domingo, 3 de octubre de 2010

LA INSTRUCCION RELIGIOSA

Comentarios a la Carta Encíclica "Firmissimam Constantiam" de Pío XI

CONSIDERACIONES GENERALES
Para cumplir con la divina misión de predicar el Evangelio a todas las gentes, la santa Iglesia ha trabajado por el espacio de diecinueve siglos por medio de los miembros que integran su jerarquía, por una inmensa pléyade de almas misioneras que forman las congregaciones religiosas, por incontables apóstoles seglares que siempre han colaborado en el sublime ministerio de la evangelización del pueblo. Se han puesto en práctica todos los sistemas, métodos y programas, conforme lo han pedido las circunstancias de los tiempos, porque la Iglesia, sin cambiar su espíritu ni su doctrina, sabe plegarse a las modalidades que reclama la ilustración de los espíritus y el bien de las almas.
Una época singularmente difícil ha sido la que cupo a la Iglesia vivir en estos tiempos, para continuar su tradicional misión de proporcionar el pan de la verdad religiosa. Mas sin que se haga una historia de tantas dificultades y caractaeres especiales como reviste nuestro problema en todo el universo católico, llevaremos la consideración a examinar las circunstancias peculiares de nuestro país, viendo la necesidad imperiosa y urgente de insistir en este punto básico de la restauración social cristiana y que no es otro sino la instrucción religiosa del pueblo.
Muchos han sido los motivos y complejo el número de causas que contribuyeron para agudizar hasta un grado increíble la falta de ilustración en las verdades religiosas en nuestra sociedad, y no parece sino que hubo necesidad de presenciar las consecuencias más desastrosas de esa ignorancia, ora en el lujo exagerado, orgulloso y altanero de las clases elevadas, ora en las ambiciones desenfrenadas de las clases proletarias, ya en la tendencia brutal y no reprimida de gozar de los deleites de la tierra, ya en la precocidad de los niños y de los jóvenes para vivir al margen de una Religión cuyos dogmas y preceptos no han visto encarnados en la conducta y actitud de sus mayores; fué necesario, digo, llegar a ese grado para que pudiera penetrar en los oídos de este pueblo que caminaba hacia el abismo, el grito desgarrador de Cristo y de su Iglesia que clamaban desde hacía tanto tiempo por la intensificación de una campaña en favor de la divulgación razonada, metódica y serena de la verdad del Evangelio.
No será por demás, en esta ocasión, anotar aquellos puntos que significan las grandes palancas y arietes formidables del enemigo para lanzar a nuestra patria en la oscuridad de la noche de la ignorancia, y no porque vosotros no lo sepáis, sino porque ahondando en ellos, se estime todavía mejor la trascendencia y las profundas raíces de este mal que, en labios del Sumo Pontífice Pío XI, es una mancha de las naciones católicas, la ignorancia religiosa. Estos puntos de referencia son las escuelas, la prensa, el espíritu mundano, el cine, la actitud de la vida de la Iglesia tan llena de dificultades.

LOS NIÑOS
"Por lo que hace a la instrucción religiosa (de los niños), aunque sabemos con cuánta insistencia Vosotros mismos la habéis recomendado a Vuestros Sacerdotes y a Vuestros fieles; a pesar de todo, os repetimos que, siendo éste en la actualidad uno de los más importantes y capitales problemas para la Iglesia Mexicana, es necesario que lo que tan laudablemente se practica ya en algunas Diócesis, se extienda a todas las demás, de manera que los Sacerdotes y miembros de la Acción Católica se apliquen con todo ardor y sin aterrarse ante ningún sacrificio a conservar para Dios y para la Iglesia estos pequeñuelos, por los cuales el Divino Salvador mostró tan grande predilección".

I.—LA ESCUELA Y LA INSTRUCCION RELIGIOSA.— La escuela oficial entre nosotros, desde hace unos setenta años, y principalmente en los últimos tiempos, es laica, atea, antirreligiosa, socialista, comunista, todo lo que se quiera, menos católica. Y pensar que para que la educación religiosa del niño vaya en armonía con las otras disciplinas se requiere que se dedique a ella un tiempo cuando menos igual que a las demás asignaturas; porque si diariamente al niño se le instruye una hora en lengua nacional, ¿qué menos se pudiera pedir que una hora para la formación de su espíritu en la moralidad por medio de las verdades religiosas?
Pero ¿qué digo una hora?, ni un minuto, sino todo lo contrario, el esfuerzo constante, sistematizado para arrancar del corazón de la infancia la idea de Dios, de su Iglesia y de sus dogmas, por medio de libros de texto, conferencias, exagerados deportes y culto pagano a los falsos héroes de los que desangraron a la Patria. Y ésto durante setenta años.
La escuela particular ha vivido una vida llena de zozobras, de intranquilidad y nunca, desde la Reforma, con escasas excepciones, ha desarrollado sus programas con plena florescencia, cohibida constantemente por una serie de trabas y de temores; su labor ha sido escasa y deficiente para la educación integral religiosa. A las dificultades de carácter extrínseco se añade la poca preparación pedagógica de parte de los profesores para impartir esta asignatura, utilizando algunas ventajas de método y de sistema que no deja de tener la metodología moderna; porque mientras dedican una parte del tiempo a la preparación de las otras clases, creen en cambio que están suficientemente preparados para impartir con éxito y a conciencia la clase de Religión, la más importante de todas, sólo porque su vida es más o menos piadosa, descuidando la preparación intelectual, la técnica y sobre todo, sin el espíritu del verdadero apóstol. Y es una clase tal vez por semana, escondiendo los catecismos; con sigilio y con cautela se busca la hora que se cree menos expuesta para la clase de moral; ciertamente no se puede más en la mayoría de los casos, pero sin embargo, subsiste el peligro de que en medio de aquel ocultamiento, de aquella penunmbra y falta de franqueza, el niño vaya formando un criterio erróneo y de terribles consecuencias para su porvenir, porque se imagina que o bien se trata de una cosa menos buena, o bien que efectivamente no se debe enseñar la Religión en la escuela.

II.—MAYOR PELIGRO DE LA ESCUELA SOCIALISTA.— Estos razonamientos se tiñen de colores más fuertes a la hora presente, cuando vemos la tendencia y el propósito de acabar con la escuela particular, de monopolizar la instrucción de parte de las autoridades escolares, de socializarla y comunizarla, perdonándome el neologismo, de hacer la escuela única del Dios Estado, acabando para siempre con la escuela de Cristo. Tal empuje un tanto se ha detenido por la actividad que han desplegado los padres de familia, por las manifestaciones que se han hecho en varios lugares de la República, principalmente en la capital, mas con todo, el enemigo está al frente con todo su bagaje para continuar el ataque hasta conseguir la victoria.

III.—ESPERANZA QUE CONFORTA.— Pero se reanima la esperanza al pensar que todavía tenemos un baluarte, aunque no menos asediado, el Catecismo en los Templos, que deberán convertirse en verdaderas escuelas de religión, a las que se dediquen atenciones cuidadosas y diligentes, en donde se suplan las obligaciones que en otros campos no se cumplan, en donde se utilicen las energías de almas generosas que conozcan la trascendencia y responsabilidad enorme del momento en que vivimos. ¡Una escuela de Religión en cada Templo; oh, qué bello ideal! con su clase diaria, con su preparación de clases, más diligente y asidua que si se tratara de una clase de Lengua Nacional o de Aritmética; con su plan de estudios, su programa detallado y unas catequistas muy bien preparadas por el estudio y por su piedad. ¿Será un sueño, una quimera? Así pensarían muchos antes que se introdujera en el mundo la Religión de Cristo y se fundara la Iglesia, y sin embargo, ahora la Iglesia es el árbol gigantesco que cubre con su sombra la redondez de la tierra.

IV.—INDISPENSABLE PREPARACION DE CATEQUISTAS.— ¿Podrá, por tanto, el catequista en su labor de instrucción y educación religiosa, limitarse a repetir dura y monótonamente las fórmulas del catecismo, como si se tratara de grabar un letrero a fuerza de golpes de cincel en una plancha de cobre? ¿Podrá seguir el sistema anticuado, tan perjuidicial para los intereses de la Religión, como antipedagógico para el estudio de cualquiera de las ciencias, aun humanas, de ese repetir tan ensordecedor y que adormece en angélico sueño a los niños, cuando cada grupo se esfuerza por dominar casi a fuerza de gritos al grupo vecino, y así pasarse una hora completa? En tanto que se pasa frente a la Iglesia se oye el murmullo de una colmena como si en plena actividad se tratara de un colosal enjambre de abejas. No podrá el catequista tomar en lo sucesivo su noble tarea con indiferencia espiritual, como si se tratara de hacer algo siquiera para matar el tiempo, que no halla en qué ocupar en su casa; si se posesiona de su papel, naturalmente su espíritu se eleva a un plano superior para pensar en lo que es, un plasmador de almas, artista del espíritu que recibe en sus manos la piedra preciosa del alma de los niños a cuyo celo, arte y diligencia se encomienda desbrozar y pulir lo que más tarde se convertirá en ornamento de su familia, de su patria y de su religión.

V.—"LO QUE TAN LAUDABLEMENTE SE HA HECHO EN OTRAS DIOCESIS".— Quienquiera que resuelva consagrarse a desempeñar oficio tan del agrado de Dios, debe, ante todo, aprender concienzudamente el texto que pone en manos de los niños. El catequista ideal sería aquel que, poseyendo el texto del catecismo en toda su amplitud, enriqueciera el caudal de sus conocimientos con el estudio de catecismos más explicados y tratados de apologética. Mas como no sería posible que ésto se adquiriera sólo por la iniciativa individual, urge el establecimiento de Academias Catequísticas o el sostenimiento de las ya existentes. Las que han podido funcionar normalmente, han demostrado su eficacia para la formación de catequistas aptos. Reduciendo el programa de estudios a un número de materias que estuvieran al alcance de la generalidad, no sería empresa difícil proporcionar a los catequistas el medio adecuado para su formación intelectual.
Dentro de este plan cabe, como elemento esencial, la enseñanza de la pedagogía catequística que contribuye de manera decisiva a formar catequistas técnicamente preparados; y aun, si se quiere, esta enseñanza debería colocarse en primer término, porque es de presumirse que ellos no carecerán de conocimientos, algo más que rudimentarios, sobre la doctrina cristiana.
Además, no es empresa tan fácil como a primera vista parece, inculcar en inteligencias de niños, a veces retardados, esas verdades del Catecismo, las mismas que el Maestro Divino enseñaba a las turbas que le seguían. ¿Cómo podrá realizarse ésto si el catequista carece siquiera sea de nociones pedagógicas que lo orienten para que los niños entiendan, en cuanto su capacidad se lo permita, las verdades que les explica? El arte de enseñar le mostrará el mejor camino para llegar a insinuarse en la mente de los niños; lo instruirá sobre el empleo oportuno del método objetivo, gráfico a veces y práctico eminentemente; lo enseñará a usar de la Historia Sagrada, de ejemplos y comparaciones que ilustren sus explicaciones; y hará sobre todo, amena e interesante su intrucción, al grado de convertir en deleitable para los niños la hora del Catecismo.

OBREROS
"Si amáis verdaderamente al obrero, (y debéis amarlo porque su condición se asemeja más que ninguna otra a la del Divino Maestro), debéis prestarle asistencia material y religiosa................y asistencia religiosa, prestándole los auxilios de la religión, sin los cuales vivirá hundido en un materialismo que lo embrutece y lo degrada".

I.—ASPECTO GENERAL.— Celosa la Iglesia de su tradición de beneficencia que ha desarrollado durante tantos siglos, espiritual y aun económicamente, en pro de la clase proletaria, no ha querido interrumpir esa cadena gloriosa de sus tradiciones, y ahora por la voz de su Pontífice, convoca a los elementos de buena voluntad para trabajar por la formación religiosa, social, y aun económica de esas inmensas multitudes de obreros que llenan el taller y la fábrica, a manera de inmensos colmenares humanos; como la mejor garantía para conseguir la paz cristiana en el mundo, es decir, para obtener la paz de Cristo por medio del reino de Cristo.
Mas si es cierto que en general toda la clase obrera merece atención por lo que ve a su formación espiritual, moral, social y económica, no es menos cierto que por otra parte merece atención especial la juventud obrera, esa gran multitud de jovencitos y jovencitas, casi niños y niñas, que salen del cuarto o sexto año escolar, para lanzarse a la lucha por la vida y ganar un jornal diario con el sudor de su frente. Los obreros adultos ya han adquirido una fisonomía especial y una característica ideológica que los lleva por determinado camino; si éste es el del trabajo cristiano, no tedrá mucho qué hacerse por conservarlos en él; si es el del trabajo influenciado por las ideas rojas del socialismo exagerado, la propaganda del buen ejemplo, del trabajo cristiano a conciencia, será el mejor medio para volverlos al recto sendero.
Juventudes obreras, he aquí el campo principal en el mundo del trabajo. Y ¿qué es lo que en ellas se pretende? Su formación religiosa, su formación moral, despertar el espíritu social cristiano y prepararlos para su vida social y económicamente cristiana; es decir, hacer católico al obrero en todos sus aspectos y hacerlo actuar como católico en el taller y en su casa, en las relaciones con sus patronos, en sus relaciones de familia, en el ejercicio de todos sus derechos y en el cumplimiento de todos sus deberes; en hacerlo vivir cristianamente la vida obrera y en hacer que sus intereses materiales y económicos vayan de acuerdo y paralelamente con sus intereses eternos.

II.—FORMACION RELIGIOSA.— Nuestra juventud obrera no conoce generalmente el esplendor, la riqueza, el atractivo de las realidades espirituales y sobrenaturales, porque su formación religiosa es casi nula; los jóvenes y las jóvenes obreras están más faltos de religión que de riquezas materiales. Por lo general, de sus lecciones del catecismo no conservan sino una serie de acciones prohibidas o impuestas, cuya significación nunca acaban de comprender. Todo en materia de religión se les muestra como sospechoso y falaz. La inexperiencia de la edad y la crisis de la pubertad les abandonan desarmados, sin sostén ni defensa, a todas las tentaciones, a todas las seducciones, a todas las perversiones que les esperan, que les asaltan y les arrastran. Y esta es la razón de que la educación religiosa sea tan necesaria en la formación de la juventud obrera. Los catecismos de adultos tan recomendados por la Iglesia y los círculos de estudio son el medio principal para obtenerla; en ellos inmediatamente se les pone en contacto con Jesucristo, el Divino Obrero de Nazaret, su persona, su vida, su doctrina, su influencia, su vitalidad en la Iglesia, su acción en el cielo, su reinado eterno, deben impresionar de manera indeleble sus tiernas inteligencia y sus juveniles corazones. La historia de la Iglesia, su influencia en todos los pueblos a través de los siglos, su influjo, sobre todo, en la restauración de las clases obreras, se les puede mostrar con métodos intuitivos, con proyecciones luminosas, con películas cinematográficas. Y ¡qué fuentes de aplicaciones sociales no abarca el estudio de la liturgia comprendida en todo su esplendor!

III.—FORMACION MORAL A BASE DE INSTRUCCION RELIGIOSA— La formación moral verdadera, da preferentemente a los obreros la conciencia viva de su eminente dignidad, de su valor soberano, como hombres, como cristianos. Es preciso arrancar enteramente, no sólo de la masa, sino también de los grupos selectos de la juventud obrera, ese sentimiento deprimente de su inferioridad, que adquieren poco a poco en fuerza de las condiciones deplorables de su vida y de su trabajo; darles a conocer con claridad la idea de su verdadero destino, inculcarles el sentimiento de su libertad y de su responsabilidad, apelar incesantemente a su energía, a su audacia, a su tendencia a una vida superior, principalmente en el orden moral y espiritual. La formación moral así comprendida es verdaderamente positiva y activa, proporciona a los jóvenes obreros ocasiones de actuar moralmente, de adquirir hábitos y virtudes morales, despierta en ellos el deseo de la sinceridad y les enseña el espíritu de sacrificio.
Porque no basta decirles que deben hacer el bien y evitar el mal. A propósito de un acto de una conducta determinada, en casa, en la calle, en el taller, en todas partes, es necesario mostrar a los jóvenes por qué tal acto o tal conducta es buena o mala. Las sanciones eternas no son razón suficiente. En cada acto es preciso explicar la esencia del mal y del bien, su conformidad o disconformidad con la naturaleza y el destino del hombre y demostrar además las consecuencias inmediatas, físicas e intelectuales, de tal acto y de tal manera de proceder.

CAMPESINOS
"No menos grave ni menos urgente es otro deber, el de la asistencia religiosa y económica a los campesinos, en general a aquella no pequeña parte de mexicanos, hijos vuestros, en su mayor parte agricultores, que forma la población indígena; son millones de almas redimidas por Cristo, confiadas por El a Vuestros cuidados, y de las cuales un día os pedirá cuentas".

I.—SITUACION GENERAL DE LOS CAMPESINOS.— A nadie se oculta que en estos momentos la situación de los trabajadores del campo es de lo más serio y grave que pueda pensarse; ante la más sencilla consideración, todos se dan cuenta de que el problema económico de la tierra entre nosotros, se ha agudizado en grado increíble, desde que los proletarios, en un empeño de mejorar su condición económica, han luchado por conseguir y realizar sus legítimas aspiraciones, lo que no se prohibe ciertamente por la doctrina de la Iglesia, sino más bien la forma en que se ha llevado a cabo; ya por el fomento indebido de la lucha de clases con los antiguos propietarios, ya por el despojo y la violencia que en muchos casos hubo de lamentarse, y ya también porque se convierte generalmente este movimiento de reivindicación en un vehículo de ideas sectarias por parte de los líderes; ideas que no son ciertamente respetuosas ni de la Religión ni de la moral ni de la justicia, como principios inquebrantables para un bienestar social y para la verdadera restauración nacional.
Estas deficiencias tan lamentables han encontrado eco en las clases campesinas, y desgraciadamente se han vigorizado en varios lugares, en vista de que encontraron un campo fértil en donde desarrollarse y que fué la ignorancia religiosa; porque justo es confesar que entre los elementos del campo, no había generalmente un conocimiento tan amplio y profundo de las cosas de la Religión, que hubiera servido de base incontrastable a las actuales transformaciones económicas de la propiedad y del campo.
En los lugares donde fué posible atender con más diligencia a la instrucción religiosa de las masas campesinas, se ha visto que lograron salir a flote en los problemas de actualidad porque supieron observar una actitud digna y respetuosa, ya para con la Iglesia, ya para con los antiguos propietarios, sin perjuicio de que, por otra parte, consiguieran un mayor bienestar económico en la cuestión de salarios.

II.—INSTRUCCION RELIGIOSA DE LOS CAMPESINOS. SUS DIFICULTADES.— Por ésto se hace más urgente el atenderlos bajo este aspecto, tanto a los que se han conservado leales en sus principios religiosos, como a los que un tanto se han dejado llevar por la corriente del país. Es ciertamente uno de los trabajos más laboriosos y que mayores dificultades entraña tanto para los sacerdotes como para los seglares que les ayudan, el atender a la instrucción religiosa de estos campesinos, por el sinnúmero de causas que dificultan sus trabajos y que en concreto pueden reducirse a las siguientes: la escasez de clero, la limitación del mismo en varios lugares, la carencia completa en otros; la extensión inmensa de algunas Diócesis y Parroquias, en donde no hay vías de comunicación y los pequeños poblados se encuentran casi en la mitad del desierto; la suspicacia de las autoridades para imaginarse siempre en esta clase de trabajos; la propaganda sediciosa que pone en peligro al escaso ministerio sacerdotal, lo mismo que la labor de los catequistas; y por último, la misma dificultad de encontrar elementos completamente decididos y celosos para emprender la defensa o reconquista de los proletarios del campo.

III.—PRACTICA DE LOS CATECISMOS RURALES.— Y sin embargo, hay que trabajar con la esperanza en Dios, y conforme al mandato del Papa, por estos millones de almas de las cuales un día tomará cuenta el Juez Supremo. Entre los varios métodos que se han puesto en práctica en algunas Diócesis, figura el de formación de catequistas rurales, que consiste en que los domingos por la tarde se reúnan algunos vecinos de las rancherías más próximas a la cabecera de la Parroquia, de los más listos y de buena voluntad, quienes reciben una clase de catecismo con las indicaciones más convenientes para que ellos a su vez durante la Semana, las repitan a los habitantes de cada poblado o ranchería; esta clase se la da uno de los sacerdotes, el mismo Párroco, o bien, algún maestro seglar, amante de la obra catquística.
En otras Parroquias los socios, principalmente varones, de la Acción Católica, van a dar catecismo a los niños de las rancherías y a la vez llevan algunos números de la Hoja "Cultura Cristiana" y en ellos leen, ya el Evangelio, ya algún otro artículo de doctrina religioso-social, a los adultos de ese lugar, aunque sea a la sombra de un mezquite; esto con la recomendación previa del señor Cura, que de antemano, en su paso para una confesión, les anuncia que les enviará catequistas para que los reciban bien y los oigan de buena voluntad, y es grande el provecho que de esta manera se consigue.
Indudablemente que hay otros muchos medios de procurar la instrucción religiosa de los campesinos, y que en algunos lugares se trabaja con mucha edificación, así en cuanto al método como en cuanto a la preparación misma de los programas. Parroquia hay, en que el Párroco imprime mensualmente un boletín de cortas dimensiones, intitulado "Migajitas", en que viene señalada la materia del Catecismo Gasparri y de Historia Sagrada, con sus correspondientes explicaciones para cada una de las semanas del mes; los catequistas de los ranchos, al reunirse mensualmente por la tarde de los domingos, reciben ese material para aprovecharlo lo mejor que puedan. En la misma junta dan informe como pueden del mes anterior, con sus respectivos datos de: número de niños que asisten al catecismo; número de alumnos en el catecismo de adultos; primeras Comuniones; fiestas catequísticas, lo mismo que de otra propaganda escrita.
Así se logra una instrucción uniforme, metódica, progresiva y sobre todo, eficaz, de los habitantes del campo.

SOCIOS DE LA ACCION CATOLICA
"— .....una formación de los seglares tan apta y cuidadosa que los haga capaces de cooperar fructuosamente al apostolado jerárquico, cosa tanto más necesaria, en México, cuanto más lo exigen la extensión de su territorio y las demás circunstancias del país, de todos conocidas".......
"..................Los métodos de una eficaz colaboración de los seglares a Vuestra acción en el apostolado no saldrán fallidos, si los sacerdotes se emplean con diligencia en cultivar al pueblo cristiano con una sabia dirección espiritual y con una esmerada instrucción religiosa".........

I.—DEFICIENCIAS QUE GENERALMENTE SE LAMENTAN.— La mayor parte de los sacerdotes tropiezan con la dificultad de la falta de elementos suficientes o medianamente preparados que les ayuden eficazmente para la organización completa y sostenimiento de las obras del catecismo; empiezan con muy buena voluntad y con magnífico entusiasmo, mas a poco andar se desaniman los seglares que habían empezado bajo tan buenos auspicios, y no porque estimen menos buena la obra, sino por encontrarse con escaso caudal de conocimientos para cumplir sus deberes y con un exceso de vida muelle y descansada; y como instruirse metódica y persevarentemente en las obras cuesta un sacrificio, prefieren con algún pretexto dejar el cargo y renunciar su puesto.
De donde se ve la necesidad de que las clases de Religión a los socios de Acción Católica no sólo sirvan para la ilustración intelectual, sino principalmente para la educación y formación del espíritu apostólico. En vano se formarían los mejores programas por los elementos directores y en vano se formularían los mejores proyectos, si no hubiera elementos que los pusieran por obra. Así como nada realizaría un artista de sus ideales de belleza, si no tuviera los instrumentos de su trabajo.

II.—LOS MEDIOS MAS EXCELENTES DE PREPARACION DE LOS SOCIOS DE LA ACCION CATOLICA PARA LA OBRA CATEQUISTICA.— Las clases de religión y círculos de estudios para los socios de la Acción Católica es algo indispensable para la consolidación de la Obra de Instrucción Religiosa, tanto para el mismo perfeccionamiento de los socios, como para su preparación y competencia en orden a transmitir más adelante la doctrina; en torno de tres puntos ha de girar toda la actividad de los círculos de estudios o clases de Religión: formación apostólica, doctrinal y técnica, ni más ni menos que lo hizo el mismo Jesucristo, porque si nos limitáramos a una labor de meros profesores, entonces ya podríamos contar con que después de uno o dos años de clases, nuestros alumnos o alumnas se irían muy satisfechos a sus casas, con ciertas pretensiones y con ninguna voluntad de ayudarnos; y qué desconsuelo para nosotros!
Si en las Academias de Juventud se tienen estudios de Religión más amplios, con clases bisemanarias durante dos años generalmente, magnífico; mas los círculos de estudios deberán tenerse por tiempo corto y definido para reanudarse después de un breve período de vacaciones, tratar en varios temas un punto de doctrina, verificarlos, en una palabra, de acuerdo con las prescripciones que aseguran el éxito.
Es verdaderamente uno de los primeros problemas para la efectividad de la A. C. el procurar la instrucción religiosa de sus socios. Mas hay que reconocer la heterogeneidad de los elementos componentes de los Grupos Parroquiales; no es igual el nivel intelectual ni educativo de todos los socios, por lo cual, pretender que se establezca un medio único de instrucción, es equivocarse. Utilizando siempre el Boletín de la Comisión Central de Instrucción Religiosa, alguna vez tendrá que impartirse en forma de conferencias, durante algunos días seguidos, a personas ilustradas y de ocupaciones intensas, otras veces podrá hacerse un curso formal de uno o dos años; para otra clase de personas será necesaria una lección semanal a la hora más oportuna; el círculo de estudios será lo mejor para los elementos jóvenes; y a los que ni siquiera pueden salir de su casa, por correo se les envía, o por otro conducto, las publicaciones de la Comisión Central.

ESTUDIANTES
"La Acción Católica no puede dejar de preocuparse por las clases más humildes y necesitadas, de los obreros, de los campesinos, de los emigrados; pero en otros campos tiene también debe-
res no menos imprescindibles; entre otros, debe-ocuparse con solicitud muy particular de los estudiantes, que un día, terminada su carrera, ejercerán grande influencia en la sociedad, y quizá también ocuparán cargos públicos ...............................se hace mucho más necesaria que en otros tiempos, una instrucción religiosa sólida y esmerada.
Deseamos ardientemente que se haga entre vosotros .....................................lo que tan laudablemente hace la Acción Católica en otros países por la formación cultura! y para lograr que la, instrucción religiosa tenga la primacía intelectual entre los estudiantes y profesionistas católicos".

I.—SOLICITUD MUY PARTICULAR EN FAVOR DE LOS ESTUDIANTES— De esta manera intitula el Papa el párrafo de su Carta Apostólica que dedica a los Universitarios, en lo cual nos hace ver cuán grande es su deseo de que entre tedas las atenciones del ministerio pastoral, una parte muy importante y por cierto de las mejores, debe dedicarse la formación religioso-social de este sector tan importante de la vida pública.
Nadie puede desconocer ni dejará de prever la trascendencia enorme que los estudiantes tendrán dentro de pocos años en la gestión de la cosa pública y en la misma vida de la sociedad; de ellos saldrán jefes de hogar de posición más o menos superior; jefes de oficina y empleados de categoría, escritores, hombres de negocios, funcionarios públicos, profesionistas de privilegiado ascendiente. Por manera que la suerte de la futura sociedad, en gran parte se encuentra entre esos grupos de estudiantes cuyas interminables horas de algarabía nos desconciertan por ahora, pero que al mismo tiempo, en las breves e interesantísimas horas de seriedad en su conversación, nos dejan entrever los recursos preciosos de rehabilitación social y nacional que podemos encontrar entre los estudiantes.
Lo que han hecho hasta la fecha en la campaña religioso-social que se ha emprendido, desde hace pocos años por cierto, ya es muy de tomarse en consideración, porque a pesar de algunas ligerezas y de su espíritu inquieto como es el del estudiante, sin embargo, en nuestro medio han logrado organizarse para defender muy laudablemente en el campo universitario y en el campo intelectual cíe la sociedad, los principios del orden, de la verdad y de un progreso bien entendido.
Actualmente forman una verdadera falange y tanto los grupos de estudiantes católicos en las capitales de estado, como sobre todo, en la Capital de la República, merecen que se les estime como un sector muy importante entre las organizaciones de Acción Católica. Quienquiera que conozca medianamente los trabajos que han emprendido y desarrollado con éxito, no podrá menos de convencerse de que no sin razón el Papa tiene sus mejores esperanzas en estos futuros paladines de la causa católica.
Más debe aumentar nuestro empeño por trabajar en favor de ellos, cuando vemos que sin tener un gran caudal de instrucción religiosa, sin embargo, han hecho ya cosas dignas de su juventud. ¿Qué sería si hubiesen estado mejor preparados, mejor instruidos en su reliigón, con una conciencia más ilustrada de las verdades de la religión que profesan?

II.—LOS MEDIOS DE INSTRUCCION RELIGIOSA.— Dado el plan de instrucción profana en que genralmente se encuentran, desde luego se impone la necesidad de que cultiven con esmero el estudio de la filosofía perenne de que habla el Papa, es decir, de la filosofía sincera que de veras busca la verdad y que no se aparta de los métodos de investigación que nos señalaron los grandes maestros de la filosofía escolástica. Por eso es tan laudable el que con los estudiantes en México se haga, como dice el Papa, lo que se hace en otros países; dar a la juventud una instrucción filosófica que sirva de base a sus investigaciones en los demás ramos del saber humano, pero que al mismo tiempo los ponga en posiblidad de aplicar ese desarrollo mental filosófico a la inquisición y ampliación de las verdades religiosas.
Por lo que ve a la cultura filosófica, generalmente se ha tenido cuidado de que aunque sea por medio de clases particulares, sacerdotes o profesionistas católicos procuren preservar a los estudiantes de los errores y demás ideas peligrosas que se les enseñan en las escuelas superiores por medio de libros de texto de sabor completamente positivista.
Además, es necesario que tengan un estudio más amplio y profundo de las verdades religiosas, y no limitarlo a un sencillo catecismo de niños; ya porque ellos podrían sentirse como humillados, ya principalmente para que el método de instrucción a base de conferencias o círculos de estudios, les hiciera más grato y amable el tiempo que dedicaran al estudio. Pero la razón más importante para esa mayor amplitud y elevación de estudios religiosos, es que encontrándose como saturados por un fárrago de asignaturas y de conocimientos abundantes de varias ciencias, aunque en forma enciclopédica, no haya el peligro de que esos conocimientos profanos ahoguen por completo los escasos concimientos que tuvieran de religión y así quedaran en un estado de indiferencia respecto de las verdades de su religión; de ese estado no habría sino un paso al ateísmo y a un radical sectarismo.
Un último argumento, por cierto contundente para procurar la instrucción religiosa, lógica y razonada, de estos jóvenes, es que si alguna preferencia debe haber en los estudios en general, será en favor de aquellos que tengan por objeto verdades más importantes, de las cuales no pueda prescindir el joven ni en su vida personal, ni en su vida de familia, ni en su vida social; y entre las verdades más importantes para el fin temporal y eterno, indudablemente que las verdades religiosas ocupan un lugar el más importante de todos.

GRATITUD Y PREJUICIOS
"Un pueblo que debe a la Religión
sus mayores glorias".

En otros documentos ha repetido el Papa estas mismas palabras y es que se encuentra convencido por la verdadera historia de nuestro país, de que no hay pueblo de la tierra que tanto deba a la Religión como nuestra Patria. Efectivamente, si vamos analizando cada una de las épocas de nuestra historia, encontraremos que cuanto México ha podido valer en el concierto de los pueblos civilizados, en gran parte lo debe a la Iglesia.
La conquista fué realizada por su influjo; la formación dt su raza, la fundación de ciudades y poblados en la extensión inmensa de nuestro territorio, fué labor de heroicos religiosos y del abnegado clero secular; los muros de los templos y los retablos y cuadros de sacristías y conventos hablan en todas partes de la gigantesca labor social y espiritual del Sacerdote católico; los monumentos, edificios, lo mismo que infinidad de obras materiales del tiempo de la colonia, están diciendo y dirán a las generaciones que vengan cuánto hizo la Iglesia por el bienestar aun material y económico de la nación. Ella hubiera merecido bien de la Patria, aun cuando hubiera limitado su acción al cumplimiento de su ministerio para el bien de las almas, pero la superabundancia de su virtud vino a ser como el alma de su misma vida social.
Se llenaron las bibliotecas oficiales del inestimable caudal literario y científico de los conventos y seminarios y de ias bibliotecas de sacerdotes; pero lo que más debe apreciarse son las incontables obras escritas por religiosos y sacerdotes mexicanos, glorias inmarcesibles que han sido mejor apreciadas en el extranjero que entre nosotros mismos y que valieron para que México fuera tenido entonces como la Atenas del Nuevo Mundo.
En cuanto a la labor social de la Iglesia después de la Independencia y aun después de las Leyes de Reforma, sería menester catalogar en muchos volúmenes todo lo que se ha escrito por historiadores desapasionados y extractar de los archivos, tanto nacionales como extranjeros, un sinnúmero de notas, monografías de Obispos y Sacerdotes, que supieron mantener por un trabajo heroicamente apostólico, la herencia de la civilización y cultura cristianas que les legaron nuestros antepasados.
Mas toda esta labor de beneficencia espiritual y social generalmente no es conocida por nuestros enemigos y ni aún por los mismos católicos, muchos de los cuales están llenos de prejuicios porque sólo conocen de nuestra historia religiosa lo que han bebido en la lectura de libros malévolos y de revistas, que se ocupan en denigrar a la Iglesia, cuando menos en proponer sobadas objeciones, pero no en dar la solución justa y veraz; conocen a la Iglesia a través de libros sectarios y de caricaturas que ni siquiera revelan el mérito de la originalidad.
Es por tanto necesario, indispensable, inaplazable, el que en torno de la instrucción religiosa, y, sobre todo, en tratándose de gentes de mediana cultura profana, se haga una propaganda intensa de toda esta labor social de la Iglesia, no por vanagloria, sino para rectificar ideas y quitar prejuicios. Las rectificaciones históricas serían el tema obligado de las conferencias que se dieran en los centros de instrucción, y sería conveniente buscar la oportunidad, o crearla, mejor dicho, para que los estudios de centros católicos de alguna importancia, se orientaran hacia este punto; para lo cual se podrían aprovechar con mucho fruto los artículos que con el título de "Rectificaciones Históricas" se han venido publicando desde el año antepasado en la Hoja de "Cultura Cristiana", editada por la Comisión Central de Instrucción Religiosa.

EXHORTACION
Un milagro del cielo fué para nosotros la génesis religiosa del país en que vivimos, la aparición de la Santísima Virgen en el Cerro del Tepeyac. Mas como dicen los filósofos que las cosas se conservan y se desarrollan por las mismas causas que las producen, la conservación y el desarrollo de la vida religiosa de nuestra sociedad ahora se realiza también por un milagro, y de la misma Guadalupana Señora, que en medio del invierno de las costumbres paganas que nos invaden como gigantesca ola y de todos los enemigos confabulados de la Iglesia, conserva aún el calor y los colores de la verdad, de la virtud y del amor a Cristo en muchas almas; y a nosotros, con quienes realizó el milagro portentoso de favorecernos con el sacerdocio, a pesar de nuestra indignidad, ahora como que más nos eleva, lo mismo que a los socios de la Acción Católica, para que cooperemos con Ella en hacer milagros, el nuevo milagro de conservar, desarrollar y perfeccionar el conocimiento de Cristo y su doctrina en medio de este pueblo suyo, el pequeñito, el delicado. Vamos, pues, con todo el aliento de nuestro celo, con toda la esperanza de quien siente el apoyo de una fuerza y virtud infinitas, a continuar nuestras labores, confiando en que Ella, nuestra Madre, que inició la salvación de México en el milagro de sus apariciones, no dejará incompleta la Obra, hasta presentar a su nación predilecta sana y salva ante la faz de las naciones y ante el acatamiento de su divino Hijo Jesucristo.

"+" Emeterio, Obispo de León.

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