sábado, 12 de octubre de 2013

Convulsionarios, Coptos, Corruptícolas.

CONVULSIONARIOS
     Secta de fanáticos que ha aparecido en nuestro siglo XIX, y que ha principiado en la tumba del abate Paris. Los apelantes de la bula Unigenitus querían tener milagros para apoyar su partido; bien pronto pretendieron que Dios los habia obrado en su favor en la tumba del diácono Paris, famoso apelante; una multitud de testigos prevenidos, engañados ó echadizos los atestiguaron.
     Muchos pretendieron experimentar convulsiones en esta misma tumba ó en otras partes; se quiso también hacerlos pasar por milagros; esta nueva especie desacreditó la primera y cubrió de ridículo a sus partidarios. Nunca han podido responder los apelantes a este argumento tan sencillo: donde nacieron las convulsiones, allí nacieron vuestros milagros; ambos tienen el mismo origen. Según la confesion de los mas sabios de entre vosotros, la obra de las convulsiones es una impostura ú operacion del diablo: luego lo mismo sucede con los milagros.
     En efecto, los mas sensatos de los apelantes han escrito con vigor contra este fanatismo, lo que ha producido entre ellos una división en anticonvulsionistas y convulsionistas. Estos se han subdividido en agustinistas, vaillantistas, socorristas, discernientes, figuristas, melengistas, etc., nombres dignos de ser colocados al lado de los umbilicales, iscariotistas, stercoranistas, indorfianos, orebitas, eonianos, y otras sectas tan esclarecidas.
     Arnaldo, Pascal y Nícole, apelantes sensatos e instruidos, no tenían convulsiones, y se guardaban muy bien de profetizar. Un arzobispo de León decía en el siglo IX con motivo de algunos supuestos prodigios de este género: "¿Se ha oído nunca hablar de estas especies de milagros que no curan las enfermedades, sino que a los que están sanos hacen perder el juicio y la salud? No hablaría así de esto si yo mismo no hubiera sido testigo; porque dándoles muchos golpes, confesaban su impostura». (Compendio de la historia eclesiástica en 2 volúmenes en 12°, París 1752 sobre el año 844). En efecto que es un extraño taumaturgo el que estropea en lugar de curar.
     Quizá es todavía mas extraño, que los partidarios de un fanatismo tan escandaloso y tan absurdo, habiendo aparentado un pretendido zelo de religión, hayan querido hacer creer que solo ellos eran sus defensores; nada ha contribuido mas a producir la incredulidad. Felizmente parece que este acceso de demencia ha concluido. Ha habido en Inglaterra refugiados convulsionarios; eran los mismos que los profetas de los Cevennes. Schaftsbury, cartas sobre el entusiasmo, sec. 3, p. 23. Sabemos que el Dr. Hecquet, en una obra titulada el naturalismo de las convulsiones, ha demostrado la ilusión de este pretendido prodigio.

COPTOS
     Cristianos de Egipto, le la secta de los jacobitas ó monofisitas, que no admitian mas que una naturaleza en Jesucristo. Se sometieron al patriarca de Alejandria: se deriva ordinariamente su nombre de Copta ó Coptos, ciudad de Egipto; pero esto quizá no es mas que una alteración de la palabra del nombre griego del Egipto. Como esta iglesia cismática se separó de la Iglesia Romana hace mas de 1200 años, es bueno conocer su origen, su creencia y su disciplina.
     Despues de la condenación de Eutiques en el concilio de Calcedonia, en 451, Dioscoro, patriarca de Alejandría, hombre afamado y nuy respetado de los egipcios, quedó tenazmente adherido al partido y a la doctrina de Eutiques; tuvo la habilidad de persuadir a su clero y pueblo que el concilio de Calcedonia, condenando a Eutiques, había adoptado y consagrado la herejía de Nestorio, aunque este concilio anatematizó a los dos. Las vejaciones y violencias que emplearon los emperadores de Constantinopla para que se recibiesen en Egipto los decretos del concilio de Calcedonia alejaron los ánimos; se enviaron de Constantinopla patriarcas, obispos, gobernadores, magistrados; los egipcios, excluidos de todas las dignidades civiles, militares y eclesiásticás, concibieron un odio violento contra los griegos y el catolicismo; gran número de ellos se retiraron al alto Egipto con su patriarca cismático.
     Hácia el año 660, cuando los sarracenos ó mahometanos árabes vinieron a atacar el Egipto, los coptos ó egipcios cismáticos entregaron los puestos que debian defender, y obtuvieron por tratados el ejercicio público de su religión; así con la protección de los mahometanos, los coptos a su vez se hallaron en estado de oprimir a los griegos católicos que se hallaban en Egipto, y hacerlos sospechosos a sus nuevos señores. Desde entonces han prevalecido los coptos; y pretenden haber conservado hasta la actualidad la sucesión de sus patriarcas desde Dioscoro.
     Pero luego que los mahometanos se vieron tranquilos poseedores del Egipto, y no tuvieron ya nada que temer de parte de los emperadores griegos, quebrantaron las promesas que habian hecho a los coptos, prohibieron el ejercicio público del cristianismo, y solo a fuerza de dinero han conseguido los coptos que se les tolero, y que conserven su religión. Estos cristianos son la parte mas pobre de los egipcios, y los mahometanos la han encargado la recaudación de los tributos públicos de Egipto. Se dice que en tiempo de la conquista eran en número de 600,000, y que en la actualidad se hallan reducidos a 13,000, lo mas.
     Desde que el árabe llegó a ser la lengua vulgar del Egipto, los naturales de este país no entienden ya la lengua copta, que es una mezcla del griego y del antiguo egipcio; sin embargo han continuado celebrando el oficio divino en esta lengua, y han traducido al árabe su liturgia, a fin de que los sacerdotes tengan conocimiento de lo que dicen en copto. En cuanto a las lecciones del oficio, las epístolas y los evangelios, despues de haberlos leido en lengua copta, los leen en una biblia árabe para entender lo que se ha leido. Su breviario es muy largo.
     En general el clero copto es pobre e ignorante. Se compone de un patriarca y obispos en número de diez ó doce. El patriarca es elegido por los obispos, por el clero y por los principales seglares; lo sacan siempre de los monjes del monasterio de San Macario en el desierto de Scete. Él solo nombra los obispos, que los elige de entre los seglares viudos: el diezmo es toda su renta, y lo recogen en toda su diócesis para ellos y para el patriarca. Los sacerdotes ordinariamente son simples artesanos: aunque tienen la libertad de casarse, muchos se abstienen de ello, observan la continencia, son muy respetados por el pueblo, y tienen bajo sus órdenes a los diáconos: entre los coptos hay monjes y religiosas, unos y otras hacen votos.
     Tienen tres liturgias, una de San Basilio, otra de San Gregorio Nacianceno, la tercera de San Cirilo de Alejandría; se han traducido en lengua copta del original griego. La última es la mas parecida a la de San Marcos, que se cree ser la antigua liturgia de que se servia la Iglesia de Alejandría antes del cisma de Dioscoro, o antes del siglo V; los católicos de Egipto continuaban sirviéndose de ella mientras que subsistieron; pero los cismáticos prefirieron aquella de que hemos hablado, y han introducido en ella su error con respecto a la unidad de naturaleza en Jesucristo.
     Este es el único error que se les puede echar en cara en cuanto al dogma; en todos los demás artículos de la doctrina cristiana tienen la misma creencia que la Iglesia romana. Se ve por sus liturgias, por sus demás libros y por sus confesiones de fe, que admiten siete sacramentos; pero difieren el bautismo de los niños hasta los cuarenta dias, y el de las niñas hasta los ochenta. No lo administran nunca sino en la iglesia, y en caso de peligro creen suplirlo por medio de unciones. Lo confieren por tres inmersiones; la primera en nombre del Padre, la segunda en nombre del Hijo, y la tercera en nombre del Espíritu Santo, adaptando a cada una las palabras de la fórmula ordinaria: Yo te bautizo, etc. Dan al niño la confirmación, y la comunion únicamente bajo la especie de vino, inmediatamente despues del bautismo.
     En cuanto a la Eucaristía creen como los católicos la presencia real de Jesucristo, la transustanciacion, el sacrificio; este es un hecho probado demostrativamente por su liturgia. Los hombres comulgan bajo las dos especies, y llevan a las mujeres solo la especie de pan, humedecida con algunas gotas de vino consagrado; nunca sacan el cáliz consagrado fuera del santuario, en el que no se permite entrar a las mujeres. Cuando es necesario administrarlo a un enfermo, se dice la misa a cualquiera hora; no dan el viático mas que bajo la especie de pan.
     La confesion es muy rara entre ellos, pues se confiesan a lo mas una ó dos veces al año; pero atribuyen a la penitencia y a la absolución el poder de remitirlos pecados, a las que van acompañadas ordinariamente las unciones.
     Parece que no falta nada en el modo como hacen la ordenación para ser un verdadero sacramento; la del patriarca se verifica inuy solemnemente y con muchas oraciones. Miran el matrimonio como un sacramento; pero usan con bastante frecuencia del divorcio.
     Administran la extrema-unción en las indisposiciones mas leves; ungen con el aceite bendito, no solo al enfermo, sino a todos los asistentes. Como tienen un aceite bendito diferente del que se sirven para los sacramentos, hacen con él unciones a los muertos.
     Se hallan en sus liturgias la invocación de los santos, la oración por los difuntos, y no se les acusa de que vituperen el culto de las imágenes y de las reliquias. No se les puede echar en cara que hayan cambiado ó alterado estas liturgias, excepto sobre el artículo de una sola naturaleza en Jesucristo, pues que en todo lo demás se hallan conformes a las de los griegos, de los sirios, de los armenios y de los nestorianos, con los que los coptas no han tenido mas vínculo que con la Iglesia romana.
     Sus ayunos son largos, frecuentes y rigorosos. Observan cuatro cuaresmas: la primera, antes de la Pascua, empieza nueve días antes que la de los latinos; la segunda, despues de la semana de Pentecostés y antes de la fiesta de San Pedro y San Pablo, es de trece dias; la tercera, antes de la Asunción, es de quince dias; la cuarta, antes de la Natividad, es de cuarenta y tres dias para el clero y veinte y tres para el pueblo.
     Es pues evidente que, exceptuando un solo artículo de doctrina, la iglesia copta ha conservado exactamente la misma creencia que la Iglesia romana; y así antes del concilio de Calcedonia y del cisma de Dioscoro, esta creencia éra la de la Iglesia universal. Injustamente los protestantes han sostenido que esta doctrina es nueva e inventada en los siglos posteriores. Hállase entre los griegos cismáticos, los sirios, jacobitas los nestorianos, en la Persia, en las Indias, como también entre los egipcios y los etíopes. Estas iglesias no se han convenido entre ellas, ni con la Iglesia romana para cambiar su fe, su liturgia, su disciplina. Parece que Dios las ha conservado para atestiguar la antigüedad de los dogmas, de que han tomado pretexto los protestantes para hacer un cisma. Estos últimos son los únicos en el universo que profesan la doctrina que ellos defienden ser la creencia antigua y primitiva.
     Añadamos que los coptos no desechan del cánon de los libros sagrados ninguno de los que la Iglesia romana recibe como canónicos.
     Se ha intentado muchas veces, aunque inútilmente, reunir los coptos a la Iglesia romana.
     Los protestantes hacen observar con afectación su resistencia de estos herejes a las instrucciones de los misioneros católicos; pero no dicen nada en cuanto a la conformidad de la creencia de la Iglesia copta con la de la Iglesia Romana.

CORRUPTÍCOLAS
     Secta de eutiquianos que apareció en Egipto hácia el año 531, y que tuvo por jefe a Severo, falso patriarca de Alejandría. Sostenía que el cuerpo de Jesucristo era corruptible; que el negar esta verdad era atacar la realidad de los padecimientos del Salvador. Por otro lado Julian de Halicarnaso, otro eutiquiano refugiado en Egipto, pretendía que el cuerpo de Jesucristo ha sido siempre incorruptible; que el sostener lo contrario era admitir una distinción entre Jesucristo y el Verbo, por consiguiente suponer dos naturalezas en Jesucristo, dogma que Eutiques había combatido con todas sus fuerzas.
     Los secuaces de Severo se llamaron corruptícolas, ó adoradores del corruptible; los de Juliano fueron llamados incorruptibles o fantasiastas. En esta disputa, que dividió a la ciudad de Alejandría, el clero y las potestades seculares favorecían al primer partido, los monjes y el pueblo se inclinaban al segundo.

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