domingo, 24 de octubre de 2010

LA GRAN PRIMAVERA DE LA IGLESIA

El comienzo del fin, y el anuncio de la Gran Paz, serán señalados por un gran prodigio cósmico y universal, según las profecías.
Frente a las grandes tinieblas físicas, aparecerá un raro sol milagroso en el alba de la paz.
La estigmatizada de Westfalia, Ana Catalina Emmerich, nos lo describe proféticamente:
"Mientras que las filas de los combatientes, se aclaraban más y más alrededor del abismo, y toda una ciudad desaparecía durante la lucha, el partido de los doce hombres apostólicos, se aumentó en proporción; y de la ciudad, es decir de Roma, la verdadera ciudad de Dios, un relámpago fulminante vino a caer sobre el abismo tenebroso. Vi al mismo tiempo cernirse sobre la Iglesia menoscabada y humillada, una Augusta Señora, cubierta de manto azul con pliegues muy anchos y coronada de estrellas; LA LUZ RELUMBRABA, a su alrededor, como de su centro, y se esparcía gradualmente al través del espesor de las tinieblas. Por todas las partes donde sus rayos penetraban se renovaba la tierra y venía a ser floreciente".
La hermana de la Caridad de Montreal, recibió de la Virgen, la misma aclaración profética sobre la gran señal de la restauración.
De los documentos revelados el 14 de diciembre de 1949 y presentados a su Santidad Pío XII, sacamos:
"Una noche y un día, otra noche y otro día, pues la noche siguiente, UN SOL HERMOSO BRILLANTE COMO NUNCA HA BRILLADO, sucederá al horror de las grandes tinieblas".
María Terreaux, nos profetiza el milagro genéricamente:
"Como comenzó la revolución, así terminará. Se verán en los finales, las mismas cosas y los mismos males, que al comenzar. La República, la mentira, la licencia... pero todo ira más rápidamente v terminará POR UN BRILLANTE PRODIGIO QUE PASMARA AL UNIVERSO Y POR UN GRAN ACONTECIMIENTO, en el que serán castigados los malos, de una manera espantosa.
Se me ha anunciado un acontecimiento espantoso, de manera que los que no estuvieren prevenidos creerán tocar su última hora y hallarse en el fin del mundo. Pero repentinamente acabará la revolución POR UN GRAN MILAGRO, que causará el asombro del universo; los pocos malos que queden se convertirán. Las cosas que deben suceder, serán una imagen del fin del mundo, y tan terribles, como para secarse de horror. Se me ha dicho: ¡Ninguno de los que están por mi, perecerán, no perecerán, no perecerán! Más yo he replicado. Es imposible que dejen de perecer algunos buenos. Y se me ha respondido: "¡Si! podrá haber entre ellos algunas víctimas, pero no serán perdidas para mí..."
El beato Bartolomé Holzháuser, en su interpretación al Apocalipsis, resume así el hecho:
"Porque si bien en la quinta edad no vemos por todas las partes sino calamidades, las más deplorables; devastado todo por la guerra, oprimidos los católicos por los herejes y malos cristianos; siendo tributaria la Iglesia y sus ministros; trastornados los reinos, muertos los monarcas, atormentados sus vasallos, y conspirando todos los hombres por erigir repúblicas; SE HACE UN CAMBIO ADMIRABLE POR LA MANO DE DIOS OMNIPOTENTE, TAL QUE NADIE PUEDE HUMANAMENTE IMAGINARSELO".
La Venerable religiosa trapense, que ya conocemos, nos refiere el principio del triunfo, con las mismas características que la Madre Matiana:
"He visto un ejército de realistas franceses, que iba delante del primero, para recibir al Gran Monarca, y al reunirse ambos ejércitos resonaban en los aires, los gritos de: ¡Viva la Religión! ¡Viva el Rey! y luego oí UNAS ARIAS DE MUSICA TAN MARAVILLOSA QUE CREI SER CONCIERTOS CELESTIALES. . .
Después de calmado el cielo y de una horrenda noche, PASE AL MAS HERMOSO DIA DE CUANTOS HE VISTO. Se hacía sentir una dulce primavera y todo parecía, entonces, en el orden más completo.
Admiraba yo todo esto, cuando oí UN CANTO TAN MELODIOSO QUE ME PARECIA VENIR DEL CIELO AL QUE FUI ARREBATADA, y al mismo instante, vi una numerosa procesión de todas las Ordenes Religiosas y Eclesiásticas, esto es, de Sacerdotes y Obispos, Arzobispos y Cardenales, en fin, de todas las Jerarquías".
Así, se presenta el Gran Pórtico a la gloria de la Iglesia, bajo la grandielocuencia celeste en toda su plenitud. Si fué grande la purificación y el aparato cósmico para la prueba, todo el cielo a una, se pondrá de fiesta para asistir a ese desposorio de la Iglesia renovada con el Espíritu Santo.

Y llega por fin la Paz, que ya está a las puertas. Pío XII, en el mensaje de Pascua de 1957, decía anunciando la inminencia de estos días grandes:
"HAY TANTAS SEÑALES DE QUE TU RETORNO ESTA CERCA".
Y aquí las profecías y los anuncios llegan a su término. Todo tiene un final y el final no es la Purgación. Es el puente purificador para la llegada de la Gran Primavera. Sigamos a los profetas iluminados del cristianismo, desde sus celdas y desde sus éxtasis.
María Terreaux abre la puerta del espectáculo:
"Después del gran combate será reconocida la legitimidad y todos se abrazarán sin rencor. La religión reflorecerá y los pueblos volverán A LA DICHA DE LOS PRIMEROS SIGLOS; los cristianos vivirán como verdaderos hermanos".
La Beata Isabel Canori, asiste también, a la gloria profética del imperio recristianizado.
"Vi después, bajar del cielo al apóstol Santiago, quien por orden de Dios, recorrió el universo, encadenó a los demonios y presentándolos a San Pedro, este principe de los Apóstoles, mandó que volviesen a las cavernas tenebrosas de donde habían salido.
Apareció, entonces, sobre la tierra UNA HERMOSA CLARIDAD, que anunciaba la reconciliación de Dios con los Hombres. La Iglesia, fué reconstruida, restablecidas las Ordenes Religiosas y las casas de los cristianos se asemejaban a los Monasterios.
Todo se sometió al Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, reconociendo su autoridad".
La paz comenzará con un extraño sabor a paraíso celeste.
El Padre Bernardo María Clausi, muerto en olor de santidad, nos lo predice:
"Las cosas llegarán al colmo, pero cuando la mano del hombre no pueda más, y cuando todo parezca perdido, el Mismo Dios, pondrá ahí su mano y arreglará las cosas en un abrir y cerrar de ojos. Cada uno sentirá con esto, tal gozo, que le parecerá gustar de las delicias del paraíso, y los mismos impíos deberán confesar que todo se ha hecho por la mano de Dios".
Sor Margarita Landi, oyó del Padre Clausi, las mismas ideas:
"Que él no vería estos castigos, a los que seguirá una reorganización general y un gran triunfo para la Iglesia. Felices los que vivan en aquellos afortunados días, porque serán éstos el reinado verdadero de la caridad fraterna".
El canto más maravilloso, exultante y profético sobre esta Edad de Oro, ha sido el de Santa Ildegarda. Su canto parece el oráculo solemne de la Sibila romana. Columpia los siglos y forma un pórtico de gloria par encima de las edades, hasta llegar al día de primavera bajo los arcos de triunfo.
En el espíritu profético de esta notable santa, parece que se ha quedado impresa la imagen señera y solemne de la Iglesia, que vaticina aquel lema: "Allios ventos vidi aliasque procellas". He contemplado siempre, otras muchas borrascas:
"Más cuando la sociedad haya sido, en fin, purificada completamente por estas tribulaciones y fatigados los hombres por tantos horrores, volverá plenamente la práctica de la justicia y se someterán plenamente a las leyes de la Iglesia, que nos hace tan agradables a Dios con su Santo temor. El consuelo, sucederá a la desolación.
Así como la Ley Nueva, ha sucedido a la Antigua, del mismo modo, los días de salud harán olvidar por su prosperidad, las angustias de la ruina; si no fuera así, sino que se prolongaran, inpunemente, la inconstancia y los escándalos del mundo, se vería oscurecida de tal manera la verdad, que llegarían a quebrantarse las torres de la celestial Jerusalén, como si ya no existiera Dios para los hombres.
En aquel momento de renovación, se restaurarán la justicia y la Paz por decretos tan nuevos y tan poco esperados, que llenos los pueblos de admiración, confesarán abiertamente que nada semejante se había visto hasta allí.
El gozo de esta paz, en el mundo antes de los últimos tiempos, figurada, por la que precedió al primer advenimiento del Hijo de Dios, se neutralizará, sin embargo, por la aproximación del último tiempo, pero se apresurarán los hombres a pedir a Dios Omnipotente, que los fortalezca en la fé católica.
Los Judíos se unirán también a los cristianos, reconociendo con alegría la venida de Aquel que habían negado hasta entonces.
Esta paz, llegará al colmo y perfeccionará la paz figurativa que reinó en el primer advenimiento del Hijo de Dios. Entonces se presentarán Santos admirablemente dotados del dón de profecía y se verá una abundosa florescencia de todo gérmen de justicia en los hijos de los hombres, como fué anunciado por Isaías: "En aquel día será el pimpollo del Señor en magnificencia y gloria, y el fruto de la tierra elevado y regocijado para aquellos de Israel que fueron salvos". (4-2)
En aquellos días de bendición, del seno de una suavísima atmósfera se derramarán sobre la tierra, los más dulces rocíos. Se cubrirá de verdor y de frutos, porque los hombres harán obras de justicia.
Mientras, que los días precedentes, tan desolados por las costumbres afeminadas del mundo, los elementos violentados por los pecados de los hombres, quedaban reducidos a la impotencia y a la esterilidad. Los príncipes, rivalizarán en celo con los pueblos para hacer reinar la ley de Dios en todas las partes. Se prohibirá el uso de las armas, y el hierro se empleará solamente para el cultivo de la tierra y para las necesidades de la vida. Los que de él hicieren distinto uso, serán castigados por el hierro y desterrados. Así como las nubes fecundan la tierra, con su dulce rocío, el Espíritu Santo, entonces, derramará con abundancia sobre los pueblos por el rocío de su gracia, la ciencia, la sabiduría y la santidad. Todos se trasformarán en nuevos hombres. Se verá entonces, como un verano espiritual, porque la influencia celeste todo lo restablecerá en la verdad. Los sacerdotes y religiosos, las vírgenes y personas consagradas únicamente a Dios, y las diversas clases sociales, perseverarán en el camino recto de la justicia y del bien, sin cuidarse de la abundancia ni de la superfluidad de las riquezas porque por la gracia de Dios, la vida espiritual excederá a la altura de la abundancia de los bienes de la tierra.
La verdad aparecerá sin sombras, la sabiduría abrirá sus tesoros de gozo y virtudes heroicas y todos los fieles se verán en ella como en un espejo de salud. Sin embargo, el gozo de los justos, que habrán llegado como a la tierra prometida, alentados además con la esperanza de eternas recompensas, no será completo del todo, porque verán claramente la proximidad del día del juicio.
Los judíos y los herejes no pondrán límites a sus trasportes. En fin, exclamarán: Ha llegado la hora de nuestra justificación: las ligaduras del error han caído de nuestros pies; hemos arrojado lejos, la carga tan pesada y tan larga de la prevaricación.
La muchedumbre de fieles aumentará notablemente con el gran número de paganos, atraídos por tanto esplendor y abundancia. Después de su bautismo, se unirán a los creyentes para anunciar a Cristo, como en tiempo de los Apóstoles. Dirigiéndose a los judíos y a los herejes todavía endurecidos, les dirán:
"Lo que vosotros llamáis vuestra gloria, vendrá a ser vuestra muerte eterna. Y aquel a quien honráis como vuestro jefe, perecerá delante de vosotros en medio del más espantoso horror y el más peligroso para vosotros. En ese día, os rendiréis a nuestro llamamiento bajo los rayos de María, Estrella del Mar.
Sin embargo, aun en aquellos días, la justicia y la piedad tendrán momentos de fatiga y languidez, pero para volver a tomar luego su primitiva fuerza; la iniquidad levantará otra vez, la cabeza, mas será nuevamente aterrada; la guerra, el hambre, la peste, el azote de la muerte, ejercerán todavía sus estragos, aunque se desvanecerán luego sin gravar mucho tiempo sobre el mundo apareciendo hoy acá y desapareciendo mañana".
La famosa profecía de Blois, de la mandadera de las Ursulinas Sor Mariana, nos habla proféticamente de este día:
"Cantaréis un "Te Deum". Será ese "Te Deum", como jamás se ha cantado otro...
Como, a porfía, se verá que las madres querrán enviar a sus hijos al convento".
La Srita. Leyrette, le preguntó a la célebre monja:
—¿Durará largo tiempo esta prosperidad?
— ¡Ah! Señora, no veréis su fin, ni tampoco las que están con vos...!
¡Qué unión y caridad!
—"Por algún tiempo no se sabrá qué partido tomar; pero no reinará quien se crea, sino el Salvador acordado a Francia, con el cual no se contaba.
Será menester 15 o 20 años para que Francia se reponga de sus desastres.
El triunfo de la religión será tal, cual jamás se ha visto cosa semejante; se repararán las injusticias, se pondrán en armonía las leyes civiles con las de Dios y de la Iglesia; la instrucción de los niños será eminentemente cristiana; se restablecerán las corporaciones de obreros. Habrá tales cosas que los más incrédulos se verán precisados a decir: "El dedo de Dios está aquí".
En aquellos días maravillosos se realizará aquel ensueño de la Santa Madre Vizcondesa de Jorbalán:
"Comprendiendo los hombres, el placer de amar a Dios, tomarán por asalto los conventos para servirle en humildad y alabanza".
La cosecha de santos, que se avecina, será una inundación y una invasión sobre todos los remates del mundo.
Isabel Canori, estigmatizada muerta en santidad el 5 de febrero de 1825, recibió este mensaje profético de Cristo:
"Yo reformaré mi pueblo y mi Iglesia. Enviaré sacerdotes muy celosos, verificaré las Ordenes Religiosas por medio de reformadores sabios y santos, y todos, poseerán el espíritu de mi muy amado hijo, Ignacio de Loyola. Daré a mi Iglesia, un nuevo pastor, santo y lleno de mi Espíritu; por su grande celo reformará mi rebaño".
Los buenos, que subsistan, serán la levadura de esta primavera para fermentar en Cristo a toda la masa cristiana.
En una abadía de Cartujos de Francia, allá por el año 1860 se recibió en silencio tal profecía:
"Me es muy difícil, Padre Mío, explicaros la manera con que todo esto se arreglaba; más he creído comprender que la mayor parte de las víctimas, eran de los malos, y que el buen Dios cuidaba de los suyos y los protegía para su Iglesia. Creo que Nuestro Señor quiere conservar la mayor parte de los buenos para el triunfo de la Iglesia. No puede permitir que sean sacrificados por el furor de los malos, aquellos a quienes tienen predestinados para la salud del mundo".
En esta segunda epifanía, el Espíritu Santo, trae un mensaje de renovación y de creación espiritual. Caminemos por entre las profecías; Sor Natividad que floreció allá por el siglo XVIII nos dice:
"No puedo acultar las esperanzas que Dios me dá, sobre el restablecimiento de la religión y el recobro de los poderes del Sumo Pontífice. Veo en la Divinidad un gran poder, conducido por el Espíritu Santo y que en un segundo trastorno, establecerá el orden".
La intervención de María, en el mundo sobrenatural que se aproxima, es de una forma explendorosa y manifiesta: Ella la Virgen, será por antonomasia, la Madre que engendrará esa legión blanca de santos, que sobrepujará a todos los santos pasados de la Iglesia. Precisamente porque María tendrá, en una forma casi omnipotente, las misericordias y los tesoros divinos, para hacer con ellas, las imágenes más bellas y resplandecientes, que lucirán en esta Primavera. Para un tiempo de oro, habrá unos santos ilustres, devotos según el alma de María y el Fuego del Espíritu Santo.
Adán, fué hecho a imagen de Dios. Después de la caída del Paraíso, el hombre redimido y revirginizado, resumió a duras penas aquellas sombras de santidad. Ahora en la primavera celeste de la tierra, los santos serán como esos colosos del renacimiento.
En el renacimiento, los movimientos culturales y los descubrimientos científicos y geográficos, dieron grandes artistas, santos y capitanes para las grandes empresas. Así en la nueva restauración de Cristo, florecerá el valor hecho renuncia y los santos llevarán la imagen de María y el sello del Espíritu Santo. Así nos lo descubre aquel devoto y Venerable Grigñon de Monfort, con verdadero sentido de profecía:
"Todos los ricos del pueblo, para servirme de la expresión del Espíritu Santo, —según frase de San Bernardo—, todos los ricos del pueblo, harán humildes ruegos a tu rostro de siglo en siglo, y particularmente al fin del mundo. Es decir, que los más grandes santos, las almas más ricas en gracias y en virtudes, serán las más asiduas en rogar a la Santísima Virgen, y en tenerla siempre presente como un perfecto modelo para imitarla, y su poderosa ayuda para socorrerlos. He dicho que esto sucederá particularmente al fin del mundo, y bien pronto porque el Altísimo y su Santa Madre, DEBERAN FORMAR GRANDES SANTOS QUE SOBREPUJARAN EN SANTIDAD A LA MAYOR PARTE DE LOS OTROS SANTOS, tanto como los cedros del Líbano, exceden a los pequeños árboles, según ha sido revelado a una alma santa, cuya vida se ha escrito por un siervo de Dios.
...María debe brillar, más que nunca en misericordia, en poder y en gracia, en estos últimos tiempos; en misericordia, para atraer y recibir amorosamente a los pobres pecadores y a los descarriados que se convirtieren y volvieren a la Iglesia Católica; en poder, contra los enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos endurecidos, que se amotinarán terriblemente para seducir y hacer caer con promesas y amenazas a todos aquellos que les fueron contrarios; en fin, debe de brillar en gracia para animar y sostener a los valientes y fieles servidores de Jesucristo, que combatirán por sus intereses.
Por último, María debe ser terrible al diablo y a sus partidarios, como un ejército ordenado en batalla, principalmente en aquéllos últimos tiempos, porque sabiendo el diablo que le queda poco tiempo y menos que nunca, para perder a las almas, redoblará sus esfuerzos y combates y suscitará, bien pronto, nuevas persecuciones y pondrá terribles asechanzas a los fieles servidores de María, que le cuestan más trabajo vencerlos, que a los demás.
Estos, serán unos verdaderos apóstoles de los Ultimos Tiempos, a quienes el Señor de las virtudes, dará la palabra y la fuerza para obrar maravillas y conseguir gloriosos despojos de sus enemigos.
Dominarán sin oro ni plata y lo que es más, sin inquietud en medio de otros sacerdotes eclesiásticos y clérigos, y un embargo, tendrán alas plateadas de paloma para ir donde el Espíritu Santo los llame, con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de las almas".
María, como en ningún otro tiempo, originará esa secreta claudicación al pecado, en muchas almas, hoy enredadas en el mundo. Ocurrirán misteriosas conversiones, unas señaladas y públicas, otras veremos sus frutos, estupefactos. Ahora, superando toda humana sospecha, hay que parodiar ciertas filosofías. Antes se decía en cada drama de un hombre: "Buscad a la mujer". Ahora se dirá: "La Virgen le ha convertido". Antes se decía: "El dedo de Dios está aquí". Ahora se dirá: "El corazón de María le ha salvado. Era su Hijo".
La célebre profecía de Magdalena Porstat, clarisa, de Lyón, resume la gran Restauración, bajo la teología de María. Los siete dolores de María, representan las siete plagas del mundo.
Su dolor, es el dolor del mundo. Por la cruz de María adivinamos la cruz del mundo, para llegar a la luz de Dios y al regazo de la Virgen. Ahora se ve más clara la teología de la historia.
Toda la historia del mundo ha girado en torno de la Madre. Y en la familia, como en el mundo, siempre hay una sombra femenina: la Madre. Y por la Gloria de María columbramos la Gloria de la Iglesia, el esplendor de este reino, el apoteosis del Credo, el Padrenuestro y el Ave María.
En la capilla de las pobres monjas clarisas de Lyon, Magdalena Porstat, oyó una voz que le decía:
"¡Levántate hija mía! Ve anunciar a mi pueblo que se aproxima el fin de los tiempos. Magdalena, admirada respondió :
¿Cómo se hará esto?
—Yo soy la más pobre y la más ignorante de mi lugar.
Anda, replicó la dulce y profunda voz. ¡Anda hija mía. Yo estaré contigo!
Su padre espiritual, Laverdant, escribió la misión que le confirió a Magdalena, la Virgen del Cielo.
"Oíd hijos míos!, lo que María nuestra Madre me encomienda que os anuncie:
"VED AQUI EL FIN DE LOS TIEMPOS".
Ved aquí, el fin del mal, y el principio del bien.
Esto no es un acontecimiento ordinario. SINO UNA GRANDE EPOCA QUE VA ABRIRSE: LA TERCERA.
Después que el Padre nos creó para conocerle, amarle y servirle; después que el Hijo nos hubo salvado, ved aquí que el Padre y el Hijo, nos envían para consolarnos, al Espíritu Santo triunfante con su Esposa, María. Esto es un gran milagro.
María viene del cielo, viene con una legión de ángeles. Es necesario que los elegidos de la tierra se levanten por una electricidad espiritual para salir al encuentro de los enviados de Dios.
He aquí el ejército del Señor. Muchas santas mujeres, pocos santos Juanes.
Ved aquí la armadura del Señor. Ni fusiles, ni lanzas, ni cerrojos, ni perros mastines.
Ninguna fuerza material, ni un socorro humano. A otros tiempos, otras costumbres.
Hace veintiséis años os he anunciado las siete crisis, las siete llagas y dolores de María, que deben preceder a su triunfo y a nuestra curación.
I.—Intemperies, inundaciones.
II.—Enfermedades en las plantas y en los animales.
III.—Cólera para los hombres.
IV.—Revoluciones.
V.—Guerras.
VI.—Bancarrota universal.
VII.—Confusión.
Las llagas precedentes, han sido suavizadas gracias a María, que ha detenido el brazo de su Hijo.
La sexta llaga, crisis del comercio. El comercio camina a su fin, porque la rueda del carro no tiene ya su eje: la confianza.
Entre la sexta y la séptima llaga, , no habrá ya reposo, el progreso será rápido.
El 89, no trastornó sino a Francia; lo que viene, es el trastorno del mundo.
La séptima crisis vendrá a terminar en un parto.
El mundo creerá todo perdido, aniquilado. Perturbación inmensa mar agitado. Todo lo que no esté en la barca, se ahogará. ¡Pedro ten confianza! El Arca sale de la tempestad y todo queda en calma.
¡María viene! ¡viene a cada uno y a cada uno abre el libro de su conciencia!
El libro no está vuelto hacia el mundo, descubierto a los ojos de todos; esto está reservado para el juicio final. De este modo, entreabre sus manos en forma de libro hacia su rostro, como leyendo.
Dios modifica esta primera manifestación de la conciencia a cada alma, por los respetos de María, Madre tierna. Esto será un examen misterioso sin herir el amor propio entre la Madre y sus Hijos, este es el confesonario de María.
Pero qué confusión, ¡qué horror de sí mismo! ¡qué remordimientos! ¡qué dolor cuando cada uno en presencia de la brillante pureza de María, vea en su espejo la propia fealdad!
¡Y cuántas lágrimas de penitencia para lavarlo todo! María, ¡oh misterio! María sale al encuentro del hijo pródigo; el hijo pródigo somos todos nosotros, toda la humanidad, y dice:
¡Ven, Yo te amo! ¿ Sin tí, sin tu feliz culpa, me habrían llamado los siglos Bienaventurada? Yo te debo mi gloria, pobre hijo, recibe de Mí la salud!
Satanás, es el espíritu del mal; sus agentes en el mundo visible son los hombres malos, adversarios de Cristo.
En el adversario, María buscará al hombre y le hará sentir la espina del mal, y así es como el hombre malo enternecido y volviéndose a María y hacia el bien, se librará del mal; y desde entonces dejando de ser poseído por Satanás, volverá a ser hijo de Dios...
Cuando los malos vean a sus hijos atraídos por la gloria de María ellos se dejarán llevar con sus hijos y por María, volverán a subir a Dios.
Así es, como Dios atraerá para su gloria, hasta a los malos.
¿Veis ese campo donde entre ias malas plantas hay todo género de trigos dañados con algunas espigas hermosas? Es la sociedad como está hoy entregada al mal. ¿Qué debe hacerse en este caso? No se dejará que se pierdan las almas buenas, éstas son las hermosas espigas. Pues bien, María va a venir a recoger A LOS ELEGIDOS DE LA TIERRA.
En cuanto a las almas malas, un gran acontecimiento debe espantarlas, para su propio bien. Después de lo cual, LA PODEROSA MARIA, CAMBIARA TODA LA SOCIEDAD EN BUENAS ESPIGAS. TODO LLEGARA A SER BUENO.
Los fariseos serán los últimos, los grandes bandidos llegarán antes.
Los judíos, que no han querido reconocer a Cristo en su abatimiento lo recenocerán en la venida gloriosa de María.
Nadie conoce las vías de la Providencia sobre nosotros. ¿Si San Agustín, no hubiera sido un gran pecador, hubiera sido una gran lumbrera de la Iglesia?
Lo que hace a la gloria de Dios, es perdonar. Bien pronto conoceremos esto. Preguntad al hijo pródigo. ¿Creéis vosotros que el hijo pródigo va a ser condenado porque no levanta para ir a su padre y pedirle perdón? ¡Sí!, pero María hará que se levante ¡Una Madre!
La Paloma del Cielo viene a nosotros, trayéndonos sobre su corazón una cruz blanca, signo de reconciliación y blandiendo una espada de fuego, representante del amor, se sienta en un trono de oro macizo, figura del Arca de Noé. Viene a anunciar el fin de un diluvio de males.
Ved, ya va a venir nuestra Madre. La Iglesia prepara todo para la venida gloriosa de María. La Iglesia le forma una guardia de honor para salir al encuentro de los ángeles. Ya se dispone el Arco del Triunfo. La hora no está lejos. Es Ella misma en Persona. Pero tiene sus precursores. Santas mujeres, apóstoles, que curarán las llagas del cuerpo y los pecados del corazón. Será dado a la mujer Santa imagen de María, hacer milagros.
Viene después, María para dar lugar a su Hijo, en su Iglesia triunfante.
Ved, aquí, a la Inmaculada Concepción del Reinado de Dios, que precede al advenimiento de Jesucristo.
La casa de Dios en la tierra va a purificarse y a disponerse a recibir a Emmanuel.
Jesucristo, no puede venir a esta asquerosa casa del mundo.
Es menester que Dios envíe su Espíritu, que renueve la faz de la tierra, POR OTRA CREACION, PARA HACER DE ELLA UNA MORADA DIGNA DEL HOMBRE DIOS.
VED AQUI COMO DESPUES DEL FUEGO DE LO BAJO PARA INCENDIARLO TODO Y REMOVERLO, VENDRA EL FUEGO DE LO ALTO PARA ABRASARLO TODO Y TRANSFIGURARLO.
Yo veo la tierra allanada; sus abismos se elevan, sus montañas se abajan, ya no hay más en ella sino dulces colinas y valles hermosos.
Desde que Yo soy como Soy, no veo delante de vosotros sino unión, asociación, comunidad.
Todo el mundo se ama mutuamente y todos se ayudan entre sí.
¡Qué felicidad!
Ya casi no hay cultivos rústicos, sino todos delicados, jardines, frutos hermosos, y por todas partes, flores.
Con María, toda la naturaleza es una glorieta y todo despide un grato aroma. Todo sirve a la gloria de María en Dios".

Esta fuerza espiritual, creará la contemplación y de la plenitud de la contemplación, como decían los antiguos monjes, nacerá la actividad expansiva: El Apostolado.
Las misiones de la Iglesia, tendrán la característica de plenitud de mieses en sazón. Las grandes conversiones serán casi ecuménicas.
Sor Natividad, franciscana Bretona, muerta en 1798, nos habla del apostolado misional por el mundo:
"Veo en Dios, que nuestra madre la Santa Iglesia, se extenderá en muchos reinos, hasta en los lugares donde no ha existido, después de muchos siglos, produciendo copiosos frutos como para desquitarse de los estragos, que ha sufrido por la opresión de la impiedad y por la persecución de sus enemigos.
Veo a todos los pobres pueblos fatigados por los trabajos y pruebas tan duras, que Dios les enviará; pero saltarán después, por el gozo y alegría que derramará en sus corazones. La Iglesia llegará a ser más fervorosa Y MAS FLORECIENTE QUE NUNCA por su fé, y por su amor.
Esta buena madre, verá muchas cosas brillantes de parte de sus perseguidores, que irán a arrojarse a sus pies para reconocerla, y pedir perdón a Dios de todos los males hechos y de todos sus ultrajes. La Iglesia no les verá ya como enemigos, sino que los tendrá entre sus hijos".
La oración que durante tantos siglos ha hecho la Iglesia al Espíritu Santo, tendrá por fin el cumplimiento anunciado sobre el mundo. Porque esa oración, donde tantas lágrimas enclaustradas y tantos votos de virginidad se resumieron, tiene que ser por fuerza, la cosecha y la sembradura de esa primavera pentecostal, que culminará CON LA CREACION DE UNA TIERRA NUEVA Y LA RENOVACION DE LA FAZ DEL MUNDO.
Ana María Taigi, nos resume así esa epifanía pentecostal.
La Iglesia, después de atravesar por muchas pruebas dolorosas, conseguirá un triunfo tan brillante, que los hombres quedarán estupefactos. NACIONES ENTERAS VOLVERAN A LA UNIDAD DE LA IGLESIA ROMANA Y La TIERRA CAMBIARA DE FAZ".
Después de comprender la magnífica eclosión exterior de gloria y de apostolado, admiraremos el regimen interior de la jerarquía y la constitución doctrinal y santifica de la Iglesia.
Elena Wallraff de Bruggen, electorado de Colonia, nos relata este íntimo régimen de santidad eclesiástica:
"Dios hará grandes milagros en aquellos tiempos. Se introducirá la vida común en el clero secular, prescrita con todo rigor. Los empleos y los cargos no estarán anexos al nacimiento ni se obtendrán por protección, sino que se darán al mérito. Los cuarteles se transformarán en monasterios y el ingreso a la religión será gratis".
No pocua faltar a la gloria de la iglesia, el canto profético de santa Catalina de Sena, alma y sombra doctrinal del Papado y de la Iglesia atribulada. Dijo asi de la gloria de la Iglesia futura:
"Cuando estas, tribulaciones y angustias hayan pasado, Dios purgará a su Santa Iglesia, de un modo imperceptible para los hombres; suscitará el espíritu de sus escogidos, y se seguirá a estas cosas TANTA REFORMA DE La SANTA IGLESIA DE DIOS Y TAL RENOVACION DE LOS SANTOS PASTORES, que de solo pensarlo mi espíritu salta de gozo en el Señor. Según lo he dicho varias veces, la iglesia de Cristo, se halla, al presente, toda, como desfigurada y cubierta de andrajos. Pero, entonces, estará brillante de hermosura, adornada de preciosas joyas y coronada con la diadema de todas las virtudes; nuestros pueblos fieles, gozarán al verse dotados de Pastores santos; y las naciones que se han separado de la Iglesia atraídas por el buen olor de Cristo, volverán al aprisco, convirtiéndose al verdadero Pastor y Obispo de sus almas.
Ofreced pues acciones de gracias al Señor por esta tranquilidad, que se dignará restituir a su Iglesia, después de semejante tempestad".
Ahora comprendemos aquellas palabras no sólo clarividentes, sino entreveradoras de tantos secretos acumulados desde muchos claustros y desde una lejana tradición, en nuestro Pontífice Pío XII, cuando el 12 de diciembre de 1954, se dirigía a la juventud femenina italiana:
"EL DIA VA A VENIR, EN QUE UNA NUEVA INFUSION MISTERIOSA DEL ESPIRITU SANTO, ENVOLVERA A TODOS LOS SOLDADOS DE CRISTO".
Y acabamos este capítulo, recordando una de las últimas profecías más recientes en la Iglesia, hecha a finales del año 1955, a un alma reparadora suiza a quien Nuestro Señor le confirmó las visiones tenidas por su Santidad, la noche del 2 al 3 de diciembre de 1954. Nuestro Señor le dijo así:
"Se preparan las vías. Pues bien, de aquí a poco, lo sobrenatural será la delicia de la humanidad. La ciencia, multiplicó las oportunidades de pecado, pero yo quiero sobrepasarlas por manifestaciones sobrenaturales. Por una lluvia de males, suscito un diluvio de gracias...
Mi Iglesia de las catacumbas resucitará bella como nunca. En todos los campos, todas las injusticias serán objeto de mi justicia. Reformaré como Amo en mi Iglesia y en los gobiernos. Estableceré, una ley de amor y caridad y mis preceptos evangélicos, y seré servido y amado, así en la tierra como en el cielo".
Después de paladear este triunfo de Cristo, anticipado, hay que pedir como pedían los profetas y los elegidos del reino de Israel:
"VEN SEÑOR JESUS"...
Aunque tu venida cueste al mundo la ruina de toda la cultura materialista y el diezmo victimal de muchos pueblos.

Ricardo Rasines Uriarte
1960... Y EL FIN DEL MUNDO

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