaeció en estos tiempos una cosa maravillosa en Guadalajara, ciudad de Castilla, y fue que predicando allí un padre de San Francisco apareció en el aire una cruz de cierta manera, que dio harto que pensar a muchos hombres letrados. Y como el caso llegase a noticia del rey don Fernando, escribió al Santo lo que pasaba, pidiéndole su parear en ello. Y para que nos entendamos, la cruz era de esta hechura.
La respuesta del Santo fue ésta:
"Excellentissimo Principi ac Domino potentissimo Domino Ferdinando, Regi Aragonum serenissimo:
Iesus. Excellentissime Princeps et Domine cum omnimoda reverentia et subiectione, recepi litteras vestras de miraculo spectabili, quod contigit Godolojarae, praed cante quodan fratre minore de sacramento iucharistiae; super quo vultis scire meam intentionem. Noverit ergo vestra Excellentia principalis, quod quantum capere possum, et periplo apud Deum, istud miraculum contigit duplici ratione. Primo quidem ad confirmandam doctrinan canonicam praedicantis. Nam sicut litterae Regis bene scriptae et examinatae imprimitur sigillum Regium, pro confirmatione, et aucthoritate eiusdem; sic Deus omnipotens ad confirmationem doctrinae praedicantium evangélicas veritates, ostendit liquando huiusmodi miracula in patenti, iuxta illud verbum Marci, cap. ult. Praedicaverunt ubique Domino cooperante, et sermone confirmante sequentibus signis. Et si bene volumus attendere ad formam et figurarti Crucis apparentis in coelo, candore niveo, ostenditur doctrina illius praedicant fuisse caelestem, et absque omni obscuritate erroris: in stipite autem recto ipsius. crucis apparentis tria ostensa, scilicet, fundamentum et duo poma, ostcndunt tria necessaria in Consecratione Eucharistiae, scilicet, materiam terrestrem de pane et de vino, formam verborum, et intentionem consecrandi. In brachio autem ipsius crucis transversali duo rami quasi arbores a dextris, et a sinistris, significant ipsam consecrationem Eucharistiae veraciter fieri per sacerdotes, sive sint in dextera gratiae, sive in sinistra mortalis culpae. Quinque autem pomelli a dextris et a sinistris ipsarum arborum, seu ramorum, inter quos stat unus pomellus superior, significant quinque verba formalia consecrationis Corporis Christi, sive digne sive indigne proferantur a sacerdote. Nam Christus summus Rex et Dominus utrobique consistit. Et quia omnes pomelli a dextris et a sinistris simul connumerati sunt vigiliti duo, significant consccrationem Sanguins Christi, p r viginti duo verba formaliter adimpleri.
Secundo, hoc fuit ostensum, ut credo, ad praefigurandam defensionem Crucis Christi et fidei Crucifixi iuxta finem mundi, Nam tria quae apparuerunt in recto stipite ipsius Crucis caelestis, significant tres futuros praed cctorcs circa finem mundi, significatos per tres angelos, de quibus scribitur Apocalypsis 14 cap. Itaque per radicera stipitis intelligitur primus, per medium pomum secundus, per supremum vero pomum fortius, qui in summo statu prosperitatis et fidelitatis christianae veniet, scilicet, post mortem Antichristi: Duo autem rami in brachio crucis transversali apparentes, designant illos duos máximos Prophetas, scilicet, Enoch et Eliam, tempore Antichristi futuros, qui in Sacra Scriptura per ramos seu arbores figurantur. Apocalypsis 2 cap.. Hi sunt duo olivae et duo candelabra luqcntia in conspectu Domini terrae stantes. Et recte in eodem brachio transversali, demonstrate est secundus Angelus venturus in pomo medio crucis, quia simul cum dictis Enoch et Elia, scilicet tempore Antichristi venturus est. Decem autem pomelli in quolibet ramo significant perfectam obedientiam ad divina mandata, quam supra dicti Sancti Prophetae servaverunt. Pomellus autem superior in utroque, designat altitudincm fidei, quam habuerunt.
Ex omnibus autem istis excellentia regiae majestatis vestrae debet colligere diligentiam maximam ad conversionem iudacorum et al orum infidelium, ad extirpanda crimina notoria corruptiva communitatum, scilicet, lenonum, lupanarium particularium, tafureriarum per taxillos et similium. Ad expediendam iustitiam communitatibus, et personis particularibus petentibus earn et ut litterae, mandata et ordinationes vestrae Regiae Maiestatis non contemnantur, sed firmiter et irrevocabiliter debitae executioni mandentur, quod vobis praestare dignetur, Filius Virginis gloriosa". Amen, Amen, Amen. Scripta in Villa de Tamarit, sextadecima die maii, cum suscriptione de manu mea pro i sigillo.
Inutilis servus Christi et vestri F. Vicentius Ferrer Praedicator.

No la he querido arromanzar, porque los doctos ya la entenderán así, y los simples no tienen grande necesidad de entenderla. Acerca del pie de ella advertirá el lector que, en las cartas que yo he visto de la propia mano del Santo, no se llama en ellas Praedicator, sino Peccator; y si esta carta pareciera en Madrid, cuando yo estaba allí, mirara muy bien cómo decía; sino que la han hallado después, y así me he habido de contentar con él traslado.
Predicaba el Santo una vez delante de este rey don Fernando en Lérida, que sería en el año 1413 después que el rey vino a Lérida, acabada tan a su favor la guerra que tuvo en Balaguer contra el conde de Urgel; y como la gente era tanta, no hizo el sermón dentro de la iglesia de su orden, sino en un lugar mucho ancho y espacioso que hay fuera de ella. Desde el púlpito vio venir un hombre arrastrando por tierra, media milla de allí, y dijo al rey: Yo veo un hombre lejos de aquí que viene arrastrando, enviad dos criados, hombres de crédito, que vean si es así. El rey envió allá a don Guillen de Apella y a don Hugo de Vigliatz y ellos hallando al hombre tullido quisieron traerle al Santo, mas vueltos los ojos al púlpito vieron que desde allí San Vicente hacía la cruz hacia el pobre hombre, y que luego el enfermo se levantó y tuvo en sus pies y se vino con ellos para el Santo. Después le siguió dos o tres años.
Otro autor cuenta este milagro algo diferentemente de cómo yo lo he puesto: pero de esta manera está en el proceso, y aquel autor se debió de olvidar de lo que había leído en él.
Fue increíble el fruto que hizo en esta ciudad, porque la gente le era muy aficionada y se levantaba a media noche para tomar lugar cerca del púlpito. Concertó muchas paces entre personas enemistadas, e hizo que muchos estudiantes, dejando el siglo, se hiciesen religiosos o clérigos. Ccnvirtió también a las mujeres de la casa deshonesta, al servicio de Nuestro Señor. De lo cual, como los rufianes quedasen muy resabiados, aguardáronle en un lugar por donde él habrá de ir a Balaguer, y cuando les pareció buena sazon, saliéronle al encuentro, con intentos de matarle. Violos él algo de lejos, y dijo a los que iban en su compañia: estos hombres me vienen a matar y son los rufianes de las mujeres que convertimos. Ellos respondieron: No temáis nada, padre, que bastantes seremos para defenderos. No curéis de eso, dijo el Santo, id adelante y dejadme a mí con ellos. Porfiaron un rato los discípulos por quedarse allí, mas, en fin, por mandárselo él tan de veras, se apartaron y le dejaron solo. Visto esto por los rufianes, llegáronse a él con gran denuedo y echaron mano a las espadas. El Santo, ni más ni menos, echó mano de su espada ordinaria con la cual había salido con honra en muchos trances que tuvo con los demonios, quiero decir la Santa Cruz; y santiguando a sus enemigos, de tal manera les quitó las fuerzas que no pudieron dañarle en nada: y así pasmados por la novedad del milagro, se derribaron delante del Padre bienaventurado y le pidieron perdón de su atrevimiento; y de aquella hora mudaron de vida. Antes que el Santo se partiese de Lérida vino un hombre le la villa de Montblanc, sordo desde su nacimiento, y por consiguiente mudo. Un hermano de este hombre rogó a San Vícente que se apiadase del enfermo, el cual se llamaba Mateo Escuder. Púsole el Santo los dos dedos meñiques en el oído, diciendo la oración ordinaria que era Iesus Mariae Filius, etc., y luego le salió de ellos un silbo y comenzó a oír, y después aprendió hablar. El mismo doctor que cuenta esto dice qué, estando en el monasterio de Lérida, sacó los demonios de los cuerpos de muchísimos espiritados.
Fray Justiniano Antist O.P.
VIDA DE SAN VICENTE FERRER

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