lunes, 27 de enero de 2014

Estercoranistas, Eternales, Eticoproscoptos, Etnofrones

ESTERCORANISTAS
     Se llamaron así los que sostenían que el Cuerpo de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, recibido por la comunión, estaba sujeto a la digestión y a sus consecuencias, como los demás alimentos. El asunto es saber si hubo realmente teólogos tan insensatos que admitiesen este absurdo.
     Mosheim, más moderado en este punto que otros protestantes, conviene en que el estercoranismo es una herejía imaginaria. En el siglo XI, los teólogos que sostenían que la sustancia de pan y vino se convierten en la Eucaristía en Cuerpo y Sangre de Jesucristo, imputaron a los que llevaron la contraria opinión esta odiosa consecuencia, que este cuerpo y sangre adorable están sujetos en el estomago a la digestión y sus consecuencias. Argüían con las palabras del Salvador: Todo lo que entra en la boca desciende al vientre y se evacua. Los que negaban la transustanciación no dejaron de redargüir lo mismo a sus adversarios, diciendo que una vez que el cuerpo y sangre de Jesucristo tomaban el lugar de la sustancia de pan y vino, debían sufrir las mismas alteraciones que debería haber sufrido la sustancia de pan y vino si la recibiera el que comulga. (Hist. eclés., siglo IX, 2' parte, c. 3, §21).
     No trataremos de saber si son los enemigos del dogma de la presencia real los primeros autores de este odioso argumento mas bien que los defensores de la transustanciación: esto es tanto mas probable, cuanto que los sucesores de los primeros aun lo están repitiendo en el día; nos contentaremos con la confesión de Mosheim, quien conviene en que esta imputación no era de hecho aplicable ni a unos ni a otros, y que las acusaciones provenían mas bien do un fondo de malignidad que de un verdadero deseo de averiguar la verdad. Sin impudencia, dice, no puede usarse contra los que niegan la transustanciación, sino contra los que la sostienen; aunque tal vez ni unos ni otros fueron nunca tan insensatos que la admitiesen.
     No debía poner en duda, más bien debía confesar francamente, que este argumento era absurdo en ambos partidos. Mas equitativos que él, demostraremos que este argumento nada prueba ni sirve contra ninguna de las opiniones verdaderas o falsas que se siguen en las diferentes sectas cristianas respecto a la Eucaristía, porque nunca dejaremos de hacer justicia aun a nuestros enemigos.
      No puede hacerse a los calvinistas que niegan la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, ni a los luteranos que en el día pretenden que se recibe realmente en ella su cuerpo y su sangre, aunque no en virtud de una presencia real y corporal del Salvador en el pan y el vino, sino en virtud de la comunión o de la acción de recibir estos símbolos.
      Lutero y sus discípulos, que admitían la empanacion uniendo el cuerpo y sangre de Jesucristo con la sustancia de pan y vino, no daban menos motivo a la acusación del estercoranismo que los defensores de la transustanciación; pero Mosheim y Basnage no los acusaron, porque sus acusaciones las reservan únicamente para los católicos. Mas no es difícil justificar a los empanadores: ellos enseñaban sin duda que el cuerpo de Jesucristo no está bajo el pan o con el pan, sino en cuanto este alimento conserva su forma y cualidades sensibles; que el pan, después de convertido en quilo en el estomago ya no es pan y por lo mismo no esta unido al cuerpo del Salvador.
      Es preciso ser excesivamente temerario para sostener esta acusación respecto a los católicos. Nunca pensaron que el cuerpo de Jesucristo permanece bajo las especies o cualidades sensibles de pan, cuando estas ya no existen. En el momento en que las especies sacramentales bajan al estómago, se mezclan con otros alimentos o con los humores que deben cooperar a la digestión. Desde entonces empieza a alterarse éstas especies o cualidades sensibles, y desaparecen del todo al tiempo de convertirse en quilo; por consiguiente desaparece también el cuerpo de Jesucristo: ¿cómo este cuerpo adorable ha de estar sujeto a las consecuencias de la digestión, si deja de existir allí por la digestión de las especies sacramentales?
     En su Hist. de l'Église, l. 10, c. 6, pone Basnage una larga disertación sobre el estercoranismo, y en ella dice, aunque con poco juicio, que los accidentes que pueden sobrevenir al cuerpo de Jesucristo en la Eucaristía embarazan muchísimo a los teólogos que admiten la presencia real; pero realmente podrán servir de embarazo a los que no reflexionan. Tal vez incomodan a los que principian por argüir sobre la sustancia de los cuerpos, pero nosotros les suplicamos que nos digan, qué cosa es esta sustancia separada o abstraída de toda cualidad sensible, y que nos den de ella, si pueden, una idea clara y dístinta; y si no pueden, ¿de qué sirven sus argumentos?
     Hé aquí el mas fuerte. Los santos PP. dicen que la Eucaristía alimenta nuestros cuerpos y nuestras almas: lo que produce este efecto es la sustancia de un alimento y no sus cualidades sensibles; con que una vez que la sustancia de pan, según nosotros, desaparezca de la Eucaristía, es indispensable que supla los efectos de la nutrición del pan la sustancia del cuerpo de Jesucristo. ¿Es indisoluble este argumento? Les suplicamos que nos digan: ¿qué es nutrir el cuerpo? Sin duda no es otra cosa que aumentar su volumen. Que nos digan: ¿cómo una sustancia corporal, despojada de todas sus cualidades sensibles y por consiguiente del volumen, puede aumentar el de nuestro cuerpo?
     Los santos PP. dicen que la Eucaristía, el pan eucarístico, el alimento consagrado, etc. alimentan nuestro cuerpo; pero no dijeron que el cuerpo de Jesucristo, ó la sustancia de este cuerpo adorable, o la sustancia de este cuerpo adorable, o la sustancia de pan, o cual de estas tres cosas producen el efecto de la nutrición. Todos ellos creían, como nosotros, que después de la consagración no queda la sustancia de pan, y todos percibían que la sustancia del cuerpo de Jesucristo, despojada de toda cualidad sensible, no podía producir un efecto físico como la nutrición.
     Poco nos importa lo que se dijo en los siglos IX y XI y después por los eclesiásticos en orden a esta disputa. Aun cuando nos viéramos precisados a confesar que todos discurrieron y se explicaron mal, ningún perjuicio resultaría contra la creencia católica. Es una grandísima sinrazón atribuir el estercoranismo a Nicetas, a Amalario, a Rábano Mauro, a Heribaldo, a Ratramno, etc.; y aun cuando fuera cierto que todos se defendieron mal, nada se seguiría de esto.
     Hubiera sido mucho mejor no haber aplicado a la Sagrada Eucaristía ideas de física y metafísica muy oscuras y muy inciertas, que un pueden servir sino para hacer la cuestión mas complicada; ni tratar de explicar con nociones falibles un ministerio esencialmente inexplicable; pero el prurito de los protestantes de producir estas disputas sobre la escena, solo prueba su malignidad.
     Sin duda estaba ciego Basnage en medio del día cuando afirmó en el título del cap. 6, que la Iglesia griega antigua y moderna es estercoranista, porque los griegos sostenían que la percepción de la Eucaristía quebrantaba el ayuno. Había perdido toda la vergüenza cuando tuvo la osadía de atribuir el origen del estorcoranismo a San Justino, porque dice (Apol. 1, n. 66)que la Eucaristía es un alimento con que se nutren nuestra carne y sangre, y a San Ireneo, porque dice (Adv. Haeres., l. 5, c. 2, n. 2 y 3), que nuestra carne y sangre se nutren y aumentan con este pan y este alimento, que es el cuerpo de Jesucristo. Basnage ha adulterado este texto poniendo las siguientes palabras: que se llama el cuerpo de Jesucristo. Lleva mas adelante su torpeza, añadiendo que Orígenes fue estercoranista público porque dijo que el alimento consagrado por la palabra de Dios y por la oración en lo que tiene de material, baja al vientre y se evacúa (In Mat. t. 2, n. 14); que se debe poner en el mismo a san Agustín y a la Iglesia de África, porque en el sermón 57, c.7, n. 7, dice estas palabras: "Tomamos el pan de la Eucaristía, no solo para que se sacie nuestro estómago, sino también para que se nutra nuestra alma". Finalmente a la Iglesia de España, porque un Concilio de Toledo en el siglo VII declaro que solo se debían consagrar hostias pequeñitas para la comunión, porque no se cargarse mucho el estomago del sacerdote que debía consumir los restos.
     Nos avergonzamos de referir tan odiosas acusaciones, aunque siempre es bueno mostrar hasta que punto llega el empeño y el espíritu de vértigo de un protestante. Basnage hizo todo lo posible por probar que los antiguos PP. de la Iglesia no creyeron la presencia real ni la Transustanciación y aquí se ve su inconsecuencia atribuyéndoles la ilación mas falsa y mas irritante que puede sacarse de estas dos verdades.
     Solo nos tomaremos el trabajo de justificar a Origenes. Cuando dijo, el alimento consagrado en lo que tiene de material, o este P. entendió la sustancia de pan:, en cuyo caso o no creyó la presencia real, ó supuso la empanación, y hemos hecho ver que a ninguno de estos dos sistemas se puede imputar el estercoranismo, o en dichas palabras entendió solamente las cualidades materiales y sensibles de pan, como nosotros pensamos, y entonces la acusación es aun mas absurda, como ya hemos probado.
     Los protestantes se incomodan cuando nosotros atribuimos algún error a los herejes antiguos o modernos por vía de consecuencia, y ellos no cesan de acudir a este expediente para imputar a los PP. y a toda la Iglesia, no solo errores, sino también infamias.
     Basnage había confesado que ningún transustanciador fue nunca tan insensato que admitiese el estercoranismo, no solo por el respeto que profesan al cuerpo del Hijo de Dios tan opuesto a este modo de pensar, sino también porque siendo invisible en la Eucaristía este cuerpo adorable, igualmente que indivisible, impalpable e insensible, no pueden los transustanciadores creer que este sujeto a la digestión y sus consecuencias. ¿Se arrepintió de este rasgo de buena fe? No, pero quiso probar que los PP. no admitían la transustanciación, porque eran estercoranistas.
     Repito que esto parece un delirio. Si los PP. no creyeron la transustanciación, por lo menos es preciso que hubiesen creído la presencia real, porque de otra manera seria un desaliño acusarlos de estercoranismo. Si admitieron siquiera la presencia real, dígannos cómo la concibieron, y entonces probaremos que esta odiosa imputación es siempre igualmente opuesta al buen sentido.
     Si cuando dijo Mosheim que el estercoranismo no es mas que una imputación maligna, aludía a Basnage, tenia ciertamente razón. Los incrédulos se aprovecharon de estos falsos principios para vomitar blasfemias groseras y escándalosas contra el misterio de la Eucaristía.

ETERNALES
     Herejes de los primeros siglos, que creían que el mundo duraría eternamente en su actual estado, aun después de la resurrección general, y que ningún cambio produciría este gran acontecimiento en el estado actual de cosas.

ETICOPROSCOPTOS
     Nombre con que designó San Juan Damasceno en su Tratado de las Herejías a unos sectarios que enseñaban errores en la moral, vituperaban las acciones buenas y loables, y practicaban y aconsejaban las malas. Este título conviene menos a una secta particular, que a todos los que alteraban la moral cristiana, sea por laxitud, sea por rigorismo.

ETNOFRONES
     Herejes del siglo VII, que querían conciliar la profesión del cristianismo con las supersticiones de los paganos, como la astrología judiciaria, los sortilegios, los agüeros y todas las diferentes especies de divinación. Practicaron las espiaciones de los gentiles, celebraban sus fiestas, observaban como ellos los días felices y aciagos etc. De ahí viene el nombre de etnofrones compuesto del griego etno gentil, pagano y de frones yo pienso, soy de parecer, porque conservaban las opiniones de los paganos bajo la mascara del cristianismo (San Juan Damasceno, Haeres., n. 94).
     Prueba este empeño que no ha sido fácil desarraigar de naciones enteras los errores y absurdos que el politeísmo había infestado al genero humano; y que si el cristianismo llegara a extinguirse, no tardaría en renacer esta enfermedad.

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