martes, 7 de enero de 2014

¿Quid prodest?

¿Para qué aprovecha?

     ¿He pensado alguna vez seriamente en la salvación de mi alma?
     Pienso tal vez muchas veces en el pasado...
     Pienso en el porvenir...
     Sueño en los placeres...
     Busco el honor, la gloria...
     Espero, quizá, alcanzar riquezas...
     Y, es verdad, que no me está prohibido ni el goce sano, ni la honra bien adquirida, ni la fortuna honradamente ganada.
     Pero... debo pensar en mi alma.
     Porque el tiempo pasará...
     Los placeres se acabarán...
     La fama se disipará como la neblina de las mañanas...
     Las riquezas, si llego a lograrlas, me abandonarán, aunque yo no lo quiera...
     Pero mi alma vivirá, y vivirá eternamente.
     Vivirá una eternidad feliz o desgraciada. De mí depende.
     ¡Mi alma! ¡Mi tesoro! Lo llevo en vaso quebradizo... expuesto a mil peligros. Hay enemigos que acechan para apoderarse de él: el mundo, con sus atractivos y su falsía...; el demonio con sus incitaciones y sus engaños...; la carne, con sus estímulos...
     ¡Mi alma! ¡Tengo que defenderla! ¡Tengo que salvarla!
     ¡Mi alma! Es mía, porque yo la he recibido de Dios, porque yo soy quien ha de dar cuenta de ella, porque yo soy el responsable de sus actos.
     ¡Mi alma! Ella es la perla preciosa, comparada con un precio infinito, la Sangre de Dios-Hombre. Para buscarla bajó Él desde el cielo.
     Ella bien merece que yo lo sacrifique todo por su eterna felicidad.
     Porque todo..., placeres... honores..., riquezas..., todo pasará, y mi alma vivirá eternamente.
     Y ¿para qué te aprovechará—te pregunta el Maestro divino—, para qué te aprovechará ganar todo el mundo, si pierdes tu alma?
     ¡Salvad nuestras almas!
     Grito de angustia, grito de desesperación.
     Es el anuncio de un barco en peligro, agitado por la tempestad.
     ¡Salva tu alma!
     Ese grito resuena también en el fondo de mi propio ser.
     Es mi alma que grita: ¡Sálvame!
     Mi alma está en peligro.
     Las olas de las pasiones amenazan sumergirla.
     ¡Tengo que salvar mi alma!
Alberto Moreno S.I.
ENTRE EL Y YO

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