miércoles, 29 de enero de 2014

DEVOCIÓN a las Animas Benditas del Purgatorio

     ESPOSAS muy queridas del Señor, que, arrojadas en la cárcel de indecibles penas, carecéis de la presencia del Amado hasta que os purifiquéis, como el oro en el crisol, de las reliquias que os dejaron las culpas; vosotras, que desde esas voraces llamas clamáis con mucha razón a vuestros amigos: ¡Misericordia!, yo me compadezco de vuestro dolor, y quisiera tener caudal suficiente para satisfacer vuestra deuda; pero ya que soy más pobre que vosotras mismas, apelo a la piedad de los justos, a los ruegos de los bienaventurados, al tesoro de las indulgencias, a la intercesión de María Santísima y a la preciosa Sangre de Jesucristo, para que por este medio logréis el deseado consuelo, y yo, por vuestra intercesión, gracia para arrepentirme de mis culpas, y al fin de la vida la eterna gloria. Amén.

    ¡Oh Jesús, siempre justo en la sentencia!, por las almas benditas yo te ofrezco todo ayuno, vigilia o abstinencia, y cualquiera obra buena en que merezco, todo el rezo, el trabajo, la indulgencia, los trabajos que sufro y que padezco, y ofrezco por alivio en sus quebrantos los méritos de Cristo y de sus Santos.

ORACION 
     ¡Dios mío! Vos me habéis llevado la persona que más amaba en este mundo; me habéis privado de ella para siempre; pero, pues Vos lo habéis dispuesto de esta suerte, cúmplase en todo vuestra santísima voluntad, así sobre ella como sobre mí. El grande consuelo que me queda es la esperanza de que Vos la habéis recibido en el seno de vuestra misericordia, y que os dignaréis algún día unirme con ella. Si la entera satisfacción de sus pecados la detienen aún en las penas sin que haya ido todavía a reunirse con Vos, yo os ofrezco por ella todas mis oraciones y buenas obras, y más principalmente mi resignación en el sentimiento de su pérdida; haced, Señor, que esta resignación sea entera y digna de Vos.     ¡Arbitro supremo de nuestra suerte! ¡Dueño absoluto de nuestro destino! Disponed soberanamente de nuestros días; no somos de nosotros mismos, sino de Vos sólo; no habéis hecho sino tomar lo que os pertenecía y me habéis prestado por algún tiempo. Sean benditas y adoradas las disposiciones de vuestra Providencia.
     Esta muerte que me hace derramar tantas lágrimas, debe producir en mí un efecto más sólido y saludable; ella misma me advierte que llegará mi hora, que debo prepararme sin dilación y estar pronto en todos los instantes de mi vida; haced, ¡oh Dios de bondad!, que cuando llegue mi último momento me encuentre en estado de poder presentarme delante de Vos y de reunirme a la persona que he perdido, para bendeciros y alabaros eternamente con ella. Amén.
Jaculatoria
Si con tu Sangre preciosa, 
Señor, la has redimido, 
que la perdones te 
pido por tu Pasión dolorosa.

Oración a San Lorenzo
     ¡OH Señor! Concédenos tu auxilio, y por la poderosa intercesión de tu mártir San Lorenzo, dígnate admitir el alma de tu siervo N. al goce de la bienaventuranza. Por Jesucristo Señor nuestro. Amén.

     Fieles almas cristianas, os dé a todas descanso Aquél que es verdadera holganza, Jesucristo, Hijo de Dios vivo, el cual nació de la Inmaculada Virgen, Santa María por nuestra salud y de todo el mundo, y os redimió con su preciosísima Sangre; Él os dé su bendición, os libre y resucite en el día santo de la resurrección y del juicio final, haciéndoos de la compañía de los santos ángeles y suya, con gozo para siempre. Amén, Jesús, María y José.
Padrenuestro y Avemaria.

     Rogamos y pedimos, omnipotente Dios nuestro, que ya que por nuestros pecados justamente merecemos castigo, por la gloria de tu santísimo Nombre seamos libres de todas nuestras culpas y maldades. Que vives y reinas en todos los siglos. Amén.

ORACIÓN
     SEÑOR mío Jesucristo, que no quieres que ninguno perezca, y a quien nunca se pide sino con una esperanza, segura de tu misericordia, pues por tu misma boca santa y bendita dijiste: "Cuantas cosas pidiereis en mi nombre al Padre celestial, se os concederán." Suplicóte, Señor, por tu santo Nombre de Jesús, me concedas en el artículo de la muerte entero juicio, uso en mi habla, vehemente contrición de mis culpas, fe verdadera, esperanza ordenada y caridad perfecta; renueva entonces en mí la memoria de tus misericordias infinitas, y di a mi alma: "No temas; yo soy tu Criador, tu Padre, tu Redentor amable," para que yo pueda decirte a mi vez de todo corazón: "En tus manos. Señor, encomiendo mi espíritu," y que seas alabado por los siglos. Amén.

ORACIÓN
     OH Madre compasiva del Perpetuo Socorro, mirad, os ruego, a esas afligidas almas que la justicia de Dios tiene sumergidas en las llamas del purgatorio. Ellas son caros objetos del amor de vuestro divino Hijo; ellas lo han amado durante su vida, y al presente se abrasan en deseos de verle y poseerle; pero no pueden romper sus cadenas por sí mismas, ni salir del fuego terrible que las devora. ¡Conmueva vuestro tierno corazón la vista de su dolor! Dignaos consolar a esas almas que os aman y suspiran sin cesar por Vos; son hijas vuestras, mostrad que sois para ellas Madre del Perpetuo Socorro. Visitadlas, mitigad sus penas, abreviad sus sufrimientos, y apresuraos a librarlas alcanzando que vuestro divino Hijo les aplique los méritos infinitos del santo sacrificio que por ellas se celebra. Amén.

—Un Credo por los devotos: Creo en Dios Padre, etc.

P. J. M. Lelen, Ph. D.
EL DEVOTO DEL PURGATORIO

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