miércoles, 17 de noviembre de 2010

Los excesivos gastos cotidianos en comidas y cenas exorbitantes y profanas

Los excesivos gastos cotidianos en comidas y cenas exorbitantes y profanas acaban las casas y familias.
Nuestra naturaleza humana con pocas cosas está contenta, dice Galeno en uno de sus aforismos: Natura paucis contenta. Mas la pasión desordenada del hombre inmortificado, dejándose arrebatar del gusto del comer, hace tales excesos, que ni los brutos se le igualan. El bruto come lo que basta para vivir y conservarse; pero el hombre destemplado, por seguir su gusto insaciable, atropellan con su salud, con su vida, con su honra, con su hacienda, y aun con su pobre alma. Veamos cómo todo lo dicho consta de las divinas Escrituras.
De aquel rico glotón dice el santo evangelio, que cada día comía espléndidamente Epulabaturquotidie splendide; pero su muerte fue tan desastrada como su viciosa vida, pues fue sepultado en el infierno, como lo dice el sagrado texto (Luc., XVI, 19).
De otro rico goloso hace mención el evangelista san Lúcas, y dice, que viéndose muy ufano con muchas conveniencias temporales, hablaba consigo mismo, y decía a su alma que comiese, bebiese y se regalase, porque ya tenia riquezas para muchos años; pero estando en este vanísimo pensamiento, oyó la voz de Dios que le dijo: estulto y necio, esta noche acabarás con tu vida, y los bienes que has congregado ¿de quién serán? (Luc., XXII, 20.) La falta de esta consideracion pierde a los hombres locos mundanos.
Esta fue también la estulticia torpe de aquel siervo necio, que habiéndose ausentado su señor, se hacia él la cuenta falsa de que tardaría en venir, y comenzó a regalarse mucho, y comiendo y bebiendo sin temor de Dios, ni de su señor: Coepit edere, et bibere, et inebriari; pero a la hora que menos pensaba llegó su señor, y fue gravemente castigado, como lo merecía su desorden (Luc., XII, 45).
Otro rico perdido en la profanidad de su mesa fue el infeliz rey Baltasar, de quien se dice, que habiendo hecho un grande convite, y estando en el mayor fervor de sus profanas delicias, vio con asombro que se escribía á la luz de su misma mesa una formidable sentencia de la perdición de su reino y de su persona, según después la explicó el santo profeta David.
El justo come para remediar su necesidad; pero el impío profano tiene insaciable su vientre, dice Salomón. Esta es la gran diferencia entre el justo y el glotón, que el justo come para vivir, y el goloso vive para comer.
De esta clase maldita eran aquellos infelices Epicuros, que decían comamos y bebamos, que mañana nos moriremos: Comedamus et bibamus, eras enim moríemur; a los cuales les salió tan mal su bárbaro pensamiento, que conocieron su error cuando ya no tenia remedio. De estos hace mención el profeta Isaías, y el apóstol san Pablo también hace memoria de su desgracia fatal.
Con mas extensión refiere la desventura de estos Epicuros el libro de la Sabiduría, donde se dice, que conferenciando unos con otros sobre el desorden de su vida, decían, que en este mundo lo pasasen bien, comiesen y bebiesen, Y no cuidasen de otra cosa, porque luego se morirían, y se acabaría todo; pero llegándose la hora terrible de su condenación eterna, sacaban la consecuencia legítima que correspondía a su desconcertada vida, y decían confusos Ergo erravimus a vía veritatis (Sap., II, 6, et y, 6).
Nuestro seráfico doctor san Buenaventura, leyendo en Isaías profeta aquel error desesperado con que decían: comamos y bebamos, que mañana nos moriremos; encendido en celoso furor exclamó, y dijo: no habéis de decir así, hombres bárbaros, sino hagamos penitencia y ayunemos, que mañana nos moriremos. Esto es lo que nos ha de aprovechar para la vida eterna; porque los hartazgos en las comidas y bebidas solo sirven para ruina y perdición de los cuerpos y de las almas.
La soberbia y excesos de los regalos en comer y beber fue la perdición y ruina de los infelices de Sodoma, dice el profeta Ezequiel. Comían y bebían como brutos, sin temor de Dios; y como los vicios se llaman unos a otros, llenaron el número de sus maldades, y perecieron con fuego del cielo.
De estos, y de sus semejantes, dice David en un salmo, que su mesa se les convierte en lazo para su caída, y en escándalo para sus almas. Ponen todo su corazón en los manjares, y la gula los prevarica para que no se acuerden de los bienes eternos (Psalm., LXIII, 3).
De esta misma clase de viciosos epulones eran aquellos ingratos del pueblo de Dios, de los cuales se dice en el sagrado libro de los Números, que comieron y bebieron basta no poder mas; y aun se tenían los últimos bocados en la boca, cuando subió la ira de Dios sobre ellos, y acabó con sus vidas. Allí perecieron, donde se hartaron de comer y beber sin temor de Dios.
En el libro del Éxodo se refiere otra semejante desventura, diciendo el sagrado texto que se sentó el pueblo a comer y beber, y se levantaron a jugar Sedit populus manducare et bibere, etsurrexerunt ludere. Y el apóstol san Pablo dice, que aquellos hombres glotones estaban prevaricados, y dejando a su verdadero Dios, se hicieron idólatras; contra los cuales se encendió la ira del Señor, como contra gente de dura cerviz; y los hubiera destruido si el santo Moisés no orase por ellos.
El apóstol ocurre para la curación eficaz de este grave desorden, diciendo, que lo mas conveniente es confortar el corazón humano con la divina gracia, y no con los manjares abundantes, que no son de provecho a los que ponen su corazón en ellos; y Cristo Señor nuestro dijo, que no vive el hombre con solo pan (Matth., XV, 4); porque no solo se compone de cuerpo, sino también de alma, que ha de vivir con otro mas superior alimento.
Por esto dice tambien el Espíritu Santo, que el vientre del hombre recibe todo manjar; pero debe entender la criatura, que hay un manjar mejor que otro: Est cibus cibo melior, y el manjar del alma es mejor que el del cuerpo.
En el sagrado libro del Eclesiástico se dice, que muchos perecieron por el exceso de la comida; y estos son de los que dice David, que su garganta es un patente sepulcro Sepulchrum patens estguttur eorum; y en su misma gula se llevan su sepulcro consigo; y de ellos a su sepulcro hay muy poca ó ninguna distancia.
San Pablo dice, que semejantes epulones y comedores no sirven a Cristo Señor nuestro, sino a su vientre, a quien tienen por su Dios, y le sirven mejor que a su Dios verdadero; de los cuales está escrito, que idolatran como gentiles, teniendo por su Dios a su vientre: Quorum deus venter est; pero su gloria se les volverá en confusion; porque solo saben las cosas terrenas, y son enemigos de la cruz de Cristo, como tambien lo dice el mismo santo apóstol.
De estos desventurados dice David, que de la grosura de sus cuerpos, y de la prevaricacion de sus almas se origina y procede toda su iniquidad: Prodiit, quasi ex adipe iniquitas eorum; porque engolosinados con estas delicias materiales de la tierra, vician el afecto de su corazón, y lo pierden todo.
En el Deuteronomio se explica bien la perdicion de semejantes hombres, y el tránsito que hacen del bien al mal, y de la virtud al vicio, y de la gracia al pecado; diciendo, que el amado de Dios comenzó a recalcitrar, engrosado de las delicias terrenas, y de los manjares materiales; por lo cual dejó a su Dios que le había criado, y apartándose de él, se buscó dioses ajenos abominables, que no le fueron de provecho en sus novísimos amargos; sino que provocó la ira de su Criador y bienhechor para buscar su ruina.
Aun en esta vida se llenan de calamidades y miserias los infelices golosos y tragones con los excesos grandes y profanos en las comidas y en las cenas; porque según la sentencia de Galeno en sus experimentados aforismos, toda saturidad y hartazgo es contrario a la misma naturaleza.
El Sabio dice, que el diligente operario ó trabajador duerme dulcemente, porque hace bien las digestiones de lo que come; pero al rico epulon, que trabaja poco y come mucho, el mismo exceso de lo que ha comido no le deja dormir Saturitas divitis non sin it eum dormire.
El mismo Sabio te previene, que si te ponen delante un plato de mucho gusto, no comas sino lo que te es suficiente; no sea que harto y repleto de lo que has comido, lo vomites con ignominia, o porque no te haga mayor daño Mel invenisti? Comede quod sufficit tibi, ne forte satiatus, evomas illud.
En otro proverbio dice, que la criatura saciada y harta de comer despreciará el panal de miel; pero el hombre hambriento y con necesidad, aun lo que es amargo lo tiene por dulce: Anima saturata calcabit favum, etc.
El profeta Ezequiel dice, que el hombre justo comerá su pan con templanza y con solicitud, y así tendrá Dios mucha misericordia con él; pero los ricos profanos y comedores hasta en lo natural tendrán angustia y confusión.
Por esto dice la sentencia del santo Job, que los preciosos manjares del rico epulon los vomitará con angustia, y Dios se los sacará con violencia de su vientre; porque, o en esta vida, o en la otra ha de pagar los excesos de su gula (Job, XX, 15).
Un proverbio del Sabio dice, que por tres cosas se mueve y se conturba la tierra, y la segunda de ellas es por el estulto rico, despues que está harto de comer Per stultum, cum saturatus faerit cibo. Y si se añade a su estulticia y necedad el ser autorizado, no habrá quien le pueda sufrir, o porque su exceso le hizo daño, y se halla indigesto, o porque sus conveniencias y delicias le hacen demasiadamente soberbio. Uno y otro lo suele causar este vicio capital de la gula; porque regularmente tienen los glotones poca salud, y mucha soberbia.
Esta verdad se halla dictada por el Espíritu Santo, el cual dice, que en los muchos manjares no faltará enfermedad In miltis enim escis erit infirmitas; y la razon se da en el mismo sagrado texto: porque el afan y aplicacion a comer mas y mas, causará destemplanza del humor colérico, y ya con esto tenemos enfermo al goloso (Ecci., XXXVII, 33).
El santo Job hace consonancia maravillosa con la sentencia referida, diciendo, que el hombre saciado y harto de comer, se comprimirá, y se encenderá, y todo dolor vendrá sobre él Cum satiatus fuerit, arctabitur, aestuabit, et omnis dolor irruet super eum. Aun dice mas la sentencia de lo que podemos explicar con nuestro idioma (Job, XX, 22).
Con estos principios revelados de Dios, ya no extraño que muchos ricos ociosos y regalones digan, que no pueden ayunar los ayunos de la santa Iglesia. Pero debemos entrar en gravísimo recelo, ellos mismos tienen la culpa, y deben quitar la causa; porque les haría mas provecho el ayuno, que sus exorbitantes comidas y cenas; de las cuales provienen los accidentes que ponderan, y el apresurar su vida; porque del varon abstinente dice el Espíritu Santo, que aumentará los años de su vida, y tambien su gloria: Qui abstinens est, adjiciet vitam et gloriam (Ecci., XXXVII, 34).
Y para que se vea que tambien los golosos destruyen sus casas y familias, y arruinan sus conveniencias temporales, lo dice expresamente Salomon en uno de sus proverbios, con estas palabras Qui diligit epulas, in egestate erit; el que quiere comer y cenar abundantemente, llegará a tener mucha necesidad.
Esta verdad la advertimos experimentada en muchísimas casas; porque si en ellas las comidas y cenas, convites y cumplimientos se hacen cotidianos, a poco tiempo se ven perdidas, o sea por castigo de su viciosa gula y mundana soberbia, o porque la hacienda de la casa no presta para tanto; y la sustancia es, que ellas se arruinan y se pierden, porque Dios nuestro Señor no nos da las conveniencias temporales para fomentar los vicios, ni el tiempo para pecar, como se dice en la divina Escritura (Ecci., XV, 21).
El infame vicio de la ebriedad hace desestimables a los hombres; y tambien pierde muchas casas y familias, y sus conveniencias temporales, o por el mucho gasto en este feo vicio, o por el mal gobierno que regularmente tienen en sus casas los ebrios; porque pierden toda la sabiduría y la razón, como lo dice David, y nos lo enseña la experiencia (Psalm., CVI, 27).
El profeta Oseas dice que el vino y la ebriedad quitan el corazon: Vinum et ebrietas auferunt cor; y ya se ve cuán despreciable quedaria un hombre sin corazón; que es lo mismo que quedar sin vida, honra ni estimacion humana, y sin la gloria eterna.
Por esto el profeta Isaías trata a los ebrios como a hombres desventurados, y dignos de que los otros hombres se lamenten de su desgracia: Vae vobis, etc. (Isai., XV, 41 et seq.) Porque ocupadas sus potencias y sentidos de los efectos malos del vino, no están para cosa de razón, ni con Dios, ni con las criaturas racionales; y deben temer no les venga en aquel tiempo de su embriaguez alguna muerte repentina, que sea su última perdición.
Previniendo misericordioso el Señor que a ninguna criatura le suceda en su ebriedad semejante desgracia, avisa a los hombres por el evangelista san Lúcas, diciendo, teman y se guarden de oscurecer sus sentidos con el vino, no sea que les venga repentinamente el dia de la ira de su Dios y Señor, que será para ellos el día de su muerte: Attendite vobis, ne forte aggraventur corda vestra ebrietate, etc. (Luc., XXI, 34).
Y para que los hombres teman como a la muerte el vicio desordenado del vino, les avisa el sabio, que aunque esta bedida entra con blandura y suavidad; pero que por último muerde como culebra venenosa, y su veneno se extiende por todo el cuerpo: Vinum mordebit ut coluber, etc. Eligió la similitud de la culebra, que es el animal mas espantoso para los mortales; los cuales en el tiempo de su embriaguez se juzgan como muertos.
Así los consideraba el mismo Salomón, diciendo que los ebrios entre los brindis y razones, quedan como los difuntos, y sin píe ellos lo adviertan, los adornarán ignominiosamente con los paños de los muertos en el tiempo de su torpe sueño: Vestientur pannis mortuorum, etc. (Prov., XIII, 21). Y son tan infelices, que haciendo la razón, perdieron la razón; y miéntras no la restauran, no se pueden decir hombres.
Por esto dice un profeta, que el vino engaña al que le bebe; porque el infeliz ebrio piensa vivir con el vino, y muere con él. Y diciendo que hace la razón, pierde la razón: Vinum potantem decipit. Así se engaña (Hab., II, 5).
Por este motivo nos avisa el Sabio, que no miremos al vino cuando está brillante en el vaso de cristal, no sea que nos engañemos con él, y perdamos la razón; y buscando la alegría, hallemos nuestro desprecio y contumelia.
De la privacion de los sentidos en la ebriedad se sigue la ignominia del ebrio; porque como dice el profeta Isaías, las mesas de los bebedores se llenan de vómito; y no parece se halla cosa mas torpe, ni mas indigna de racionales: Ebriorum mensce repletae sunt vomitu; y luego se siguen los desprecios de los poseídos del vino.
De Noé hizo burla su mismo hijo. De Lot se burlaron sus hijas, y ellos en el exceso de su embriaguez nada de esto conocieron, hasta que despertaron de su profundo sueño, y volvieron en sus propios sentidos. Véanse estos y otros lamentables ejemplos de los ebrios en el Espejo del varon sabio, libro II, capítulo XII, y libro VI, capítulo XIII.
Salomon habla de las burlas y desprecios que se hacen con los ebrios, sin que ellos lo sientan ni lo conozcan; y como en persona de un hombre poseído del vino, dice, le azotaron, y no tuvo dolor; le arrastraron, y no lo sintió, y deseaba volver a su vigilia, para de nuevo buscar el vino: Verberaverunt me, et non dolui, etc. (Prov., XXIII, 35). Considérese la gran desventura del ebrio; que en aquel tiempo infeliz aunque le quiten la vida él no se defiende, ni se puede defender, ni le queda razón de hombre para su político respeto.
Estando embriagado el príncipe Amnon, le degollaron los criados de Absalon. Y estando ebrio Benadab, fue vencido de los hijos de Israel. Y estando poseído del vino el capitan general Holoférnes, le degolló y le quitó la cabeza una insigne mujer hebrea. Lo mismo le sucedió al célebre Simon Macabeo, que en los combates militares era formidable; mas poseido del vino, perdió la vida. Lo mismo le sucedió al hijo del rey Asá, a quien le mató un criado suyo, viéndole sin sentidos con el fervor del vino. Todas estas desventuras de los ebrios se hallarán en el citado libro del Varon sabio.
En el libro tercero de Esdras se refiere aquel célebre y gustoso certámen, en que se puso en disputa, ¿cuál era mas furte, el rey, el vino, la mujer, o la verdad? Y aunque por parte de la verdad quedó la victoria: Veritas vincit, vivat veritas; no obstante quedó tambien por cierto, que el vino es superior a todos los hombres que le beben desordenadamente, y prevalece contra ellos, quitándoles la razón, que es lo mejor que Dios les ha dado. Véase la fuerza del vino, y témanle todos los hombres cuerdos y juiciosos.
Otro mal efecto tiene la ebriedad, y es, que mueve a irritacion al ebrio; porque un hombre poseido del vino, habla sin juicio y sin concierto, da qué reir a los que no le miran bien, y desconsuela y turba a todos los de su casa. Por lo cual dice el Espíritu Santo, que el mucho vino excita a la irritacion; y la ira es causa de muchas ruinas y desgracias (Eccli., XXXI, 38).
En el Eclesiástico se dice, que la ebriedad destemplada aumenta la furia del ebrio, y a veces se precipita de tal manera, que hace muchas llagas en los inculpados; porque poseído del vino, obra como loco sin juicio. ¡Ojalá no fuese tan experimentada esta verdad, como lo es!
Por esta causa dice el Sabio, que allí se hallan los lamentos, los pleitos, las discordias y las llagas violentas, donde regularmente vive el ebrio, que atropella con todo; mucho mas se enfurece contra los que le embarazan y reprenden su infame y detestable vicio.
Ultimamente no hay que esperar que la casa del ebrio se aumente de conveniencias temporales; antes de día en día acabará con las que tiene. Por lo cual, dice el Espíritu Santo, que el operario ebrio, por mas que trabaje, nunca se hallará rico; porque todo lo que gana, se lo bebe, y porque todo le parece poco, se bebe tambien el juicio: Operatus ebriosus non locupletabitur (Eccli., XIX, 4); y ademas de lo que desperdicia bebiendo destemplado, menoscaba tambien de su casa su honra y su hacienda, porque en el tiempo infeliz, cuando el vino toma posesión de su cabeza, no está para cosa de provecho, y su casa se pierde sin qce él lo conozca.
El Sabio dice absolutamente, que el amador del vino nunca se hará rico: Qui amat vinum non ditabitur; antes será grande fortuna, que no pase a otros vicios que le acaben de perder en cuerpo y alma; porque la lujuria y el vino se llaman a voces, luxuriosa res vinum est (Prov., XXI, 17).
Ultimamente, dice el Espíritu Santo, que el vino y las mujeres hacen prevaricar y apostatar a los sabios (Eccli., XIX, 2), cuanto mas a los ignorantes; y en un agregado de vicios tan infernales, no es de extrañar que todo se pierda, salud, honra, vida, conveniencias, haciendas grandes, aun el alma, que no tiene precio temporal; y el que Cristo Señor nuestro le dio es tan grande, como dice el apóstol san Pablo (1 Cor, VI, 20), que no tiene ponderacion humana. Dios quiera lo conozcamos. Amen.

Fray Antonio Arbiol
LA FAMILIA REGULADA
1866

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